03.18.08

Domingo de empanadas chilenas y vino del bueno

Publicado en Anecdotas, Belgica y los belgas, Finde moments, Post-marcha moments, el Ken a 8:29 pm por La Petite en Belgique

Por fin estoy en casita después del curro, con la nariz taponada pero algo mejor. Esta mañana me encontraba como si una apisonadora me hubiera pasado por encima mientras dormía (por cierto que tuve un sueño raro esta mañana antes de sonar el despertador!).

Lo último que conté fue el sábado de marchita (bueno, más bien de tranqui) con el Ken. A la mañana siguiente se va porque tiene que limpiar y lavar. Yo, por desgracia, también tengo esos quehaceres pendientes, así que no hago esfuerzos por retenerlo (pero qué mono me es). Quedamos de vernos en el cuartel general sobre las 4, hora en que mamá Pedrito tendrá preparadas unas empanadas chilenas para chuparse los dedos. Así que tras leer mi correo, leer y comentar un par de blogs, desayunar y ducharme, preparo mi ropita (esta vez sólo sábanas y toallas) para ir a la maldita lavandería. Como el día no está para pasear (mierda de lluvia belga) y tengo cosas que hacer en casa y poco tiempo, mientras la ropa se lava voy a casa y limpio la (mini) cocina y el baño. Voy a la (maldita) lavanderia, saco la ropa de la lavadora (4 leuros una lavadora!) y la meto en la secadora. Como hay bastante ropa (mi cama es de 1.60 y llevé dos juegos de sábanas y varias toallas) programo la secadora para 40 minutos (es decir, le meto 2 leuros!). Me voy a casa, limpio el polvo, aspiro (las ventajas de vivir en 35 míseros metros cuadrados) y me voy corriendo a recoger mi ropa. Llego a casa, hago la cama limpita, cojo las dos botellas de vino chileno (una de ellas el iniligualable Concha y Toro) que compré para la ocasión y salgo disparada para el cuartel general. Paso por el centro para recoger mi bici que quedó allí la noche anterior (es difícil andar acaramelados con sendas bicis a los lados).

Como de costumbre, soy la primera de los invitados en llegar al cuartel general. Si es que los chilenos son peores en puntualidad que nosotros (vale, yo es que soy una española puntual). Al cabo de media hora la gente se deja caer: El Nhatito, Jo y su novia la guerrera, Reza, Negro y finalmente el Ken (esta vez se acordó de salir de casa con las gafas). El Ken llegó tarde porque decidió comer algo antes de ir a la lavandería y se quedó dormido mientras comía (ojo al dato). No necesito decir los comentarios que surgieron por parte del personal ante tal afirmación (pero, Chica, déjalo dormir por la noche!).

Bien, ya tenemos más información. No sólo es un despistado redomado que se olvida las gafas de ver en casa (y el movil y más cosas, pero no la cabeza porque la tiene pegada, que si no…), sino que también las horas de sueño son algo sagrado para él (si no lo sabré yo, que siempre dice que no puede quedar porque tiene que dormir) y las necesita de verdad porque puede quedarse dormido en cualquier lado y cualquier situación (ahí es peor que yo).

Las empanadas… inmejorables. El vino… embriagador, que os voy a decir? Creo que nos bebimos como cuatro o cinco botellas y todo era vino bueno. Delicioso. El Ken estaba sentado a mi lado y todo el rato con caricias y miradas y besitos. Bueno, el chaval avanza. Ahora ya es capaz de dar muestras de cariño delante de TODOS nuestros amigos en común. Es un paso, oye. Yo estoy en las nubes, hablando allí con él, incapaz de creer lo que está pasando. Al cabo se levanta para lavar unos platos y yo me quedo embobada mirándolo (pero cómo es posible que yo esté saliendo con ése, ése, el que además de ser buen chaval está bueno que te cagas, pero es que no me canso de mirarlo, por favor, bien hecho por delante, bien hecho por detrás, bien hecho por fuera y lo que es más importante, bien hecho por dentro).

Comimos hasta reventar y luego jugamos… al poker. Cabe decir que aunque siga sin tener puñetera idea, ya he mejorado algo y no me aburre tanto. La Guerrera tiene menos idea que yo, pero tiene más mala leche :D

A eso de las 10 y pico el Ken y yo decidimos irnos. Estamos cansados, mañana hay que madrugar y el Ken aún tiene que doblar ropa. Cómo se parece a mí hace unos años: hiperresponsable, cuadriculado (eso lo diría mi madre), despistado y muy suyo.