01.14.09
WordPress se ha vuelto loco
Porque no es sólo mi blog, sino también algunos otros de wordpress (pero no todos, ¿por qué?). Han perdido el formato. Es como verlos a través de un lector de feeds. ¿Qué ha pasado? ¿Se han perdido algunas de las plantillas?
He ido a la pestaña “Aspecto” para ver si la plantilla se había borrado de la configuración. Sigue diciendo que uso Ocadia, pero si busco entre las otras no la encuentro. ¿La habrán borrado los de wordpress?
Lifey, a tu blog también le pasa.
Está imposible
Ayer cuando acudía a mis clases de Swing y buscaba el número 329 de la calle (menos mal que me llevé el papel con la dirección, porque por un momento estuve segura de que el número que tenía que buscar era el 392) llamé a mi madre, que me confesó estar muy preocupada:
- La perra está imposible.
- ¿Por qué?
- Desde que os fuísteis se pasa el día enfurruñada, y creo que vuelve a tener un embarazo psicológico. Se pasa el día llevando un muñeco de acá para allá y llorando como un niño. ¿Y sabes la última? Apenas me ha dejado dormir en las dos últimas noches.
- ¿Por qué?
- Porque no le basta con dormir encima del cojín o de la manta. ¡No! ¡Tiene que meterse en cama conmigo! Y hasta que no le dejo no para.
- No sé, lo estará pasando mal porque me echa de menos. Ten paciencia.
- ¡Yo durmiendo con un perro!
A freir espárragos
Hoy es un día de esos en los que podría mandarlo todo a freir espárragos.
Me he levantado de un humor de perros, no por haber tenido un mal sueño (al menos que me acuerde), pero sí por haberme levantado agotada. Y aún estamos a miércoles.
Con los malditos horarios de este maldito país, si uno quiere hacer algo “extra” además de trabajar, ha de andar con prisas ultrasónicas, de esas que hacen que se te atragante la cena, si es que te da tiempo a comer más que un par de galletas; o perder horas de sueño, cosa que en mi actual estado de posible enfermedad de Lyme o síndrome de la marmota crónico, hacen peligrar mi salud mental y física.
Hoy estoy que me arrastro por el suelo, pero todo tiene una razón. Ayer volví a clases de Swing. Como empezaban a las 20:30 en Bruselas, tuve que cenar a toda velocidad unos tortellini que casi se me atragantan (menos mal que el Pequeño llegó antes que yo y tenía la cena casi lista) y salir pitando (estuve en casa de 19:00 a 19:45). Volví a casa a las 22:10, agotada pero contenta. La clase fue muy divertida, y aunque vayan un poco por detrás de mi nivel (estoy “repitiendo curso”, como quien dice, porque me perdí las clases entre septiembre y diciembre) me lo pasé bomba. Pero eso supuso llegar a casa casi a la hora de acostarse. El Peque aún no había llegado. Él tenía entrenamiento de baloncesto y no llegaría hasta las doce menos algo. Me conecté un rato y me metí en cama a las 23:00. A las 23:50 abrí los ojos porque el Pequeño acababa de entrar en la habitación y estaba guardando no sé qué. Hablamos un rato. El pobre está un poco de bajón porque como ha entrenado poco este año (vacaciones, lesión, vacaciones) no está jugando muy bien, y a parecer el entrenador se lo ha dicho. Me desvelé. Última vez que miro el reloj: 00:30. Pienso que mañana (hoy) voy a estar destrozada. Lo estoy.
Al levantarme por la mañana sólo pienso en las pocas horas que he dormido, los estúpidos horarios belgas y que tengo ganas de hacerme el harakiri y salpicar de sangre a mi jefe.
Hoy toca rehabilitación a las 19:30 y guitarra a las 21:00. Conclusión: que hoy me toca cenar un par de galletas, que recuerdo que se acabaron ayer, y que esta mañana me dieron ganas de gritar a pleno pulmón porque no tenía nada decente que desayunar, pero claro, como no hemos tenido tiempo de ir al súper…
Total, que hoy es un día de esos que no me comería los espárragos crudos, sino fritos, porque lo importante no es cómo, sino comerlos, porque tienen mucha fibra y favorecen el tránsito intestinal, ayudando a prevenir cosillas tales como las hemorroides o el cáncer de colon.
Me siento como Charles Chaplin en Tiempos Modernos.



