03.30.08
Mi primera vez
Me duele TODO desde la cintura hasta las rodillas, especialmente el culo. Estoy agotada y no puedo mover ni un dedo. Hoy he descubierto músculos en mi cuerpo que no sabía ni que existían. Hoy he jugado por primera vez en mi vida al squash.
Esta mañana no me hizo falta salir de la cama para comprobar que hacía un día gris de perros con lluvia incluída, ya que tenía la tensión por los suelos (es increíble cómo me afecta el tiempo). Claro, eso de “esta mañana” es un puro eufemismo. En realidad era ya la una de la tarde. Decir que no me apetecía ni lo más mínimo salir de casa, comerme los 10 minutos de camino en bici bajo la lluvia y jugar squash a las 3. Entre el mal tiempo y el maldito síndrome premenstrual que lleva días acechándome, no tenía ganas de nada, ni de jugar ni de ver al Ken ni de nada de nada.
A eso de las dos y cuarto, con la taza del desayuno todavía delante, y mientras leía mi e-mail, me suena el movil, que sigue todavía en la mesilla. Es el Ken. Que si al final voy a jugar squah. Le digo que sin problema. Me visto, hago la mochila y allá voy como una corderita.
Al principio de pena, daban ganas de llorar y todo. Ya sabía yo que esto de la raqueta no era para mí (hace años mi padre desistió de enseñarme a jugar al tenis). A la media hora ya sentía ganas de arrastrarme por el suelo. Después de mucho esfuerzo por fin consigo darle a la bola y hasta consigo sacar bien unas cuantas veces. Bueno, parece que empiezo a disfrutar del juego, pero empiezo a tener la ligera sospecha de que mañana no me voy a poder mover. Suerte que nade dos veces a la semana, escale otras dos y baile swing. No quiero ni pensar en cómo sería si no llego a estar en forma.
Acabamos riéndonos mucho (vale, al principio sólo se reía él ante mis intentos fallidos de darle a la pelota) y siento que no he jugado del todo mal. Pero la lavandería y un estudio sucio y desordenado me esperan… y no tengo fuerzas. Me hice algo de comer y me tomé un café, pero sigo sintiendo como si tuviera una losa encima.
Acaba de llamar mi madre. Que como se vienen el miércoles, que ha dejado la perra con los “tíos”. Dice que le da mucha pena y que va a tener que dormir tres noches sola y que no quiere ni pensarlo, que lo lleva mal mal mal. Me va a llamar por la noche para intentar aplacar su soledad. Vale, mami, tú llama, que seguramente yo también estaré sola (hoy el Ken se ha ido con sus padres después del squash).
He dicho ya que me duelen hasta las pestañas?
Primavera ven y cúrame el invierno
Por fin hoy se ha dejado sentir la primavera. Temperaturas agradables y sol que acariciaba con sus rayos. En días así uno siente que puede con todo, que la euforia lo invade y que esto de la vida es algo bonito.
El Ken andaba un poco desesperado esta mañana porque tenía que comprarle un regalo a su madre. Así que tras un desayuno reparador acompañado del rock’n'roll de los Stray Cats, nos fuimos al centro a buscar el regalo apropiado.
Las calles estaban repletas de transeúntes paseando, el mercado de los sábados desplegado en el centro, con todos sus colores, olores y sabores. La gente arracimada alrededor de los puestos. Y ese sol acariciando a todos y cada uno de nosotros. En días así es más fácil sonreír.
Mientras el Ken finalizaba la transacción (al fin encontró un lugar donde le prepararan una cesta de fruta) me suena el movil: mi madre.
- Mira nena, acuérdate de que hoy cambian la hora. Que tú eres un desastre y nunca te acuerdas (la vez pasada también me avisó ella).
- Ah, es verdad!. Ken, remeber we have to change the time tonight.
- Con quién hablas?
- Con el Ken, mamá, que hemos salido a dar un paseo.
- Ah, vale, pasadlo bien. Tu hermanita la negra te manda saludos (mi hermana la negra es India, la perra).
- Ah, como la echo de menos…
- Quieres que te llevemos algo más?
- En principio no, si me acuerdo de algo ya te diré.
- Un beso y pásalo bien.
- Un beso. Hasta luego.
Pues sí, este miércoles mi madre y mi hermana vienen para quedarse una semana! Va a ser divertido, pero espero que no pase como la otra vez, que tras 4 días juntas en mi mini-estudio mi hermana y yo acabamos gritando y casi tirándonos de los pelos ante una madre desesperada y con ganas de que se la tragara la tierra. Ay, es que yo soy muy calmosa (lo odio, me parezco demasiado a mi padre, the cold man), y ella muy histérica (ella salió a mi madre), y mi estudio es muy pequeño y yo estoy demasiado acostumbrada a vivir sola y ya me estaba desbordando: pelos en el baño, los geles y champus destapados, los neceseres abiertos en canal en medio del baño, paquetes de galletas abiertos en la cocina, horquillas del pelo en la mesa del ordenador, secadores colgando de los enchufes 24 horas al día (yo es que ni tengo secador) y toneladas de ropa desperdigadas por doquier.
Por lo pronto, el Ken me ha dicho que si la cosa se pone muy fea, él me ofrece asilo político.
Yo soy una de esas personas que cuesta mucho trabajo y tiempo conocer bien. El ha confesado que también, pero poco a poco se va abriendo y me va dejando ver que es lo que lleva dentro, qué le mueve y qué le conmueve. Pero la cosa costará trabajo. Aún no es capaz de confesar que le han hecho daño, aunque los hechos presentados friamente no se traduzcan en otra cosa. Paciencia, déjame conocerte y cúrame el invierno.
Domestícame
No-dijo el principito- Busco amigos. Qué significa “domesticar”?-Ah!…, es una cosa muy olvidada-respondió el zorro- Significa “crear
lazos”.
-Crear lazos?-preguntó el principito.
-Así es-confirmó el zorro- Tú para mí, no eres más que un jovencito
semejante a cien mil muchachitos. Además, no te necesito. Tampoco tú
a mí. No soy para tí más que un zorro parecido a cien mil zorros. En
cambio, si me domesticas…, sentiremos necesidad uno del otro. Serás
para mí único en el mundo. Seré para tí único en el mundo…
[...]
-Mi vida es algo aburrida. Cazo gallinas y los hombres me cazan. Todas
las gallinas se parecen como también los hombres se parecen entre sí.
Francamente me aburro un poco. Estoy seguro que…, si me domesticas
mi vida se verá envuelta por un gran sol. Podré conocer un ruido de
pasos que será bien diferente a todos los demás. Los otros pasos, me
hacen correr y esconder bajo la tierra. Pero el tuyo sin embargo, me
llamará fuera de la madriguera, como una música. Mira! Puedes ver allá
a lo lejos los campos de trigo? Yo no como pan, por lo que para mí el
trigo es inútil. Los campos de trigo nada me recuerdan. Es triste! Pero tú
tienes cabellos de color oro. Cuando me hayas por fin domesticado, el
trigo dorado me recordará a ti. Y amaré el sonido del viento en el trigo…
El zorro en silencio, miró por un gran rato al principito.
-Por favor… domestícame!-suplicó.
-Lo haría, pero… no dispongo de mucho tiempo-contestó el principito.
Quisiera encontrar amigos y conocer muchas cosas.
-Sabes…? Sólo se conocen las cosas que se domestican-afirmó el zorro.
Los hombres carecen ya de tiempo. Compran a los mercaderes cosas
ya hechas. Y… como no existen mercaderes de amigos, es muy simple,
los hombres ya no tienen amigos. Si realmente deseas un amigo,
domestícame!
-Y… qué es lo que debo hacer?-preguntó el principito.
-Debes tener suficiente paciencia-respondió el zorro- En un principio, te
sentarás a cierta distancia, algo lejos de mi sobre la hierba. Yo te miraré
de reojo y tú no dirás nada. La palabra suele ser fuente de
malentendidos. Cada día podrás sentarte un poco más cerca.
Al otro día el principito volvió:
-Lo mejor es venir siempre a la misma hora-dijo el zorro- Si sé que vienes
a las cuatro de la tarde, comenzaré a estar feliz desde las tres. A
medida que se acerque la hora más feliz me sentiré. A las cuatro estaré
agitado e inquieto; comenzaré a descubrir el precio de la felicidad! En
cambio, si vienes a distintas horas, no sabré nunca en qué momento
preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.
-Qué son los ritos?-preguntó el principito.
-Se trata también de algo bastante olvidado-contestó el zorro- Es
aquéllo que hace que un día se diferencie de los demás, una hora de
las otras horas. Te daré un ejemplo. Entre los cazadores hay un rito.
Todos los jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Para mí el jueves es
un maravilloso día, ya que paseo hasta la viña. Si los cazadores no
tuvieran un día fijo para su baile, todos los días serían iguales y yo no
tendría vacaciones.
Fue así como el principito domesticó al zorro. Pero al acercarse la hora
de la partida:
-Ah!-dijo el zorro- Voy a llorar.
-No es mi culpa-repuso el principito- Tú quisiste que te domesticara, no
fue mi intención hacerte daño…
-Sí, yo quise que me domesticaras-dijo el zorro.
-Pero dices que llorarás!
-Sí-confirmó el zorro.
-Ganas algo entonces?-preguntó el principito.
-Gano-aseguró el zorro- por el color del trigo.
Luego sugirió al principito:
-Vuelve y observa una vez más el jardín de rosas. Ahora comprenderás
que tu rosa es única en el mundo. Cuando vuelvas para decirme adiós,
yo te regalaré un secreto.
[...]
-Adiós-dijo el zorro- Mi secreto es muy simple: no se ve bien sino con el
corazón; lo esencial es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible a los ojos-repitió el principito a fin de acordarse.
-El tiempo que dedicaste por tu rosa, es lo que hace que ella sea tan
importante para ti.
-El tiempo que dediqué por mi rosa…-repitió el principito para no olvidar.
-Los hombres ya no recuerdan esta verdad-dijo el zorro- En cambio tú,
por favor… no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que
has domesticado. Eres responsable de tu rosa…
-Soy responsable de mi rosa…-dijo en voz alta el principito a fin de
recordar…
Antoine de Saint-Exupéry


