05.15.08
Memoria, sueños extraños y descolocada
Llevo ya más de 24 horas aquí, y sigo descolocada.
Ayer me tuve que levantar a las 5 de la mañana para comprar el billete del avión de las 7:50 Argel-París (CDG). La noche anterior no podía dormir. El día había terminado bien, mi trabajo hecho y reunión agradable con el jefe de la empresa que tenemos subcontratada. El Ultracatólico y yo nos fuimos a cenar a un libanés. Pero era ya tarde, la comida libanesa demasiado pesada para mi gusto y yo me sentía rara. Me metí en cama sobre las 23:30. Pero no podía dormir. La memoria llevaba dos días jugándome malas pasadas. Ya no podría recordar sus ojos, ni su olor ni el sol por las mañanas sobre su piel. La memoria me robó lo único suyo que tenía. Y no podía dormir. Ni siquiera era capaz de imaginar el reencuentro del día siguiente. Nada. Bloqueo. Es como si cada vez que me fuera a Argelia, el país se quedara con una parte de mí, me la robara. A las 12:15 yo seguía dando vueltas en cama.
A las 5 me levanté. Había ya algo de claridad fuera, pero muy poca. Me duché rápido, cogí mis maletas y salí. En recepción me esperaba Said, un taxista amigo del jefe. Fue mucho más agradable que las veces pasadas. Llegamos al aeropuerto, compramos mi billete y me condujo hasta donde pudo.
En los controles me hicieron abrir la maleta de mano porque llevaba dentro una pantalla táctil AMX de 11 pulgadas (que cuesta un pastón). “Qué es eso?”. ” Es una pantalla pequeñita para el ordenador” (mentira cochina, pero es lo que me han enseñado a decir para que me dejen pasar sin problemas). Caras de no tener ni idea. “Ah, vale, c’est bon, c’est bon”.
Intento dormir en el avión. No hay suerte. Algo me da una alergia horrible y no dejo de moquear y estornudar, y tengo el ojo derecho que parece un huevo frito. Tampoco tengo ganas de leer. Cambio de hora. Llego a las 11 y pico a París, larga espera en control de pasaportes y a la espera de la maleta. En ese aeropuerto hay una terminal del TGV, que tengo que coger para ir a Bélgica. Busco la terminal y parece que está en el fin del mundo, porque ando y ando y parece que nunca llego.
Sólo una de las 8 ventanillas está abierta, y hay una cola muy larga. Mi tren sale en 25 minutos. Espero que me dé tiempo. Finalmente me da.
En el tren llamo a mi empresa para avisar de que llego a Bruselas Midi a las 14:12. Hablo con la encargada de RR.HH. (hija del jefe) y me dice que envian a Radio Macuto a buscarme. También me dice que me coja libre jueves y viernes y me reponga para el lunes. Por mí perfecto.
Llego y Radio Macuto y yo parecemos desincronizados, porque nos lleva largo rato encontrarnos. Mientras tanto me compro un bocadillo (estoy hambrienta). Radio Macuto me dice que mi coche aún no llegó de reparación, pero que lo hará a las 16:00. Mierda, eso significa que tendré que esperar media hora en la empresa. Paciencia, que es la madre de la ciencia, me repito. Estoy agotada. He dormido menos de 5 horas.
Llego a la empresa y tengo que ir al despacho a entregarle unos papeles al jefe de parte del taxista. Me apetece ver al jefe tanto como tirarme por la ventana (no estoy para batallitas). Estoy de mal humor y sumamente cansada. Le dos los papeles y al verme la cara me insinúa que quizás no quiera oir cómo estoy. Le contesto que quizá no quera saberlo.
Al cabo de media hora llega mi coche y me voy. Por el camino me llama el Ken. Que si ya estoy en casa. Le digo que estoy de camino, y que llegaré en media hora. Él dice que también irá pronto, que no es capaz de concentrarse en el trabajo y que quiere verme.
Llego a casa (por favor, qué desorden), me ducho, empiezo a deshacer las maletas y al rato llega él. Fue raro el volver a verlo después de 10 días. Seguía igual de alto, igual de rubio, igual de guapo, pero yo por dentro estoy distinta. Me abraza, me emociono y suelto la lagrimita que lleva días queriendo salir. En ese momento no hubiera pedido nada más en el mundo. Nada más.
Me dice que ha tardado porque ha parado en su casa para ducharse y afeitarse (guapo guapo guapo) y para ir al super. Traía comida y ganas de cocinar. Ah, y una botella de vino. Salimos a dar un paseo y a disfrutar de los últimos momentos de buen tiempo en Bélgica (me pude poner vestido y sandalias!), hasta que empezó a llover fuerte.
Vinimos a casa, hizo la cena, puse la mesa y nos sentamos a comer. Todo pasó como un sueño. Yo no podía pedir nada más.
Nos acostamos a la 23:15. Yo relajada de verdad después de muchos días, en el hueco entre su cuerpo y su brazo, me dormí tan rápido que ni me di cuenta.
Pero volví a despertarme en medio de la noche. A las 5. Sueños raros otra vez. Soñé que me moría. No una, dos veces. Las dos eran parecidas. Yo estaba en casa de mi madre, en cama. Ella estaba conmigo, y de repente, la luz se apagaba y sentía un peso en el pecho. La segunda vez fue parecida, pero las dos sabíamos lo que iba a pasar. Ella me preguntó: “es ya?”. Y sí, faltaba ya poco. Fue muy raro. Yo sólo sentía una profunda tristeza, no sólo por irme, sino por hacerle eso a mi madre. Morirme allí, en casa. Darle el disgusto de verlo, de ser la primera en verlo. Y de ser un engorro. Es engorroso morirse. No es simplemente que la luz se apague y todo se acabe. Dejamos un cuerpo atrás del que alguien tiene que ocuparse. Yo estaba triste por la tarea que le esperaba a mi madre. Muy triste y un poco angustiada.
Me levanté al baño y volví a la cama. Volví a buscar el hueco entre su brazo y su cuerpo pero esta vez me costó más dormirme. De todos modos, el hecho de estar en casa, en mi cama, sintiendo su calor y escuchando su respiración, me tranquilizó.
A las 7:30 le sonó el despertador. Desayunamos y se fue a trabajar. Ya me había acostumbrado a tenerlo todo el tiempo a mi lado. Me siento sola. Es raro. Creo que he venido con una gran carencia de cariño y en este momento soy como una esponja.
Vuelvo a la cama, y después de un rato me duermo. Duermo y duermo hasta las 12 del mediodía, en que aunque mi cuerpo no quiera, lo obligo a levantarse e irse a a ducha. El sueño que he tenido por la noche sigue ahí, en algún lado de mi mente. Me voy al super en la bici y hago la comida. Estoy cansada. El haberme pasado 9 días sentada en una silla sin ningún ejercicio físico me deja secuelas.
Me llama el Ultracatólico. Que el jefe le ha dicho que mañana viernes yo voy a preparar el cursillo que él tiene que darle a los argelinos.
- Qué? Pero si la de RR.HH. me dijo que no trabajaba, y ayer vi al jefe y no me dijo nada.
- Bueno, pues puedes ir a hacer sólo eso y luego te vas.
- Y me lo van a contar como día libre?
- AH, eso no lo sé.
- Mierda
Le dije que no me parecía justo ser la víctima de la desorganización de sólo 3 personas. Me dijo que tenía razón, que a ver si conseguía que otro le hiciera lo del cursillo.
Mi propósito para hoy era limpiar toda la casa e ir a la lavandería. No he cumplido ni la mitad. He limpiado la cocina (mini-cocina) y el baño. Después de ese gran esfuerzo me he ido al cuartel general a ver al matrimonio. Está el solo. Ella está en el super. Él me cuenta que está mal, que ha decidido ir al psiquiatra. Cojo la nocticia como puedo. Llevo 24 horas en un estado de hipersensibilidad capaz de arrancarme las lágrimas a la mínima.
A las 8 me voy a clases de Swing, como todos los jueves. Estoy agotada. Los paseos en bici que me he dado hoy y el baile me dejan exhausta. No estoy en forma. Recuerdo que hace tan solo un mes nadaba dos veces por semana, escalaba también dos, jugaba squash otras dos y la restante bailaba swing. Pero todo eso ya no es así. He vuelto de Argelia hecha una piltrafilla.
La palabra que mejor podría definir mi estado sería descolocada. No sé qué es lo que me pasa, pero estoy triste. Siento que el trabajo y Argelia me ha robado una parte de mí, y aunque ayer en muchos momentos con el Pequeño, sentí como si nunca me hubiera ido, hoy estoy rara. Supongo que lo único que me hace falta es descansar y volver a acostumbrarme al ritmo de vida aquí.
Acabo de llegar de Swing y el Pequeño ha ido a jugar un partido de futbol pero está al caer. Sólo me apetece perderme entre sus brazos y olvidarme de todo. Mañana es otro día.
“Y morirse de risa es la muerte mejor” (Amaral)



Isita escribió,
Mayo 15, 2008 a 10:52 pm
Tienes la mente en estado de “jet-lag”. Un par de días de mimitos y como nueva, ya lo verás.
A ver si pasas un buen fin de semana y se alegra un poquito este rincón virtual.
Abrazos (por si sirven en la distancia).
corsaria escribió,
Mayo 15, 2008 a 11:14 pm
Necesitas una cura de sueño y mimos.
Buenas noches Petite.
arroaz escribió,
Mayo 16, 2008 a 1:27 am
Necesitas un spa!
La Petite en Belgique escribió,
Mayo 16, 2008 a 8:05 am
Isita: claro que sirven, y se agradecen de corazón
Corsaria: Lo sé, en eso estamos… el Pequeño ayuda un montón.
Arroaz: Dónde te metes que no te veo? No te he visto en el msn estos días. Sigues por ahí? Te echo de menos.
brujaroja escribió,
Mayo 16, 2008 a 8:16 am
Tranqui, es el proceso de descompresión. Dedícate a mimar, a dejarte mimar, y a mimarte, que es algo que se nos olvida con más frecuencia de la deseable. En unos días recuperarás el ritmo y toda tú volverás a ser la misma…
Muchos besos
mariokun escribió,
Mayo 16, 2008 a 10:47 am
Seguro que en un par de días se pasa esta sensación tan extraña. Estas de nuevo en casa y el pequeño se encargará del resto. Me alegro por ti y porque hayas vuelto por fin.
“..and All I want is to be home”
Foo Fighters - Home
arroaz escribió,
Mayo 16, 2008 a 11:44 am
Pozi, sigo aquí. No sé por cuánto, pero sigo aquí.
Yo también te he echado de menos.
Ehm… Pues no sé. Los últimos días no me ha funcionado muy bien el WiFi en casa, y muchas veces paso de conectarme con el cable.
Ayer estuve en Mánchester en una reunión con otros españolitos que trabajan en lo mismo que yo.
Había vistas…
Bueno, qué, vas a venir a visitarme? Jajajajaa.
pilixforever escribió,
Mayo 16, 2008 a 3:01 pm
Descansa (si es que te han dejado y al final te libras de preparar el cursillo ese), descansa y descansa.
Y el lunes a ver qué tal.