Por fin hoy se ha dejado sentir la primavera. Temperaturas agradables y sol que acariciaba con sus rayos. En días así uno siente que puede con todo, que la euforia lo invade y que esto de la vida es algo bonito.
El Ken andaba un poco desesperado esta mañana porque tenía que comprarle un regalo a su madre. Así que tras un desayuno reparador acompañado del rock’n'roll de los Stray Cats, nos fuimos al centro a buscar el regalo apropiado.
Las calles estaban repletas de transeúntes paseando, el mercado de los sábados desplegado en el centro, con todos sus colores, olores y sabores. La gente arracimada alrededor de los puestos. Y ese sol acariciando a todos y cada uno de nosotros. En días así es más fácil sonreír.
Mientras el Ken finalizaba la transacción (al fin encontró un lugar donde le prepararan una cesta de fruta) me suena el movil: mi madre.
- Mira nena, acuérdate de que hoy cambian la hora. Que tú eres un desastre y nunca te acuerdas (la vez pasada también me avisó ella).
- Ah, es verdad!. Ken, remeber we have to change the time tonight.
- Con quién hablas?
- Con el Ken, mamá, que hemos salido a dar un paseo.
- Ah, vale, pasadlo bien. Tu hermanita la negra te manda saludos (mi hermana la negra es India, la perra).
- Ah, como la echo de menos…
- Quieres que te llevemos algo más?
- En principio no, si me acuerdo de algo ya te diré.
- Un beso y pásalo bien.
- Un beso. Hasta luego.
Pues sí, este miércoles mi madre y mi hermana vienen para quedarse una semana! Va a ser divertido, pero espero que no pase como la otra vez, que tras 4 días juntas en mi mini-estudio mi hermana y yo acabamos gritando y casi tirándonos de los pelos ante una madre desesperada y con ganas de que se la tragara la tierra. Ay, es que yo soy muy calmosa (lo odio, me parezco demasiado a mi padre, the cold man), y ella muy histérica (ella salió a mi madre), y mi estudio es muy pequeño y yo estoy demasiado acostumbrada a vivir sola y ya me estaba desbordando: pelos en el baño, los geles y champus destapados, los neceseres abiertos en canal en medio del baño, paquetes de galletas abiertos en la cocina, horquillas del pelo en la mesa del ordenador, secadores colgando de los enchufes 24 horas al día (yo es que ni tengo secador) y toneladas de ropa desperdigadas por doquier.
Por lo pronto, el Ken me ha dicho que si la cosa se pone muy fea, él me ofrece asilo político.
Yo soy una de esas personas que cuesta mucho trabajo y tiempo conocer bien. El ha confesado que también, pero poco a poco se va abriendo y me va dejando ver que es lo que lleva dentro, qué le mueve y qué le conmueve. Pero la cosa costará trabajo. Aún no es capaz de confesar que le han hecho daño, aunque los hechos presentados friamente no se traduzcan en otra cosa. Paciencia, déjame conocerte y cúrame el invierno.