05.13.08

Me voy a casa

Publicado en General en 5:59 pm por La Petite en Belgique

Este será el último post desde Argelia. Es posible que esta noche escriba algo, pero hasta que llegue a Bélgica no podré publicarlo.

Finalmente cojo el avion a París mañana a las 7 de la mañana. Desde allí el TGV me llevará a Bruselas, donde alguien de la empresa me estará esperando.

La Cruzada para mí se acaba. Aún me queda algo de trabajo hoy y alguna reunión para hablar del trabajo que me espera en Bélgica, pero lo más duro ya ha pasado.

Gracias a todos por estar ahí. Hoy el sol brilla y acaricia con sus rayos.

Sueños extraños, desesperación y algo de luz

Publicado en Curro, Lonely moments, Reflexiones, el Ken en 9:19 am por La Petite en Belgique

Otra noche más desde mi habitación en Argel la blanca. Y con éste ya van 8 posts seguidos en diferido. El hecho de sólo tener internet durante las horas de trabajo (y además intenso) me hace muy difícil postear con más variedad, contestar a vuestros comentarios o comentaros en vuestros blogs. Para el bien de todos (y de mi salud mental, eso siempre primero) esta situación acabará pronto, pero no tanto como me hubiera gustado.

Esta mañana me levanté con la extraña sensación de haber tenido sueños raros o uno solo con muchas cosas diferentes combinadas. Primero voy a caballo por un bosque de noche. A galope tendido salvando obstáculos y buscando o evadiendo algo (el qué, no lo sé). Luego mi padre andando solo y con una maleta de noche por las calles de un Leuven extraño y con una niebla que se puede cortar con cuchillo (el famoso puré de guisantes de Londres). Se va a coger el avión. Tiene unos calcetines que no le caben en la maleta y me los da. A mí tampoco me caben en el bolso. Está triste, depcionado, cansado. Se va. Yo voy camino de un bar (que no he visto más que en mi sueño) con decoración medieval, donde me esperan mis amigos. Al parecer estoy recién llegada de esta maldita misión. Allí está todo el grupo con el que paso buenos y malos momentos en mi Lovaina querida. La novia del Chico de las Manos Torpes (compañero de laboratorio del Ken y del Ñatito) me saluda con un abrazo y un sonoro beso. El sitio es oscuro y hay mucho humo. De repente unos abrazos me rodean por la espalda. Son unos brazos grandes, largos y potentes. De piel muy clara y con el vello rubio. Como estoy de espaldas los brazos son lo único que veo, pero sé sin duda quién es.

Suena la alarma del móvil que me indica que ya es hora de dejar de soñar y pasar a la cruda realidad. Me ducho a toda velocidad, me visto y voy a la habitación del Ultracatólico a desayunar. El café es menos malo que otros días, pero sospecho que el agua es igual. No hablamos mucho.

La mañana transcurrió sin demasiados sobresaltos. Las cosas empiezan a marchar bien. Hicimos tests desde tres sitios diferentes (Hassan, el Ultracatólico y yo) y no hubo sorpresas desagradables. Bien. No sé si es que ya me he habituado al ritmo este frenético de trabajo (llevo siete días seguidos si no cuento la venida) o si el saber que muy pronto voy a poder volver me llena de energía que me ayuda a seguir adelante, pero hoy me siento mucho mejor.

Comemos la mierda-bocatas de siempre, pero hoy con pan de barra normal (el pan de casa lo harán con mucho cariño y esmero pero no me molan los regalos que trae incluídos).

Después de comer llamo a mi madre y al Pequeño. India (la perra que le regalamos a mi madre cuando se separó) tiene otra vez un embarazo psicológico :( Tiene leche en las mamas y no hace más que pasearse por la casa con un muñeco al que cuida y lame a todas horas. Pobre. El Pequeño me cuenta que por fin le han dado la bici de carreras que se compró la semana pasada y que está reventado porque ya ha salido con ella. Se iba a comprar hoy la ropa de ciclista pero desafortunadamente esta mañana perdió la tarjeta del banco y sólo tiene 30 euros encima. Bueno, un rollo, pero nada que no tenga remedio. Mañana al banco, a pedir una nueva.

Mi billete de avion de vuelta tiene fecha del lunes que viene, pero con posibilidad de cambio. Le pregunto al Ultracatólico cómo va eso del cambio, y si hay que hacerlo con mucha antelación.

- No, en el mismo momento, se va al aeropuerto, te cambian la fecha y coges el avion.
- Ah, eso significa que si el vuelo está lleno me quedo en tierra.
- Mmmh… sí. Pero casi siempre hay plazas.
- Mierda. Sabes que si pasa eso me voy a cabrear. Y mucho.
- Si.
- Aunque sea sólo por eso, creo que deberían pagarnos más cuando tenemos que trabajar en el extranjero.
- Voy a ver si lo hablo con el jefe.

Un par de horas el Ultracatólico llegó a la conclusión de que este proyecto llega a Argelia con 10 años de adelanto. La red no va ni p´atrás. Las videoconferencias a veces no funcionan porque la red se cae, no hay suficiente ancho de banda y a veces hay cortes de corriente. He hecho unas cuantas fotos, pero no puedo postearlas. Muchas veces estoy bastante rato para poder cargar la página de wordpress, y otras tantas no me carga y tengo que esperar otro momento.

Por la tarde las cosas fueron aún mejor, y yo ante la partida inminente, hasta estaba contenta. A eso de las 19:45, cuando estábamos a punto de irnos (y después de casi 11 horas no está mal) el Ultracatólico me propone una modificación en la programación. No una simple modificacioncilla, sino algo que (la experiencia me lo dice) si se retuerce me puede hacer perder día y medio. Como soy una persona tranquila, y aunque mi mirada lo dijo todo, me callé, pero en ese momento hubiera deseado tirarle el portátil a la cabeza y salir corriendo. Al cabo de un rato empezamos a recoger. Mi ánimo, que había estado tan alto durante la tarde, se vino al suelo por completo. Tenía ganas de llorar de rabia y desaparecer. Recogí mis cosas en silencio y salí.

El ultracatólico tiene un manos libres con cable, de esos que son los como auriculares de un reproductor de mp3; y hace dos días nos enteramos de que están prohibidos aquí. Así que cuando llegamos al coche me pidió si podía conducir porque tenía que llamar al jefe para “darle el parte”. Sin abrir la boca acepté la llave y me senté al volante. Giro la llave y nada. Lo intento otra vez y nada. El coche está como muerto. “Eh, esto, creo que nos hemos quedado sin batería”. Miro la palanca de las luces y veo que el Ultracatólico se las ha dejado puestas. Es el día que hemos acabado más tarde y el coche se ha quedado sin batería. Ya no me quedan ni fuerzas para decir nada.

Me quedo allí clavada como un muñeco sin vida mientras el Ultracatólico va a preguntar a los responsables de seguridad del Cerist si alguien tiene unas pinzas. Intentan primero empujar el coche para arrancarlo pero nada. El Ultracatólico saca de polímetro y mide los bornes: menos de 4 voltios. Jope! Mientras esperamos que llegue el amigo de no se quién, que vive a 200 metros, yo llamo al Pequeño. Me siento tan mal, tan derrotada, que necesito hablar con alguien. Una de las cosas que más me joden es mejorar el programa mientras el Ultracatólico se rasca la barriga y luego intenta ponerlo a prueba. Que yo sepa el lleva bastante más tiempo que yo trabajando en esto y yo ni siquiera he recibido un curso del lenguaje que las centrales AMX usan. Pero aquí estoy yo, con mi vuelta postpuesta por dos mierdas que una sola persona podría reprogramar. Sigo sin entender nada.

Llamo al Pequeño y le digo que el martes (o sea, mañana) aún no vuelvo. Desilusión. Me dice que no pasa nada, que está contento porque ya queda poco para que vuelva, y que cuando lo haga él estará ahí para ayudarme a que me relaje. Que va a hacer la compra y que no me voy a tener que mover de la cama. Que me quiere y que no pasa nada. Escuchar su voz me sube algo la moral, pero cuando cuelgo me siento igual de derrotada y sólo quiero llorar de la rabia que siento. Entretanto los chavalotes han enganchado las pinzas al coche y lo han hecho arrancar.

Monto en el coche. Tengo los pies mojados de empujar el coche por los charcos, pero me da igual. Llegamos al hotel y el Ultracatólico me dice que él va a dar unas vueltas con el coche por la autopista para recargar la batería. Por mí como si le parte un rayo. Bajo del coche, cojo mis cosas y me voy a la habitación. Me doy un baño mientras escucho música. Hoy ha tocado Amaral.

A la media hora vamos a cenar al restaurante del hotel. Es tarde para salir a cenar fuera. Una cena taciturna de chorba no demasiado buena y spaghetti a la boloñesa peores de lo habitual. No sé si es por mi ánimo pero incluso el vino parece peor que otras veces. El Ultracatólico me pregunta si me será posible terminar para el miércoles. Le respondo que sólo quedan un par de detalles puntuales, pero que para mí, la programación está acabada. El puntualiza “casi acabada”. Le digo al Ultracatólico lo que pienso, que con una persona es suficiente para lo que queda y que me jodería quedarme tres días más (por decir un número) por dos cosas puntuales. Se queda sin saber qué decirme y mumura algo de hacer más tests.

Acabamos de cenar y nos levantamos de la mesa sin decir nada. Demasiadas horas juntos, a veces no hace falta ni hablar para entendernos. Necesito aire fresco.

El miércoles hay dos aviones a París, pero ninguno a Bruselas (a Bruselas sólo hay vuelos lunes y viernes). El primero a las 12:30 y el segundo a las 18:30. Si vuelo en el primero, luego tengo que coger un metro en París, el Thalis (TGV) que me deje en Bruselas, un tren que me lleve a Lovaina y finalmente un taxi que me deje en mi casa (con todo el equipaje no hay otra solución). Si vuelo en el de las 18:30 llego demasiado tarde a París para coger el TGV, con lo que alguien de la compañía tiene que ir a buscarme en coche. Ambas opciones suponen unas 7 horas, más o menos, así que cuando llegue a mi casa, voy a parecer una piltrafa, pero al menos estaré en casa, y entre los brazos de mi rubio preferido :)

05.12.08

Altibajos y más excrementos de ratón

Publicado en Curro, el Ken en 9:37 am por La Petite en Belgique

Mañana ya hará una semana que estoy aquí. Mi estado general podría resumirse en cansada y desconectada. Pero no voy a entrar otra vez en ello porque sería repetirme hasta la saciedad.

Ayer me fui a dormir algo tarde, cuando por fin llegué a la conclusión de que mi estómago estaba listo para ir a cama (casi dos años en Bélgica y estoy desentrenada en esto de cenar tarde, y como suele decir mi madre: “de grandes cenas están las sepulturas llenas”). Volví a despertarme sobre las 3 para ir al baño. No es corriente que me despierte en medio de la noche, soy de las que duermen como un tronco y del tirón. Pero creo que se debe a que por el día bebo poco (menos de lo habitual) para no tener que ir al baño ese cochambroso que encima está en un edificio a 300 metros del aula donde trabajo. Por consiguiente, cuando más agua bebo es en la cena. Y mis riñones, que siempre han funcionado a la perfección, me obligan a ir al baño en mitad de la noche.

Me desperté sobre las 3, con la vejiga llena, a punto de explotar. Mientras voy al baño en medio dormida recuerdo que estaba soñando. Trabajo otra vez. Vuelvo a la cama. A las 7:15 suena la alarma del móvil. También estaba soñando, y al igual que la otra vez, con el trabajo. Que si errores de compilación, arrays, buffers y demás, todo relacionado con programación. Creo que necesito un descanso. Pero no puedo.

Estoy muy cansada y me cuesta horrores levantarme. Creo que mi cuerpo sabe que es domingo.

Desayuno otra vez en la habitación del Ultracatólico. Yo café con un trozo de cake medio momificado y él agua y un croissant del año de la guerra. Los dos estamos muy cansados.

La mañana, a nivel de avances en el curro, fue mala. Así, sencillamente. Mala. No sólo estamos cansados, sino que nos sentimos derrotados. Las cosas no van bien y ya me veo mi partida postergada (mentira cochina, la fecha de mi vuelo es aún para dentro de una semana, así que no hay fecha segura). Sólo tengo ganas de darme cabezazos contra la mesa.

Hassan se aburre, pero el pobre no puede hacer nada. El Ultracatólico y yo estamos atascados y Hassan no puede ayudarnos.

Vamos a comer. Yo paso de bocadillo con cacas de ratón. Pido pizza. Mientras esperamos la comida, el Ultracatólico dice que él no pone pegas, que todo es psicológico y que él va a comerse ese pan tan rico. Yo le digo que de psicológico nada, que psicológico es no querer comer sesos de cordero, pero que eso de arriesgarse a pillar un parásito no es ninguna broma. Que yo no sé de donde eran los ratones ni si tenían alguna enfermedad. Dice que los excrementos horneados no son nocivos porque los parásitos están muertos. Yo le repito que no sé de donde son los ratones ni las posibles enfermedades de su lugar de procedencia, con lo cual, tampoco puedo decir si los posibles parásitos son resistentes a las altas temperaturas o no. Le digo que es un inconsciente, encima él, teniendo niños, debería estar bien informado de estas cosas. Dice que se le ha quitado el hambre. De verdad que no lo hice por joder, pero me parece una imprudencia comerse algo que sabes a ciencia cierta que tiene mierda de ratón (cuando yo era niña era habitual la frase “eres tonto o comes mierda?”).

La comida llega y en mi pizza descubro dos boñiguitas (puaj). El Ultracatólico se come su bocadillo a bocados pequeños. Va haciendo en la bandeja de la comida un montoncito de cositas negras. A ver si de esta espabila.

Volvemos al curro. La mañana se había levantado soleada pero la tarde es lluviosa, muy lluviosa. Durante una hora seguimos atascados. Mi cabeza ya no quiere pensar más. Hacemos una pausa para repasar la lisa de los sitios conectados, de los sitios con problemas conocidos y de los sitios con poltergeist, y finalmente parece que se acciona un interruptor en mi cabeza y empiezo a ver las cosas más claras. Empiezo a teclear. El Ultracatólico dice que va a llamar al jefe por teléfono (eso significa media hora). Por mí vale, yo estoy ocupada porque creo haber encontrado la solución a dos de los problemas. Voila! Pues sí. Problemas resueltos. Dos días de romperme la cabeza y finalmente la solución me vino sola a la cabeza en dos minutos. Si es que no sólo para escribir poesía ha de estar uno inspirado.

El Ultracatólico vuelve y entre los dos resolvemos un tercer problema. La cosa va mucho mejor. Ensayamos una videoconferencia y llega la hora de irnos. Hoy tenemos prisa porque nos ha invitado a cenar a su casa una cliente de la empresa. Una mujer francesa rondando la cincuentena, y que se dedica al diseño y restauración de muebles. Realmente su función es la de mecenas. El proyecto en el que mi empresa tomó parte fue idea de Nazer, un árabe bastante occidentalizado, que también acudió a la cena. Una historia rara. Ella pone la pasta, pero el pone la casa.

La cena realmente deliciosa y nuestra anfitriona realmente carismática. Se excusó una y mil veces en que ella no cocina nunca, que no sabe, que nunca está en casa y que no está acostumbrada a tener invitados. Y de verdad me lo creo. No lo de que no sabe cocinar, pues el pez espada estaba de vicio (tanto que me pasé y ahora tengo el estómago repleto), pero sí en lo de recibir a invitados. Sólo nos sirvió vino y cuando el Ultracatólico le pidió agua (los dos estamos sedientos cuando llega la noche) la trajo pero no puso ningún vaso o copa extra, como no sabía donde poner las cosas, puso la sartén del pescado en el suelo y el molde del quiche en la repisa de la chimenea, no puso servilletas. De todos modos fue una cena genial y un cambio de aires. Después de unos cuantos días una acaba cansada de la atmósfera del hotel y de los restaurantes. La cena estaba riquísima y la francesa demostró ser muy muy muy amable y simpática. Y parece que yo le caí en gracia porque me pidió que si volvía a Argel, la llamara para cenar otra vez. Un placer.

Y ahora estoy en la habitación, otra vez. Es muy tarde, las 12 menos cuarto, y mañana hemos quedado de desayunar a las 8. Pero tengo aún el estómago lleno, así que voy a aprovechar para contestar al mail que me escribió hoy el Pequeño. Fue a casa de sus padres a comer pues hoy es el día de la madre en Bélgica, y me escribió desde allí. Realmente sus palabras me dieron ánimos y fuerzas. Está claro que el mayor soporte es siempre uno mismo, pero el saber que hay alguien ahí que piensa en ti, se acuerda de ti y te dice que no te sientas sola porque siempre está contigo, reconforta, es como si se llenara el cuerpo de un calorcito agradable y es imposible no esbozar una sonrisa.

05.11.08

Lejos…

Publicado en Curro, Lonely moments, Reflexiones, el Ken en 1:25 pm por La Petite en Belgique

Son las 11:15, acabamos de llegar al hotel y las fuerzas me fallan. Estoy agotada otra vez y quizá debería meterme directamente en la cama. Pero esta soledad y aislamiento son insoportables. Necesito hablar con alguien (al Ultracatólico lo tengo ya muy visto). He llamado un par de veces al pequeño pero han sido conversaciones breves. Las llamadas son muy caras y realmente no sé que decir. Estoy cansada de repetirme constantemente: que si las cosas van más o menos, que si estoy agotada, que si esto es muy duro, que si le echo de menos, que si me siento sola, … Y realmente no me atrevo a decirle las cosas que más me atormentan, como que de verdad no veo el final de todo esto, o que no tengo esperanza de que la programación esté perfecta para la semana que viene. Y como decía, estoy agotada. No es sólo el intentar permanecer despierta, es mantener la cabeza fría y rápida para enfrentar la tarea. Cuanto antes termine, antes me iré; pero no si acabarla…

Las cosas no han ido demasiado bien hoy y mi vuelta el martes no es segura. El Ultracatólico me dice que tenga esperanza para el miércoles. Durante el día apenas tengo tiempo para pensar. El trabajo es muy intenso. Suelo levantarme tres o cuatro veces de la silla por día: dos para ir al baño, una tercera para comer y una posible cuarta si de verdad necesito un break. Al final del día tengo el cuerpo agarrotado de estar en la misma posición y la cabeza como un bombo. Lo malo del final del día es que es entonces cuando mi mente vaga de verdad. Al llegar al hotel después de currar (a eso de las siete y pico u ocho) llamo al Pequeño, sólo para escuchar su voz, que me cuente cómo van las cosas por allá e intentar lamentarme lo menos posible (cosa que a veces no me sale). Al final del día me doy cuenta realmente de que yo estoy aquí y el allá. Lejos. Siento impotencia, me siento desconectada de mi vida. Quisiera estar ahí, día a día, viendo cómo está, hablándole, demostrándole que aunque la relación que tengamos sea aún muy joven, es algo maravilloso por lo que luchar. Pero no puedo. Porque estoy lejos. Y no puedo hacer nada. Sólo intentar terminar lo antes posible. Pero cada día aparecen problemas nuevos, y cada día son más difíciles de resolver. Me siento atada a Argel, atada al Cerist. Siento un abismo entre mí y mi vida. Y no puedo hacer nada.

Esta mañana me levanté algo mejor que las otras, pero mi cuerpo tiene demasiado cansancio acumulado para que algo menos de 8 horas de sueño lo curen por completo. El estrés está haciendo mella en mi subconsciente. Siento que me he pasado toda la noche soñando con el Pequeño (sueños catastrofistas, por supuesto) y con el trabajo aquí (trabajo y más trabajo). Ya no puedo ni desconectar por las noches. Lo de soñar con el trabajo es algo que me pasa cada vez que me vengo a trabajar aquí. Es demasiado: 7 días a la semana, 10 horas al día. Eso hace la friolera de alrededor de unas 70 horas. Estoy cansada. Quiero recuperar mi vida. Pero no puedo.

Volvimos a desayunar en la habitación del Ultracatólico. Él agua y yo café con un sabor a quemado que no había probado en mi vida. Me siento algo más descansada que otras mañanas pero mi cuerpo se niega a despertar del todo.

Por la mañana el Ultracatólico tiene una reunión con no se quién, así que estoy sola con Hassan hasta casi el mediodía. Hassan se va a otra universidad para que yo pueda hacer tests por videoconferencia.

Sobre la una y pico viene el Ultracatólico y salimos a comer. Vamos al mismo bar cutre del otro día, donde pedimos unos bocatas completos. El pan lo hacen ellos mismos, o eso es lo que el Ultracatólico dice. A él le encanta ese pan. Los bocadillos consisten en huevo revuelto, carne, una minúscula hoja de lechuga una rodajita de tomate, carne, patatas fritas y queso. Vamos, una bomba de relojería. Nos los sirven en dos mitades. Cuando voy por la segunda mitad (el Ultracatólico ya había terminado) encuentro algo negro (o marrón muy oscuro) y pequeño, de más o menos centímetro y medio de largo. Me entra la sospecha. Le pregunto al Ultracatólico qué es eso. Me dice que no sabe, pero que cree que son unas semillas especiales, porque sólo las ha visto en el pan de aquí y en el de Hassi-Messaoud, pero no en el de Bélgica. Sospechas casi confirmadas. Le comunico que es caca de ratón. Abre mucho los ojos y dice que ya alguien le dijo algo así una vez y que no le creyó, pero que si yo opinaba lo mismo, entonces se lo creía (un punto a su favor es que tiene mi opinión en muy alta estima, sobre todo después de comprobar lo rápido que cuento y sumo en binario y hexadecimal). No me termino el bocadillo.

Por la tarde se fue a otra universidad e hicimos más tests (3 universidades juntas). Un desastre total. La moral por los suelos y la cabeza como un bombo. Para lo de la cabeza también contribuyó Hassan. Resulta que donde él estaba había otro más. Aquí es típico tener 4 o 5 personas para hacer el trabajo de media. El resultado es que hablan como cotorras. El micro de Hassan estaba más alto de lo normal y me fue imposible mutearlo desde Telnet (aún no sé porqué). Con lo que tenía al Ultracatólico, a Hassan y a su colega hablando al mismo tiempo. Y por cierto que Hassan y el colega no paraban de hablar en esa mezcla de árabe y frances que me es totalmente incomprensible, con los sonidos aspirados típicos del árabe (lo siento, pero los dos hablando a la vez parecían como animales). Las imágenes estaban mal, no oía al ultracatólico y la jauría me estaba poniendo de los nervios. No podía pensar. Luego llega uno de los responsables del Cerist por no se qué de unas direcciones IP y entonces ya me entró una terrible desesperación y tuve ganas de mandarlo todo a la porra. Al menos tuvo el detalle divertido de intentar hablar inglés, pero sólo pudo soltar dos palabras (this site…).

A las 7 decidimos dar por finalizada la jornada laboral. Mi cabeza ya no da para más, necesita que aguien la reinicie. Pero el que puede hacerlo de verdad está a muchos kilómetros.

Para la cena intentamos ir a un restaurante chino que está en el hotel al que fuimos hace dos días. Decir que en la entrada del hotel, además de pasar el típico control del coche (maletero y capó) también hay que pasar el bolso por un detector rayos X como el de los aeropuertos y un detector de metales. La historia es que esta mañana “cogí prestado” un cuchillo del desayuno por si había que preparar al mediodía bocadillos improvisados. Y justo me di cuenta cuando el bolso estaba entrando en el detector. Momento de tensión pero al final nada, ni lo vieron.

El restaurante resultó estar completo así que decidimos ir al Tantra, uno de los 15 restaurantes que están en el pequeño bosque alrededor del monumento a los mártires de la revolución. No lo entiendo. Cutres con el desayuno y en la cena pagamos 7100 dinares (71 euros!). Que alguien me lo explique y a lo mejor lo entiendo. Y luego ratean con los sueldos…

Al salir decidimos ir a ver el monumento de cerca. La vez anterior (el año pasado) estaba prohibido colocarse debajo del arco que forman los pilares, pero esta vez el policía nos dejó pasar (pero sólo un minuto, eh). El monumento no es bonito, pero es impresionante. Y el estar justo debajo te hace sentir todo el peso del hormigón. Una sensación privilegiada, porque es raro eso de que lo dejen pasar a uno por esa zona.

A la vuelta al hotel nos perdemos por cuarta vez desde que estamos aquí. Argel puede ser un verdadero laberinto para el conductor. Se hace tarde y yo me quedo dormida en el coche.

Llegamos al hotel. Es tarde. Estoy cansada y siento la soledad. Y lo que más siento es no poder darle al Pequeño nada de lo que me gustaría. Me siento impotente, atrapada, lejos. Y no puedo hacer nada. Estoy cansada. Quiero volver. Pero no puedo. Antes debo luchar en mi cruzada.

05.10.08

Cansancio, aislamiento y mal humor

Publicado en Curro, General, el Ken en 10:51 am por La Petite en Belgique

En fin, quinto post en diferido desde Argel la blanca.

Hoy la lluvia no nos abandonó en todo el día, por la mañana una lluvia fina que calaba los huesos y por la tarde una verdadera tormenta. Es raro para mí tener este tiempo aquí y oirle al pequeño que en Bélgica luce el sol. Esta noche es posible que duerma en mi casa porque su ático se convierte en una sauna cuando el tiempo fuera es caluroso. También me ha dicho que va a hacer la compra para tener comidita cuando yo vuelva y podamos preparar desayunos ricos de esos que nos pegamos cuando estamos de relax :)

Ayer por la noche al se hizo tarde, y de tan cansada que estaba, no podía dormir. Di unas cuantas vueltas en cama (yo soy de las que cae y a los 5 minutos ya está profundamente dormida) y finalmente me dormí. A las 3 me desperté (cosa rara en mí, sobre todo estas noches, que se me hacen tan cortas que siento que toco la almohada y a los dos minutos suena el despertador) y fui al baño. A las 7 finalmente me levanté como todas las mañanas, me duché, preparé mi cosas (papel higiénico incluído en el bolso) y salí al pasillo a esperar al Ultracatólico. Decir que esta mañana me levanté aún más cansada que las mañanas anteriores, y el mal humor era la emoción que imperaba en mi ánimo. La media hora que transcurrió entre que me levanté de cama y salí por la puerta de la habitación, la pasé profiriendo juramentos dignos de un camionero. Al ver al Ultracatólico le volví a repetir por enésima vez que yo no puedo seguir así, que si no duermo y trabajo tantas horas voy a caer enferma, y que si caigo enferma el proyecto me va a importar un pimiento. Se queda frito y no contesta.

Salimos a desayunar. Como es viernes (equivalente al domingo europeo), el Ultracatólico espera poco tráfico y pocos coches aparcados en la calle del café árabe habitual (o sea, pocas probabilidades de multa), así que decidimos ir allí. Por el camino (la distancia entre el hotel y el café será de unos 600 m) vemos mucha policía, como de costumbre, y uno de los agentes nos hace una señal para que paremos. Nos pide los papeles del coche y el permiso de conducir. “Ah, venís de Bélgica, ah, qué interesante. Y cómo se pronuncia tu nombre?”. En fin, parece que los polis se aburren y se dedican a parar a la gente para pasar el rato. Nos despidió con una sonrisa y un “C’est bon, c’est bon” (frase que junto con el “bien sur”, es una de las más oídas en Argelia).

Tomamos rápido nuestro desayuno y nos encaminamos hacia Cerist. Por el camino se ven pocos coches y poca gente (como un domingo a las 8 de la mañana en Europa). A lo largo de una de las calles que atravesamos lo único que se ve son multitud de policías (dos o tres cada diez metros) con cara de aburridos.

Hoy el trabajo fue algo mejor. Como el resto de universidades estaban cerradas, el Ultracatólico estuvo toooooodooo el día conmigo (menos mal que hubo un par de momentos divertidos, porque todo el día con la misma persona puede llegar a ser estresante, especialmente si es un compañero de trabajo y está por encima tuya). Descubrimos nuevos problemas pero parece que la cosa va adquiriendo color.

Hoy la comida consitió en panes de pita de ayer (en la tienda no tenían nada mejor) con queso kiri y atún en tomate procedente de Poio - Pontevedra (!!). Sin cuchillo otra vez, nos vimos obligados a emplear como herramientas de cocina una tarjeta de crédito y un destornillador pequeño (hay foto que lo prueba, ya la publicaré).

El tiempo una caca, día húmedo y frío. En una de las veces que fui al baño (que está en otro edificio) casi me calo hasta los huesos. Por el camino me encontré a uno de los hombres de seguridad, un tipo con dos hijas llamadas Fifi y Coucou de uno y dos años de edad. Estuvo durante media hora haciéndome preguntas de a ver cuándo me casaba, y que si me casaba él iría con Fifi y Coucou a Bélgica a mi casa. Me pidió que la próxima vez que volviera por aquí le trajera un regalo para las niñas. Tipo peculiar éste Djamel, todo el rato con el walkie en la mano pero con actitud de estar paseando más que otra cosa. Al menos es simpático.

Acabamos el curro sobre las 18:30 y nos vinimos al hotel. Baño rápido y reunión en la habitación del Ultracatólico. A la vuelta a Bélgica me espera otro curro importante en Luxemburgo del que aún no tengo ni pajolera idea. Me aconseja que sea prudente al pedir mis días libres de recuperación (al trabajar aquí los 7 días de la semana, me corresponden dos días libres) porque el curro ese es urgente. Pos vaya mierda. El estrés se me empieza a subir por la espalda, que ya la tengo partida al medio por culpa del cansancio.

Salimos a cenar y se vuelve a perder. Busca no-sé-qué restaurante en un rotonda en la zona de Hydra. Damos vueltas durante media hora y nada. Le pregunta a unos policías (que a causa de la lluvia llevan una especie de batas blancas con gorros también blancos que les dan un aspecto de carniceros de lo más cómico) y las indicaciones nos acaban llevando a una rotonda de la zona de Hydra, sí, pero no la que el ultracatólico busca. Preguntamos a otros policías. El primero se toma la pregunta a cachondeo y se ríe un rato. Es domingo y se nota que están más aburridos que ostras. Se acerca otro al coche. Preguntamos y el segundo pone cara de saber donde está la rotonda ésa pero que el camino es complicadillo (vamos, como cualquier camino en Argel). Nos dice un: “seguid al furgón” y ambos polis se montan en él (un verdadero furgón de policía, con ventanas cubiertas de barrotes y la sirena puesta). La mala pata nos lleva a la misma rotonda equivocada. Yo no sé si reir o llorar. Moló el detalle de que la poli se prestara a hacernos de guía, sobre todo teniendo en cuenta lo cabrones que son aquí. Pero es finde, estaban aburridos, fuimos muy educados y nada como llevar de copiloto a una española con pinta de argelina que les sonríe a los polis (sigh).

Me piro a dormir. Muchas gracias por vuestros comentarios, de verdad. Valen mucho para mí, sobre todo en estas circunstancias. Siento de corazón no poder estar a vuestra altura y contestaros de vez en cuando, leeros, pero sólo tengo internet mientas curro y el estrés está alcanzando cotas importantes (además de tener al Ultracatólico con el látigo al lado). Aquí en la habitación del hotel no tengo internet y me veo obligada a usar el notepad para redactar. Con los mails del Pequeño es lo mismo. Mi rutina nocturna, aprovechando la espera a que me baje la cena, es un mail a mi rubio y un post. No siempre en el mismo orden. Todo depende del humor con el que me encuentre. Si estoy muy echa polvo suelo dejar el mail para el final, para no hundir más al Pequeño, que a veces también se pone melancólico y triste.

Buenas noches a todos. Gracias por estar ahí.

P.S.: EL Ultracatólico estima que si todo va como hasta ahora y no tenemos demasiadas sorpresas, es posible que me pueda ir el martes. Eso significa que me encuentro en el ecuador de mi estancia. Bueno, un poco más y pronto estaré durmiendo en mi camita con una persona a mi lado que está demostrando ser bella por fuera y bella por dentro.

05.09.08

La llegada del jefe

Publicado en Curro, el Ken en 8:34 am por La Petite en Belgique

Cuarto post en diferido desde mi habitación del hotel. Es lunes 8 de mayo y son las 11 de la noche (una hora menos que ahí).

Esta mañana me levanté aún más cansada que los días anteriores. El cansancio se va acumulando y la cabeza ya sólo me funciona al 60%. Esta mañana no fuimos a desayunar al café árabe habitual por miedo a una nueva multa y retirada de carnet, así que el ultracatólico decidió que nos subieran el desayuno a la habitación. Pero todo tiene truco. Él dice que no le gusta el desayuno en el hotel (el tradicional, el que se toma abajo) porque es caro y allí huele mal. Así que optó por pedir UN desayuno para los dos en la habitación. UN desayuno, señores, el colmo de la cutrería. Que sé que la empresa no tiene ahora mismo mucha pasta, pero si se ha gastado una buena cantidad de dinero en comprarnos billetes de avión con vuelta flexible, digo yo que podrá pagarnos un desayuno a cada uno aunque cueste más que 57 dinares (el precio normal del café árabe). Las palabras del Ultracatólico esta mañana fueron: “te pedí café y leche, yo me conformo con agua”. Con agua? De verdad que flipo. Cómo van a estar bien alimentados estos belgas si desayunan un trocito de cake, una manzana y AGUA? Acepté el café (a él no le gusta, siempre desayuna té) y mi parte del desayuno, ya de mala humor de mañana.

Salimos para el Cerist, yo me quedé allí y él partió con Hassan, nuestro ayudante, a otra universidad para arreglar un problema allá y ver si más tarde podíamos intentar crear una videoconferencia entre las dos universidades.

Debo decir que rendí poquísimo por la mañana. Mi cuerpo estaba muy cansado, pero mi mente ya no podía más. Finalmente a las 12 conseguimos establecer nuestra primera videoconferencia con éxito y se me levantó un poco el ánimo. Mientras hablábamos por el micrófono intentando ajustar niveles y nos hacíamos señales mirando cada uno a su cámara, aparece el bueno de Mourad (por si no lo recordáis, es el árabe grandullón, casado y con hijos que ya me ha hecho dos propuestas indecentes que yo he esquivado como he podido). El Ultracatólico se da cuenta porque lo ve en la pantalla y lo oye por los altavoces. Al momento suelta un: “Vaya, acaba de llegar el presidente de tu club de fans”. En inglés le contesto que como este tipo no deje de rondarme me voy a poner nerviosa. Finalmente hoy Mourad se portó bien (porque sabía que lo veían y oían por videoconferencia) y se largó al poco rato.

Sobre la 1:30 vinieron a buscarme para ir a comer. El sitio cutre de siempre estaba cerrado (el fin de semana en Argelia es jueves y viernes) y tuvimos que comprar pan (de pita, riquísimo) y cosillas pa meter dentro (queso y un embutido raro hecho de pavo). Volvimos a Cerist y como el tiempo estaba algo mejor que ayer (algo de sol, pero no mucho, viento, pero no lluvia) decidimos comer fuera, en unas escaleras. Comenzamos a sacar las viandas de la bolsa y en esto Hassan suelta un: “Bueno, tú eres la mujer y la mujer debe repartir la comida y preparar los bocadillos”. Qué??? Por quién me has tomado, chato? Sé que es su cultura, pero por fortuna o por desgracia, yo no pertenezco a ella. Con gusto hubiera repartido la comida, pero si me lo dicen así, porque es mi deber, pos no, mira. Le solté una contestación en inglés fruto de mi ira momentánea y parece que le quedó claro, pues al final preparamos los bocatas entre los tres (que encima no es fácil, en el suelo, sin servilletas y sin cuchillo).

Comimos y volvieron a pirarse a la Université d’Alger para seguir con los tests. Yo me quedé en mi zulo sin ventanas intentando mejorar la programación. A media tarde descubro algo insólito. Tengo agujetas en la zona del estómago y en la parte trasera de los muslos. Pero no ligeras, tengo unas agujetas bestiales. No lo entiendo. Me paso el día sentada en la misma silla sin moverme. Luego se me ocurre que pueden ser de haber estado achicando agua ayer durante casi una hora. Yo que sé. Por cierto, de la llamada misteriosa no he tenido más noticias. Supongo que habrá sido alguien de recepción, pero ni idea…

A las 18:30, con las ideas un poco más claras pero bastantes modificaciones de la programación en mente, terminamos nuestra jornada laboral. En el hotel espera el jefe que ha llegado hoy de Hassi-Messaoud, donde tenemos otro trabajillo en este momento (pero éste es poca cosa y teóricamente no es necesario que yo vaya).

Mi jefe está alojado en la habitación 512 bis. Si, si, bis. La que está entre las 512 y la 514. Al parecer en un principio existía la habitación 513 pero luego decidieron quitarla por lo de la mala suerte. Para no tener que mover las placas de todas las puertas (y de todos los pisos, off course) pues le cambiaron el número a 512 bis. Sin embargo en la factura aparece como 513. Curiosos estos árabes. Y por cierto, nunca pensé que hubiera aviones con fila 13 hasta que me monté en uno de Air Algerie. Curioso, curioso.

Hoy esperaba haber cenado más temprano que los otros días (ése es el acuerdo al que llegué con el Ultracatólico a fin de dormir mis horas y velar por mi salud). Pero no. La ley de Murphy siempre se cumple. Tras una ducha rápida nos reunimos en la habitación de mi jefe, donde él practicaba su deporte favorito: hablar por teléfono. Tras media hora de charla al final salimos, pero no para cenar, sino para ir a uno de los bares del hotel para una reunión con el responsable de relaciones económicas entre Bélgica y Argelia, un tal Michel no-sé-qué, un tipo con bastante mal gusto y contínuos comentarios machistas sobre las mujeres. Comentarios a los que mi jefe se apunta divertido y empieza a contar chistes y pronunciar proverbios argelinos del tipo: “todo buen musulmán debe pegar a su mujer un par de veces al día o al menos por las mañanas. Tú no sabrás porqué lo haces pero ella sí lo sabrá”. Unas hostias quería. Como estaba tan cansada, dejé mi mente vagar y me concentré en el zumo de naranja y los cacahuetes tostados. Hablando del zumo… Pedimos zumo natural de naranja mi jefe, el ultracatólico y yo. El tipo raro llegó más tarde y nosotros ya habíamos pedido. Cuando el camarero se dirigió a él, miró con cara culpable nuestros zumos (realmente los recorrió con la mirada como si de un partido de ping-pong se tratase) y soltó un tímido “Gintonic”.

Cuando al fin quedamos libres nos fuimos a cenar al restaurante de El-Djazaïr, un hotel con verdadero encanto del siglo XIX. Restaurado y muy cuidado, con fuentes presentes en sus jardines (las fuentes, uno de los grandes legados que los árabes nos han dejado, sobre todo en el sur de España). El restaurante resultó ser bastante chic y bastante caro. La decoración sublime y la atmósfera muy acogedora, con colores relajantes y formas armoniosas. Nuestra mesa estaba al lado del piano en el que un hombre tocó parte del concierto de Aranjuez y varies piezas de Burt Bacharach. Siempre me gustó el sonido del piano, y más esta vez, en que eclipsaba las voces del Ultracatólico y el jefe, hablando de trabajo sin parar. Detalle a destacar: cuando nos trajeron el menú, primero me entregaron a mí el mío, acompañado de un “madame”. Al cabo de dos minutos descubrí que mi menú era igual que el de mis dos acompañantes pero le faltaban los precios (!). Vaya, llevo unas cuantas pruebas de machismo hoy, pero lo de tener un menú diferente para mujeres era la que menos me esperaba.

Hoy hablé un par de veces con el pequeño. Oir su voz me tranquiliza, especialmente en los momentos difíciles en que estoy atascada y las cosas no me salen. Me ha escrito un mail muy bonito que casi me ha emocionado y me da más fuerzas para seguir adelante. Está bien saber que alguien me espera a la vuelta, para ayudarme a descansar y a relajarme. Con él sé que es posible y de verdad ansío nuestras mañanas perezosas de fin de semana, en cama, sin prisas, tan sólo estando ahí.

05.08.08

Días largos y presencia policial

Publicado en Curro en 9:08 am por La Petite en Belgique

Tercer post en diferido desde mi habitación (la 737 esta vez) en El Aurassi.

Argel, donde la luz es diferente y los días son más brillantes. Mire donde se mire, los colores son un batiburrillo de blanco, azul y diferentes tonos de ocre. Son típicos aquí los edificios blancos con las persianas y balaustradas de un intenso color azul, así como edificios de paredes marrones e incluso edificios sin más adorno que el simple cemento de los muros. La palabra que podría definir Argel es “desorganización”. No hay conjuntos armónicos de casas, a veces la arquitectura es extraña, las calles son tortuosas y el tráfico es endemoniado. La personalidad de la ciudad refleja la personalidad del argelino. Poco dado a formalismos, relajado, fuera de todo esquema; pero sin embargo oprimido. Argel, al igual que el argelino, posee un espíritu libre, del cual no puede hacer uso. Por todas partes hay patrullas policiales. Jamás en mi vida he visto tantos policías como aquí. Controles en cada cruce importante, en cada glorieta. Al pasar por ellos uno está obligado a disminuir la velocidad y prepararse para detenerse ante la menol señal. Por la noche incluso se requiere que se encienda la luz interior del vehículo al pasar por estos controles. La entrada al hotel está fuertemente vigilada, y los vigilantes abren el maletero de cada coche que entra (todos los días). Hoy, incluso, cuando íbamos a cenar al restaurante de otro conocido hotel en la ciudad, nos obligaron a abrir el capó. Por todas partes se ven militares con metralletas y la noche está plagada de coches de policía con las luces de emergencia… Es corriente que en cada cruce importante o glorieta haya un mínimo de tres o cuatro policías, que para más inri, no se ponen de acuerdo a la hora de dirigir el tráfico. Las colas que se forman son enormes, los coches pasan rozando el tuyo hasta tal punto que realmente descubres donde termina tu coche, todos se pelean por pasar el primero, la gente se tira sin mirar a la carretera para cruzar. Por todas partes hay movimiento, desorden, mezcla de colores, este batiburrillo que define instínsecamente Argel y sus gentes…

Esta mañana me levanté tan cansada o más que la mañana anterior, y es que no estoy descansando lo suficiente. Sólo tengo tiempo para currar, ducharme, comer, escribir posts y mails al Pequeño y dormir poco. Empecé la mañana inundando el baño otra vez (de verdad no sé cómo hacer para que esto no pase) y cogiendo mis cosas para la jornada (portátil, cables, demás equipamiento electrónico, bolso con rollo de papel higiénico incluído y una botella de agua).

Fuimos a desayunar al café árabe habitual. Normalmente esa zona está atestada de vehículos en doble fila y es casi imposible aparcar debidamente, por lo que solemos aparcar también nosotros en doble fila mientras vigilamos el coche desde el café (total, como no hay asientos, qué más da). Pero hoy no fuimos suficientemente rápidos y la siempre presente policía hizo acto de presencia. Le retiraron el carnet al Ultracatólico y nos vimos obligados a ir a la oficina de correos, a unos 200 metros, a pagar una multa de 300 dinares (aproximadamente 3 euros) para que el carnet se le fuera devuelto. Una mísera cantidad de dinero, pero aquí lo que tiene que quedar claro es que la poli es quien manda y te vas a joder yendo hasta la oficina de correos en ese MISMO momento si quieres que te devuelvan el carnet. Porque claro, si te paran y no lo tienes, otra multa. Recuerdo el año pasado que nos pasó lo mismo porque el Ultracatólico se equivocó en un semáforo. Se metió en el carril para girar cuando lo que queríamos era seguir recto. Toma retirada de carnet, peregrinación a la comisaría de policía y multa de 300 dinares (pero ipso facto!).

La mañana fue bastante dura a nivel programación. Un problema de lectura de datos me dio verdaderos quebraderos de cabeza durante horas. Por suerte la tarde transcurrió algo mejor y por fin pude ver cosas realmente funcionando. Normalmente me paso casi todo el día sola metida en un aula (la futura aula de educación a distancia) sin ventanas pero con una puerta que da directamente al exterior. Después de unas cuantas horas sentada en mi silla y sin ver la luz del sol, decidí salir a respirar un rato y tratar de despejar mi cabeza. Descubrí que el tiempo había empeorado bastante, estaba nublado y hacía algo de frío. El viento anunciaba tormenta.

Hoy finalmente pude acabar antes que ayer. Tan solo una jornada de 8 a 18:30. No ta mal, pero me sigue pareciendo un abuso teniendo en cuenta que no me pagan NADA extra.

Al volver al hotel, como era algo más temprano que ayer, decí retirarme a mis “aposentos” durante una hora para darme un baño y relajarme un rato. Pero la mala pata quiso que el plan B para no inundar el baño fracasara. Esta vez no acabé con el lago Ness, sino con todo un océano. Me despisté mientras llenaba la bañera y para cuando me di cuenta tenía un centímetro de agua en el suelo… Estresada intenté achicar lo que pude con toallas pero malgasté parte de mi hora libre con esta tarea, sudorosa, cansada y estresada. Mientras estaba ocupada con esta labor me suena el teléfono de la habitación. Cojo y una voz de mujer me pregunta si soy yo (por mi nombre, pero no apellido) y que si soy la española. Pues sí, ésa soy yo. A continuación dice algo que no logro entender (he conseguido entender el francés que se habla en Bélgica, buena parte del que se habla en Francia, pero el de Argelia ni p’atrás, y encima con esa manía que tienen de mezclarlo con el Árabe). Decidimos que no nos entendemos mutuamente y colgamos. Yo muy extrañada porque no sé ni quién ni porqué. Al momento me cae la gota de sudor pensando que pueda ser alguien de recepción porque en el piso de abajo han tenido goteras. Mi estrés va en aumento. Sigo secando el suelo. Ahora parece que ya sólo hay medio centímetro de agua, pero parece que esto no se va a secar nunca. Quedan 10 minutos para la hora en la que había quedado con el Ultracatólico. Decido meterme en la bañera para limpiarme el sudor y tratar de no pensar en nada aunque sea durante 5 minutos. Salgo de la bañera. Continúo achicando. El nivel de agua no baja de manera apreciable.

Me visto y salgo. Hablamos unos momentos en la habitación del Ultracatólico (es contigua a la mía) y salimos a cenar. El restaurante está en el quinto pino, hay policía por todas partes (as usual), hay que ir despacio porque hay multitud de controles (casi uno en cada cruce) y hay atasco. Al llegar descubro que la lluvia que cae realmente son enormes goterones. Se nota que Argel no está preparada para tanta agua. El terreno no drena bien y hay agua por todas partes. Me veo obligada a caminar de puntillas para no mojar el bajo de los pantalones. Las escaleras que dan al restaurante están justo en línea con el monumento a los mártires de la revolución, que se ve al fondo, presidiendo la panorámica de forma imponente y sobrecogedora.

El entrecot que pedí está algo más hecho de lo que esperaba. Se nota que todo contacto con la sangre es considerado como algo pecaminoso para los musulmanes. Normalmente los filetes aquí son delgados y están muy hechos hasta parecer suelas de zapato. Al menos han hecho un esfuerzo con el entrecot, y la carne es buena. La cena transcurre algo más tranquila que ayer, pero me entero de que el jefe viene mañana del desierto para una reunión. Vamos, para echarse a temblar.

Bueno, me voy a dormir. Son las 12:30 y mañana tengo que estar en pie a las 7, como de costumbre. Es tarde, pero hasta hace un rato tenía el entrecot como una presencia en el estómago. Le he propuesto al Ultracatólico el cenar algo más temprano mañana. Si no, este ritmo va a acabar conmigo.

Buenas noches a todos. “Largos días y placenteras noches”.

05.07.08

Primer largo día en Cerist

Publicado en Curro, el Ken en 8:56 am por La Petite en Belgique

Aquí viene otro post en diferido. Ayer era tarde cuando volví al hotel y la sala de internet estaba cerrando. Escribí el post desde mi habitación, un poco antes de irme a dormir. Los días están siendo muy largos, pero parece que sólo tengo tiempo para trabajar mucho, darme duchas, comer (mal) y dormir poco. Las horas de sueño no me llegan y me levanto tan cansada como me acuesto. En fin, paciencia… y otro día en el Cerist.

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Son casi las 11, o sea, casi medianoche en Europa. Pensaba escribirle antes un mail al Pequeño antes de escribir el post, pero el ánimo no me lo permite. He hablado un par de veces con él hoy y está desanimado.

Y la situación aquí no ayuda. He comenzado el día a las 7 de la mañana, en que me he levantado de cama, sola, situación extraña para mí y he vuelto a inundar el baño. Siempre me pasa lo mismo en este hotel cuando me doy una ducha. La mampara no aisla demasiado bien y al final todo parece el lago Ness. Antes de salir de la habitación cogí el único rollo de papel higiénico que había en el baño. Chicos, si alguna vez viajais a Argelia habéis de saber que el papel higiénico es aquí un bien escaso. La maniobra de llevarme el rollo tenía una doble función: por un lado usarlo donde tuviera que currar y por otro obligar al personal del hotel a poner otro rollo (más de una vez me quedé sin papel higiénico en este hotelucho que dicen es uno de los mejores de Argel).

Había quedado a las 7:30 con el director técnico en el pasillo para salir a desayunar y encaminarnos hacia Cerist, nodo central del sistema de videoconferencias que estamos implantando. Desayunamos en el lugar de siempre, un bareto que ni si quiera se le puede llamar tal. A esas horas de la mañana está normalmente lleno de hombres árabes (hoy ha sido la primera vez que veo a una mujer allí) pidiendo su té o café. Por 57 dinares argelinos (aproximadamente 57 céntimos de Euro) uno puede tomarse un café y un croissant o similar de pie, casi peleándose por el sitio y compartiendo unas cucharillas mugrientas. El sistema es poner las cucharas en una especie de vasos de metal llenos de agua, para “lavarlas”, servirse el azúcar necesario, de unas azucareras también de metal (y también mugrientas), intentar disolver el azúcar y volver a depositar la cucharilla en el vaso con agua, para que pueda ser utilizada posteriormente por el siguiente. Tras un escaso desayuno de cafe au lait y petit pain de chocolat compramos algunas viandas (agua, fruta y queso) en la tienda de al lado por cuatro duros.

Si ya odio la manera de conducir del director técnico en un país donde se circula civilizadamente (tiene la mala manía de pegarse al culo del coche que va delante, cosa que me hace cerrar los ojos de esapanto en más de una ocasión) pues ya no digo nada de su habilidad combinada con el duro tráfico de Argel, donde parece que impera la ley del más rapido en entrar en el cruce y las carreteras recuerdan al más salvaje oeste.

Sobre las 8:15 llegamos a Cerist (en la zona de Ben Aknoun, donde ha estallado una bomba hace unos meses). Allí finalmente el director técnico ultracatólico tuvo sus reuniones pertinentes mientras yo me rompía la cabeza con la programación.

Al llegar vimos a un viejo conocido: Mourad. A Mourad lo conocí la última vez que estuve en Argel, en julio del año pasado. Trabajaba como vigilante de los equipos que habíamos mandado y que aún no habían sido despachados por todo el país. Grandullón y huraño de carácter al principio al final resultó ser un tipo agradable, servicial y bromista. Y como no, ya os había dicho que yo a los argelinos me los gano sin querer, y éste no iba a ser menos. Como hay pocas mujeres ocupando puestos de ingeniería o que se las vea tirando cables o llevando cajas, aquí me gano enseguida la simpatía de los hombres. Y, como ya he dicho, mi fisonomía ayuda, soy como la nueva árabe española que viene de Bélgica, hago cosas raras con los ordenadores y no se me caen los anillos si tengo que hacer otras labores.

Hablando de Mourad… La otra vez incluso me presentó a dos de sus tres niños y me dio su teléfono, hasta que el último día de mi estancia allí se apareció por la sala donde yo estaba trabajando proponiéndome ir a buscarme al hotel por la tarde para una cena a solas. Ay, inocente de mí, que nunca me doy cuenta cuando vienen las cosas hasta que ya están encima! Como pude le dije que iba a trabajar hasta tarde y me pidió que si tenía tiempo lo llamara. Ya ya…

Pues esta vez volví a ver al amigo Mourad. Mi colega me dijo que mantuvieron una interesante conversación en la que Mourad comentaba que había cambiado mucho y que ahora era un buen musulmán. A lo que contesté que dudaba mucho de que fuera verdad, ya que esta misma mañana el listo del Mourad me preguntó si sería posible vernos un día de estos a solas. En fin, hay algunos hombres que en determinadas circunstancias circunstancias parece que tienen serrín en lugar de cerebro.

La mañana transcurrió con algunos pequeños incidentes a nivel de red pero fue tranquila en general. Más tarde el Ultracatólico habló por teléfono con el jefe, que está en el desierto (Hassi-Messaoud) para preguntar que tal había ido el vuelo ayer y qué tal iba el trabajo por allá. Al parecer el vuelo fue un tanto accidentado. Normalmente el vuelo entre Argel y Hassi-Messaoud es un vuelo corto de no más de una hora. Pero esta vez, al llegar, se encontraron con que una avería impedía desplegar el tren de aterrizaje. Mientras hacían intentos de arreglarlo, se pusieron a dar vueltas sobre el desierto durante casi tres horas hasta que casi no les quedaba combustible y tuvieron que hacer un aterrizaje de emergencia en la arena. Al parecer la técnica fue posar la panza del avión y girar sobre una de las alas para frenar. Mi jefe dice que lo peor de todo era la gente histérica alrededor, gritando y rezando. Vaya, no me lo quiero ni imaginar.

A mediodía hicimos una parada para comer en un bareto cercano unas empanadas típicas árabes, una especie de tortilla con legumbres y un cacho de pan con patatas fritas.

La tarde fue mucho peor. Un problema inesperado me tuvo atascada unas tres horas. Estaba cansada, hambrienta y mi cabeza ya no daba más. Recibo un mail y al rato una llamada del Pequeño. Se le ve desanimado, sin ganas. Dice que esta mañana no fue capaz de levantarse de cama. También cuenta que tiene partido de basket esta noche pero que no le apetece ir. Que está deseando que vuelva y me da ánimos para que me salga bien el trabajo. Entre el cansancio mental y físico que tengo y la llamada me da el bajón. Entre tanto el director técnico no sé en que rayos anda, pero yo estoy ya hasta la coronilla de programar. La cabeza ya no me da para más.

Finalmente termino mi jornada laboral a las 7:30 de la tarde, exhausta, hambrienta, triste y de mal humor. No me quedan fuerzas. A las 8 llegamos al hotel. Tiempo justo para darse un baño rápido (opción B para no dejar el baño inundado) y salir a cenar. El día ha sido tan intenso a nivel de trabajo (mi cabeza no ha parado) que ahora que la jornada ha terminado me doy cuenta de que estoy hasta la coronilla de estar aquí, de trabajar 11 horas, de no tener apoyo, de no tener tiempo para mí y de ver al Pequeño hecho mierda.

La cena ha sido tensa. Yo no estaba de humor y nos hemos (mejor dicho me he) pasado toda la cena reivindicando. Que si mi sueldo es una mierda, que si deberían pagarnos cuando trabajamos en el extranjero, que si no me puedo comprar un piso, que si no ahorro ni pa pipas, que si el jefe no entiende que las personas necesitamos vida privada. El director técnico me entiende a medias. Él dice que no necesita recibir dinero por su trabajo y que las personas buenas son pobres. A la mierda! Yo no quiero ser rica, sólo quiero vivir y para ello hace falta un mínimo de dinero y un mínimo de tiempo libre. Creo que no pido cosas sin sentido.

Acabo de llegar a mi habitación y estoy de mal humor y triste. El pequeño también lo está y desea que vuelva pronto. Pero me parece que esto aún va para largo…

05.06.08

La llegada a Argel

Publicado en Curro, el Ken en 11:44 am por La Petite en Belgique

Este es el primer post “en diferido” que escribo. Estoy en la habitación del hotel, son las 22:30 (una hora menos que allá) y la sala de internet lleva cerrada desde las 8. Estoy exahusta, pero sé que si espero, las emociones y reflexiones perderán parte de su frescura. Es el problema de tener una memoria pobre, que los recuerdos se escurren entre los dedos como si de arena se tratase.

Esta mañana un abrazo me despertó justo antes de que la alarma del movil consiguiera hacerlo. El sol se colaba entre las persianas venecianas que mi hermana me ayudó a instalar el mes pasado y regaba de luz sobre su piel. Unos ojos verdes soñolientos y llenos de amor me lanzaron una mirada entre las sábanas. Yo me desperté muy cansada, aparentemente no recuperada del todo del fin de semana largo. Los abrazos no me dejaban salir de la cama y me acunaban con ternura.

Después de una ducha renovadora nos tomamos nuestro desayuno. Sus ojos estaban tristes. Se ofreció a fregar las tazas y platos mientras yo me lavaba los dientes y daba los últimos toques a mis maletas. Irme así, tras esa escena que deseo que se repita hasta la saciedad. No quiero un macho machote que me haga llorar, ni que me vuelva loca de modo irracional. Quiero un compañero, esa tranquilidad de despertarme cada día a su lado, compartir las tareas y conversar. Alguien que me cante canciones en la cama, que me mire y sepa que no estoy bien, que me dedique tiempo y no le entre el pavor si me echo a llorar. Alguien que esté disupuesto a hacer planes y estar a mi lado, alguien que no le tenga miedo a querer. Alguien que me comprenda y sea capaz de darse cuenta cuando le necesito. Por todo esto y mucho más en estos momentos echo de menos al Pequeño. Porque ha demostrado cosas que ya pensaba que no encontraría en nadie, porque hace que me sienta especial, porque ha demostrado y demuestra ser maravilloso…

Me ayudó con el equipaje y me recordó un par de cosas que se me olvidaban. Bajamos y al lado del coche me abrazó por última vez mientras me recordaba lo importante que soy para él, que desea que vuelva pronto y que el sol hoy lucía un poco menos para él.

Llegué algo tarde a trabajar, pero avisé por teléfono. No problem. Al llegar ya di la noticia del “golpecito” que le di al coche y asunto arreglado. Me enteré de que al final hoy nos íbamos cinco, jefe incluído, pero tres se iban al desierto (Hassi-Messaoud). Durante todo el camino al aeropuerto (que por cierto, íbamos tarde) el jefe estuvo protestando porque decía que estaba estresado porque su hija (RR.HH.) había olvidado confirmar su segundo vuelo (Argel - Hassi-Messaoud) y era probable que se quedara en tierra.

Llegamos justos, y después de regatear los kilos del equipaje de mano (a ver cómo se puede llevar algo más que un portátil si sólo te dejan 5 kilos) y una larga espera en el control, nos dirigimos a la puerta de embarque. Normalmente suelo preferir pasillo, pero en este caso hubiera deseado ventanilla. Sólo para no oir al jefe y al director técnico discutiendo (mejor dicho, al jefe quejándose y al director técnico asintiendo cual ovejita lucera). Así que como al final me tocó pasillo y estaba rendida, decidí dormir y así aislarme del mundanal ruido.

Una hora más tarde aparecieron los azafatos con la comida. Sí, señores, Air Algeria aún te da de comer a bordo. No es que valga mucho esa comida pero al menos sirvió para tapar el agujero que tenía en el estómago a las 3 y pico de la tarde. Por cierto, si alguien sabe cómo comer en el avion y no mancharse con las tapas de los “tuppers” en los que viene la comida, que me lo diga. Es que parece que estoy jugando al parchís con las dos fiambreras, el botellín de agua, los dos bollos de pan, el postre, la taza para el café, los cubiertos, el vaso y la servilleta. En serio, demasiadas cosas para tan reducido espacio (tanto que no cabe NADA más y es entonces cuando se me caen cosas encima).

A mi derecha tenía sentada a una mujer musulmana que según me contó vive en Bruselas. Y ahí la pregunta habitual que en todo viaje a Argelia se me formula al menos tres veces: “Es usted argelina?”. Ah, pues no, soy española pero vivo en Bélgica (siempre la misma cantinela). Es lo que tiene ser morena y tener una abuela granadina. Estuve ayudando a la mujer a rellenar el impreso que nos dan en todos los vuelos a Argelia, donde te preguntan tu nombre, dirección, procedencia, residencia en el País, etc.

Al llegar tocó esperar otra cola inmensa para el control de pasaportes y entrega del papelorio con los datos, donde ya empecé a arrasar con los árabes. Es lo que me pasa aquí, que como parezco parte del producto interior, y los hombres son algo menos civilizados que en tierras del norte, enseguida los galanes me sonríen, me dicen piropos, me sueltan un ça va y se ofrecen a llevar mis maletas.

Hablando de maletas. El mismo problema de siempre. Como en nuestro equipaje solemos transportar equipos electrónicos, cables y cosas por el estilo, eso no gusta demasiado y al recoger nuestro equipaje de la cinta es típico ver marcas blancas hechas con tiza en las maletas. Es una señal para los caballeros de la aduana, que nos invitarán a abrir nuestro equipaje y hacer preguntas hacerca de él. Como hoy, que tras pasar mi bolso de mano por uno de los detectores, el encargado me preguntó que qué equipos electrónicos llevaba dentro. Al hacerme la pregunta por segunda vez, dijo algo así como “da igual lo que lleves, qué declaras?”. Se me pusieron los ojos como platos y contesté la verdad: “tres móviles y un ipod”.

Al final hubo suerte en la aduana y con una sonrisa los caballeros me dejaron pasar sin problemas. Mi jefe consiguió sitio en el vuelo y el director técnico y yo alquilamos un coche y nos vinimos al hotel. Esta vez nada de coche super mega guay, tan solo un Atos. Para mí correcto, pero parece que no para el director técnico (su mirada lo delató), quien le da mucha importancia al coche que tiene cada uno. Hace un par de meses me soltó la frase de que “claro, que era excepcional, alguien de su edad y con su cargo y un coche como el suyo” (snob de mierda, el coche ni siquiera es tuyo y uno es lo que es, no lo que tiene).

Por el camino compramos dos tarjetas de teléfonos argelinas y un par de postales para el Pequeño. Para cuando llegamos al hotel eran ya las 7 y pico, y eso con el cambio de hora y todo. El snob éste que tengo por superior empezó la habitual discusión en la recepción del hotel cuando le pidieron una autorización del banco con la tarjeta de crédito. “Porque yo soy el Ultracatólico super-snob y ya he venido veintipico veces, así que a mí nadie osa pedirme autorización porque yo lo digo y porque yo lo valgo”. Finalmente subimos a las habitaciones. Agotada me di un baño y bajé para cenar.

Tras una charla con el director técnico, que a partir de ahora llamaré Ultracatólico (tiene 28 años y aunque no tiene donde meterlo, espera su cuarto hijo para julio, pero dice que no le preocupa porque “Dios proveerá”), me encuentro de nuevo en mi habitación, decorada con colores deprimentes y una lámpara setentera total. Son las 11 y mañana a las 7:30 tengo que estar lista para salir.

Echo de menos al pequeño. Ya no sé dormir sola.

05.05.08

La partida

Publicado en General en 9:04 am por La Petite en Belgique

Pues, eso que me voy. Hoy llegué tarde al curro. El desayuno con el Pequeño fue más bien emotivo. Estaba triste y yo no supe qué hacer para que se sintiera mejor.

En hora y media saldremos para el aeropuerto. Será difícil (no conocéis las redes argelinas…) pero os escribiré desde allá. Cuidaos, sed buenos y tampoco dejéis de escribir. Os seguiré todo lo cerca que pueda :)

Besos!

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