01.12.09
Novedades
Mi visita al sindicato el viernes fue más bien infructuosa y decepcionante. Que no entienden bien qué quiero, ya que mi jefe está dispuesto a dejarme marchar sin problemas. Les repito que en las cartas hay mentiras, con lo que me proponen responder a los puntos en los que haya mentiras y punto. Que después de escribir la carta se la puedo mandar para que la verifiquen y listo. Y que les especifique que estoy harta de cartas, porque si no, esto va a ser el cuento de nunca acabar. Sí, puede haber daño moral, pero bueno, cosas de la vida.
Después de eso tuve reunión con la inútil número 1, quien quiso saber exactamente qué pasaba, si yo tenía algo en contra de ellos y que cuando podía empezar a hacer trabajo normal, es decir, levantar pesos (maletines de herramientas, portátiles y escaleras). Ríos de lágrimas (como dice la canción) otra vez, explicando que mi estado no solo afectaba a mi vida profesional, sino también a mi vida personal y diaria, limitándome y jodiéndome a partes iguales. Le comenté el olvido del Ultracatólico en cuanto a que yo no podía cargar con portátiles. Me dijo que no sabía que hacer, una y otra vez, más rallada que un disco de vinilo.
El sábado por la noche (antes de la noche de los dos sueños raros) tuvimos una charla el Pequeño y yo. Él está muy preocupado porque dice que no me ve feliz (más bien, me ve bastante infeliz). Incluso peor que antes de las vacaciones en España. Que me quejo mucho del frío, de los belgas, del trabajo y de todo en general. Yo creo que estaba peor antes, aunque sí es verdad que al final de nuestro viaje allá tuve un importante bajón que se prolongó a los primeros días aquí. Sé que tiene miedo (terror) a que me dé la locura y un buen día me largue, sin dejar rastro, abandonándolo para siempre. No lo voy a hacer, a no ser que ya no aguante más y corra riesgo de hacer ¡PUM!
Ayer, en un alarde de generosidad (para seguir en su línea habitual, porque generoso y entregado es el que más) me preguntó si no me gustaría volver a escalar de nuevo, para ver que pasa. Porque sabe que estoy hasta las narices no hacer NADA y que eso me consume. Para escalar hace falta un compañero que te asegure. Se ofreció, sabiendo que yo no puedo asegurarlo a él porque me dobla en peso, con lo que su actividad se reduciría a verme subiendo por los muros y nada más. El detalle me ha parecido muy muy tierno y casi me ha hecho emocionar, pero por el momento creo que tengo que declinar la oferta.
Ayer domingo cuando estaba viendo un partido de baloncesto en el que jugaba el Pequeño, recibí una llamada del dr. Mertens. Decía que estaba trabajando en mi informe (en domingo!) y que en nuestra entrevista del viernes había olvidado preguntarme dos detalles importanes: mi peso (48 kg) y mi talla (1.58 m).
Hoy el Ultracatólico se me ha acercado para decirme que siente su olvido relativo a mi incapacidad para cargar con portátiles, si bien dice que nunca se ha olvidado de mi dolor.Le dije que había acabado hasta los mismísimos de la empresa debido a su falta de delicadeza al mandar cartas llenas de mentiras mientras me encontraba de baja, con dolores y principio de depresión, sintiéndome como una inútil y viendo pasar la vida mientras me veo incapacitada. Otra vez me he echado a llorar. Me ha dicho que conoce el contenido de dichas cartas, sabe que están llenas de mentiras (es consciente de que yo no estuve en la empresa ese día diciendo que había hecho deporte) pero que no ha podido hacer nada más que negarse a firmarlas (aunque en ellas utilicen su nombre varias veces para contar más mentiras y atacarme). Me ha preguntado si puede hacer algo para ayudarme y me ha dicho que siente mucho todo lo sucedido. La conversación quedó interrumpida por la llegada del Tacones, que al ver mis lágimas y mis ojos rojos, me ha puesto una mano paternal sobre la cabeza.
Y por aquí ando, con temperaturas exteriores ligeramente superiores a los 0ºC, la nieve empezando a derretirse lentamente y una falta de concentración total. Vamos, que no estoy dando golpe.
P.S.: Hoy he recibido una llamada misteriosa del número +39 3404945775. Lo curioso es que me llamaron por mi nombre, aunque luego no pude entender nada y colgaron. Llamé y más de lo mismo. Al principio pensé que era una llamada desde Skype o similar, pero al poder llamar yo se elimina esa opción. Estuve mirando, y el prefijo 39 corresponde a Italia. Ni la más remota idea de quien pueda ser.


