09.09.08

Una apisonadora

Publicado en Curro a 9:30 am por La Petite en Belgique

Una apisonadora me debió pasar por encima mientras dormía porque, como solía decir Omanero, me he levantado con resaca pero sin resaca (no sólo no he salido sino que enima me he acostado a una hora decente y he dormido como los muertos). Vamos, que me encuentro muy mal hoy, y al final no sólo me duelen el brazo y el hombro derechos, sino también la espalda. La responsable de contabilidad me acaba de echar un spray para los dolores musculares pero esto no mejora. Y sigo con la cabeza pesada y un cansancio generalizado. Y todo por la maldita escalera y el haber trabajado varias horas arreglando el cableado de un rack en una postura de todo menos correcta. Creo que voy a pedir cita con el médico mañana por la mañana y que les den en la empresa.

09.08.08

Brujas

Publicado en Anecdotas, Curro a 9:32 pm por La Petite en Belgique

Hoy no he podido pasarme por vuestros blogs como es debido. Me ha tocado ir a trabajar a Brujas. Odio trabajar en Brujas. Porque con los atascos del anillo de Bruselas el tiempo para llegar es de dos horas y media, el doble que si no hubiera atasco. Porque suelo ir cargada con mil cosas: una escalera, un portátil que pesa como un muerto, un maletín de herramientas que pesa como otro muerto y alguna otra cosilla más. Todo ello sin contar que tengo que levantarme a las seis y pico y suelo volver a casa bastante tarde (en ocasiones no antes de las nueve de la noche). Y si luego tenemos en cuenta que no nos pagan las extras, pues apaga y vámonos. Que le den a Brujas. Pero no, que me den a mí, que tengo que ir de todas todas.

Así que esta mañana me levanté, casi más cansada que ayer, para coger carretera. Me puse Suzzane Vega para alegrar el camino (y el atasco). La primera parada fue a 39 kilómetros de Brujas, en una gasolinera, por razones fisiológias. Allí descubrí, para mi sopresa, que ahora hay que pagar 30 céntimos para ir al baño. Sí hace tres meses era gratis! Vuelta al coche, que me dejé el bolso y no llevo nada encima. Al entrar en los baños, suponía que olerían a rosas, vamos, que si cobran será porque los limpian a menudo. Pues no, aquello olía como si alguien hubiera meado por las paredes y el suelo y lo hubieran dejado secar durante una semana. Vamos, un asco, un morro y una indecencia descomunales.

La segunda parada fue a las afueras de Brujas, en la policía. Odio a ir a la policía a cambiar lámparas de proyectores o desmontar proyectores que están sujetos a techos de casi tres metros de altura. Era mi primera vez en la policía de Brujas, pero ya tuve ocasión de visitar unas cuantas veces la policía de Leuven. Un proyector Nec en el techo en medio de una sala llena de gente que trabaja sin trabajar. Es decir, que tienen tan poco que hacer, que se limitan a mirarte de arriba abajo mientras tú estás en lo alto de una escalera (lo que pesa la maldita escalera plegable ésa) peleándote con un proyector. Si sólo es cambiar la lámpara aún vale, porque es abrir la tapita, desatornillar, extraer, poner la nueva, atornillar y cerrar la tapita. Volver a encuadrar bien el proyector y listo. Pero si es desmontar el proyector del techo, entonces es para llorar. Tuve que hacerlo una vez. En Leuven. Con cuidado, porque yo estaba en lo alto de la escalera y el techo era de casi tres metros. Con cuidado, porque el proyector se podía caer y ahí sí que se hubiera armado. Y con fuerza y paciencia, porque el proyector es de todos menos ligero, y tuve agujetas en brazos y espada durantes tres días.

La tercera y última parada fue en el hotel donde tenemos una instalación audiovisual. Fui muchas veces mientras aún estaba en construcción. Supe lo que es trabajar cuando aún tienes los obreros alrededor, cuando aún hay cables y cemento por el suelo, cuando aún hay que usar los baños de obra (un asco entre los ascos). Hoy fue mi primera vez en el hotel ya en funcionamiento. Y menudo lujo de hotel. El parking cuesta 3 euros la hora así que no me quiero ni imaginar lo que cuesta una suite. En una de mis visitas al baño vi que al lado del lavabo tenían dos frasquitos, uno con un jabón líquido que olía muy buen y otro con crema hidratante para las manos, que me quedaron ganas de probar, ya que tenía las manos hechas una pena de retorcer cables. Al final no la usé porque si iba con las manos todas pringadas iba a ser peor para seguir retorciendo cables. En el pasillo tenían vitrinas con artículos que vende el propio hotel, como albornoces, pantuflas, ropa de niño (?), … Y ahí vi también el set de jabón y crema para manos. Dos frasquitos de 100 ml cada uno. Y el precio del set resultó ser de unos… (es que me da la risa) 42 euros. Daban ganas de volver al baño y pringarse bien con el jabón y la cremita esa (diabla que es una a veces).

El día fue un poco locura, porque estuve testeando unos equipos y peleándome con unos cables, y todo el rato de la sala de control (¿se dice así? con tanto holandés, francés e inglés mi castellano está cada vez peor) a la sala de conferencias y vuelta. Probando, conectando, caminando a la sala de conferencia, escuchando, volviendo a la sala de control, soldando, etc. La zona donde está la sala de control estaba inundada por una “música de ascensor” que me estaba poniendo un poco de los nervios y el camino entre ambas salas no me estaba ayudando. En dicho camino había dos enormes puertas, de medio quintal cada una (madera maciza, por supuesto, no escatimamos en gastos) y que se cerraban automáticamente haciendo un ruido infernal. Hace ya mucho tiempo que alguien me dijo que uno no debe intentar cerrar con cuidado esa clase de puertas porque se fuerza el mecanismo (no sé como se llama). Pero en una de éstas se me cuela una mujer en la sala de control en actitud, como diría mi madre, de “Mi Führer”, diciendo “¡Estás haciendo mucho ruido con las puertas, paf, paf todo el rato, y esto es un spa, la gente viene a relajarse!”. Le solté que estaba trabajando, y que las puertas no me estaban facilitando la tarea, y que no sabía que aquello era un spa. Luego le pedí disculpas y no le dije si me invitaba al spa, no fuera a ser que me diera con la puerta en la cara, aunque ganas tenía, que ya estaba de los nervios.

Continué mi trabajo lo más silenciosamente que pude, evitando escuchar a Elvis en el portátil y poniendo incluso mi móvil en modo vibrador, no fuera a ser que la “bruja del spa” volviera a arremeter contra mí y me planchara la cara con una puerta de madera maciza.

A la vuelta volví a sufrir un atasco insufrible y a mi GPS se le dio por perderse pero de verdad: “dé la vuelta, siga recto, gire a la derecha, dé la vuelta ahora”. Daban ganas de haberse llevado la brújula y ponerse a inspeccionar el musgo en la corteza de los árboles cual boy scoutt.

Afortunadamente ya estoy en mi guarida, y no volví demasiado tarde esta vez. Tan solo me gustaría dormir lo suficiente esta noche, pero sé que volveré a fallar, porque los días sin grises y monótonos cuando él no está, y las noches no son acogedoras, ni invitan al sueño ni nada de nada.

Por cierto, que se me olvidaba. Cosas buenas hoy, que no va a ser todo negativo. Pude comer mis bocatas en el centro de brujas, en un día más o menos soleado (pero con un sol que ya no calienta) rodeada de turistas. Estuve jugando a un juego que tengo yo personal, de identificar a los españoles entre todos los turistas. Luego les oigo hablar y veo si he acertado. ¡Ni un fallo, oiga! :D

09.05.08

No aguanto más

Publicado en Curro, Lonely moments, Reflexiones, el Ken a 9:01 am por La Petite en Belgique

Todos los días intercambiamos varios sms y hablamos un ratito por la noche, dos, tres o diez minutos. No más, las llamadas son caras y no tiene portátil, situación que quiere cambiar muy pronto. Ayer él estaba tomándose una cerveza con sus compañeros de curso. Yo en casa, en mi postura habitual desde que me he vuelto a quedar sola, delante del ordenador, y con un libro a mano (esta vez le ha tocado el turno a “La princesa prometida” de William Goldman). Me ha dicho que lo pasara bien, que hiciera cosas, que no me quedara en casa. A lo que yo he respondido que si de verdad quería que saliera y me plantara en la calle con la que estaba cayendo, o me metiera en un bar sola o me fuera a correr al parque cuando ya había caído la noche. Porque es imposible negar la evidencia, no puedo hacer otra cosa. Vale que hace dos días me fui a escalar con Eric, y eso fue un paréntesis en mi monotonía diaria. Pero Eric también tiene muy poco tiempo libre y además no puedo ir todos los días a gastarme ocho euros para subir por las paredes. Y ya he dicho que no queda casi nadie aquí, que esto es un sitio de paso. Nada a lo que agarrarse, nada donde enterrar las raíces.

Hace tres días hizo dos años que llegué aquí, a la tierra prometida, donde iba a encontrar multitud de personas abiertas de miras, cosas interesantes que hacer, un buen trabajo con un buen sueldo y unas buenas condiciones, la felicidad. Y también podría estar lejos de mi casa, que eso tampoco venía mal. Durante los primeros meses, en que estaba ocupada con mi PFC y con los ojos bien abiertos a todo lo nuevo que me rodeaba, sin ser consciente del final, disfruté muchísimo. Aquel septiembre tuvimos la suerte de tener un segundo verano. Pedalear por el centro de la ciudad en pantalón corto se convirtió en un placer, descubriendo sitios nuevos, conociendo gente, asistiendo a fiestas en las que al final me encontraba fuera de sitio. Cuando quedaba poco para acabar mi PFC y abandonar Bélgica decidí que quería quedarme una temporada más. No me apetecía volver al agujero en que Vigo se había convertido para mí, a estar de nuevo entre mis padres, recibiendo golpes por los dos lados, abogando por causas imposibles, intentando complacer a dos partes incapaces de ser complacidas. Y luego hubo que añadir el hecho de que me enamoré. Pero la historia con aquel chico duró tan solo tres meses, tres meses tras los que su falso amor dejó un hueco terrible, imposible de llenar. Por suerte el haber estado con él me trajo nuevos amigos, gente que se preocupaba por mí y con los que podía compartir cosas. Pasé mucho tiempo disfrutando de mi nuevo trabajo, no pensando en esa horrible sensación cuando me dijeron el horario el día que firmé el contrato. De 9 a 6 y horas extras de gratis. Pero aprendí muchas cosas al principio, y además eso me dio la oportunidad de conocer a gente nueva. Gente que parecía amigable, como una pequeña familia, que con el tiempo demostró estar podrida por dentro. Y yo mientras tanto aguantando, como a la espera de que sucediera algo. Un cambio, una esperanza, un giro de todas las cosas. Pero estuve muchos meses esperando por nada, viviendo de ilusiones y más sola que la una.

Luego los amigos de España se fueron, como ya conté. Y no quedó nada más que desesperanza. Hasta que un buen día alguien escuchó mi llamada de socorro y decidió dar un paso y tratar de conocerme un poco mejor. Y tras un par de meses de ansiedad por mi parte (volvía a sentir que estaba con alguien, que podía caminar de la mano de alguien, todo un mundo de posibilidades, pero un miedo terrible a perderlo) el Pequeño se convirtió en parte de mi vida, dándome una nueva luz, nuevas experiencias y una alegría que ya no recordaba.

Pero hace ya casi dos semanas que no está. Y queda aún otra cosa más. Y no le veo sentido a esto. Cada día es igual de gris que el anterior, echo de menos el sol, y lo que me hace sentirme algo menos sola sois vosotros que venís cada día a visitarme (y vuestras casas, que visito casi cada día), los mensajes y llamadas del Pequeño, las llamadas a mi amigo Manuel (que casi nunca me lee porque siente que me espía) y las llamadas de mi madre. Nada más. Y por encima ayer me dio un ramalazo de nostalgia. Tuve que ir a una empresa con la que tenemos un contrato millonario de mantenimiento porque “no se veía nada cuando encendías el proyector“. Terror, pánico, vamos a cortarnos las venas. Es una empresa que tiene tantas ganancias, que para pagar menos impuestos, invierte en arte. El entorno es como un bosque muy cuidado, con obras de arte dispersas por todas partes, exterior, interior, pasillos, oficinas de madera, un lago. Es impresionante. Pues para allá me fui yo a arreglar el desaguisado, que al final resultó ser un cable de la parte de atrás del VHS desconectado. Siempre que me encuentro problemas así pienso que no vendría mal cortar unas cuantas manos. Pero lo que luego me dejó sin habla fueron los vídeos que utilizamos para los tests de sonido (es que está muy alto, decía el encargado, tras haber tocado los controles que no debía haber tocado): vídeos corporativos de la empresa. Y alguno dirá, ¿un estúpido video corporativo puede darle a ese click tan poderoso de los recuerdos y dejarte sin habla? Sí, porque, como ya comenté en alguna ocasión, yo en otra vida trabajé haciendo eso. Recuerdo los vídeos corporativos que le hacíamos a ENCE, que cada año nos soltaba unos cuantos kilos. Suelen ser vídeos no muy largos, pero cuidados hasta el más mínimo detalle (mi primer curro fue limpiar las chimeneas de ENCE digitalmente; ay, que recuerdos). Y aquel trabajo me gustaba, siempre vídeos diferentes, imágenes preciosas. A veces me tocaba trabajar para la tele, y aunque era menos artístico también era muy entretenido. Y los compañeros eran una gozada. Eramos muchos más que aquí, pero no había malos rollos importantes. Incluso los 53 llegamos a unirnos, y junto con los sindicatos, conseguimos cambios importantes. Y tenía un horario contínuo de siete horas al día. Era mileurista prorrateada, vale, y los contratos solían ser temporales o hasta fin de obra, pero el audiovisual es así. Lo echo de menos. Prometieron llamarme cuando acabara mi PFC en Bélgica. Y lo hicieron. Pero yo les conté que había decidido quedarme aquí. No pasa nada, ya sabes que aquí siempre tienes un hueco si hay curro. Hace un mes le escribí un mail al director técnico de la productora. A modo de saludo, recuerdo de los viejos tiempos, nada más. Y me propuso vernos en Navidades, cuando fuera yo de visita.

A veces pienso que el máster es una razón más para quedarse aquí. Pero qué rayos. Con lo que tengo sería suficiente para conseguir un trabajo allá. Siempre les apasionan las personas que vengan desde el extranjero, como si fueras la panacea. Y de todos modos, para qué quiero mi mierda de carrera, si al final el trabajo donde más he disfrutado ha sido el de editor de vídeo (para la tele, para corporativos, para cortos, para lo que fuera) donde no hace falta ni ser ingeniero ni nada. Bueno, el trabajo de ayudante del director técnico tampoco estaría mal. El estar cerca de un AVID sería suficiente para mí. Aunque no pudiera tocar sus teclas, al menos podría tocar sus tripas. Y tener cerca esos enormes videos Betacam. Lo siento, soy una friki del vídeo, no puedo remediarlo.

Pero ese trabajo supondría la intranquilidad de un contrato temporal. Y si se acabara, el saber que Galicia no es el mejor sitio para encontrar curro de ingeniero. Y claro, siempre da un poco de cosa el volver tras dos años de ingeniera aquí y ponerse a currar en lo mismo que años atrás. Es como sentirse frustrada, como dar varios pasos hacia atrás. Se supone que hemos de evolucionar y buscar algo mejor. Pero realmente no quiero un trabajo de mucho prestigio y mucha responsabilidad que no me deje vivir. Quiero una vida sencilla donde no sienta que alguien me está arrancando la libertad.

Siento el post. Hoy tengo un mal día. Echo de menos al Pequeño y no veo muchas razones para seguir como estoy.

09.04.08

El jardinero fiel

Publicado en Curro a 7:54 pm por La Petite en Belgique

G., el jardinero de la empresa, o chico para todo, está casado con una de las hijas del jefe. No la de RR.HH. la que come papel, no. La otra. El jardinero es un tipo más bien afable, que siempre te recibe con una sonrisa y unas palabras amables, poniendo verde al jefe y después apuñalándote por la espalda. La verdad es que es una suerte tenerlo, porque cuando el jefe habla mal de mí a mis espaldas (65 años y es incapaz de decirme las cosas a la cara) me entero al día siguiente. Pero claro, el jardinero a veces oye campanas y no sabe de dónde vienen. La historia te puede venir distorsionada, versionada y remixeada. Pero si el jardinero dice algo, es que hay un fondo de verdad. Aquí sería cierta la frase de “cuando el río suena agua lleva”. Por todo ello se ha ganado el mote de “Bruit de couloir“, ruido de pasillo. Por cierto, el mote se lo puso el jefe, o sea, su suegro.

Nuestro jefe, un alardeador nato, me contó un día cómo hace para enterarse de todo lo que pasa en la empresa cuando él no está. Al final del día llama a su hija por teléfono (RR.HH., cuñada del jardinero) para preguntarle qué cosas le contó el “bruit de couloir“. A partir de ahí, sabiendo que la información viene exagerada, se hace una composición de lugar.

Recuerdo a G. cuando empecé a trabajar. A veces parece que habla solo. Yo no solía entender ni una sola de sus palabras (ya me era bastante difícil entenderle al resto), pero él seguía hablando y hablando, gastando bromas aunque yo no contestara.

El jardinero aprendió hace pocos años a leer y escribir. Los primeros meses que estuve en la empresa nos dieron cursillos de lenguas. Inglés básico para casi todo el mundo, excepto el jefe (que presume de su inglés diciendo cosas como “we must becomes something” queriendo decir “we must start something“), el Ultracatólico (el único flamenco de la empresa) y yo. Francés nivel II para la hija del jefe (RR.HH., que tiene casi tantas faltas de ortografía como yo cuando escribo en francés) y Francés nivel I para el jardinero y para mí. G. se aburría muchísimo en aquellas clases (dos horas los viernes) y al poco tiempo empezó a escaquearse. El profesor me preguntaba por él y yo juraba no haberlo visto (mentira).

Recuerdo que la época del curso, el jardinero a veces venía sin dientes. Luego le pusieron unos nuevos.

Además de jardinero, es chico para todo. Cablea racks, pinta con pistola, limpia y ordena el stock. Pero tiene un problema. Hace años tuvo un accidente y le operaron la espalda, poniéndole unos terribles tornillos, por lo que se queja continuamente de dolor. Cuando hace esfuerzos se queda un par de semanas en casa, descansando. A veces falta días sueltos, haciéndolos coincidir curiosamente en jueves y viernes. El jefe, al parecer, no se cree que tenga tanto dolor, y ha amenazado un par de veces con despedirlo, a lo que el jardinero fiel ha contestado que “entonces qué va a darles a sus nietos (los del jefe) de comer“. Así que mi pobre jefe está atado de pies y manos.

Hace dos días había que llevar un rack a una empresa. En principio iban a ir el Ultracatólico, uno de los técnicos (el otro sigue de vacaciones) y el jardinero. Pero el rack era demasiado pesado y ya se temían otra baja de dos semanas, así que me tocó a mí ir en su lugar. Ya veis, la Petite, de 1.59 de altura y 49 kilos de peso, a llevar un rack de más de 100 kilos a peso con otros dos por unas escaleras.

Cuando el jardinero está de baja y los setos crecen amenazantes, suele venir su mujer, que siega el cesped con fruición. También viene ella a veces cuando hay problemas con la señora de la limpieza. Es que el jardinero tiene una mujer que es un tesoro, y el jefe una hija que trabaja por amor al arte.

En sí es buen tipo, sólo que hay que tener un poco de ojo con él. Pero bueno, con casi todos en general. Somos pocos, pero aquello puede ser a veces como un nido de víboras.

Reunión en la empresa

Publicado en Curro a 11:45 am por La Petite en Belgique

Dos horas y media de reunión con todo el personal presente hoy: ocho personas. Hay dos más de vacaciones y el jardinero nadie sabe donde está. Se discutieron cosas como la organización del servidor, tareas del personal administrativo, etc. Pero entre las bromas del jefe (siempre fuera de lugar), los coqueteos de la secretaria del jefe y algún gesto obsceno, lo mejor fueron algunos de los puntos expuestos por la hija del jefe (RR.HH.):

  • Que alguien debería leerse el manual de los teléfonos inalámbricos y explicárselo a los demás, porque nadie es capaz de configurarlos de acuerdo con el teléfono del despacho.
  • Que hay alguien que sin nocturnidad pero con alevosía estaba robando papel higiénico. Durante los últimos días está llevando una exhaustiva cuenta de cuántos rollos se utilizan/desaparecen.
  • Que todo el que necesite material de la empresa debe comunicarlo para que ella sepa donde se encuentra en todo momento dicho material, no vaya a ser que alguien se muera o tenga un accidente con el coche y no sepamos que esa persona había cogido el material.
  • A propósito del robo que hubo en julio, se van a borrar todos los códigos personales de la alarma para introducir otros nuevos, e hizo el anuncio de que el Tacones tiene dos códigos, lo que él ha negado categóricamente (”yo siempre uso el mismo“).

Cabe destacar que esta vez se abstuvo completamente de comer papel en la reunión. Debe de haber dejado el vicio. Antes le daba mucho a los bloc de cuadrícula.

Y yo sigo con mi dolor de cabeza :(

Nuevo candidato

Publicado en Curro a 9:09 am por La Petite en Belgique

Ayer uno de mis deseos se hicieron realidad, y fue la aparición de un candidato para la oferta de trabajo que la empresa publicó hace ya seis meses: ingeniero de proyectos. Digo que era uno de mis deseos porque si no viene nadie más a trabajar, no me darán la media jornada. En este momento sólo somos dos ingenieros, más dos técnicos, o sea cuatro personas para todo el trabajo técnico.

Tras tener el Ultracatólico al candidato en su despacho durante algo más de hora y media (lo que estuve yo en su día en cada una de las dos entrevistas que hice), me llamó para que comprobara su nivel de inglés (es la segunda vez que me toca hacer esto, la primera fue con el ingeniero que finalmente trabajó aquí durante seis meses antes de salir corriendo dadas las condiciones). Así que allá fui.

El candidato era alto (no, altísimo, ¿qué le darán de comer a estos belgas?) y para ser valón, su inglés era bastante decente. Algún problema con la pronunciación y alguna palabra en forma inadecuada. Pero mucho mejor que el anterior ingeniero. Me estuvo contando que había acabado la carrera en junio, que era de Namur y que había estado de vacaciones con sus padres por Francia y luego con dos amigos en Irlanda de autoestopistas. Le conté que yo era española y…

- Ah, sí, ya lo sé.

- ¿Ya lo sabes? - vaya, ¿sería que mi acento me estaba delantando?

- Sí, lo vi en la página web.

Eh, ¿en el blog de la Petite? Ah, no, justo recordé la web de la empresa, que yo estuve remodelando hace algunos meses. Por suerte quedaron muchas cosas pendientes, como las fotos del personal nuevo, es decir, yo y el ingeniero que se piró tras seis meses.

Sensación rara eso de que sepan cosas de ti por una página web que ni siquiera recuerdas. Es como si te espiaran. Porque no es como un blog, que se escribe voluntariamente y no se dan datos personales. Las páginas web de empresa son como escaparates en los que uno figura como un artículo: nombre y datos, y a veces foto.

Por cierto, el candidato, a pesar de ser joven e inexperto, gustó, pero está pendiente de tener una segunda entrevista el viernes con otra empresa. Una segunda entrevista es algo importante, casi decisivo, diría yo, por lo que es posible que le perdamos… La semana que viene sabremos más, y mientras tanto, sigo sin saber nada.

09.02.08

Part-time

Publicado en Curro, Reflexiones a 7:01 pm por La Petite en Belgique

Gracias, de verdad, por estar ahí. Yo aún sigo reincorporándome tras el fin de semana. Dos duros días en el trabajo no me han permitido pasarme por vuestros blogs, pero mientras preparo unos huevos con patatas fritas (estoy de antojo) voy a intentar leeros un poco. Espero que sepáis perdonar mi descuido.

Y ahora a lo que iba. Ayer dije por vez primera que me gustaría trabajar en un régimen de tiempo parcial o algo a medio camino entre tiempo parcial y tiempo completo, para poder hacer un master. Decir que el Ultracatólico se quedó pálido y se le desencajó la mandíbula es decir poco. Que por qué, que cómo, que no veía solución. Que actualmente se encontraba ahogado de trabajo, y que lo que me daba a mi le hacía respirar un poco. Que no podían permitirse esto.

- ¿Y de qué es el master?

- Inteligencia Artificial.

Una sonrisa se le dibujó en el rostro, como diciendo: sí, a ti te gustan esas cosas, en ellas eres buena.

- ¿Y si lo haces el año que viene?

Mi cara lo dijo todo.

- Es que ya sabes que ahora estamos muy justos de personal…

- Por supuesto que os daré tiempo a que contratéis a alguien. Esto no es para mañana, pero sí para dentro de un mes y pico.

- No sé, tengo que hablar con el jefe y la loca (RR.HH.)

Hoy se me acercó por la mañana y me comuncó que había estado pensando (tierra trágame, cuando se pone a pensar puede ser muy retorcido).

- Si haces ese master es porque quieres hacer algo después?

- Lo que no quiero es seguir igual que estoy, estancada, sin aprender nada nuevo, y sin avanzar.

- Pero si lo haces, entonces cuando tengas exámenes, en febrero y junio, no podrás ir a Argelia.

Ahí me quedé sin saber que decir, e intenté arreglarlo diciendo que como iba a hacer el master en dos años en lugar de uno, en teoría tendría la mitad de exámenes.

- ¿Pero qué vas hacer en dos años entonces?

- No lo sé, ¿tú lo sabes?

Así que sigo esperando, y mientras tanto tengo que llevar mi contrato de trabajo al coordinador del master y a la oficina de la universidad, para justificar porqué quiero hacer el master a tiempo parcial. Y luego tendré que llevar el contrato del piso para hacer la matrícula. Odio la burrocracia.

08.27.08

Cabezota

Publicado en Curro, Lonely moments, Reflexiones, el Ken a 7:55 pm por La Petite en Belgique

Porque sí, porque siempre he sido así. Desgraciadamente he heredado mucho de mi padre. Las cosas malas también.

Estos días, además de para hacer cosas que tenía pendientes (como formatear el disco duro e instalar TODO de nuevo, incluído Mandriva, leer, estudiar holandés, …) me está sirviendo para hurgar un poco dentro de mí. La verdad, no lo empecé a hacer a propósito, sino que las cosas van saliendo por sí solas. Y es que claro, nueve horas sola al día en el trabajo, más el resto, también sola, en casa, dan para mucho.

Mientras cocino unas lentejas (sí, con este cielo gris ya empieza para mí la temporada), me como un brownie y escucho a Elvis, sigo pensando. Y escribo este post desde mi recién instalado Mandriva.

Estos días pienso en el sentido de las cosas, en el sentido de la vida, en el sentido de cada acción. Sé que últimamente he escrito algunos posts chorras, pero no ha sido más que una manera de acallar mis pensamientos, mirar a otro lado y hacer como si nada. Pero hablando con dos amigos que no son más que espejos donde mirarme y que me hacen ver la verdad, me doy cuenta de que las cosas son como son, y el sentido es el que tiene y punto.

Estos días mi rutina es la de levantarme, ducharme, desayunar, coger el coche para ir al trabajo, pasarme nueve horas sola delante de una pantalla de ordenador (incluída la hora de comer), volver a casa, encender el ordenador, cocinar algo, cenar delante del ordenador, hablar por teléfono con el Pequeño, hablar con alguien por msn (si es que hay alguien), de vez en cuando hablar con mi madre por teléfono, leer un poco o estudiar holandés y meterme en cama. Pocas variaciones a este esquema hay, como verme alguna serie o llamar a algún amigo (de España) por teléfono. Y es que aquí cada vez quedan menos. El Ñatito se fue unos meses a Chile a ver a su novia y a su hijo, el Negro se fue a vivir a Bruselas, el matrimonio chileno cada vez pasa más tiempo en casa, Reza se fue a Londres (me mandó un mail hace un par de días), y los amigos españoles se han ido ya casi todos…

La tierra prometida no es lo que parecía en un principio. Existe también la explotación, aunque no los contratos temporales o hasta fin de obra, la maravillosa ciudad universitaria es una ciudad impersonal, cambiante a cada año, lugar de paso, con gente nueva cada año, pero también gente que cada año se va para no dejar ni el más mínimo rastro. La ciudad es la misma, las piedras no se mueven, pero su personalidad es engañosa, cambiante. Y hace días que no veo la luz del sol. Hoy es 27 de agosto y el cielo no ha variado ni un momento su color ceniza. Hasta casi parecía de noche.

Y mi madre está sola. Bueno, lleva sola dos años. Mi padre se fue hace tres, y luego, un año después, nos fuimos casi a la vez mi hermana y yo. Ella sigue viviendo en la misma ciudad, pero yo estoy lejos. Sé que mi madre está mejor, que lo lleva bien. Pero es triste. Y ahora tiene aún más problemas de salud. Ya expliqué otro día que a su problema, que ya arrastraba, de osteoporosis, hay que añadir un problema de tiroides. Análisis y más análisis, pruebas, visitas al médico. Y claro, la verdad absoluta nunca llegará a mí ni a través del teléfono ni a través de internet. Las madres son así de sufridas.

Siempre quise vivir en el extranjero, conocer cómo es otro país desde dentro, respirar su cultura, hablar su lengua. Y aquí estoy, después de dos años. Después de agarrarme como una lapa cuando ya era el momento de irse. Después de buscar trabajo cuando aún no había terminado mi proyecto fin de carrera. Y como decía antes, soy cabezota. Casi todo lo que me propongo, lo consigo. Por pura cabezonería, algo de talento y un poquito de suerte. Sé lo que es vivir en un país donde la mitad rivaliza con la otra mitad, donde la mayor parte de las veces no se ve salir el sol, donde es difícil encontrar alguien en quien apoyarse.

Es verdad que pasé mucho tiempo sola, tal y como estoy ahora. Pero era una situación que en algún momento iba a cambiar. Estaba convencida. Al menos estaba contenta en el trabajo. Y la situación cambió, mi vida se transformó y mi perspectiva de las cosas se trastocó. Volvía a tener a alguien al llegar a casa, para hablar, cocinar, comer, bailar, reir, cantar, bromear, hacer cosquillas, compartir el silencio, mirar a los ojos. Y de repente todo tuvo sentido otra vez. Porque da igual donde estés, la vida no va a tener más sentido por irse a un país extranjero para ver como son las cosas allí, tampoco por tener un trabajo de mucha responsabilidad pero que da pocas satisfacciones personalse y apenas deja tiempo para vivir, por irse por pura cabezonería.

Estos días sola me estoy dando cuenta de que si mi suerte cambiara otra vez, tendría muy pocas razones para seguir donde estoy, haciendo lo que hago y viviendo como vivo. Aunque viniera escapando, escapando de unos hilos controladores.

La vida tiene sentido si hay alguien con quien compartirla. Da igual que hablemos de familia, amigos de los de verdad o pareja. Por supuesto que tengo que pensar en mí y todas esas cosas que se suelen decir, pero todo cobra sentido, vida y color cuando se comparte lo bueno y lo malo con alguien que se quiere. Lo demás… simples adornos.

Os dejo un vídeo de una de nuestras canciones preferidas. Estos días también me hacen darme cuenta de que nunca había encontrado a nadie con quien compartiera tantas cosas. Recuerdo aficiones de la niñez, adolescencia y juventud que no podía compartir casi con nadie. Era la rara. En el Pequeño encontré todos esos sueños que el tiempo va cubriendo con la capa de la normalidad y el mimetismo. Filosofía de vida, vaya. Al final va a ser verdad que es posible encontrar a la persona adecuada.

08.11.08

Mantener la línea

Publicado en Anecdotas, Curro, Reflexiones a 10:52 am por La Petite en Belgique

Acabo de hacerle una visita a la secretaria del jefe, italiana de nacimiento, que está en piso de arriba, y me la acabo de encontrar ¡comiendo!. Son las 11:40 y ella tenía su tupper ya casi vacío. Le comenté sorprendida, que si ya tenía hambre tan temprano (vale, por estas tierras es corriente el comer a las 12 o a la 1, pero ¿a las 11:30?

-Ah, nada, estoy acostumbrada. Siempre como a esta hora.

- ¿Y no te mueres de hambre a las 4 o 5?

- Ah, pero es que a las 5 ceno aquí en la oficina un poco de arroz.

(Ahora me explico qué hacen esos 8 tarritos de arroz precocinado en la nevera).

- ¿Cenas a las 5?

- Sí, claro. Y ya no como nada más el resto del día.

- ¿Y sólo comes arroz?

- Sí, sólo un poco de arroz.

(que a mí no me llegaría ni para empezar).

- ¿Te acostarás temprano entonces?

-Ah, no, nunca antes de las 11.

- Yo me moriría de hambre.

- A veces como una pieza de fruta por la tarde-noche.

- Bueno, yo creo que no me acostumbraría. El comer sola nunca me gustó. Los españoles vemos el comer como un acto más bien social.

- Y nosotros los italianos también. Pero yo ya me acostumbré. Bueno, me acostumbró mi novio, que hace body-building y está super cachas. Él hace estos mismos horarios estrictos de comida. Me los aconsejó y ahora como mucho más y estoy más delgada.

- Pero comes siempre sola y nada después de las 5.

- Ah, claro, pero puedo comer de todo, chocolate, galletas, lo que sea.

Pues nada, la italiana, venida también de una sociedad donde el comer es una actividad social, se ha pasado al enemigo. Viva el body-building, las super-modelos y el ser antisocial.

¿Pues qué queréis que os diga? Yo si tengo un novio que me confina a comer sola (comida y cena) y nunca más tarde de las cinco, pues que se busque otra mujer florero. Prefiero a mi Pequeño que lo único que me dice es que el deporte es bueno para la depresión y que le encanta cocinar unas cenas estupendas para dos.

08.06.08

Horario para amar

Publicado en Curro, Reflexiones, el Ken a 10:13 am por La Petite en Belgique

El tiempo libre, en mi opinión, no hay dinero que lo pague.

Necesito un fin de semana libre, un fin de semana sin compromisos ni actividades programadas ni nadie que decida cómo disfrutar de mi ocio. Hace ya mucho tiempo que no tengo un fin de semana. De lunes a viernes mi tiempo “ocupado” (de esclavitud, como yo lo llamo de puertas adentro) es de 8:30 de la mañana hasta las 7 de la tarde. Demasiado tiempo. Creo que ya he hablado del porcentaje de tiempo libre que dispongo. No voy a lanzar cifras de nuevo, no tiene sentido, porque el tiempo libre no hay dinero que lo pague. Por eso, toda la semana, ansío fervorosamente la llegada del fin de semana, ése en el que se para el tiempo y me permita recrearme, dedicarme a mis aficiones, últimamente dejadas de lado (hace un par de meses que no encuentro el momento de tocar un poco la guitarra o intentar hacer ruido con el ukelele, y sólo leo a la hora de comer y poco más).

Pero los últimos fines de semana han sido de locura. El último tocaba barbacoa con el equipo de baloncesto del Pequeño. Y como el evento era cerca de casa de sus padres, pues el domingo lo pasamos allí hasta que consideramos que era hora de volver para hacer limpieza general.

El finde anterior otra barbacoa, esta vez con los amigos. La barbacoa era el domingo, pero el sábado teníamos pensado ir al mercado de Bruselas para abastecernos de víveres. Una persona era la encargada, pero como yo soy la única que dispone de coche, me tocó ir, como de costumbre, de chofer. Por supuesto el Pequeño nos acompañó. Él siempre conmigo a todas partes. Pero el encargado de los víveres estaba aún llegando a casa después de una noche desenfrenada cuando ya tocaba ir a Bruselas. Así que madrugamos para nada.

El anterior finde hubo que celebrar el cumpleaños del padre del Pequeño haciendo senderismo por las Ardenas. Diecisiete kilómetros bajo una lluvia intermitente no estuvieron mal, pero supuso otro fin de semana que tampoco era para mí.

Y antes de ese fin de semana. Bueno, antes de ése fue España, así que tampoco tuve demasiado descanso.

Y justo ahora empieza la temporada de baloncesto para el Pequeño, así que habrá que ajustar horarios para sus entrenamientos de martes y jueves y sus partidos sábados y domingos. Quizá yo tenga algo más de tiempo, pero todo habrá de ir encajado en un horario. Antes me gustaban los horarios porque eran como esqueletos que lo sujetaban todo. Ahora los odio, especialmente en fin de semana.

Pero lo peor va a ser poner un horario para los abrazos y los besos, a ver si encajan entre la hora de mi llegada y la hora de la cena. O entre la hora de la cena y su partida a los entrenamientos. Un horario para amar, qué cosa tan absurda.

Así que mientras tanto, mucha paciencia y a soñar con encontrar un trabajo con un horario más flexible. Odio entregarle mi vida a mi jefe, pero por el momento, no me queda otra.

« Entradas más antiguas · Entradas más recientes »