08.25.08

Comienza la cuenta atrás y un banco chapuzas

Publicado en Anecdotas, Reflexiones, el Ken a 12:24 pm por La Petite en Belgique

Solicité una tarjeta de crédito a mi banco, y el viernes llegó la carta con los papeles para rellenar. Si nos fijamos en la esquina superior:

Se ve que el documento está sacado de una página web y le faltan las imágenes.

Si echamos un ojo al pie de página:

Vemos que siguen faltando imágenes e incluso se puede ver de dónde viene el documento (https:).

A ver, creo que ningún banco que se precie (y éste es uno grande) debería mandar unos papeles así en un bonito sobre de cartulina tamaño A4. Yo voy a rellenarlos, faltaría más, pero me parece poco serio.

Acabo de llegar de Mastercard, que son clientes nuestros, y he escuchado por millonésima vez la frase de “es raro ver a ngenierAs o técnicAs”. Que somos personas, y valemos tanto como los hombres.

Por otro lado, he pillado un catarro de aúpa y ando sin ganitas de nada. Los planes de ir a correr y nadar esta semana se van al garete.

Y comienza la cuenta atrás. Quedan cuatro días. La cama es demasiado grande y ni con dos edredones nórdicos entro en calor. He dormido mal y el apartamento sigue vacío y sin vida.

08.24.08

Vacío

Publicado en Reflexiones, el Ken a 1:56 pm por La Petite en Belgique

Hace un rato que he llegado del aeropuerto de dejar al Pequeño y a J., y siento todo vacío: el apartamento y mi cabeza. Ni siquiera hay voces susurrando. Todo es silencio y vacío. En la repisa del baño tan sólo están mis cosas. No hay nadie cantando ni contando bromas. Todo es vacío.

Mientras me voy recuperando, creo que voy a formatear mi portátil y reinstalar todo, que falta le hace.

Contestaré a vuestros comentarios mañana. Hoy no me siento capaz, hoy todo es nada, todo es vacío.

P.D.: Como a los dos nos encanta Elvis, os dejo un vídeo de una canción que le gusta cantarme de vez en cuando (aunque todo lo malo que dice la canción es MENTIRA).

P.D.2.: La primera foto la tenemos nosotros en casa en un poster mega grande.

08.22.08

El miedo de mi madre y la partida del Ken

Publicado en Family Tales, Reflexiones, el Ken a 12:23 pm por La Petite en Belgique

Sí, la partida. Se va el domingo a Grenoble (Francia) durante tres semanas por unos asuntos de su doctorado en físicas. Se va también su compañero J., así que no estará solo. Sola me quedo yo en casita, tres semanas, en las que aprovecharé para estudiar un poco de Dutch, leer, escribir y hacerles visitas a los amigos. Tres semanas. Bueno, no exactamente. El fin de semana que viene vamos a hacerles una visita la novia de J. y yo. Por estas cosas de la distancia, el tiempo, el ser humano y sus necesidades (sólo de pensar en la cama solitaria ya me está produciendo insomnio, que dicho sea de paso, no está mal a estas horas, ya que tengo que trabajar).

Para suplir esta carencia afectiva me dispuse a invitar a mi madre a unas vacaciones pagadas y pensión completa en mi palacete de 35 metros cuadrados. Por el rollo de estar acompañada, darle mimos y disfrutar de unos días a solas. Pero desde hace semanas me está dando largas. Sé que anda liada con asuntos de médicos, y sé que aunque no explique todo, está preocupada. Desde hace años arrastra una osteoporosis de caballo. Aunque se la vea tan guapa y tan flamante, y que todo el mundo le eche diez años menos de los 55 que tiene (de mis dos progenitores heredé yo el parecer más joven de lo que soy), los médicos dicen que su esqueleto es el de una mujer de noventa años, con posibilidad de fracturas espontáneas. Por ello le conviene el ejercicio, sí, pero ligero.

Ahora, a estos achaques de la edad (joder, qué perra es la vida) hay que añadir un problema de exceso de calcio en sangre que le acaban de detectar. Al parecer, lleva ya varias semanas de procesión al médico y no me había dicho nada. Sólo me insinuó algo cuando le pregunté, después de que me hubiera dado largas, si al final iba a venir. Tienen que vigilarle el tiroides, y ha de preparar su cabecita para una posible operación el año que viene.

Ayer hablé con ella por la mañana, y tras darme la noticia del accidente de Barajas con una voz que le temblaba (yo aún no había leído los periódicos), me dijo que tenía un montón de visitas al médico para las próximas semanas y que no le iba a ser posible venir. Pero que “tranquila, que tres semanas se pasan en nada“. Y claro, además con lo aprensiva que es mi madre, y contándome lo del accidente, como para coger un avión ahora mismo.

Pasó después a relatarme las nuevas incidencias en el vecindario, tema de conversaciones típico cuando vivía ahí. No es que seamos especialmente cotillas, pero vecinos raros hemos tenido unos cuantos, desde los que hacían espiritismo en el 1ºD (y que los oíamos desde el 3º, aunque a veces pienso que lo que montaban eran orgías) hasta las prostitutas de lujo con línea telefónica incluída del 2ºA (muy educadas y siempre guapísimas de punta en blanco), pasando por la vecina del 4ºD cantando canciones hortera los domingos por la mañana, apisonando el suelo con sus pies descalzos y con un novio que mi madre juraba y perjuraba que la miraba de arriba abajo, que muy pronto se convirtió en ex-novio, con lo que nos enterábamos cada noche de sus nuevas conquistas por los alaridos que pegaba. Ah, también tenemos un vecino policía que dejó el servicio y ahora es zapatero y “chapuzas arreglatodo” y otro poli al que un ladrón le entró en casa cuando estaba en la ducha.

Pues la última de la última es que en la puerta de enfrente a la de mi madre, donde solía vivir una mujer mayor encantadoramente despistada (la que se solía dejar las llaves en la puerta) y luego vivió una pareja con una perra de presa que no le hacía ni pizca de gracia a nuestra perrita India y cuyo integrante masculino le daba miedo a mi madre (pero mucho miedo). Resulta que, según palabras de mi madre, “ahora hay un señor muy raro, cincuenta y tantos, muy raro, siempre solo y que mira raro, y toca la guitarra por las noches. Todo igualito a tu padre“. Pues al señor raro en cuestión, el día anterior le llamaron a la puerta dos agentes del juzgado con una orden de registro (mi madre sería perfecta en el arte del espionaje). Según ella “revolvieron toda la casa porque lo vi desde la ventana de tu habitación” y luego “se lo llevaron“.

- Pero mamá, ¿cómo sabes que se lo llevaron? ¿Los viste salir?

- No, porque tenía que salir un momento y no podía estar toda la tarde en la mirilla de la puerta.

- Ah, ¿y entonces como sabes que no está?

- Porque todas las noches toca la guitarra y ayer no oí nada de nada. Silencio sepulcral. Y la persiana de la ventana que se ve desde tu habitación está en la misma posición de ayer. Y siempre, siempre, la abre por las mañanas.

- Ah.

- Y está en chirona y no sé que habrá hecho, dijeron algo de unos archivos del ordenador. Yo no sé cómo se enterarían, pero yo estoy muerta de miedo.

- Anda, que no pasa nada. No está y punto. ¿Qué te va a pasar?

- Nada, pero tengo miedo.

P.D.: Para los curiosos, la de la foto es mi mami en un viaje a Corfú que hicimos hace dos años, con lo que ella tiene en la foto… 53 años :)

08.21.08

Dos hechos sospechosos no necesariamente relacionados

Publicado en Anecdotas, Coche, el Ken a 10:16 am por La Petite en Belgique

Ayer miércoles por la tarde, cuando conducía del trabajo a casa, reparé en el hecho de que el espacio bajo el reproductor de cedeses, que suelo tener abarrotados de cedeses (valga la redundancia) estaba vacío. Me extrañó mucho, porque yo, dejada como soy, suelo dejar los cedeses durante eones en el coche sin que el tiempo parezca que pasa por ellos. Se me ocurrió que quizás el Pequeño los había cogido para escuchar en casa, pero entonces me chocaron dos cosas. Primera, que dudo mucho que él quisiera escuchar mi CD de Betchadupa, y segundo, que el último día que el Pequeño se montó en el coche fue el domingo (cuando fuimos a visitar a sus papis) y yo recordaba ver el CD de Betchadupa el día anterior (martes) en un instante fugaz en que pensé en escucharlo.

Miré entonces a ambas puertas del coche (es un Polo de dos puertas, o tres, nunca sé cuándo el maletero cuenta como puerta) y vi que, excepto el manual de la radio y unos papeles, los huecos también estaban vacíos. No, el Pequeño no se llevó el CD ese tan cutre que tenía yo en mi puerta.

Empecé a pensar rápido cuándo me los pudieron sustraer y sólo se me ocurrieron tres sitios: en el trabajo, el día anterior que paré al lado de un banco para ir al cajero o al aparcar cerca de casa. La historia es que el coche se abre y se cierra con un mando a distancia de esos que vienen en el llaverito, y que además lleva un dispositivo que, si me olvido de cerrar el coche, él mismo se cierra automáticamente tras dos minutos. Vaya, ya de paso podían haberme limpiado el coche.

Debido al mandito, no puedo saber si ayer por la mañana el coche estaba o no abierto, y de todas formas, aunque me haya retorcido las neuronas, NO recuerdo si los cedeses estaban allí ayer por la mañana. Es lo que tiene ir al trabajo con los ojos aún medio pegados. Pero se han llevado TODOS los CDs, incluídos los que estaban medio camuflados entre multitud de papeles del banco en un espacio cerca de la guantera (vale, soy una desordenada), pero no el que estaba dentro de la radio (eso significa que podré seguir escuchando a Amaral). Así que ha sido un trabajo rápido (no se llevaron la radio), pero tampoco tanto. Y yo que ya tenía mi idea formada de que este era un país seguro y de que lo único que se roban son bicis (bueno, y ropa de la lavandería, pero eso es otra historia para otro día).

El Pequeño y yo tenemos dos teorías: o ha sido un ladronzuelo muy habilidoso o dentro de mi coche tengo viviendo al monstruo de los cedeses. Lo que más me duele es que también se ha tragado el Sultans of Swing de Dire Straits y un directo de Maná del Pequeño (sí, de ahí lleva años aprendiendo las cuatro cosas que sabe de castellano).

Segundo hecho:

Ayer por la tarde, tras nuestros respectivos trabajos, nos fuimos al super a comprar comidita (qué rico salió el atún con tomate). Cuando subimos a casa, al entrar y dejar la llave del coche sobre la mesita al lado de la puerta, me doy cuenta de que no tengo las llaves de casa. Me las habré dejado en el coche, luego voy a por ellas. Por supuesto, entre el atún con tomate, la tortilla española, el vino blanco y los comentarios jocosos del Pequeño, se me olvidó por completo bajar al coche. Así que esta mañana, como todas las mañanas, cuando estaba a punto de salir por la puerta y el Pequeño me despedía con un beso y palabritas de amor aún en paños menores (su horario es menos estricto que el mío), descubro que ayer no me he acordado de las llaves.

- Uy, ayer no me acordé de ir a por las llaves.

Él pone cara de poker.

- ¿A qué hora vuelves hoy? Bueno, supongo que volverás antes que yo, así que no habrá problema. Y además, estarán en el coche, si el Monstruo de los Cedeses no se ha encontrado con más hambre y se las ha comido.

Sigue con cara de poker. La verdad, los dos somos poco mañaneros.

Abro la puerta, y ante su mirada que dice “que tengas un buen día” veo mis llaves colgadas de la cerradura de la puerta. Imagináos cómo se me quedaron los ojos. Pues como platos. Y me acordé entonces de la vecina de mi madre, cuando se dejaba las llaves en la puerta y yo decía, “qué pena, es mayor y se olvida de las cosas“. Y ahora yo. Si me pasa eso en casa de mi madre o la llamo para contárselo, seguro que me echa una buena reprimenda. El Pequeño no. La verdad, muchas veces pensamos en celebrar algún tipo de campeonato para ver quién es más despistado. Él dice que no está seguro de quién ganaría, pero yo cada día estoy más convencida de ser yo quien se llevara el oro.

P.D.: Por fortuna The Rolling Stones Gold y Elvis Presley the collection están a salvo en la mesa de mi despacho.

P.D.2: El Pequeño ayer volvió a dejar un CD en el coche (Green Day) para tentar al Monstruo de los Cedeses. Ahora ya entiendo porqué su nombre, en Dutch antiguo, significa valiente.

P.D.3: Ahora también entiendo adonde fue a parar aquel CD de Shakira por el que mi hermana estuvo tres años preguntando (desapareció un buen día de casa de mi madre y nunca más se supo de él).

08.16.08

Las voces de mi cabeza

Publicado en Reflexiones, el Ken a 10:02 am por La Petite en Belgique

¿Que porqué me levanto de cama y enciendo el ordenador? Pues porque no puedo dormir. ¿Que porqué no puedo dormir? Porque las voces dentro de mi cabeza no me dejan. Si mi boca no escupe las palabras y no hay nadie para escucharlas, las voces suenan y suenan. Sí, también por eso lloro. Porque no he podido escupir mis pensamientos. Y porque es viernes, ha sido festivo, son las doce y media y te has quedado dormido antes de proponértelo. Que ya te he dicho que estoy harta de horarios. Que sí, que hay que seguirlos, pero que también de vez en cuando hay que saltárselos. Que vale, que la felicidad es plana, pero yo, sin un estallido de felicidad de vez en cuando, no me siento viva. Que sí, que necesitaba hablar. Siento tenerte despierto a estas horas, pero las voces en mi cabeza me estaban volviendo loca. Vale, lo intentaré, pero por el momento no puedo dejar de llorar. Vale, que tú eres feliz cuando ves un árbol incluso después de veinte años de vivir en un bosque, pero a lo mejor yo necesito ver un riachuelo. Que no, que si horario p’aquí, horario p’allá. Y yo era una persona de horarios, pero esto es demasiado. Que sí, que sé que entrenas dos días y juegas otros dos a la semana. Necesitamos horarios. Pero también necesitamos olvidarlos de vez en cuando y no pensar. Porque yo pienso todo el rato. TODO EL RATO. Mi cabeza no para. Está todo el día trabajando. Que si esto, que si lo otro, que si lo de más allá. Y sabes que ahora tengo bastantes preocupaciones, con el master y el trabajo y qué coño voy a hacer con mi vida. Que tengo que dejar salir las voces de mi cabeza para que me dejen dormir. Lo siento, son ya las dos y media y  mañana tienes que levantarte a las nueve para ir a entrenar por la mañana. Estás cansado. Y luego tienes partido.

08.06.08

Horario para amar

Publicado en Curro, Reflexiones, el Ken a 10:13 am por La Petite en Belgique

El tiempo libre, en mi opinión, no hay dinero que lo pague.

Necesito un fin de semana libre, un fin de semana sin compromisos ni actividades programadas ni nadie que decida cómo disfrutar de mi ocio. Hace ya mucho tiempo que no tengo un fin de semana. De lunes a viernes mi tiempo “ocupado” (de esclavitud, como yo lo llamo de puertas adentro) es de 8:30 de la mañana hasta las 7 de la tarde. Demasiado tiempo. Creo que ya he hablado del porcentaje de tiempo libre que dispongo. No voy a lanzar cifras de nuevo, no tiene sentido, porque el tiempo libre no hay dinero que lo pague. Por eso, toda la semana, ansío fervorosamente la llegada del fin de semana, ése en el que se para el tiempo y me permita recrearme, dedicarme a mis aficiones, últimamente dejadas de lado (hace un par de meses que no encuentro el momento de tocar un poco la guitarra o intentar hacer ruido con el ukelele, y sólo leo a la hora de comer y poco más).

Pero los últimos fines de semana han sido de locura. El último tocaba barbacoa con el equipo de baloncesto del Pequeño. Y como el evento era cerca de casa de sus padres, pues el domingo lo pasamos allí hasta que consideramos que era hora de volver para hacer limpieza general.

El finde anterior otra barbacoa, esta vez con los amigos. La barbacoa era el domingo, pero el sábado teníamos pensado ir al mercado de Bruselas para abastecernos de víveres. Una persona era la encargada, pero como yo soy la única que dispone de coche, me tocó ir, como de costumbre, de chofer. Por supuesto el Pequeño nos acompañó. Él siempre conmigo a todas partes. Pero el encargado de los víveres estaba aún llegando a casa después de una noche desenfrenada cuando ya tocaba ir a Bruselas. Así que madrugamos para nada.

El anterior finde hubo que celebrar el cumpleaños del padre del Pequeño haciendo senderismo por las Ardenas. Diecisiete kilómetros bajo una lluvia intermitente no estuvieron mal, pero supuso otro fin de semana que tampoco era para mí.

Y antes de ese fin de semana. Bueno, antes de ése fue España, así que tampoco tuve demasiado descanso.

Y justo ahora empieza la temporada de baloncesto para el Pequeño, así que habrá que ajustar horarios para sus entrenamientos de martes y jueves y sus partidos sábados y domingos. Quizá yo tenga algo más de tiempo, pero todo habrá de ir encajado en un horario. Antes me gustaban los horarios porque eran como esqueletos que lo sujetaban todo. Ahora los odio, especialmente en fin de semana.

Pero lo peor va a ser poner un horario para los abrazos y los besos, a ver si encajan entre la hora de mi llegada y la hora de la cena. O entre la hora de la cena y su partida a los entrenamientos. Un horario para amar, qué cosa tan absurda.

Así que mientras tanto, mucha paciencia y a soñar con encontrar un trabajo con un horario más flexible. Odio entregarle mi vida a mi jefe, pero por el momento, no me queda otra.

07.23.08

Gracias por ser tú

Publicado en el Ken a 3:32 pm por La Petite en Belgique

Gracias por ser tú, y darte a mí, por tus ojos que me miran sonrientes y en ese momento sé que todo está bien.
Gracias por leerme cuentos en tu idioma por las noches, a ver si lo aprendo de una vez por todas.
Gracias por tu atención y tus mails.
Gracias por buscar mi felicidad por encima de todas las cosas.
Gracias porque sé que haces verdaderas cábalas para poder darme tu tiempo.
Gracias por haber empezado esto que hace que los días valgan la pena.
Gracias por los platos tan deliciosos y sanos que cocinas.
Gracias por tus palabras de aliento, por tu cariño infinito y tus manos en mis manos.
Gracias por estar a mi lado cada mañana cuando sale el sol.
Gracias por estos desayunos que son los mejores que he tenido nunca.
Gracias por tu humor seco y la posibilidad que me has dado de entrar en tu mundo.
Gracias por todos tus esfuerzos para que todo salga bien.
Gracias por querer conocerme de verdad, darme tiempo y querer escuchar mis deseos.
Gracias por esos platos fregados cuando llego de trabajar.
Gracias por esas caminatas en que el tiempo se detiene.
Gracias por esas tardes de piscina que me curan el alma cuando la tengo rota.
Gracias por esos momentos de risas que tenemos juntos y que hacen que me olvide de todo.
Gracias por querer compartir todo conmigo y dar sin esperar.
Gracias por liarte la manta a la cabeza y querer venirte a vivir conmigo sin planteártelo ni dos veces.
Gracias por querereme de modo incondicional y depositar tus ilusiones en mí.

No sé que más decirte que gracias, que ojalá pudiera yo hacerte la mitad de feliz que tú me haces a mí.

07.14.08

La vuelta al cole

Publicado en Reflexiones, el Ken a 9:32 am por La Petite en Belgique

Dice mi madre que tengo una gran capacidad de adaptación. Que soy capaz de vivir en cualquier lado: España. Bélgica, ¿China? Pues China también si me pongo. Es en parte verdad y en parte mentira. No sé si es realmente que me adapto a todo o si es realmente debido a mi mala memoria. En alguna ocasión dije que esta característica propia mía me confiere el ser poco rencorosa, pues olvido pronto y rápido lo malo. Pero también sucede por desgracia con lo bueno. Me adapto bien porque olvido rápido lo que es estar en otro lado, olvido sin apenas mirar atrás mis vidas anteriores y sólo camino por los senderos del presente con un miedo intermintente por el futuro todavía por llegar.

Hace tres días que hemos vuelto del que era mi antiguo hogar, y ya los recuerdos empiezan a diluirse en esta vuelta a la rutina. Mi memoria es mala y estoy empezando ya a olvidar rápido los detalles, pero mantengo la sensación de que he hecho menos de la mitad de las fotos que debería, he estado con mis seres queridos menos del tiempo que quería, he hecho menos cosas de las que me hubiera gustado y he disfrutado menos de lo que me proponía.

El inicio estuvo marcado por una partida rápida y estresada, recogiendo las últimas cosas y despidiéndonos de un cielo gris y una lluvia fría. Nuestra llegada al pequeño aeropuerto de Vigo fue alrededor de las 9 de la noche, y allí estaba casi toda la familia Trapo: mi madre, mi hermana, mi cuñado, mi tía, su novio y como no, India, nuestra perra Schnauzer. Esa noche y al día siguiente fuimos siete a la mesa (no cuento a India) y entre “pásame el agua” y “no quepo bien aquí” yo me volvía loca para traducirle al Pequeño las típicas e intraducibles bromas familiares.

Esas dos semanas se nos obsequió con días espléndidos de sol y calor y algunos otros con tiempo algo más fresco, más un par de ellos en que cayó una fuerte lluvia. Los días de calor los aprovechamos para recorrer algunas de las playas de la zona: Hío, Saiáns, Coruxo (a Saiáns fuimos dos veces porque el Pequeño disfrutaba durante horas mirando las olas) y visitar las Islas Cíes, donde acampamos una noche y de las que el Pequeño quedó totalmente prendado por su arena blanquísima, sus aguas cristalinas, y su cielo limpio que nos permitió ver innumerables estrellas (y cada uno de nosotros vio, a su vez, una estrella fugaz).

Otro día visitamos Santiago bajo una lluvia que parecía que “la tiraban con cubos” y más tarde nos encaminamos a Fisterra, con un tiempo mucho más calmado, donde a pesar del viento, el Pequeño disfrutó enormemente de las olas rompiendo contra las rocas a la vez que repetía una y otra vez con ese acento suyo: “¡Olas, olas!”.

Probó el pulpo (no sabía cómo había podido vivir todo este tiempo sin conocer tan apreciado manjar), la empanada, el marisco; comió tortilla, paella y pescado hasta decir basta y subió hasta el punto más alto de un monte (el Galiñeiro) apreciando cada paso y cada vista desde el pico (gran novedad para él, dado que Bélgica es mayormente plana).

Quedamos con unos cuantos amigos míos (qué alegría volver a ver a amigos de toda la vida y ver que las cosas entre nosotros siguen exactamente igual), momentos durante los cuales el pobre no entendía nada de nada (los españoles no somos un modelo a seguir en cuanto a idiomas) pero que sufrió sin rechistar ni quejarse ni una sola vez, siempre sonriendo e intentando poner a prueba su escaso castellano. Mi madre y él llegaron a entenderse más o menos bien (ella no habla NADA de inglés) gracias a la paciencia de él y a la habilidad para los gestos de ella.

Mi madre. Intenté estar con ella todo lo posible, hacer cosas juntas, escucharle. Pero sé que siempre le dedico menos tiempo del que debiera y me gustaría. Ella, que de repente vio la casa llena otra vez, que nos lisonjeó con maravillosas comidas y postres. Ella, que está de nuevo sola, sola con India. Sola en un piso vació donde años atrás vivíamos cuatro personas. Sola de repente en un momento poco apropiado de su vida. A veces siento que yo también la he dejado sola porque me he ido lejos. Es verdad que los hijos tenemos que volar y todo eso, pero a veces no puedo dejar de sentirme culpable por haberme ido tan lejos. Entonces pienso en mi padre, al que veo cada vez menos, y que en realidad fue el primero en irse de manera definitiva (las idas y venidas de mi hermana siempre han sido intermitentes). Hoy los dos están solos y me temo que con una vida más triste que antaño, y aunque uno lo haya buscado y el otro no, me siento triste por ambos. ¿Quién sabe adonde nos llevará el camino?

Estoy de vuelta y olvido rápido. Viajo ligera de equipaje y dejo cosas atrás por el camino sin apenas volver la vista atrás. Los recuerdos se van, pero por el momento aún tengo sensaciones. Y la sensación que prevalece en este momento es el de haber aprovechado menos de lo que debía y quería estos catorce días en la que era mi casa. Ahora vuelvo a la rutina y sé que en poco días iré olvidando que el último día en el aeropuerto lloré porque mi madre se quedaba sola una vez más, y también olvidaré que él también lloró por dejar atrás algo de lo que se había enamorado: España y mi mundo.

Cies

Cies

06.20.08

El cuervo solitario y el cumpleaños del Ken

Publicado en Reflexiones, el Ken a 11:52 am por La Petite en Belgique

Esta mañana, al venir al curro y pasar por la curva cerrada en una diminuta carreterita en medio del campo por la que paso todas las mañanas y parte de los mediodías que voy al súper, volví a ver al cuervo solitario. En esa curva hay un espejo convexo destinado a poder ver si viene alguien de frente y no pegarse la torta. Bajo el espejo hay un gran seto recortado en forma de paralelepípedo de tal forma que nuestro cuervo solitario puede ponerse de pie sobre el seto y observarse en el espejo de cuerpo entero mientras le da besos y achuchones a su imagen. Ya había visto al cuervo anteriormente, pero es que esta semana lo he visto todos los días. E incuso uno de los días, el cuervo solitario consiguió la compañía de un cuervo real para que fuera con él a ver su hallazgo: el otro lado del espejo.

Este cuervo me recuerda a esos pájaros que pasan su vida solos porque su dueño los condena a eso, pero que a cambio les da un espejo para que puedan disfrutar de la compañía. Hasta el más ignorante sabe que la soledad puede ser dañina, y por eso buscan sucedáneos como espejos para mirarse en ellos, televisores para adormecer el espíritu o dinero para acallar el alma.

Yo ya me di cuenta de esto hace meses. Yo, individualista casi por definición, solitaria por elección e independiente por vocación. Yo me di cuenta de que la soledad no escogida me hace daño.

Pero tuve la suerte de un buen día encontrar un buen espejo en que mirarme, un espejo que me dijera lo que soy; y esta vez encontré un espejo de carne y hueso. Un espejo en el que al principio era un poco difícil mirarme, los contornos eran raros y no entendía lo que veía. Pero ahora he aprendido a descifrar la luz que refleja, los contornos que dibuja y veo que me ofrece mucho más que un simple espejo. Es una puerta abierta como el espejo de Alicia, es un paso a un nuevo mundo.

Ayer fue el cumpleaños de esta persona especial que ahora llena mis momentos, mi casa, mis pensamientos y mi corazón. Aún ayer y anteayer volvimos a llorar juntos por un tonto malentendido. Pero no llorábamos por el malentendido en sí, sino por el esfuerzo que estamos haciendo por entendernos. Sé que el corazón se le rompe cuando hace o dice algo que me disgusta, y sé que nadie (exceptuando mis viejos amigos de toda la vida o mi familia) se esfuerza tanto por mi bienestar… aunque alguna vez le salga mal. Es la primera persona que me ha dicho que quiere entenderme en mis días malos, ver cómo funciona mi mente en esos terribles momentos y siempre estar a mi lado.

A más de uno puede parecerle precipitado los pasos que estamos dando, pero yo nunca he estado más segura en mi vida de estar caminando con alguien que realmente lucha por hacerme feliz. Tendremos malentendidos de vez en cuando, pero el Ken es una de las pocas personas que he conocido que tienen de verdad un corazón puro. Es imposible no quererle.

06.07.08

Vacío e inseguridad

Publicado en Finde moments, Lonely moments, Post-marcha moments, Reflexiones, el Ken a 12:07 am por La Petite en Belgique

Acabo de llegar a casa de estar con unos amigos, y mi estudio está vacío. No es verdad literalmente. Está lleno de mis cosas, de sus cosas, pero él no está. El domingo es el día del padre aquí en Bélgica y se ha ido a casa de sus padres, pero se viene mañana sábado. Hoy no he ido a trabajar. Al final, al ver que estaba llegando a mi límite, me lo han dado libre. Así que pude atender al técnico de Telenet que vino a casa sobre las 11 a arreglarnos la tele y pude ir a la oficina internacional a ver cómo va lo de la admisión en el master. Entre una cosa y otra recibo una llamada del Ken para preguntar cómo va la mañana y ver si al final me da tiempo de ir a la oficina. Es un cielo.

La tía de la oficina resulta ser una bruja. La típica burócrata con una sonrisa como el cemento armado, imperturbable, pero que sería capaz de insultarte a la cara al mismo tiempo. Lo único que saco en claro es que aún no es tarde para enviar los últimos papeles.

Los dueños del estudio no contestan. Quiero renovar el contrato para el año que viene y antes de llamar a la agencia me apetece hablar con ellos.

Como una ensalada, pan y queso. Estoy agotada. Ayer la peli en el Cuartel General acabó demasiado tarde. Me tumbo a dormir la siesta con intención de levantarme a una hora respetable para ir a la FNAC a comprarle el regalo de cumpleaños al pequeño: “Calvin & Hobbes. The complete collection”. Me dejo el gorro que uso para la lluvia en la FNAC, los libros apenas caben en las alforjas de mi bici y llueve. No es sólo que llueva, hay tanta humedad que uno casi podría ir nadando.

A eso de las 6 de la tarde me llama el Ken. Que acaba de salir de currar y en ese momento está entrando en el coche del hermano para irse al pueblo. Que si todo anda bien, y que vuelve mañana para hacer la compra semanal y lo que venga. Sonrío y cuelgo. Llamo a mi madre. Hoy pensaba llamar a mi padre pero no ha podido ser, no encontré el momento ni el ánimo (aún no le he dicho que voy el 28 ni que voy acompañada). Mañana, me digo.

Me llama Pedro. Que si me apetece ir a cenar con ellos. Claro. Como tengo algo de tiempo bajo al sótano. Tengo que hacer algo de sitio para que el Ken pueda meter sus ropas y el resto de sus cosas en algún lado y vivir dignamente.

Al final cenamos fuera. Somos 5. Dos parejas y yo. Echo de menos a mi rubio. Le mando un sms. No contesta. Habrá salido con los amigos, y tal, y como tiene la cabeza se habrá dejado el móvil en casa. En cuanto a despistes, debo reconocer que entre los dos juntos no hacemos una persona completa en cuanto a prestar atención y recordar cosas. Dios nos coja confesados.

Después de cenar (salió cara la pizza) nos vamos al karaoke. Mi primera vez en el karaoke de Leuven. Pero igual que el resto de las veces en todas las ciudades a las que acudí a un karaoke (vale, exagero: Vigo , Amsterdam y pocas más). Sitio cutre, paredes negras, humareda densa y gente estrafalaria. Bueno, la rara soy yo, que me siento una mezcla entre marciano y perro verde. No me apetece cantar nada de Whitney Houston ni Mariah Carey. Las canciones que proponen las otras dos chicas no las conozco ni de lejos y más del 50% de las canciones que se cantan esa noche no las he oído en mi vida. “Pero si esta es la versión flamenca de esa canción tan conocida de Bisbal”, me dice mi amigo chileno. Vale, lo que digas, pero ni puñetera idea, ya sabes, yo es como si viniera de otro planeta (no lo digo, pero me quedo con las ganas). Me falta el Ken. Al menos tenemos gustos musicales parecidos y pudiéramos haber hecho un buen dúo. Pienso en proponer a las chicas el “It’s too late” de The Carpenters o el “Vincent” de Don McLean, pero veo que la situación no da. Este es uno de mis típicos “momento perro verde” o “momento marciano” o “momento bicho raro”. Me he sentido como cuando estaba en el colegio. La rara. En situaciones de este tipo, hay pocas personas con las que no me sienta de esta forma. Sé que soy reincidente y monotemática, pero con el Ken no me siento así. En cierto modo, en ciertos temas, conectamos.

Me da el sueño. La siesta de después de comer no ha sido suficiente. Además, mañana tengo que seguir con el proceso “hacer sitio para que el rubio pueda instalarse cómoda y dignamente” y aún me queda mucho por hacer. Además de que quiero ir a la FNAC a ver si encuentro mi gorro.

Es la una y pico y no tengo noticias del Ken desde las 6. Sé que a veces soy un poco neurótica, pero no puedo evitarlo. La cama es grande y no sé como llenarla. La miro. Estoy cansada, pero no me apetece acostarme sola. Me doy cuenta de que no es lo mismo echarle de menos cuando estoy fuera que cuando estoy en casa. Me doy cuenta de que él ya ha pasado por esto dos veces, más de una semana cada vez, en el último mes. Espero que no se acostumbre. No me apetece meterme en cama, seguro que está fría y silenciosa. Pero mañana quería levantarme a una hora decente y tener las cosas medio listas para cuando llegue. No sé a qué hora llegará, supongo que después de comer o algo así.

Soy una insegura de mil pares de narices. Lo sé, pero no puedo evitarlo.

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