06.26.08
Triple entrevista de trabajo
Creo que todo el que se haya pasado por aquí sabe más o menos lo que me quejo y me he quejado por mi trabajo. Bien, espero que algún día, aquél que sepa mis razones, me las vaya recordando, porque ayer fui a tres entrevistas de trabajo y ya me estoy sintiendo culpable. Memoria de pez es lo que se llama, que olvido lo malo rápido y sin pestañear.
Os pongo en antecedentes. Cierto día en que la vena de la sien me iba a explotar por el cabreo, mandé unos cuantos CV a una empresa de ingeniería que se encuentra a las afueras de Leuven, Materialise. Dos minutos después de dejar mi dirección de e-mail en sus formularios recibo un correo sobre un evento llamado Shape-IT en Bruselas. Algo así como un foro tecnológico de empleo. En él iban a estar presentes doce compañías: CSC, Keneos, Siemens, IBM, Electrabel, Capgemini, Cernum, CTAT, Atos Origin, Accenture, Eozen y Deloitte. En la página del evento, se debía seleccionar las compañías en que estaba uno interesado para ver si ellos también estaban interesados en concertar una entrevista. Un poco desesperada por mi situación e influenciada por el “marco histórico” de precariedad laboral en el que se encuentra mi país natal, por supuesto marqué las doce empresas, a las que se envió automáticamente mi CV. A los pocos días recibo una llamada diciéndome que hay tres empresas interesadas en concertar una entrevista de 15 minutos el día del evento. Me preguntan a qué hora puedo pasarme y me informan de que recibiré un mail con la hora a la que tengo que estar allí presente.
Pues bien, ayer tuvo lugar el citado evento, al que acudí a las 20:30, unos quince minutos antes de la hora prevista, así que me situé en una de las cinco o seis mesas situadas en medio de los stands mientras observaba que la mayoría de los candidatos eran hombres, mayores que yo e iban púlcramente trajeados (ande me metío?). Debo decir que parece que tengo como una especie de maldición con las entrevistas de trabajo. Si bien a la entrevista de mi actual trabajo acudí con una fiebre de 39 grados y placas de pus en la garganta, en esta ocasión me tocó ir el primer día de la regla, con la tensión por los suelos, dolor de ovarios, la cabeza medio volando y una cara de estar más muerta que viva.
Me tocaba primero Accenture, y cuando dio la hora, me acerqué al stand, donde sucedió la catástrofe. Primero, no podían entender qué hacía yo entrevistándome con ellos, ya que en mi currículum no hay NADA relacionado con SAP. Les dije que tenía experiencia trabajando, pero no en SAP, pero que estaba deseosa de adquirir conocimientos nuevos y mejorar mi CV. Me preguntaron en qué departamento de su empresa me gustaría trabajar. Pues en el de desarrollo de software, por supuesto. Sí, pero en cual? Tenemos muchos. Vaya, esto en vez de una entrevista de trabajo parecía un examen en el que la materia a estudiar fuera Accenture. Daba igual si yo tenía aptitudes o no, lo importante era Accenture. Les dije que antes de empezar a trabajar en una empresa uno sabe poco o nada acerca de ella. Por supuesto puede haber habladurías, pero es como la muerte, uno no sabe nada hasta que realmente cruza el umbral. Total, que como dije, fracaso absoluto. Me preguntaron si había visitado la web de Accenture y me pidieron una explicación de lo que era SAP. Intentaron hacerme quedar en ridículo y que vacilase. Pero no. La Petite será pequeña y tendrá apariencia de niña buena pero no es tonta. Si hay que ir a una entrevista a enfrentarse con un estúpido que te ponga trampas o sostenerle la mirada a alguien mientras te quiere dejar en evidencia, pues se hace. Vamos, que la mirada se la sostengo yo hasta al mismísimo Drácula enseñando los dientes.
Mi tiempo acabó y me levanté dándole la mano a los dos individuos y regresé a mi mesa con la cabeza bien alta y muy digna mientras hacía tiempo antes de la siguiente entrevista. La verdad habían sido un golpe los últimos momentos, pero no podía dejar que me afectaran porque tenía que encarar con actitud positiva las otras dos entrevistas.
La siguiente cita era con Siemens. Normalmente en cada mesa de los stands había dos personas entrevistando, pero en este caso sólo una de las dos sillas estaba ocupada. Me acerqué a la mesa y la mujer detrás de ella me saludó con un apretón de manos. Le dije mi nombre, me bucó en la lista y ensequida se dirigió a mí en un pulcro español para preguntarme en qué idioma prefería la entrevista. Ah, pues hablo español, inglés, entiendo perfectamente y chapurreo francés y entiendo y hablo un poquito de holandés. Vale, en inglés entonces, así de paso te oigo hablar. Vale. Se leyó mi CV y le expliqué un poco lo que estaba haciendo ahora, mi trabajo, mis estancias en Argelia, etc. Me preguntó cuál era mi nivel en programación y le conté un poco acerca de mi trabajo para Cerist, donde programé uno de los primeros sistemas de enseñanza a distancia del mundo con esas características. Después me preguntó si me había pasado alguna vez el enfrentarme a algún problema nuevo en mi trabajo. Pues por supuesto. Y qué haces en ese caso? Pues resolverlo, claro. Y en medio del desierto como que hay pocas opciones de pedir ayuda. Parece que la respuesta la dejó satisfecha. Luego me estuvo explicando un poco sobre Siemens, todo lo que hacen (que es mucho más que telefonitos) y las condiciones generales de los empleados. Cursos de especialización, buen sueldo, movilidad (tú escoges dónde quieres trabajar) y un portátil para trabajar desde casa. Sus palabras eran música celestial para mis oidos. Cuando acabamos me dijo que tanto si estaban interesados en mí para continuar con el proceso de selección, como si no, de todas maneras tendría noticias suyas. Nos despedimos con otro apretón de manos y me dirigí a otra de las mesas de “espera”, esta vez sintiéndome mucho mejor.
La última entrevista era para CTAT, una consultoría. El tipo de trabajo era más parecido al de Accenture, pero la entrevista era más del tipo que yo esperaba: una serie de preguntas enfocadas a estudiar al candidato. El entrevistador en este caso era un tipo con una bonita melena morena que de lejos le daba apariencia de estar en los 30, pero de cerca sus rasgos me indicaron que estaba más bien en los 40. Me contó que él había estudiado un año en Madrid y que en una época había vivido en Leuven. Vuelta a hablar de las SAP. Le dije lo mismo que a los dos “simpáticos” de Accenture. Que no tenía ninguna experiencia en el sector, pero que quería ampliar mis horizontes y además aprendía rápido. Al momento me aclaró que casi ninguno de los entrevistados tenía ni pajolera idea sobre las SAP, pero que a él le daba igual, que lo que quería ver eran las aptitudes y actitudes del candidato. Me preguntó qué eran las SAP o la consultoría para mí y cómo afrontaría yo la situación con un nuevo cliente. Le conté un rollo tremendo de que hay que primero conocer al cliente para entonces estudiar la solución que mejor se pueda adecuar a su problema, teniendo en cuenta sus pros y sus contras, y luego tener en cuenta el precio, algo muy importante para muchos de los clientes. Mientras yo hablaba escribía tres letras en un papel: IPR. Luego me dijo que yo le parecía una persona muy analítica. Me dijo que la I era de inteligencia, el saber analizar el problema y las soluciones y saber ver cuál era la mejor. La P era de protocolo, el saber comunicársela al cliente. Pero me dijo que estas dos cosas solas no sonsuficientes para vender. Mientras decía esto, señalaba la R, a lo que yo interrumpí diciendo que entonces también era importante la relación. Me explicó que la relación con el cliente era lo más importante, el entenderlo o al menos aparentarlo, proponerle la solución que el cliente crea mejor para sí.
- Claro, hay que conocer al cliente.
- Sí, y eso es lo primero que has dicho.
Luego me explicó un poco acerca de la empresa, lo que hacían y a situación de los empleados: cursos de formación contínuamente, movilidad obligatoria (mal rollo), buen sueldo, evaluaciones cada seis meses, bonus y multitud de actividades dentro de la empresa para que los trabajadores estuvieran contentos (me dijo que se van a esquiar juntos todos los años).
Dijo que su impresión de la entrevista había sido buena, y que si yo quería concertarían una entrevista más adelante con su jefe.
Balance: Accenture mal, no cuento con nada. Siemens es mi favorito. El trabajo está más relacionado con mi especialidad y la situación laboral parece la más favorable, pues da mucha flexibilidad al trabajador. CTAT ofrece buenos sueldos y buen ambiente y fiestas dentro de la empresa, pero me huelo que a un precio bastante alto (moverse bastante, durante varios meses dependiendo de dónde estén los clientes).
Por lo pronto, hoy he recibido un mail de CTAT en el que me dicen que me llamarán los próximos días para concertar una segunda entevista, y que si ésta es positiva, me citarán una tercera vez para firmar el contrato. Y ahora es cuando me entra el miedo en el cuerpo y me pregunto si no será mejor malo conocido que bueno por conocer…


