05.12.08

Altibajos y más excrementos de ratón

Publicado en Curro, el Ken en 9:37 am por La Petite en Belgique

Mañana ya hará una semana que estoy aquí. Mi estado general podría resumirse en cansada y desconectada. Pero no voy a entrar otra vez en ello porque sería repetirme hasta la saciedad.

Ayer me fui a dormir algo tarde, cuando por fin llegué a la conclusión de que mi estómago estaba listo para ir a cama (casi dos años en Bélgica y estoy desentrenada en esto de cenar tarde, y como suele decir mi madre: “de grandes cenas están las sepulturas llenas”). Volví a despertarme sobre las 3 para ir al baño. No es corriente que me despierte en medio de la noche, soy de las que duermen como un tronco y del tirón. Pero creo que se debe a que por el día bebo poco (menos de lo habitual) para no tener que ir al baño ese cochambroso que encima está en un edificio a 300 metros del aula donde trabajo. Por consiguiente, cuando más agua bebo es en la cena. Y mis riñones, que siempre han funcionado a la perfección, me obligan a ir al baño en mitad de la noche.

Me desperté sobre las 3, con la vejiga llena, a punto de explotar. Mientras voy al baño en medio dormida recuerdo que estaba soñando. Trabajo otra vez. Vuelvo a la cama. A las 7:15 suena la alarma del móvil. También estaba soñando, y al igual que la otra vez, con el trabajo. Que si errores de compilación, arrays, buffers y demás, todo relacionado con programación. Creo que necesito un descanso. Pero no puedo.

Estoy muy cansada y me cuesta horrores levantarme. Creo que mi cuerpo sabe que es domingo.

Desayuno otra vez en la habitación del Ultracatólico. Yo café con un trozo de cake medio momificado y él agua y un croissant del año de la guerra. Los dos estamos muy cansados.

La mañana, a nivel de avances en el curro, fue mala. Así, sencillamente. Mala. No sólo estamos cansados, sino que nos sentimos derrotados. Las cosas no van bien y ya me veo mi partida postergada (mentira cochina, la fecha de mi vuelo es aún para dentro de una semana, así que no hay fecha segura). Sólo tengo ganas de darme cabezazos contra la mesa.

Hassan se aburre, pero el pobre no puede hacer nada. El Ultracatólico y yo estamos atascados y Hassan no puede ayudarnos.

Vamos a comer. Yo paso de bocadillo con cacas de ratón. Pido pizza. Mientras esperamos la comida, el Ultracatólico dice que él no pone pegas, que todo es psicológico y que él va a comerse ese pan tan rico. Yo le digo que de psicológico nada, que psicológico es no querer comer sesos de cordero, pero que eso de arriesgarse a pillar un parásito no es ninguna broma. Que yo no sé de donde eran los ratones ni si tenían alguna enfermedad. Dice que los excrementos horneados no son nocivos porque los parásitos están muertos. Yo le repito que no sé de donde son los ratones ni las posibles enfermedades de su lugar de procedencia, con lo cual, tampoco puedo decir si los posibles parásitos son resistentes a las altas temperaturas o no. Le digo que es un inconsciente, encima él, teniendo niños, debería estar bien informado de estas cosas. Dice que se le ha quitado el hambre. De verdad que no lo hice por joder, pero me parece una imprudencia comerse algo que sabes a ciencia cierta que tiene mierda de ratón (cuando yo era niña era habitual la frase “eres tonto o comes mierda?”).

La comida llega y en mi pizza descubro dos boñiguitas (puaj). El Ultracatólico se come su bocadillo a bocados pequeños. Va haciendo en la bandeja de la comida un montoncito de cositas negras. A ver si de esta espabila.

Volvemos al curro. La mañana se había levantado soleada pero la tarde es lluviosa, muy lluviosa. Durante una hora seguimos atascados. Mi cabeza ya no quiere pensar más. Hacemos una pausa para repasar la lisa de los sitios conectados, de los sitios con problemas conocidos y de los sitios con poltergeist, y finalmente parece que se acciona un interruptor en mi cabeza y empiezo a ver las cosas más claras. Empiezo a teclear. El Ultracatólico dice que va a llamar al jefe por teléfono (eso significa media hora). Por mí vale, yo estoy ocupada porque creo haber encontrado la solución a dos de los problemas. Voila! Pues sí. Problemas resueltos. Dos días de romperme la cabeza y finalmente la solución me vino sola a la cabeza en dos minutos. Si es que no sólo para escribir poesía ha de estar uno inspirado.

El Ultracatólico vuelve y entre los dos resolvemos un tercer problema. La cosa va mucho mejor. Ensayamos una videoconferencia y llega la hora de irnos. Hoy tenemos prisa porque nos ha invitado a cenar a su casa una cliente de la empresa. Una mujer francesa rondando la cincuentena, y que se dedica al diseño y restauración de muebles. Realmente su función es la de mecenas. El proyecto en el que mi empresa tomó parte fue idea de Nazer, un árabe bastante occidentalizado, que también acudió a la cena. Una historia rara. Ella pone la pasta, pero el pone la casa.

La cena realmente deliciosa y nuestra anfitriona realmente carismática. Se excusó una y mil veces en que ella no cocina nunca, que no sabe, que nunca está en casa y que no está acostumbrada a tener invitados. Y de verdad me lo creo. No lo de que no sabe cocinar, pues el pez espada estaba de vicio (tanto que me pasé y ahora tengo el estómago repleto), pero sí en lo de recibir a invitados. Sólo nos sirvió vino y cuando el Ultracatólico le pidió agua (los dos estamos sedientos cuando llega la noche) la trajo pero no puso ningún vaso o copa extra, como no sabía donde poner las cosas, puso la sartén del pescado en el suelo y el molde del quiche en la repisa de la chimenea, no puso servilletas. De todos modos fue una cena genial y un cambio de aires. Después de unos cuantos días una acaba cansada de la atmósfera del hotel y de los restaurantes. La cena estaba riquísima y la francesa demostró ser muy muy muy amable y simpática. Y parece que yo le caí en gracia porque me pidió que si volvía a Argel, la llamara para cenar otra vez. Un placer.

Y ahora estoy en la habitación, otra vez. Es muy tarde, las 12 menos cuarto, y mañana hemos quedado de desayunar a las 8. Pero tengo aún el estómago lleno, así que voy a aprovechar para contestar al mail que me escribió hoy el Pequeño. Fue a casa de sus padres a comer pues hoy es el día de la madre en Bélgica, y me escribió desde allí. Realmente sus palabras me dieron ánimos y fuerzas. Está claro que el mayor soporte es siempre uno mismo, pero el saber que hay alguien ahí que piensa en ti, se acuerda de ti y te dice que no te sientas sola porque siempre está contigo, reconforta, es como si se llenara el cuerpo de un calorcito agradable y es imposible no esbozar una sonrisa.

05.11.08

Lejos…

Publicado en Curro, Lonely moments, Reflexiones, el Ken en 1:25 pm por La Petite en Belgique

Son las 11:15, acabamos de llegar al hotel y las fuerzas me fallan. Estoy agotada otra vez y quizá debería meterme directamente en la cama. Pero esta soledad y aislamiento son insoportables. Necesito hablar con alguien (al Ultracatólico lo tengo ya muy visto). He llamado un par de veces al pequeño pero han sido conversaciones breves. Las llamadas son muy caras y realmente no sé que decir. Estoy cansada de repetirme constantemente: que si las cosas van más o menos, que si estoy agotada, que si esto es muy duro, que si le echo de menos, que si me siento sola, … Y realmente no me atrevo a decirle las cosas que más me atormentan, como que de verdad no veo el final de todo esto, o que no tengo esperanza de que la programación esté perfecta para la semana que viene. Y como decía, estoy agotada. No es sólo el intentar permanecer despierta, es mantener la cabeza fría y rápida para enfrentar la tarea. Cuanto antes termine, antes me iré; pero no si acabarla…

Las cosas no han ido demasiado bien hoy y mi vuelta el martes no es segura. El Ultracatólico me dice que tenga esperanza para el miércoles. Durante el día apenas tengo tiempo para pensar. El trabajo es muy intenso. Suelo levantarme tres o cuatro veces de la silla por día: dos para ir al baño, una tercera para comer y una posible cuarta si de verdad necesito un break. Al final del día tengo el cuerpo agarrotado de estar en la misma posición y la cabeza como un bombo. Lo malo del final del día es que es entonces cuando mi mente vaga de verdad. Al llegar al hotel después de currar (a eso de las siete y pico u ocho) llamo al Pequeño, sólo para escuchar su voz, que me cuente cómo van las cosas por allá e intentar lamentarme lo menos posible (cosa que a veces no me sale). Al final del día me doy cuenta realmente de que yo estoy aquí y el allá. Lejos. Siento impotencia, me siento desconectada de mi vida. Quisiera estar ahí, día a día, viendo cómo está, hablándole, demostrándole que aunque la relación que tengamos sea aún muy joven, es algo maravilloso por lo que luchar. Pero no puedo. Porque estoy lejos. Y no puedo hacer nada. Sólo intentar terminar lo antes posible. Pero cada día aparecen problemas nuevos, y cada día son más difíciles de resolver. Me siento atada a Argel, atada al Cerist. Siento un abismo entre mí y mi vida. Y no puedo hacer nada.

Esta mañana me levanté algo mejor que las otras, pero mi cuerpo tiene demasiado cansancio acumulado para que algo menos de 8 horas de sueño lo curen por completo. El estrés está haciendo mella en mi subconsciente. Siento que me he pasado toda la noche soñando con el Pequeño (sueños catastrofistas, por supuesto) y con el trabajo aquí (trabajo y más trabajo). Ya no puedo ni desconectar por las noches. Lo de soñar con el trabajo es algo que me pasa cada vez que me vengo a trabajar aquí. Es demasiado: 7 días a la semana, 10 horas al día. Eso hace la friolera de alrededor de unas 70 horas. Estoy cansada. Quiero recuperar mi vida. Pero no puedo.

Volvimos a desayunar en la habitación del Ultracatólico. Él agua y yo café con un sabor a quemado que no había probado en mi vida. Me siento algo más descansada que otras mañanas pero mi cuerpo se niega a despertar del todo.

Por la mañana el Ultracatólico tiene una reunión con no se quién, así que estoy sola con Hassan hasta casi el mediodía. Hassan se va a otra universidad para que yo pueda hacer tests por videoconferencia.

Sobre la una y pico viene el Ultracatólico y salimos a comer. Vamos al mismo bar cutre del otro día, donde pedimos unos bocatas completos. El pan lo hacen ellos mismos, o eso es lo que el Ultracatólico dice. A él le encanta ese pan. Los bocadillos consisten en huevo revuelto, carne, una minúscula hoja de lechuga una rodajita de tomate, carne, patatas fritas y queso. Vamos, una bomba de relojería. Nos los sirven en dos mitades. Cuando voy por la segunda mitad (el Ultracatólico ya había terminado) encuentro algo negro (o marrón muy oscuro) y pequeño, de más o menos centímetro y medio de largo. Me entra la sospecha. Le pregunto al Ultracatólico qué es eso. Me dice que no sabe, pero que cree que son unas semillas especiales, porque sólo las ha visto en el pan de aquí y en el de Hassi-Messaoud, pero no en el de Bélgica. Sospechas casi confirmadas. Le comunico que es caca de ratón. Abre mucho los ojos y dice que ya alguien le dijo algo así una vez y que no le creyó, pero que si yo opinaba lo mismo, entonces se lo creía (un punto a su favor es que tiene mi opinión en muy alta estima, sobre todo después de comprobar lo rápido que cuento y sumo en binario y hexadecimal). No me termino el bocadillo.

Por la tarde se fue a otra universidad e hicimos más tests (3 universidades juntas). Un desastre total. La moral por los suelos y la cabeza como un bombo. Para lo de la cabeza también contribuyó Hassan. Resulta que donde él estaba había otro más. Aquí es típico tener 4 o 5 personas para hacer el trabajo de media. El resultado es que hablan como cotorras. El micro de Hassan estaba más alto de lo normal y me fue imposible mutearlo desde Telnet (aún no sé porqué). Con lo que tenía al Ultracatólico, a Hassan y a su colega hablando al mismo tiempo. Y por cierto que Hassan y el colega no paraban de hablar en esa mezcla de árabe y frances que me es totalmente incomprensible, con los sonidos aspirados típicos del árabe (lo siento, pero los dos hablando a la vez parecían como animales). Las imágenes estaban mal, no oía al ultracatólico y la jauría me estaba poniendo de los nervios. No podía pensar. Luego llega uno de los responsables del Cerist por no se qué de unas direcciones IP y entonces ya me entró una terrible desesperación y tuve ganas de mandarlo todo a la porra. Al menos tuvo el detalle divertido de intentar hablar inglés, pero sólo pudo soltar dos palabras (this site…).

A las 7 decidimos dar por finalizada la jornada laboral. Mi cabeza ya no da para más, necesita que aguien la reinicie. Pero el que puede hacerlo de verdad está a muchos kilómetros.

Para la cena intentamos ir a un restaurante chino que está en el hotel al que fuimos hace dos días. Decir que en la entrada del hotel, además de pasar el típico control del coche (maletero y capó) también hay que pasar el bolso por un detector rayos X como el de los aeropuertos y un detector de metales. La historia es que esta mañana “cogí prestado” un cuchillo del desayuno por si había que preparar al mediodía bocadillos improvisados. Y justo me di cuenta cuando el bolso estaba entrando en el detector. Momento de tensión pero al final nada, ni lo vieron.

El restaurante resultó estar completo así que decidimos ir al Tantra, uno de los 15 restaurantes que están en el pequeño bosque alrededor del monumento a los mártires de la revolución. No lo entiendo. Cutres con el desayuno y en la cena pagamos 7100 dinares (71 euros!). Que alguien me lo explique y a lo mejor lo entiendo. Y luego ratean con los sueldos…

Al salir decidimos ir a ver el monumento de cerca. La vez anterior (el año pasado) estaba prohibido colocarse debajo del arco que forman los pilares, pero esta vez el policía nos dejó pasar (pero sólo un minuto, eh). El monumento no es bonito, pero es impresionante. Y el estar justo debajo te hace sentir todo el peso del hormigón. Una sensación privilegiada, porque es raro eso de que lo dejen pasar a uno por esa zona.

A la vuelta al hotel nos perdemos por cuarta vez desde que estamos aquí. Argel puede ser un verdadero laberinto para el conductor. Se hace tarde y yo me quedo dormida en el coche.

Llegamos al hotel. Es tarde. Estoy cansada y siento la soledad. Y lo que más siento es no poder darle al Pequeño nada de lo que me gustaría. Me siento impotente, atrapada, lejos. Y no puedo hacer nada. Estoy cansada. Quiero volver. Pero no puedo. Antes debo luchar en mi cruzada.

05.10.08

Cansancio, aislamiento y mal humor

Publicado en Curro, General, el Ken en 10:51 am por La Petite en Belgique

En fin, quinto post en diferido desde Argel la blanca.

Hoy la lluvia no nos abandonó en todo el día, por la mañana una lluvia fina que calaba los huesos y por la tarde una verdadera tormenta. Es raro para mí tener este tiempo aquí y oirle al pequeño que en Bélgica luce el sol. Esta noche es posible que duerma en mi casa porque su ático se convierte en una sauna cuando el tiempo fuera es caluroso. También me ha dicho que va a hacer la compra para tener comidita cuando yo vuelva y podamos preparar desayunos ricos de esos que nos pegamos cuando estamos de relax :)

Ayer por la noche al se hizo tarde, y de tan cansada que estaba, no podía dormir. Di unas cuantas vueltas en cama (yo soy de las que cae y a los 5 minutos ya está profundamente dormida) y finalmente me dormí. A las 3 me desperté (cosa rara en mí, sobre todo estas noches, que se me hacen tan cortas que siento que toco la almohada y a los dos minutos suena el despertador) y fui al baño. A las 7 finalmente me levanté como todas las mañanas, me duché, preparé mi cosas (papel higiénico incluído en el bolso) y salí al pasillo a esperar al Ultracatólico. Decir que esta mañana me levanté aún más cansada que las mañanas anteriores, y el mal humor era la emoción que imperaba en mi ánimo. La media hora que transcurrió entre que me levanté de cama y salí por la puerta de la habitación, la pasé profiriendo juramentos dignos de un camionero. Al ver al Ultracatólico le volví a repetir por enésima vez que yo no puedo seguir así, que si no duermo y trabajo tantas horas voy a caer enferma, y que si caigo enferma el proyecto me va a importar un pimiento. Se queda frito y no contesta.

Salimos a desayunar. Como es viernes (equivalente al domingo europeo), el Ultracatólico espera poco tráfico y pocos coches aparcados en la calle del café árabe habitual (o sea, pocas probabilidades de multa), así que decidimos ir allí. Por el camino (la distancia entre el hotel y el café será de unos 600 m) vemos mucha policía, como de costumbre, y uno de los agentes nos hace una señal para que paremos. Nos pide los papeles del coche y el permiso de conducir. “Ah, venís de Bélgica, ah, qué interesante. Y cómo se pronuncia tu nombre?”. En fin, parece que los polis se aburren y se dedican a parar a la gente para pasar el rato. Nos despidió con una sonrisa y un “C’est bon, c’est bon” (frase que junto con el “bien sur”, es una de las más oídas en Argelia).

Tomamos rápido nuestro desayuno y nos encaminamos hacia Cerist. Por el camino se ven pocos coches y poca gente (como un domingo a las 8 de la mañana en Europa). A lo largo de una de las calles que atravesamos lo único que se ve son multitud de policías (dos o tres cada diez metros) con cara de aburridos.

Hoy el trabajo fue algo mejor. Como el resto de universidades estaban cerradas, el Ultracatólico estuvo toooooodooo el día conmigo (menos mal que hubo un par de momentos divertidos, porque todo el día con la misma persona puede llegar a ser estresante, especialmente si es un compañero de trabajo y está por encima tuya). Descubrimos nuevos problemas pero parece que la cosa va adquiriendo color.

Hoy la comida consitió en panes de pita de ayer (en la tienda no tenían nada mejor) con queso kiri y atún en tomate procedente de Poio - Pontevedra (!!). Sin cuchillo otra vez, nos vimos obligados a emplear como herramientas de cocina una tarjeta de crédito y un destornillador pequeño (hay foto que lo prueba, ya la publicaré).

El tiempo una caca, día húmedo y frío. En una de las veces que fui al baño (que está en otro edificio) casi me calo hasta los huesos. Por el camino me encontré a uno de los hombres de seguridad, un tipo con dos hijas llamadas Fifi y Coucou de uno y dos años de edad. Estuvo durante media hora haciéndome preguntas de a ver cuándo me casaba, y que si me casaba él iría con Fifi y Coucou a Bélgica a mi casa. Me pidió que la próxima vez que volviera por aquí le trajera un regalo para las niñas. Tipo peculiar éste Djamel, todo el rato con el walkie en la mano pero con actitud de estar paseando más que otra cosa. Al menos es simpático.

Acabamos el curro sobre las 18:30 y nos vinimos al hotel. Baño rápido y reunión en la habitación del Ultracatólico. A la vuelta a Bélgica me espera otro curro importante en Luxemburgo del que aún no tengo ni pajolera idea. Me aconseja que sea prudente al pedir mis días libres de recuperación (al trabajar aquí los 7 días de la semana, me corresponden dos días libres) porque el curro ese es urgente. Pos vaya mierda. El estrés se me empieza a subir por la espalda, que ya la tengo partida al medio por culpa del cansancio.

Salimos a cenar y se vuelve a perder. Busca no-sé-qué restaurante en un rotonda en la zona de Hydra. Damos vueltas durante media hora y nada. Le pregunta a unos policías (que a causa de la lluvia llevan una especie de batas blancas con gorros también blancos que les dan un aspecto de carniceros de lo más cómico) y las indicaciones nos acaban llevando a una rotonda de la zona de Hydra, sí, pero no la que el ultracatólico busca. Preguntamos a otros policías. El primero se toma la pregunta a cachondeo y se ríe un rato. Es domingo y se nota que están más aburridos que ostras. Se acerca otro al coche. Preguntamos y el segundo pone cara de saber donde está la rotonda ésa pero que el camino es complicadillo (vamos, como cualquier camino en Argel). Nos dice un: “seguid al furgón” y ambos polis se montan en él (un verdadero furgón de policía, con ventanas cubiertas de barrotes y la sirena puesta). La mala pata nos lleva a la misma rotonda equivocada. Yo no sé si reir o llorar. Moló el detalle de que la poli se prestara a hacernos de guía, sobre todo teniendo en cuenta lo cabrones que son aquí. Pero es finde, estaban aburridos, fuimos muy educados y nada como llevar de copiloto a una española con pinta de argelina que les sonríe a los polis (sigh).

Me piro a dormir. Muchas gracias por vuestros comentarios, de verdad. Valen mucho para mí, sobre todo en estas circunstancias. Siento de corazón no poder estar a vuestra altura y contestaros de vez en cuando, leeros, pero sólo tengo internet mientas curro y el estrés está alcanzando cotas importantes (además de tener al Ultracatólico con el látigo al lado). Aquí en la habitación del hotel no tengo internet y me veo obligada a usar el notepad para redactar. Con los mails del Pequeño es lo mismo. Mi rutina nocturna, aprovechando la espera a que me baje la cena, es un mail a mi rubio y un post. No siempre en el mismo orden. Todo depende del humor con el que me encuentre. Si estoy muy echa polvo suelo dejar el mail para el final, para no hundir más al Pequeño, que a veces también se pone melancólico y triste.

Buenas noches a todos. Gracias por estar ahí.

P.S.: EL Ultracatólico estima que si todo va como hasta ahora y no tenemos demasiadas sorpresas, es posible que me pueda ir el martes. Eso significa que me encuentro en el ecuador de mi estancia. Bueno, un poco más y pronto estaré durmiendo en mi camita con una persona a mi lado que está demostrando ser bella por fuera y bella por dentro.

05.09.08

La llegada del jefe

Publicado en Curro, el Ken en 8:34 am por La Petite en Belgique

Cuarto post en diferido desde mi habitación del hotel. Es lunes 8 de mayo y son las 11 de la noche (una hora menos que ahí).

Esta mañana me levanté aún más cansada que los días anteriores. El cansancio se va acumulando y la cabeza ya sólo me funciona al 60%. Esta mañana no fuimos a desayunar al café árabe habitual por miedo a una nueva multa y retirada de carnet, así que el ultracatólico decidió que nos subieran el desayuno a la habitación. Pero todo tiene truco. Él dice que no le gusta el desayuno en el hotel (el tradicional, el que se toma abajo) porque es caro y allí huele mal. Así que optó por pedir UN desayuno para los dos en la habitación. UN desayuno, señores, el colmo de la cutrería. Que sé que la empresa no tiene ahora mismo mucha pasta, pero si se ha gastado una buena cantidad de dinero en comprarnos billetes de avión con vuelta flexible, digo yo que podrá pagarnos un desayuno a cada uno aunque cueste más que 57 dinares (el precio normal del café árabe). Las palabras del Ultracatólico esta mañana fueron: “te pedí café y leche, yo me conformo con agua”. Con agua? De verdad que flipo. Cómo van a estar bien alimentados estos belgas si desayunan un trocito de cake, una manzana y AGUA? Acepté el café (a él no le gusta, siempre desayuna té) y mi parte del desayuno, ya de mala humor de mañana.

Salimos para el Cerist, yo me quedé allí y él partió con Hassan, nuestro ayudante, a otra universidad para arreglar un problema allá y ver si más tarde podíamos intentar crear una videoconferencia entre las dos universidades.

Debo decir que rendí poquísimo por la mañana. Mi cuerpo estaba muy cansado, pero mi mente ya no podía más. Finalmente a las 12 conseguimos establecer nuestra primera videoconferencia con éxito y se me levantó un poco el ánimo. Mientras hablábamos por el micrófono intentando ajustar niveles y nos hacíamos señales mirando cada uno a su cámara, aparece el bueno de Mourad (por si no lo recordáis, es el árabe grandullón, casado y con hijos que ya me ha hecho dos propuestas indecentes que yo he esquivado como he podido). El Ultracatólico se da cuenta porque lo ve en la pantalla y lo oye por los altavoces. Al momento suelta un: “Vaya, acaba de llegar el presidente de tu club de fans”. En inglés le contesto que como este tipo no deje de rondarme me voy a poner nerviosa. Finalmente hoy Mourad se portó bien (porque sabía que lo veían y oían por videoconferencia) y se largó al poco rato.

Sobre la 1:30 vinieron a buscarme para ir a comer. El sitio cutre de siempre estaba cerrado (el fin de semana en Argelia es jueves y viernes) y tuvimos que comprar pan (de pita, riquísimo) y cosillas pa meter dentro (queso y un embutido raro hecho de pavo). Volvimos a Cerist y como el tiempo estaba algo mejor que ayer (algo de sol, pero no mucho, viento, pero no lluvia) decidimos comer fuera, en unas escaleras. Comenzamos a sacar las viandas de la bolsa y en esto Hassan suelta un: “Bueno, tú eres la mujer y la mujer debe repartir la comida y preparar los bocadillos”. Qué??? Por quién me has tomado, chato? Sé que es su cultura, pero por fortuna o por desgracia, yo no pertenezco a ella. Con gusto hubiera repartido la comida, pero si me lo dicen así, porque es mi deber, pos no, mira. Le solté una contestación en inglés fruto de mi ira momentánea y parece que le quedó claro, pues al final preparamos los bocatas entre los tres (que encima no es fácil, en el suelo, sin servilletas y sin cuchillo).

Comimos y volvieron a pirarse a la Université d’Alger para seguir con los tests. Yo me quedé en mi zulo sin ventanas intentando mejorar la programación. A media tarde descubro algo insólito. Tengo agujetas en la zona del estómago y en la parte trasera de los muslos. Pero no ligeras, tengo unas agujetas bestiales. No lo entiendo. Me paso el día sentada en la misma silla sin moverme. Luego se me ocurre que pueden ser de haber estado achicando agua ayer durante casi una hora. Yo que sé. Por cierto, de la llamada misteriosa no he tenido más noticias. Supongo que habrá sido alguien de recepción, pero ni idea…

A las 18:30, con las ideas un poco más claras pero bastantes modificaciones de la programación en mente, terminamos nuestra jornada laboral. En el hotel espera el jefe que ha llegado hoy de Hassi-Messaoud, donde tenemos otro trabajillo en este momento (pero éste es poca cosa y teóricamente no es necesario que yo vaya).

Mi jefe está alojado en la habitación 512 bis. Si, si, bis. La que está entre las 512 y la 514. Al parecer en un principio existía la habitación 513 pero luego decidieron quitarla por lo de la mala suerte. Para no tener que mover las placas de todas las puertas (y de todos los pisos, off course) pues le cambiaron el número a 512 bis. Sin embargo en la factura aparece como 513. Curiosos estos árabes. Y por cierto, nunca pensé que hubiera aviones con fila 13 hasta que me monté en uno de Air Algerie. Curioso, curioso.

Hoy esperaba haber cenado más temprano que los otros días (ése es el acuerdo al que llegué con el Ultracatólico a fin de dormir mis horas y velar por mi salud). Pero no. La ley de Murphy siempre se cumple. Tras una ducha rápida nos reunimos en la habitación de mi jefe, donde él practicaba su deporte favorito: hablar por teléfono. Tras media hora de charla al final salimos, pero no para cenar, sino para ir a uno de los bares del hotel para una reunión con el responsable de relaciones económicas entre Bélgica y Argelia, un tal Michel no-sé-qué, un tipo con bastante mal gusto y contínuos comentarios machistas sobre las mujeres. Comentarios a los que mi jefe se apunta divertido y empieza a contar chistes y pronunciar proverbios argelinos del tipo: “todo buen musulmán debe pegar a su mujer un par de veces al día o al menos por las mañanas. Tú no sabrás porqué lo haces pero ella sí lo sabrá”. Unas hostias quería. Como estaba tan cansada, dejé mi mente vagar y me concentré en el zumo de naranja y los cacahuetes tostados. Hablando del zumo… Pedimos zumo natural de naranja mi jefe, el ultracatólico y yo. El tipo raro llegó más tarde y nosotros ya habíamos pedido. Cuando el camarero se dirigió a él, miró con cara culpable nuestros zumos (realmente los recorrió con la mirada como si de un partido de ping-pong se tratase) y soltó un tímido “Gintonic”.

Cuando al fin quedamos libres nos fuimos a cenar al restaurante de El-Djazaïr, un hotel con verdadero encanto del siglo XIX. Restaurado y muy cuidado, con fuentes presentes en sus jardines (las fuentes, uno de los grandes legados que los árabes nos han dejado, sobre todo en el sur de España). El restaurante resultó ser bastante chic y bastante caro. La decoración sublime y la atmósfera muy acogedora, con colores relajantes y formas armoniosas. Nuestra mesa estaba al lado del piano en el que un hombre tocó parte del concierto de Aranjuez y varies piezas de Burt Bacharach. Siempre me gustó el sonido del piano, y más esta vez, en que eclipsaba las voces del Ultracatólico y el jefe, hablando de trabajo sin parar. Detalle a destacar: cuando nos trajeron el menú, primero me entregaron a mí el mío, acompañado de un “madame”. Al cabo de dos minutos descubrí que mi menú era igual que el de mis dos acompañantes pero le faltaban los precios (!). Vaya, llevo unas cuantas pruebas de machismo hoy, pero lo de tener un menú diferente para mujeres era la que menos me esperaba.

Hoy hablé un par de veces con el pequeño. Oir su voz me tranquiliza, especialmente en los momentos difíciles en que estoy atascada y las cosas no me salen. Me ha escrito un mail muy bonito que casi me ha emocionado y me da más fuerzas para seguir adelante. Está bien saber que alguien me espera a la vuelta, para ayudarme a descansar y a relajarme. Con él sé que es posible y de verdad ansío nuestras mañanas perezosas de fin de semana, en cama, sin prisas, tan sólo estando ahí.

05.07.08

Primer largo día en Cerist

Publicado en Curro, el Ken en 8:56 am por La Petite en Belgique

Aquí viene otro post en diferido. Ayer era tarde cuando volví al hotel y la sala de internet estaba cerrando. Escribí el post desde mi habitación, un poco antes de irme a dormir. Los días están siendo muy largos, pero parece que sólo tengo tiempo para trabajar mucho, darme duchas, comer (mal) y dormir poco. Las horas de sueño no me llegan y me levanto tan cansada como me acuesto. En fin, paciencia… y otro día en el Cerist.

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Son casi las 11, o sea, casi medianoche en Europa. Pensaba escribirle antes un mail al Pequeño antes de escribir el post, pero el ánimo no me lo permite. He hablado un par de veces con él hoy y está desanimado.

Y la situación aquí no ayuda. He comenzado el día a las 7 de la mañana, en que me he levantado de cama, sola, situación extraña para mí y he vuelto a inundar el baño. Siempre me pasa lo mismo en este hotel cuando me doy una ducha. La mampara no aisla demasiado bien y al final todo parece el lago Ness. Antes de salir de la habitación cogí el único rollo de papel higiénico que había en el baño. Chicos, si alguna vez viajais a Argelia habéis de saber que el papel higiénico es aquí un bien escaso. La maniobra de llevarme el rollo tenía una doble función: por un lado usarlo donde tuviera que currar y por otro obligar al personal del hotel a poner otro rollo (más de una vez me quedé sin papel higiénico en este hotelucho que dicen es uno de los mejores de Argel).

Había quedado a las 7:30 con el director técnico en el pasillo para salir a desayunar y encaminarnos hacia Cerist, nodo central del sistema de videoconferencias que estamos implantando. Desayunamos en el lugar de siempre, un bareto que ni si quiera se le puede llamar tal. A esas horas de la mañana está normalmente lleno de hombres árabes (hoy ha sido la primera vez que veo a una mujer allí) pidiendo su té o café. Por 57 dinares argelinos (aproximadamente 57 céntimos de Euro) uno puede tomarse un café y un croissant o similar de pie, casi peleándose por el sitio y compartiendo unas cucharillas mugrientas. El sistema es poner las cucharas en una especie de vasos de metal llenos de agua, para “lavarlas”, servirse el azúcar necesario, de unas azucareras también de metal (y también mugrientas), intentar disolver el azúcar y volver a depositar la cucharilla en el vaso con agua, para que pueda ser utilizada posteriormente por el siguiente. Tras un escaso desayuno de cafe au lait y petit pain de chocolat compramos algunas viandas (agua, fruta y queso) en la tienda de al lado por cuatro duros.

Si ya odio la manera de conducir del director técnico en un país donde se circula civilizadamente (tiene la mala manía de pegarse al culo del coche que va delante, cosa que me hace cerrar los ojos de esapanto en más de una ocasión) pues ya no digo nada de su habilidad combinada con el duro tráfico de Argel, donde parece que impera la ley del más rapido en entrar en el cruce y las carreteras recuerdan al más salvaje oeste.

Sobre las 8:15 llegamos a Cerist (en la zona de Ben Aknoun, donde ha estallado una bomba hace unos meses). Allí finalmente el director técnico ultracatólico tuvo sus reuniones pertinentes mientras yo me rompía la cabeza con la programación.

Al llegar vimos a un viejo conocido: Mourad. A Mourad lo conocí la última vez que estuve en Argel, en julio del año pasado. Trabajaba como vigilante de los equipos que habíamos mandado y que aún no habían sido despachados por todo el país. Grandullón y huraño de carácter al principio al final resultó ser un tipo agradable, servicial y bromista. Y como no, ya os había dicho que yo a los argelinos me los gano sin querer, y éste no iba a ser menos. Como hay pocas mujeres ocupando puestos de ingeniería o que se las vea tirando cables o llevando cajas, aquí me gano enseguida la simpatía de los hombres. Y, como ya he dicho, mi fisonomía ayuda, soy como la nueva árabe española que viene de Bélgica, hago cosas raras con los ordenadores y no se me caen los anillos si tengo que hacer otras labores.

Hablando de Mourad… La otra vez incluso me presentó a dos de sus tres niños y me dio su teléfono, hasta que el último día de mi estancia allí se apareció por la sala donde yo estaba trabajando proponiéndome ir a buscarme al hotel por la tarde para una cena a solas. Ay, inocente de mí, que nunca me doy cuenta cuando vienen las cosas hasta que ya están encima! Como pude le dije que iba a trabajar hasta tarde y me pidió que si tenía tiempo lo llamara. Ya ya…

Pues esta vez volví a ver al amigo Mourad. Mi colega me dijo que mantuvieron una interesante conversación en la que Mourad comentaba que había cambiado mucho y que ahora era un buen musulmán. A lo que contesté que dudaba mucho de que fuera verdad, ya que esta misma mañana el listo del Mourad me preguntó si sería posible vernos un día de estos a solas. En fin, hay algunos hombres que en determinadas circunstancias circunstancias parece que tienen serrín en lugar de cerebro.

La mañana transcurrió con algunos pequeños incidentes a nivel de red pero fue tranquila en general. Más tarde el Ultracatólico habló por teléfono con el jefe, que está en el desierto (Hassi-Messaoud) para preguntar que tal había ido el vuelo ayer y qué tal iba el trabajo por allá. Al parecer el vuelo fue un tanto accidentado. Normalmente el vuelo entre Argel y Hassi-Messaoud es un vuelo corto de no más de una hora. Pero esta vez, al llegar, se encontraron con que una avería impedía desplegar el tren de aterrizaje. Mientras hacían intentos de arreglarlo, se pusieron a dar vueltas sobre el desierto durante casi tres horas hasta que casi no les quedaba combustible y tuvieron que hacer un aterrizaje de emergencia en la arena. Al parecer la técnica fue posar la panza del avión y girar sobre una de las alas para frenar. Mi jefe dice que lo peor de todo era la gente histérica alrededor, gritando y rezando. Vaya, no me lo quiero ni imaginar.

A mediodía hicimos una parada para comer en un bareto cercano unas empanadas típicas árabes, una especie de tortilla con legumbres y un cacho de pan con patatas fritas.

La tarde fue mucho peor. Un problema inesperado me tuvo atascada unas tres horas. Estaba cansada, hambrienta y mi cabeza ya no daba más. Recibo un mail y al rato una llamada del Pequeño. Se le ve desanimado, sin ganas. Dice que esta mañana no fue capaz de levantarse de cama. También cuenta que tiene partido de basket esta noche pero que no le apetece ir. Que está deseando que vuelva y me da ánimos para que me salga bien el trabajo. Entre el cansancio mental y físico que tengo y la llamada me da el bajón. Entre tanto el director técnico no sé en que rayos anda, pero yo estoy ya hasta la coronilla de programar. La cabeza ya no me da para más.

Finalmente termino mi jornada laboral a las 7:30 de la tarde, exhausta, hambrienta, triste y de mal humor. No me quedan fuerzas. A las 8 llegamos al hotel. Tiempo justo para darse un baño rápido (opción B para no dejar el baño inundado) y salir a cenar. El día ha sido tan intenso a nivel de trabajo (mi cabeza no ha parado) que ahora que la jornada ha terminado me doy cuenta de que estoy hasta la coronilla de estar aquí, de trabajar 11 horas, de no tener apoyo, de no tener tiempo para mí y de ver al Pequeño hecho mierda.

La cena ha sido tensa. Yo no estaba de humor y nos hemos (mejor dicho me he) pasado toda la cena reivindicando. Que si mi sueldo es una mierda, que si deberían pagarnos cuando trabajamos en el extranjero, que si no me puedo comprar un piso, que si no ahorro ni pa pipas, que si el jefe no entiende que las personas necesitamos vida privada. El director técnico me entiende a medias. Él dice que no necesita recibir dinero por su trabajo y que las personas buenas son pobres. A la mierda! Yo no quiero ser rica, sólo quiero vivir y para ello hace falta un mínimo de dinero y un mínimo de tiempo libre. Creo que no pido cosas sin sentido.

Acabo de llegar a mi habitación y estoy de mal humor y triste. El pequeño también lo está y desea que vuelva pronto. Pero me parece que esto aún va para largo…

05.06.08

La llegada a Argel

Publicado en Curro, el Ken en 11:44 am por La Petite en Belgique

Este es el primer post “en diferido” que escribo. Estoy en la habitación del hotel, son las 22:30 (una hora menos que allá) y la sala de internet lleva cerrada desde las 8. Estoy exahusta, pero sé que si espero, las emociones y reflexiones perderán parte de su frescura. Es el problema de tener una memoria pobre, que los recuerdos se escurren entre los dedos como si de arena se tratase.

Esta mañana un abrazo me despertó justo antes de que la alarma del movil consiguiera hacerlo. El sol se colaba entre las persianas venecianas que mi hermana me ayudó a instalar el mes pasado y regaba de luz sobre su piel. Unos ojos verdes soñolientos y llenos de amor me lanzaron una mirada entre las sábanas. Yo me desperté muy cansada, aparentemente no recuperada del todo del fin de semana largo. Los abrazos no me dejaban salir de la cama y me acunaban con ternura.

Después de una ducha renovadora nos tomamos nuestro desayuno. Sus ojos estaban tristes. Se ofreció a fregar las tazas y platos mientras yo me lavaba los dientes y daba los últimos toques a mis maletas. Irme así, tras esa escena que deseo que se repita hasta la saciedad. No quiero un macho machote que me haga llorar, ni que me vuelva loca de modo irracional. Quiero un compañero, esa tranquilidad de despertarme cada día a su lado, compartir las tareas y conversar. Alguien que me cante canciones en la cama, que me mire y sepa que no estoy bien, que me dedique tiempo y no le entre el pavor si me echo a llorar. Alguien que esté disupuesto a hacer planes y estar a mi lado, alguien que no le tenga miedo a querer. Alguien que me comprenda y sea capaz de darse cuenta cuando le necesito. Por todo esto y mucho más en estos momentos echo de menos al Pequeño. Porque ha demostrado cosas que ya pensaba que no encontraría en nadie, porque hace que me sienta especial, porque ha demostrado y demuestra ser maravilloso…

Me ayudó con el equipaje y me recordó un par de cosas que se me olvidaban. Bajamos y al lado del coche me abrazó por última vez mientras me recordaba lo importante que soy para él, que desea que vuelva pronto y que el sol hoy lucía un poco menos para él.

Llegué algo tarde a trabajar, pero avisé por teléfono. No problem. Al llegar ya di la noticia del “golpecito” que le di al coche y asunto arreglado. Me enteré de que al final hoy nos íbamos cinco, jefe incluído, pero tres se iban al desierto (Hassi-Messaoud). Durante todo el camino al aeropuerto (que por cierto, íbamos tarde) el jefe estuvo protestando porque decía que estaba estresado porque su hija (RR.HH.) había olvidado confirmar su segundo vuelo (Argel - Hassi-Messaoud) y era probable que se quedara en tierra.

Llegamos justos, y después de regatear los kilos del equipaje de mano (a ver cómo se puede llevar algo más que un portátil si sólo te dejan 5 kilos) y una larga espera en el control, nos dirigimos a la puerta de embarque. Normalmente suelo preferir pasillo, pero en este caso hubiera deseado ventanilla. Sólo para no oir al jefe y al director técnico discutiendo (mejor dicho, al jefe quejándose y al director técnico asintiendo cual ovejita lucera). Así que como al final me tocó pasillo y estaba rendida, decidí dormir y así aislarme del mundanal ruido.

Una hora más tarde aparecieron los azafatos con la comida. Sí, señores, Air Algeria aún te da de comer a bordo. No es que valga mucho esa comida pero al menos sirvió para tapar el agujero que tenía en el estómago a las 3 y pico de la tarde. Por cierto, si alguien sabe cómo comer en el avion y no mancharse con las tapas de los “tuppers” en los que viene la comida, que me lo diga. Es que parece que estoy jugando al parchís con las dos fiambreras, el botellín de agua, los dos bollos de pan, el postre, la taza para el café, los cubiertos, el vaso y la servilleta. En serio, demasiadas cosas para tan reducido espacio (tanto que no cabe NADA más y es entonces cuando se me caen cosas encima).

A mi derecha tenía sentada a una mujer musulmana que según me contó vive en Bruselas. Y ahí la pregunta habitual que en todo viaje a Argelia se me formula al menos tres veces: “Es usted argelina?”. Ah, pues no, soy española pero vivo en Bélgica (siempre la misma cantinela). Es lo que tiene ser morena y tener una abuela granadina. Estuve ayudando a la mujer a rellenar el impreso que nos dan en todos los vuelos a Argelia, donde te preguntan tu nombre, dirección, procedencia, residencia en el País, etc.

Al llegar tocó esperar otra cola inmensa para el control de pasaportes y entrega del papelorio con los datos, donde ya empecé a arrasar con los árabes. Es lo que me pasa aquí, que como parezco parte del producto interior, y los hombres son algo menos civilizados que en tierras del norte, enseguida los galanes me sonríen, me dicen piropos, me sueltan un ça va y se ofrecen a llevar mis maletas.

Hablando de maletas. El mismo problema de siempre. Como en nuestro equipaje solemos transportar equipos electrónicos, cables y cosas por el estilo, eso no gusta demasiado y al recoger nuestro equipaje de la cinta es típico ver marcas blancas hechas con tiza en las maletas. Es una señal para los caballeros de la aduana, que nos invitarán a abrir nuestro equipaje y hacer preguntas hacerca de él. Como hoy, que tras pasar mi bolso de mano por uno de los detectores, el encargado me preguntó que qué equipos electrónicos llevaba dentro. Al hacerme la pregunta por segunda vez, dijo algo así como “da igual lo que lleves, qué declaras?”. Se me pusieron los ojos como platos y contesté la verdad: “tres móviles y un ipod”.

Al final hubo suerte en la aduana y con una sonrisa los caballeros me dejaron pasar sin problemas. Mi jefe consiguió sitio en el vuelo y el director técnico y yo alquilamos un coche y nos vinimos al hotel. Esta vez nada de coche super mega guay, tan solo un Atos. Para mí correcto, pero parece que no para el director técnico (su mirada lo delató), quien le da mucha importancia al coche que tiene cada uno. Hace un par de meses me soltó la frase de que “claro, que era excepcional, alguien de su edad y con su cargo y un coche como el suyo” (snob de mierda, el coche ni siquiera es tuyo y uno es lo que es, no lo que tiene).

Por el camino compramos dos tarjetas de teléfonos argelinas y un par de postales para el Pequeño. Para cuando llegamos al hotel eran ya las 7 y pico, y eso con el cambio de hora y todo. El snob éste que tengo por superior empezó la habitual discusión en la recepción del hotel cuando le pidieron una autorización del banco con la tarjeta de crédito. “Porque yo soy el Ultracatólico super-snob y ya he venido veintipico veces, así que a mí nadie osa pedirme autorización porque yo lo digo y porque yo lo valgo”. Finalmente subimos a las habitaciones. Agotada me di un baño y bajé para cenar.

Tras una charla con el director técnico, que a partir de ahora llamaré Ultracatólico (tiene 28 años y aunque no tiene donde meterlo, espera su cuarto hijo para julio, pero dice que no le preocupa porque “Dios proveerá”), me encuentro de nuevo en mi habitación, decorada con colores deprimentes y una lámpara setentera total. Son las 11 y mañana a las 7:30 tengo que estar lista para salir.

Echo de menos al pequeño. Ya no sé dormir sola.

05.04.08

Estado de shock

Publicado en Finde moments, Reflexiones, el Ken en 4:10 pm por La Petite en Belgique

Estos días de puente, unas minivacaciones, han sido como un regalo que de verdad necesitaba. He tenido desde la visita de un amigo de Cataluña hasta una barbacoa que mis amigos chilenos han organizado ayer. Pero todo es una mezcla, un cóctel explosivo de sentimientos y emociones. Ayer le di mi primer golpe al coche de empresa que llevo más de un año conduciendo (un golpe chorras, pero un golpe a fin de cuentas).

llevo días melancólica por mi partida a Argelia mañana. Y ayer por la mañana ya no pude más y exploté en uno de esos llantos que parece que no tienen fin. Era como si las lágrimas estuvieran luchando por salir de mi cuerpo. Me encontré mal, muy mal. Y estaba el Pequeño conmigo. Siento haberle dado la mañana, recién levantados, pero es que no podía parar de llorar. Y hoy parece que estoy hiper-sensible otra vez. Quizá sea esta mezcla de cal y arena que me está dando la vida ahora. Hay momentos de tanta felicidad que me es imposible digerirla y se me atraganta. No estoy acostumbrada y reacciono de manera exagerada, incapaz de sentir todo lo que me viene. El Pequeño está demostrando ser un apoyo importante. Siempre está ahí, pendiente, por si necesito algo, por si necesito hablar, hacer algo o simplemente llorar (algo que estos últimos días sucede más de lo debido). Que si quiero ir a casa, pues vamos a casa, que si quiero salir, pues salimos, que si quiero ver a los amigos, pues los vemos, que si quiero dormir, pues dormimos. De verdad que no sé cómo digerir todo esto, soy incapaz.

El contrato con su residencia se acaba en agosto. El plan a partir de entonces es que se venga a vivir aquí (actualmente es como si ya lo hiciera).

Me voy mañana, y me da miedo que todo esto sea un sueño y despertar a mi vuelta de Argelia. Pero claro, no estoy acostumbrada, a veces dudo que me merezca tanta felicidad. Porque tendrá sus puntos negativos el Ken, pero ahora mismo me está dando justo lo que yo necesitaba, sólo que multiplicado por diez.

Estoy en estado de shock y puedo llorar en cualquier momento…

04.30.08

Realidad y contrastes

Publicado en Curro, General, Reflexiones, el Ken en 8:20 am por La Petite en Belgique

En estos momentos el trabajo está en una fase complicada. Nuestra empresa está desarrollando un sistema de educación a distancia para 60 universidades argelinas. Nuestro cliente: el ministerio de educación de Argelia. El responsable de la programación de las putas 60 universidades: Yo. Los plazos: sobre 9 de mayo quieren el sistema funcinando y un training dado. Los riesgos: La bancarrota de la empresa.

Este proyecto comenzó allá por el 2005, que fue justo cuando se establecieron las condiciones del contrato. Un ingeniero anterior a mí programó el sistema y abandonó el puesto de trabajo jurando haber terminado con su parte. Pero no. Un año después de que los 60 racks (armarios especiales con todo el equipo dentro) fueran enviados a Argelia sin posiblidad de retorno se descubre que la programación hecha no reune el mínimo de requisitos necesario y hay que darle un nuevo enfoque.

Así llevo un par de meses. Intentando dar un nuevo enfoque a una programación de unos equipos que se encuentran en Argelia, intentando hacer los tests necesarios por internet, con las redes argelinas que se caen cada dos por tres, con direcciones IP incorrectas, con cortes de corriente porque alguien ha desconectado el diferencial (claro, el finde allá es jueves y viernes), con routers que no funcionan, con gente que no se hace responsable de su trabajo y con multitud de cosas que son IMPOSIBLES de chequear en la distancia.

A esto hay que sumarle que andamos cortos de personal y cada dos por tres tengo que parar este proyecto para hacer otras cosas, que el director técnico me grite porque esté estresado, que mijefe me cuente batallitas justo en mi hora de salida y que no cobre las horas extras ni los viajes y que mi sueldo me dé justito para vivir.

Así que en estas estamos. Hace dos días el director técnico me dijo que se iría el lunes entre dos y tres semanas a Argelia para acabar de testear la programación y dar el cursillo final. Ayer antes de comer me dijo que la que tenía que ir era yo.

Me llamó por teléfono a las 7 y pico para preguntarme si todo estaría listo para el lunes. Le dije que si tenía que estar, estaría, pero que no entendía el cambio de planes repentino.

Hoy, en una reunión con el jefe, el director técnico me acaba de decir que no sabe cuánto tiempo me voy (o nos vamos o yo que sé), pero se podría estimar entre una y dos semanas.

El tiempo no sólo dependerá de que yo deje el sistema programado y niquelado, sino también de la puta indisciplina argelina. Necesito varias universidades (emisores y receptores) funcionando y con algún responsable para poder recabar cierta información mientras hago los tests. No es raro ir a una universidad donde previamente se ha concertado una cita y que esté cerrada a cal y canto y que no haya NADIE que se haga responsable (ante esto se actúa con llamada al ministerio, pelearte con el burócrata de turno y que alguien haga las llamadas pertinentes para que aparezca alguien con unas llaves). Una vez la universidad está abierta, si hay corriente para alimentar los equipos y no han desmontado todo (los equipos de los racks) entonces es un día de suerte. Sumémosle también que Argelia es un país, digamos, grande y, digamos, mal comunicado, y que las 60 universidades están desperdigadas por TODO el país. Y tengo que FINALIZAR TODO el sistema. Bien! (nótese el tono irónico de a exclamación).

Joder, con esta visión me parece que no voy a volver nunca.

Por otro lado, en el resto de los aspectos, me encuentro bien. El tiempo aquí en Bélgica es una mierda, pero cuando el pequeño viene a casa es como si luciera el sol y las preocupaciones se fueran por el retrete abajo. Él me da paz, cariño y seguridad.

Un putadón lo de irme el lunes. Cuando se lo dije se le cayó el alma a los pies. Va a ser la primera vez que estemos separamos desde que empezamos lo que empezamos. Me jode un poco, pero es lo que hay. Le dije que volvería, y que cuando lo hiciera, volvería a él. Me ha respondido con un “always for you” que casi hizo que me derritiera y se me saltaran las lágrimas. En fin, paciencia, que es la madre de la ciencia.

Y ahora que lo pienso, casi compensaba que se viniera a vivir. No usa su cama ya no recuerdo hace cuánto, se ducha y desayuna aquí todos los findes y parte de los días entre semana, y se viene en cuanto queda libre. Y lo de compartir gastos también nos vendría bien a los dos…

Bueno, nada, desvaríos previos a un puente que para mí será la agonía previa al viaje.

04.28.08

Fin de semana mágico en París

Publicado en Finde moments, Reflexiones, el Ken en 10:37 am por La Petite en Belgique

Llevo todo el día de ayer queriendo escribir este post, pero ha tocado día complicado en el trabajo y ha sido imposible (como imposible ha sido el poder comer a una hora normal).

Aquí hoy el día es gris y lluvioso, pero aún llevo dentro el sol de París y el calor del Pequeño. Ha sido un fin de semana maravilloso, lento, tranquilo, en el que hemos dejado que el sol acariciara nuestra piel mientras nos dejábamos perder por las calles de una ciudad única en el mundo. El fin de semana ha sido lento, pero también intenso, y hoy mi cuerpo lo está pagando. Ya no siento el cansancio extremo que sentí el sábado por la noche (el sábado por la mañana me había levantado a las 6:30 de la mañana para hacer el examen), pero estoy ante una bajada de defensas bestial que como no la sufría desde hace casi dos años. No voy a entrar en detalles de los síntomas que tengo (de los que unos cuantos granos es el menor), tan sólo diré que son un poco latazo y que ya estoy intentando poner remedio comiendo debidamente y durmiendo lo suficiente (menos mal que esta semana es corta).

De todos modos, nada empañará la felicidad que me ha dado el desconectar durante todo el finde con mi Pequeño. Hemos vuelto con ganas renovadas, con multitud de cosas de las que hablar y que recordar. Hoy puedo decir que conozco algo más de lo que el Pequeño esconde en su interior, y puedo decir que en él he visto un tesoro precioso muy raro de encontrar. Ha sido un viaje a París, pero también ha sido un viaje hacia el interior de nosotros mismos, un primer paso juntos en nuestro camino común, una primera prueba del qué pasará. Por el momento aún tengo la miel en los labios

Vale, ya dejo de liarme y paso a los hechos :P (aviso si sigues leyendo: post largo, inconexo y pasteloso).

Salimos el viernes a las 6 de la tarde, cuando tanto él como yo habíamos terminado nuestra jornada laboral e hicimos nuestro equipaje. Al final se vino la lagarta francesa en el viaje de ida, ya que es parisina, su novio vive allá (sí, tiene novio y creo que llevan ya bastante tiempo) e iba a pasar el fin de semana con él.

El Pequeño estuvo largo rato diciéndome que eso de leer mapas no se le daba bien, pero creo que era para disimular, ya que me condujo sin pérdida todo el camino (el GPS no quiso cargar el mapa de Francia ni pa dios), rodeamos París por el Periférico, entramos por la puerta correcta (Porte de Châtillon) y me llevó, con sus indicaciones, a la puerta misma del hotel. Antes de ir al hotel dejamos a la lagarta francesa que había quedado con no-sé-quién para que la fuera a recoger. Al despedirse le dijó al Ken que si al día siguiente (sábado) queríamos quedar con ella para hacer algo que la llamáramos sin problema. Ahí yo me eché a temblar. No es que me caiga mal, pero el quedar con ella (o con ella y su novio) no entraba en nuestros planes de un fin-de-semana-romántico-en-París-para-conocernos-un-poco-mejor. Por suerte el Ken demuestra (casi siempre) ser avispado y se despide con un “bueno, nos vemos el lunes“. Yo casi suelto un suspiro de alivio al tiempo que río para mí.

El hotel resultó estar bien para el precio que habíamos pagado, aunque no estaba muy céntrico. Dos camas pegadas en un bajo y baño privado con una ducha chiquitita con el desagüe un tanto atascado (el Ken la montó el sábado por la mañana inundando el baño por culpa de una ducha un tanto larga aprovechando que yo estaba en el exámen).

El viernes llegamos allá a las diez de la noche, y después de dejar nuestro equipaje en el hotel, salimos a cenar a un restaurante que había cerca, en la Plaza de Alésia. Después decidimos coger el metro e ir hasta el centro a ver algo de París de noche antes de irnos a dormir. Pero qué bonito es Notre-Dame por la noche e iluminado! Dimos un paseo alrededor de la catedral, donde el Ken hizo muy buena observación de que las gárgolas parecían añadidos posteriores (la catedral fue construída entre el 1160 y el 1345 y las gárgolas datan de 1820 aproximadamente) y volvimos al hotel. Yo debí de dormirme como a la 1:30 pasadas, y a las 6:30 ya estaba en pie, con lo que fue ahí donde empecé a castigar mi cuerpo (mentira cochina, la verdad es que ya llevaba arrastrando sueño toda la semana).

Pude contemplar cómo es el París de verdad un sábado a las 7 y pico de la mañana, silencioso, quieto, solitario. Compré un croissant en el restaurante donde habíamos cenado la noche anterior y me lancé al metro, linea 4 con destino Barbés-Rochechuart. Poca gente en el metro un sábado a esas horas de la mañana, tan solo parisinos de verdad. Un chico con ropas que decían a gritos que era camarero, se acababa de levantar después de una noche movidita e iba hacia su trabajo, me pregunta la hora: huit heures moins vint, respondo yo con mi acento super macarrónico.

Al llegar a mi destino comprobé que esa zona también estaba desierta, y en la calle donde estaba el centro de exámenes incluso me llamó la atención el ser consciente de estar escuchando el SILENCIO. La temperatura era agradable a pesar de ser tan temprano así que disfruté brevemente de los metros que me condujeron a la puerta del centro. Seré española, pero un defecto o virtud (como queráis verlo) es que odio llegar tarde, por lo que, como tenía que estar a las 8:30 en el lugar del exámen, yo llegué sobre las 7:50. Al llegar veo una verja cerrada con un teclado de letras (A y B) y números al lado. Saco el papel con la dirección del bolso y compruebo si es allí. En la hoja impresa leo “Code Porte 75AB9” y sospecho que ése es el código que tengo que teclear para entrar. Exacto. Ya estoy dentro y aún no hay nadie. Estoy en un patio interior al que no llega la luz del sol. Al cabo de un rato llegan dos personas, luego aparecen las encargadas y sigue llegando más gente. Entre ellos apareció un español más perdido que un pulpo en un garaje. Era el único de nosotros que no entendía francés, por lo que tuvieron que explicar las instrucciones a él en particular después de la presentación general. El chaval en cuestión era músico y quería ise a New York a hacer un master. Estaba muy nervioso porque su partida dependía de la nota del examen. Relax relax, le repetía yo. Las cosas se dan poco a poco.

No voy a contar mucho del examen. Sólo decir que son 4 horas con un descanso de 10 minutos en medio. Está todo automatizado. Es el propio ordenador el que te va guiando y es el que cuenta el tiempo que te queda de cada parte del examen y el tiempo del descanso. Nos dejan bastante tranquilos.

Entre las 12:30 y la 1 salgo y llamo al Ken. Acaba de visitar la torre Eiffel y está dando un paseo por los Campos Elíseos. Decidimos quedar en el Arco de Triunfo en la Plaza de la Concordia. Salgo del metro a paso rápido y busco. Hay muchísima gente, todo turistas y no le veo. Lo llamo y me dice que está justo al lado del obelisco. Sí, en efecto, allí veo a mi gigante rubio. Vaqueros oscuros, sudadera blanca y pelo recogido en una cola de caballo. Me saluda con un beso, me pregunta por el exámen y me cuenta un poco cómo le ha ido a él la mañana. Nos hacemos unas fotos (nuestras primeras fotos juntos!) y nos encaminamos hacia Notre-Dame para verla de día.

Comemos por el centro y comenzamos a caminar lentamente, siguiendo la orilla del Sena y echando un vistazo a los puestos que discurren a lo largo. Hacía un calor abrasador el sábado y yo eché de menos el haberme llevado algún vestido. Cogidos de la mano empezamos a caminar hacia el norte, rumbo Montmartre, iglesia de Sacre Coeur. Al pasar por la zona del Moulin-Rouge (y hacer un par de paradas para ver escaparates de guitarras) el Ken soltó algo así como “vaya, es un barrio un poco chungo“. “Bueno, es un barrio especial de París“. Ahh, a veces es tan inocente… :)

Al llegar a la iglesia un matrimonio valenciano nos hizo una foto con París de fondo y nos dimos una vuelta por la zona de los pintores.

Caminamos mucho ese día (dudo que menos de 14 km). Volvimos al centro y cenamos en la terraza de un restaurante encantador. Nos atendió un camarero muy amable que hablaba español. Yo pedí pescado y él mejillones. Todo regado con vino y acompañado de la música que venía del interior. Ahí por fin sentí que ambos nos empezábamos a soltar. Esa noche me soltó perlas como que nuestro hotel no era de dos estrellas, sino de 7, porque yo estaba con él. Esa noche me dijo que se sentía realmente afortunado de que me hubiera tomado tiempo en conocerle. En esa cena me cogió de la mano y me miró a los ojos mientras me hablaba. En esa cena comencé a sentirme especial.

Después de cenar dimos otro paseo, nos perdimos repetidas veces, consultamos el plano, nos sonreímos, nos dijimos cosas bonitas al oído e intentamos enseñarnos cosas de nuestros respectivos idiomas (el aprende mucho más rápido que yo). Al final, tras un rato caminando, acabamos en los Campos Elíseos. Camino al hotel paramos a tomar algo, ya que de tanto caminar estábamos sedientos. Yo estaba agotada, había madrugado y necesitaba dormir. Esa noche me dio las gracias repetidas veces por estar con él, por el fin de semana en París y por todo en general.

Al día siguiente nos despertamos sobre las ocho y media, dimos unas cuantas vueltas en la cama perezosos hasta las nueve y pico y finalmente nos duchamos para comenzar el día. Por supuesto por separado, que la ducha era chiquitita chiquitita. Empezó el Ken para dejarme retozar un poco más en la cama (apuntó sabiamente que yo ya había madrugado el día anterior). Nos pusimos guapos y fuimos a desayunar. Pedrito un día me dijo “espero por tu corazón que duren mucho pero no por tu bolsillo”. La versión de mi abuela materna sería “es mejor hacerle un traje (que darle de comer)“. Sí, la traducción es que el Ken traga bastante, pero es normal, que es 1.92 y noventa y pico kilos! :P

Después de desayunar fuimos a llevar el equipaje al coche y nos dirijimos hacia el centro. Dimos un paseo por el jardín de Luxemburgo y nos tomamos un café al lado de la Sorbona mientras el sol de la mañana nos acariciaba con sus rayos. Seguimos camino hacia el Sena, haciendo paradas en los puestos, y acabamos en el Jardin des Plantes, donde hacemos una larga parada en un banco a la sombra. El día es cálido y el sol brilla con fuerza sobre nosotros. Propongo seguir andando un poco, hacia la Bastilla, y por el camino decidimos hacer un alto en un bar-restaurante llamado Antenne para comer algo. Muy buen precio y muy buena comida, pero el camarero un tanto peculiar. Para acompañar pedimos vino y agua. En realidad fueron dos los intentos de pedir agua, pero ésta nunca llegó. Al traerme los cubiertos, sin querer, el cuchillo se le cayó al suelo, y en vez de un “pardon” o un simple silencio, el camarero soltó un sonoro “merde!“. Para troncharse de risa. Comimos al sol y el vino fue poco a poco recalentándose y nuestra piel dorándose (mentira, mi color no es dorado, sino amarronado, y el del Ken es más bien tirando a rojo… - se quemó los brazos, las mejillas, la nariz y la nuca - ).

Llegamos a la Bastilla, dimos un par de vueltas, volvimos al Sena, nos tomamos un café en una terraza y volvimos al Sena una vez más. Allí nos sentamos junto al río mientras hacíamos unas cuantas fotos chorras y observábamos a los patos. Ambos estábamos cansados aunque felices y decidimos caminar un poco para coger el metro que nos llevaría hasta el coche, para abandonar París tras un fin de semana mágico y maravilloso.

La vuelta fue tranquila, cumpliendo él otra vez a la perfección con su labor de copiloto. Paramos para comer un bocata y llenar el depósito y llegamos a casa sobre las 22:30. Hora ideal para llamar a mi madre, darnos una ducha e irnos a la cama entre sonrisas, gracias y te quieros.

Pies Par�s

P.S.: Ayer mientra curraba me llegó un mail del Pequeño diciéndome que su cuerpo estaba en el laboratorio, pero que su mente seguía en París conmigo…

04.21.08

De superhéroes y belgas que hacen ganchillo

Publicado en Anecdotas, Belgica y los belgas, Finde moments, el Ken en 4:22 pm por La Petite en Belgique

El domingo fue un domingo a medio camino entre los domingos de hace un par de meses y los domingos de ahora. Me levanté de buen humor, el sol inundaba el dormitorio-salón-comedor-habitación-polivalente, el rubio estaba a mi lado (callado, pero estaba) y comenzamos el día con uno de nuestros super desayunos de fin de semana.

El día trascurrió tranquilo. Hablé largo rato con Arroaz (gracias por todo, como siempre), fui a la lavandería y limpié la cuarta parte de lo que debía. No estaba apática, estaba vaga. Bueno, vale, un poco apática sí, que fue cuando escribí el post anterior.

Por la tarde me llamó el Ken para ir a comer algo al turco habitual. Nos acompañó uno de sus compis de laboratorio. Es la tercera vez que veo a este indivuduo, y las otras dos veces fueron breves, de noche y etílicas, así que todavía no puedo hacer un juicio sobre él. Lo que me llamó la atención esta vez que de repente y sin venir a cuento me empieza a contar que le gusta hacer algo de lo que no sabe el nombre en inglés pero que es algo que se hace con una aguja e hilo, y lo que quiere hacer es una muñeca que vio en una revista. Después de unas cuantas preguntas llegué a la conclusión de que el belga se refería a hacer ganchillo. Vaya, uno de mis ex era un máquina cosiendo, pero lo de un tío interesado en el ganchillo no lo había oído nunca. Dice que después de la muñeca, que ya ha empezado, quiere hacer un mono que también ha visto en una revista. Porque le he preguntado si la aguja tenía un ganchito al final, que si no, pensaría que lo que quiere hacer es punto de cruz. Le he dicho que cualquier día me uno a él a ganchillar, que es algo que tengo muy olvidado. El Ken dice que pasa, que él, mientras tanto, se va a un bar.

Por la noche quedamos unos cuantos amigos (Ñatito, Negro, una búlgara y nosotros dos) y decidimos dar un paseo aprovechando que el tiempo está cálido y la noche apetecible. En medio de la caminata, el bolso que me regaló mi hermana decide que ya no puede más y la tira se rompe por un extremo. No hay nada que hacer, así que a cargar con él. La búlgara quiere ir a un parque que está no-sé-dónde. Al final dicho parque resulta ser uno que está cerca de mi casa, por lo que les digo que voy a hacer una paradita en mi morada para dejar el muerto (el bolso). Subimos todos, hacen excursiones al baño donde leen los comics que tengo allí, los hambrientos atacan mi nevera y mi pan de molde y al sentarse en mi sofá-cama, saltan las 4 tablas habituales (por qué creéis que mi grito de guerra es “Let’s break the bed again!“?), El Ken y el Ñato se turnan para tocar la guitarra mientras los demás cantamos a pleno pulmón y después Ñato y Negro hacen el número de los Superhéroes. La primera vez fue hace unos meses, pero ésta se han superado.

Aunque no me guste poner fotos de gente conocida, no puedo evitar poner la foto de la noche aquí.

Aclaro por si alguien duda. No estamos borrachos. En realidad no corre una sola gota de alcohol por nuestras venas en dicho momento.

Medio borrachines sí que acabamos el Ken y yo ayer, que se vino a cenar a casa y la tentación del vino fue demasiado fuerte para ambos. Una botella entera de carmener! Claro, luego acabamos hablando de multitud de cosas, desde los 3 viajes que tenemos planeados (este finde, julio y febrero) hasta la discusión sobre quién se insinuó antes a quién, pasando por el sentido de la vida y las motivaciones del ser humano.

Yo siempre juré que yo no había dado el primer paso (soy una cobardica), siempre creí que él había empezado a lanzar indirectas cuando yo aún ni siquiera me había fijado en él (habéis leido el post sobre mi bañera?). Pero según él, no. Así que la conclusión que saco es que o sufrí de enajenación mental transitoria o las cosas se fueron dando poco a poco sin que ninguno de los dos se diera cuenta.

El tiempo dirá si el rubiales es capaz de enamorarse y hasta que punto pone la carne en el asador. Él dice que es paciente, pues yo también.

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