04.10.08
Take myself lightly
Esta mañana estaba yo soñando con el Ken, cuando suena la alarma del móvil (que estos días suena así) y he visto al Ken a mi lado. La verdad es que había dormido de lujo, pero la noche anterior estaba demasiado cansada y las 7 horas y media no me llegaron para nada.
Pero como yo soy una persona de mente retorcida, no me puedo contentar con estos regalos que me da la vida, ser feliz y parar de hacerme pregunas. No puedo ser feliz pensando que es muy bonita esta aventura de conocernos, descubrir al otro, hacer parte del camino juntos y dejarme sorprender. No. Tengo que empezar a preguntarme qué porqué está conmigo, tengo que decirme a mí misma que tiene una venda en los ojos que muy pronto se quitará y ya no querrá estar conmigo. Tengo que decirme que para mí él es aún una gran incógnita en muchos aspectos y tengo miedo. Tengo miedo a reacciones, a un posible modo de entender la vida, a que la importancia de las cosas esté en puntos diferentes a los míos. Confío en él, pero no confío en lo que pueda venir. Porque sé que puedo confiar en él ahora, pero no sé mañana.
Esta mañana me ha costado salir de la cama y debería estar eufórica, pero no. Viniendo al trabajo, sin desayunar porque en casa no me dio tiempo, pensaba en todo esto y en que por culpa de este trabajo apenas me queda tiempo para hacer nada. Ayer salí de mi casa a las 8:15 de la mañana y volví a las 9 de la noche. Falté a clase de guitarra, como otras veces tengo que faltar a clase de swing, cuando estoy pagando por ambas, y no poco, por cierto. Ayer me sentía tan cansada, tras la dura jornada y las 4 horas de carretera que me tuve que meter entre pecho y espalda, que no tenía ni fuerzas para escribir un post. Tenía varias ideas, sí, pero todas flotaban inconexas en mi cabeza, envueltas por una bruma.
Ayer fui a currar a Brujas, y aunque acabé tarde, no fue tan malo como la vez anterior. Es en un hotel de lujo que está a punto de ser inaugurado, y nuestra labor es instalar los equipos y hacer la programación de una sala de conferencias. La otra vez me tocó ir sola. Salí a las 7 de la mañana de mi casa, me tragué dos horas y media de tráfico, me tuve que pelear con el electricista y sus chapuzas e hice el trabajo de tres personas. A eso de las 7 y pico de la tarde mi jefe me llama para darme indicaciones. Estoy sola, tengo que ir corriendo todo el rato entre la sala de control y la sala de conferencias, que no están precisamente cerca, y aguantar a mi jefe que me dice “prueba esto y prueba lo otro”. A las 8 y cuarto por fin me puedo largar, pero allí no queda ni dios y descubro que me han cerrado con llave. Se han olvidado de mí. Busco una salida de emergencia perdiéndome por escaleras y pasillos mientras llevo mi bolso, un maletín de herramientas que pesa más que yo, un portátil que pesa como un muerto, un mezclador de micros y una escalera de mano. Salgo al exterior y llueve a cántaros. Tengo la cazadora en el coche. La verja de la entrada está cerrada a cal y canto y el personal de seguridad ya se ha ido. Bien! El teléfono de guardia de la seguridad no contesta. Al cabo de un rato aparece un tío de seguridad en un coche. Le pregunto si habla francés: Neeeeeeee. Inglés? Neeeeeeeeee. Joder, me ha tocado un flamenco estúpido con ideas nacionalistas. Le explico en mi rudimentario famenco que quiero salir. No se le ve convencido. Al final me hace escribir mi nombre y el nombre de mi empresa en un papel y me deja salir. Llueve a cántaros y el coche está un poco lejos. Por supuesto no me echa una mano con el bolso, el maletín, el portátil, el mezclador o la escalera. Mierda.
Por suerte esta vez no fue tan malo, pero estoy hasta los mismísimos de tener tiempo solamente para trabajar mucho, dormir poco y ver al Ken brevemente entre ambas actividades.
Quizá debiera hacer como los pájaros, take myself lightly, o para ser más exactos, take life lightly…



