06.23.08
Recuperando los clásicos

Eso llevamos haciendo los últimos domingos. Cuando nos fuimos a ver la útima de Indiana Jones al cine, el Ken me confesó no haber visto las películas anteriores. Otro día descubrí que tampoco había visto E.T. Ante esto, y aprovechando que tenemos un videoclub casi enfrende de casa, tomé la determinación de llenar esos vacíos culturales. Qué es eso de crecer sin haber visto a Harrison Ford aún en forma empuñando su látigo? o dejando que se caiga la lagrimita cuando E.T. y Elliott se ponen enfermos? Bueno, es posible que sea demasiado joven y pertenezca a la generación de Aladdin o la Sirenita, o quizá se deba a la ausencia de televisor en su más tierna infancia.
Constantemente se dicen frases del estilo: “La tele-basura”, “la caja tonta” o se repite la tan consabida frase de Groucho Marx “Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro”. Estoy de acuerdo en que hay mucha porquería en la tele, y es un fenómeno que va a más. Pero no podemos negar que la vista y el oído son los sentidos que tenemos más desarrollados y hemos de hacer uso de ellos. Es fácil caer en la trampa de la telebasura y hacerse adicto a ella de forma compulsiva, por lo que considero importante una correcta educación audiovisual. Si de niños nos gustan los libros de aventuras por qué no nos van a gustar también las pelis de aventuras? Leer es bueno, refuerza el lenguaje, pero es una actividad meramente individual (si no es con lecturas sincronizadas como las que propone Omanero). Ver una película en familia puede ser una excusa para pasar un rato juntos y entablar un posterior diálogo. No sólo para aprender valores como la amistad (en E.T. se ve claramente) o la justicia, sino para pasar un buen rato en familia y compartir una afición.
Cuando pienso en E.T. recuerdo el ir con mis padres a aquel videoclub que tenía tantas pelis, recorrer las estanterías juntos y decidir con la ilusión en la mirada. Pensar en en Indiana Jones y el templo maldito me recuerda a tardes interminables en cama con fiebre y dolor de garganta con mi madre al lado avisándome de que la siguiente escena iba a ser un poco desagradable pero que “no era nada”. Como otra vez que tenía tanta fiebre que me cansaba leyendo y mi padre me leía en voz alta parte de las aventuras de “El Clan del Oso Cavernario”.
No sólo se trata de pasar un rato divertido, sino el hacer cosas juntos. Parte de este “legado histórico” que llevo a mis espaldas y que me hizo compartir momentos y anécdotas con mis padres y hermana, intento compartirlo ahora con el Ken (y así de paso me veo las pelis en su versión original), así que los domingos después de la limipieza general visitamos el videoclub de nuestra calle en búsqueda de aventuras. Por cierto, le encantaron las de Indiana Jones y se emocionó con E.T. ![]()



