03.06.08

Las piezas del puzzle encajan

Publicado en Reflexiones en 9:43 pm por La Petite en Belgique

La primavera es mi estación favorita del año. Incluso más que el verano, con su calorcito y sus días largos. La primavera es como salir de una pesadilla, como volver a la vida. Los inviernos son duros, y más aquí. Este se me ha hecho aún más cuesta arriba que el anterior, que ya pasé aquí. No sé si sólo ha sido la falta de luz y el condenado frío o si debería reconcer las cosas y decir que andaba más bien jodida por causas que no merecían la pena. También debo añadir que algunos de mis amigos no estuvieron aquí (mis amigos sudamericanos se suelen ir entre uno y dos meses alrededor de las Navidades).

He tenido tiempo para pensar en la vida, el pasado, el futuro, mi situación aquí. Después de tanto tiempo diciendo que me encantaba vivir aquí, empecé a plantearme si de verdad vivía aquí porque estaba realmente convencida o por pura cabezonería (eso sería darle la razón a mis amigos chilenos, y es que ellos odian Bélgica).

He echado por primera vez de menos algo de mi vida pasada. Me di cuenta de que para forjar verdaderas amistades hacen falta años. Con cuántas personas de mi vida anterior mantengo contacto? No de llamar cuando estoy en España (dos veces al año) sino de hablar de tanto en tanto, y aunque no hablemos, saber que están SIEMPRE ahí.

Me di cuenta de lo difícil que es eso aquí. No difícil, pero largo. Es volver a empezar de cero. Durante este par de meses algunas personas no han pasado la primera criba que las verdaderas pasan. Llevo año y medio aquí y por fin se nota que estoy aterrizando en la vida real. He tenido decepciones, y algunas cosillas más. Además de que apenas teníamos luz del sol, estábamos a bajo cero y yo estaba en plan tirado.

Y ahora no sé si es la primavera o que he decidido cambiar de actitud, o que estoy haciendo mucho deporte, o que algunos de mis amigos chilenos han vuelto, o que he hecho nuevas amistades, o que se han “reinventado” otras, o una mezcla de todo. La primavera se acerca, y siempre que lo hace me da un subidón.

Y de nuevo veo como las piezas encajan y yo con ellas en este país. Ya he dejado de ver Lovaina como una maldita ciudad de paso, en la que haces grandes amigos en un año que se van para no dejar rastro, y muchos de los que se quedan desaparecen. He descubierto que también hay verdaderos belgas que realmente VIVEN aquí, y extranjeros que como yo, intentan hacerse un hueco y están deseosos de crear lazos.

El próximo finde viene mi padre a visitarme. No me incomoda, como otras veces. Tengo ganas de saber cómo le van las cosas y si no siente realmente muy solo. A ver si compartimos algo juntos.

La gran noche

Publicado en Anecdotas, Belgica y los belgas, el Ken en 1:48 am por La Petite en Belgique

Me han hecho mucha gracia vuestros comentarios, jeje. Entre eso y que parezco una quinceañera, estoy que me río sola. A ver, antes de nada, lo siento, pero nada de carnaza. Que el chaval tiene 22 años y es bonachón, así que me he sentido como si hubiera vuelto atrás en el tiempo (ay, qué frescos los 22 añitos).

Pos nada, llegó y se notaba algo raro en el ambiente. No de malo chungo, sino tal cual cuando yo tenía 17 años. El primer detalle de la noche fue que casi se come mi lámpara (1.92 es mucho 1.92) y le pedí por favor que no se fijara si tenía polvo encima, y el segundo es que le presenté a mi bañera desde la puerta del baño y la miró desde lejos como con miedo. Como era tarde pasamos de tocar la guitarra y decidimos qué peli ver en mi cómodo sofá rojo. Era tarde para las tres horas de Lawrence de Arabia, así que nos decantamos por Walk the Line (por favor, qué gran película, me la he visto ya cuatro veces y no me canso). Lo tengo muy cerca en el sofá, y por dios, qué bien huele! De vez en cuando me mira de reojo y juguetea con el cordón de su capucha. Informo de que no me dormí en la peli a pesar de lo cansada que estaba (la noche pasada había dormido menos de 5 horas) porque estaba un poco nerviosa (vale, lo reconozco, estaba medio histérica).

La velada estuvo llena de momentos-coincidencia típicos de quinceañeros. Joder, después de un año que conozco (pero muy poco) al ken y hoy descubro que le mola la música de los 50 (incluso estuvo yendo a clases de baile!), toca la guitarra (yo tengo dos en casa) y le gusta el mismo tipo de literatura que a mí (se ha llevado un libro). Por favor, alguien que le guste la saga de La Torre Oscura de Stephen King! Es que me emociono (reconozco que a veces soy un poco friky).

Al acabar la peli hubo un silencio extraño que yo, una mujer hecha y derecha de 29 años, con un gran bagaje a mis espaldas, no supe llenar (si hubiera podido meterme debajo de la alfombra lo hubiera hecho). Hubo unos cuantos momentos en que no sabía se el quería acercar y besarme o si era realmente yo (nooo, juro que nooo). Como vi cortado al chaval le di un abrazo pero estaba claro que el también quería meterse debajo de la alfombra.

Finalmente, y como no se iba ni decía nada, le pasé una de mis guitarras (mi preferida) y estuvo tocando un rato. Digamos que me dejó un poco boquiabierta, y yo que soy una cagada-miedica-vergonzosa-a-veces-tonta dije que yo sólo tocaba en presencia de mi abogado. No, le prometí que otro día con más tiempo teníamos que tocar y cantar algo juntos, que es realmente lo divertido.

Al levantarse del sofá volví a quedarme boquiabierta. Joder, qué alto es! y qué bien hecho está, por dios! Para compartir un poco las alturas conmigo, y cogiéndome totalmente por sorpresa (menos mal que soy pequeña y me dejo llevar), me cogió en brazos y se paseó hasta mi estantería. Hay que ver, esto si que es otra perspectiva del mundo, más lejos del suelo y más cerca de los libros del último estante. Cabe decir que yo tenía más ganas que antes de meterme bajo la alfombra y ésta estaba más lejos. Veo que me mira, se queda callado, no hace nada (joder, todo el rato igual, pues no voy a ser yo quien empiece a meter la gamba). Lo abrazo, me corresponde pero se queda tenso otra vez. Turururu, yo ya no se que hacer… tal vez si empiezo a mirar los libros… Él tiene la misma idea que yo, y es cuando empieza a exclamar: The Dark Tower! Decir que sigo lejos del suelo, con lo que no me siento dueña de la situación. Al parecer él tampoco, así que la situación transcurre por si sola y no somos más que meros espectadores-sufridores. Me pregunta por un libro, le digo que está muy bien y que se lo lleve, que no se dé prisa en devolvérmelo.

Finalmente me baja al suelo (yo ya a punto de besarlo como Juan Pablo II, al suelo, por supuesto) y se pone la cazadora. Sigue ahí clavado sin decidirse a marchar. Yo ya no sé ni de que estoy hablando (alguna chorrada, que es lo que llevo diciendo todo el rato para llenar los silencios en que no hace más que mirarme). Sale. Se clava en la puerta y no dice nada. No es capaz ni siquiera de darme el beso de despedida en la mejilla al que estamos acostumbrados. Me acerco y él tiene que bajarse.

Bueno, pues nada, ya nos veremos un día de estos, para escalar, salir, tocar la guitarra, ver una peli o sabe-Dios-qué (si el sabe-Dios-qué puede no incluir momentos de incómodo silencio, mejor).

Me voy a dormir, estoy reventada, pero con la excitación y los nervios no era capaz de meterme en cama. Joder, a mi edad!