06.07.08
Vacío e inseguridad
Acabo de llegar a casa de estar con unos amigos, y mi estudio está vacío. No es verdad literalmente. Está lleno de mis cosas, de sus cosas, pero él no está. El domingo es el día del padre aquí en Bélgica y se ha ido a casa de sus padres, pero se viene mañana sábado. Hoy no he ido a trabajar. Al final, al ver que estaba llegando a mi límite, me lo han dado libre. Así que pude atender al técnico de Telenet que vino a casa sobre las 11 a arreglarnos la tele y pude ir a la oficina internacional a ver cómo va lo de la admisión en el master. Entre una cosa y otra recibo una llamada del Ken para preguntar cómo va la mañana y ver si al final me da tiempo de ir a la oficina. Es un cielo.
La tía de la oficina resulta ser una bruja. La típica burócrata con una sonrisa como el cemento armado, imperturbable, pero que sería capaz de insultarte a la cara al mismo tiempo. Lo único que saco en claro es que aún no es tarde para enviar los últimos papeles.
Los dueños del estudio no contestan. Quiero renovar el contrato para el año que viene y antes de llamar a la agencia me apetece hablar con ellos.
Como una ensalada, pan y queso. Estoy agotada. Ayer la peli en el Cuartel General acabó demasiado tarde. Me tumbo a dormir la siesta con intención de levantarme a una hora respetable para ir a la FNAC a comprarle el regalo de cumpleaños al pequeño: “Calvin & Hobbes. The complete collection”. Me dejo el gorro que uso para la lluvia en la FNAC, los libros apenas caben en las alforjas de mi bici y llueve. No es sólo que llueva, hay tanta humedad que uno casi podría ir nadando.
A eso de las 6 de la tarde me llama el Ken. Que acaba de salir de currar y en ese momento está entrando en el coche del hermano para irse al pueblo. Que si todo anda bien, y que vuelve mañana para hacer la compra semanal y lo que venga. Sonrío y cuelgo. Llamo a mi madre. Hoy pensaba llamar a mi padre pero no ha podido ser, no encontré el momento ni el ánimo (aún no le he dicho que voy el 28 ni que voy acompañada). Mañana, me digo.
Me llama Pedro. Que si me apetece ir a cenar con ellos. Claro. Como tengo algo de tiempo bajo al sótano. Tengo que hacer algo de sitio para que el Ken pueda meter sus ropas y el resto de sus cosas en algún lado y vivir dignamente.
Al final cenamos fuera. Somos 5. Dos parejas y yo. Echo de menos a mi rubio. Le mando un sms. No contesta. Habrá salido con los amigos, y tal, y como tiene la cabeza se habrá dejado el móvil en casa. En cuanto a despistes, debo reconocer que entre los dos juntos no hacemos una persona completa en cuanto a prestar atención y recordar cosas. Dios nos coja confesados.
Después de cenar (salió cara la pizza) nos vamos al karaoke. Mi primera vez en el karaoke de Leuven. Pero igual que el resto de las veces en todas las ciudades a las que acudí a un karaoke (vale, exagero: Vigo , Amsterdam y pocas más). Sitio cutre, paredes negras, humareda densa y gente estrafalaria. Bueno, la rara soy yo, que me siento una mezcla entre marciano y perro verde. No me apetece cantar nada de Whitney Houston ni Mariah Carey. Las canciones que proponen las otras dos chicas no las conozco ni de lejos y más del 50% de las canciones que se cantan esa noche no las he oído en mi vida. “Pero si esta es la versión flamenca de esa canción tan conocida de Bisbal”, me dice mi amigo chileno. Vale, lo que digas, pero ni puñetera idea, ya sabes, yo es como si viniera de otro planeta (no lo digo, pero me quedo con las ganas). Me falta el Ken. Al menos tenemos gustos musicales parecidos y pudiéramos haber hecho un buen dúo. Pienso en proponer a las chicas el “It’s too late” de The Carpenters o el “Vincent” de Don McLean, pero veo que la situación no da. Este es uno de mis típicos “momento perro verde” o “momento marciano” o “momento bicho raro”. Me he sentido como cuando estaba en el colegio. La rara. En situaciones de este tipo, hay pocas personas con las que no me sienta de esta forma. Sé que soy reincidente y monotemática, pero con el Ken no me siento así. En cierto modo, en ciertos temas, conectamos.
Me da el sueño. La siesta de después de comer no ha sido suficiente. Además, mañana tengo que seguir con el proceso “hacer sitio para que el rubio pueda instalarse cómoda y dignamente” y aún me queda mucho por hacer. Además de que quiero ir a la FNAC a ver si encuentro mi gorro.
Es la una y pico y no tengo noticias del Ken desde las 6. Sé que a veces soy un poco neurótica, pero no puedo evitarlo. La cama es grande y no sé como llenarla. La miro. Estoy cansada, pero no me apetece acostarme sola. Me doy cuenta de que no es lo mismo echarle de menos cuando estoy fuera que cuando estoy en casa. Me doy cuenta de que él ya ha pasado por esto dos veces, más de una semana cada vez, en el último mes. Espero que no se acostumbre. No me apetece meterme en cama, seguro que está fría y silenciosa. Pero mañana quería levantarme a una hora decente y tener las cosas medio listas para cuando llegue. No sé a qué hora llegará, supongo que después de comer o algo así.
Soy una insegura de mil pares de narices. Lo sé, pero no puedo evitarlo.
06.04.08
Hecha una piltrafilla
Así me he quedado otra vez tras venir de Argelia. Muchas horas de trabajo, pocas de descanso. La última noche dormí tan solo dos horas y media tras una jornada de trabajo de 16 horas. Y en el aeropuerto tocó carrera. Como no tenía internet allá, fui escribiendo en una libreta, que por desgracia, me dejé en casa esta mañana.
Han pasado muchas cosas, he visto mucho también, desde la tristeza humana hasta la estupidez más insuperable. Al menos ha habido buenos momentos y hasta nos hemos podido reir. A veces uno ríe por no llorar. A pesar de los buenos momentos, ha sido duro, muy duro.
He vuelto el lunes, medio rota por todas partes; y sólo me han dado libre ayer martes. Confieso con sentimiento de culpa que hoy en el trabajo he estado más con el cuerpo que con la cabeza, lo que me ha hecho cometer un error. Pero creo que me da igual. Mi jefe acaba de embolsarse 700.000 euros por la maldita sala de conferencias en medio del desierto, de los que yo no he visto ni un céntimo y por lo que yo he estado y estoy arriesgando mi salud.
He dicho ya que estoy cansada? Tan cansada que ya nada me duele, tan cansada que no siento ni padezco, tan cansada que no puedo ni siquiera disfrutar.
El Pequeño me está cuidando estos días, pero yo lo que necesito es dormir tres días seguidos y olvidarme del mundo.
Mañana a currar otra vez (mierda) pero el viernes libro. Y aún me deben un par de días más (sin contar la pasta que no me van a dar)…
Siento el post deprimente, pero mi ánimo no da para más. Mañana empezaré a contar de mi estancia allá.
05.15.08
Memoria, sueños extraños y descolocada
Llevo ya más de 24 horas aquí, y sigo descolocada.
Ayer me tuve que levantar a las 5 de la mañana para comprar el billete del avión de las 7:50 Argel-París (CDG). La noche anterior no podía dormir. El día había terminado bien, mi trabajo hecho y reunión agradable con el jefe de la empresa que tenemos subcontratada. El Ultracatólico y yo nos fuimos a cenar a un libanés. Pero era ya tarde, la comida libanesa demasiado pesada para mi gusto y yo me sentía rara. Me metí en cama sobre las 23:30. Pero no podía dormir. La memoria llevaba dos días jugándome malas pasadas. Ya no podría recordar sus ojos, ni su olor ni el sol por las mañanas sobre su piel. La memoria me robó lo único suyo que tenía. Y no podía dormir. Ni siquiera era capaz de imaginar el reencuentro del día siguiente. Nada. Bloqueo. Es como si cada vez que me fuera a Argelia, el país se quedara con una parte de mí, me la robara. A las 12:15 yo seguía dando vueltas en cama.
A las 5 me levanté. Había ya algo de claridad fuera, pero muy poca. Me duché rápido, cogí mis maletas y salí. En recepción me esperaba Said, un taxista amigo del jefe. Fue mucho más agradable que las veces pasadas. Llegamos al aeropuerto, compramos mi billete y me condujo hasta donde pudo.
En los controles me hicieron abrir la maleta de mano porque llevaba dentro una pantalla táctil AMX de 11 pulgadas (que cuesta un pastón). “Qué es eso?”. ” Es una pantalla pequeñita para el ordenador” (mentira cochina, pero es lo que me han enseñado a decir para que me dejen pasar sin problemas). Caras de no tener ni idea. “Ah, vale, c’est bon, c’est bon”.
Intento dormir en el avión. No hay suerte. Algo me da una alergia horrible y no dejo de moquear y estornudar, y tengo el ojo derecho que parece un huevo frito. Tampoco tengo ganas de leer. Cambio de hora. Llego a las 11 y pico a París, larga espera en control de pasaportes y a la espera de la maleta. En ese aeropuerto hay una terminal del TGV, que tengo que coger para ir a Bélgica. Busco la terminal y parece que está en el fin del mundo, porque ando y ando y parece que nunca llego.
Sólo una de las 8 ventanillas está abierta, y hay una cola muy larga. Mi tren sale en 25 minutos. Espero que me dé tiempo. Finalmente me da.
En el tren llamo a mi empresa para avisar de que llego a Bruselas Midi a las 14:12. Hablo con la encargada de RR.HH. (hija del jefe) y me dice que envian a Radio Macuto a buscarme. También me dice que me coja libre jueves y viernes y me reponga para el lunes. Por mí perfecto.
Llego y Radio Macuto y yo parecemos desincronizados, porque nos lleva largo rato encontrarnos. Mientras tanto me compro un bocadillo (estoy hambrienta). Radio Macuto me dice que mi coche aún no llegó de reparación, pero que lo hará a las 16:00. Mierda, eso significa que tendré que esperar media hora en la empresa. Paciencia, que es la madre de la ciencia, me repito. Estoy agotada. He dormido menos de 5 horas.
Llego a la empresa y tengo que ir al despacho a entregarle unos papeles al jefe de parte del taxista. Me apetece ver al jefe tanto como tirarme por la ventana (no estoy para batallitas). Estoy de mal humor y sumamente cansada. Le dos los papeles y al verme la cara me insinúa que quizás no quiera oir cómo estoy. Le contesto que quizá no quera saberlo.
Al cabo de media hora llega mi coche y me voy. Por el camino me llama el Ken. Que si ya estoy en casa. Le digo que estoy de camino, y que llegaré en media hora. Él dice que también irá pronto, que no es capaz de concentrarse en el trabajo y que quiere verme.
Llego a casa (por favor, qué desorden), me ducho, empiezo a deshacer las maletas y al rato llega él. Fue raro el volver a verlo después de 10 días. Seguía igual de alto, igual de rubio, igual de guapo, pero yo por dentro estoy distinta. Me abraza, me emociono y suelto la lagrimita que lleva días queriendo salir. En ese momento no hubiera pedido nada más en el mundo. Nada más.
Me dice que ha tardado porque ha parado en su casa para ducharse y afeitarse (guapo guapo guapo) y para ir al super. Traía comida y ganas de cocinar. Ah, y una botella de vino. Salimos a dar un paseo y a disfrutar de los últimos momentos de buen tiempo en Bélgica (me pude poner vestido y sandalias!), hasta que empezó a llover fuerte.
Vinimos a casa, hizo la cena, puse la mesa y nos sentamos a comer. Todo pasó como un sueño. Yo no podía pedir nada más.
Nos acostamos a la 23:15. Yo relajada de verdad después de muchos días, en el hueco entre su cuerpo y su brazo, me dormí tan rápido que ni me di cuenta.
Pero volví a despertarme en medio de la noche. A las 5. Sueños raros otra vez. Soñé que me moría. No una, dos veces. Las dos eran parecidas. Yo estaba en casa de mi madre, en cama. Ella estaba conmigo, y de repente, la luz se apagaba y sentía un peso en el pecho. La segunda vez fue parecida, pero las dos sabíamos lo que iba a pasar. Ella me preguntó: “es ya?”. Y sí, faltaba ya poco. Fue muy raro. Yo sólo sentía una profunda tristeza, no sólo por irme, sino por hacerle eso a mi madre. Morirme allí, en casa. Darle el disgusto de verlo, de ser la primera en verlo. Y de ser un engorro. Es engorroso morirse. No es simplemente que la luz se apague y todo se acabe. Dejamos un cuerpo atrás del que alguien tiene que ocuparse. Yo estaba triste por la tarea que le esperaba a mi madre. Muy triste y un poco angustiada.
Me levanté al baño y volví a la cama. Volví a buscar el hueco entre su brazo y su cuerpo pero esta vez me costó más dormirme. De todos modos, el hecho de estar en casa, en mi cama, sintiendo su calor y escuchando su respiración, me tranquilizó.
A las 7:30 le sonó el despertador. Desayunamos y se fue a trabajar. Ya me había acostumbrado a tenerlo todo el tiempo a mi lado. Me siento sola. Es raro. Creo que he venido con una gran carencia de cariño y en este momento soy como una esponja.
Vuelvo a la cama, y después de un rato me duermo. Duermo y duermo hasta las 12 del mediodía, en que aunque mi cuerpo no quiera, lo obligo a levantarse e irse a a ducha. El sueño que he tenido por la noche sigue ahí, en algún lado de mi mente. Me voy al super en la bici y hago la comida. Estoy cansada. El haberme pasado 9 días sentada en una silla sin ningún ejercicio físico me deja secuelas.
Me llama el Ultracatólico. Que el jefe le ha dicho que mañana viernes yo voy a preparar el cursillo que él tiene que darle a los argelinos.
- Qué? Pero si la de RR.HH. me dijo que no trabajaba, y ayer vi al jefe y no me dijo nada.
- Bueno, pues puedes ir a hacer sólo eso y luego te vas.
- Y me lo van a contar como día libre?
- AH, eso no lo sé.
- Mierda
Le dije que no me parecía justo ser la víctima de la desorganización de sólo 3 personas. Me dijo que tenía razón, que a ver si conseguía que otro le hiciera lo del cursillo.
Mi propósito para hoy era limpiar toda la casa e ir a la lavandería. No he cumplido ni la mitad. He limpiado la cocina (mini-cocina) y el baño. Después de ese gran esfuerzo me he ido al cuartel general a ver al matrimonio. Está el solo. Ella está en el super. Él me cuenta que está mal, que ha decidido ir al psiquiatra. Cojo la nocticia como puedo. Llevo 24 horas en un estado de hipersensibilidad capaz de arrancarme las lágrimas a la mínima.
A las 8 me voy a clases de Swing, como todos los jueves. Estoy agotada. Los paseos en bici que me he dado hoy y el baile me dejan exhausta. No estoy en forma. Recuerdo que hace tan solo un mes nadaba dos veces por semana, escalaba también dos, jugaba squash otras dos y la restante bailaba swing. Pero todo eso ya no es así. He vuelto de Argelia hecha una piltrafilla.
La palabra que mejor podría definir mi estado sería descolocada. No sé qué es lo que me pasa, pero estoy triste. Siento que el trabajo y Argelia me ha robado una parte de mí, y aunque ayer en muchos momentos con el Pequeño, sentí como si nunca me hubiera ido, hoy estoy rara. Supongo que lo único que me hace falta es descansar y volver a acostumbrarme al ritmo de vida aquí.
Acabo de llegar de Swing y el Pequeño ha ido a jugar un partido de futbol pero está al caer. Sólo me apetece perderme entre sus brazos y olvidarme de todo. Mañana es otro día.
“Y morirse de risa es la muerte mejor” (Amaral)
05.13.08
Sueños extraños, desesperación y algo de luz
Otra noche más desde mi habitación en Argel la blanca. Y con éste ya van 8 posts seguidos en diferido. El hecho de sólo tener internet durante las horas de trabajo (y además intenso) me hace muy difícil postear con más variedad, contestar a vuestros comentarios o comentaros en vuestros blogs. Para el bien de todos (y de mi salud mental, eso siempre primero) esta situación acabará pronto, pero no tanto como me hubiera gustado.
Esta mañana me levanté con la extraña sensación de haber tenido sueños raros o uno solo con muchas cosas diferentes combinadas. Primero voy a caballo por un bosque de noche. A galope tendido salvando obstáculos y buscando o evadiendo algo (el qué, no lo sé). Luego mi padre andando solo y con una maleta de noche por las calles de un Leuven extraño y con una niebla que se puede cortar con cuchillo (el famoso puré de guisantes de Londres). Se va a coger el avión. Tiene unos calcetines que no le caben en la maleta y me los da. A mí tampoco me caben en el bolso. Está triste, depcionado, cansado. Se va. Yo voy camino de un bar (que no he visto más que en mi sueño) con decoración medieval, donde me esperan mis amigos. Al parecer estoy recién llegada de esta maldita misión. Allí está todo el grupo con el que paso buenos y malos momentos en mi Lovaina querida. La novia del Chico de las Manos Torpes (compañero de laboratorio del Ken y del Ñatito) me saluda con un abrazo y un sonoro beso. El sitio es oscuro y hay mucho humo. De repente unos abrazos me rodean por la espalda. Son unos brazos grandes, largos y potentes. De piel muy clara y con el vello rubio. Como estoy de espaldas los brazos son lo único que veo, pero sé sin duda quién es.
Suena la alarma del móvil que me indica que ya es hora de dejar de soñar y pasar a la cruda realidad. Me ducho a toda velocidad, me visto y voy a la habitación del Ultracatólico a desayunar. El café es menos malo que otros días, pero sospecho que el agua es igual. No hablamos mucho.
La mañana transcurrió sin demasiados sobresaltos. Las cosas empiezan a marchar bien. Hicimos tests desde tres sitios diferentes (Hassan, el Ultracatólico y yo) y no hubo sorpresas desagradables. Bien. No sé si es que ya me he habituado al ritmo este frenético de trabajo (llevo siete días seguidos si no cuento la venida) o si el saber que muy pronto voy a poder volver me llena de energía que me ayuda a seguir adelante, pero hoy me siento mucho mejor.
Comemos la mierda-bocatas de siempre, pero hoy con pan de barra normal (el pan de casa lo harán con mucho cariño y esmero pero no me molan los regalos que trae incluídos).
Después de comer llamo a mi madre y al Pequeño. India (la perra que le regalamos a mi madre cuando se separó) tiene otra vez un embarazo psicológico
Tiene leche en las mamas y no hace más que pasearse por la casa con un muñeco al que cuida y lame a todas horas. Pobre. El Pequeño me cuenta que por fin le han dado la bici de carreras que se compró la semana pasada y que está reventado porque ya ha salido con ella. Se iba a comprar hoy la ropa de ciclista pero desafortunadamente esta mañana perdió la tarjeta del banco y sólo tiene 30 euros encima. Bueno, un rollo, pero nada que no tenga remedio. Mañana al banco, a pedir una nueva.
Mi billete de avion de vuelta tiene fecha del lunes que viene, pero con posibilidad de cambio. Le pregunto al Ultracatólico cómo va eso del cambio, y si hay que hacerlo con mucha antelación.
- No, en el mismo momento, se va al aeropuerto, te cambian la fecha y coges el avion.
- Ah, eso significa que si el vuelo está lleno me quedo en tierra.
- Mmmh… sí. Pero casi siempre hay plazas.
- Mierda. Sabes que si pasa eso me voy a cabrear. Y mucho.
- Si.
- Aunque sea sólo por eso, creo que deberían pagarnos más cuando tenemos que trabajar en el extranjero.
- Voy a ver si lo hablo con el jefe.
Un par de horas el Ultracatólico llegó a la conclusión de que este proyecto llega a Argelia con 10 años de adelanto. La red no va ni p´atrás. Las videoconferencias a veces no funcionan porque la red se cae, no hay suficiente ancho de banda y a veces hay cortes de corriente. He hecho unas cuantas fotos, pero no puedo postearlas. Muchas veces estoy bastante rato para poder cargar la página de wordpress, y otras tantas no me carga y tengo que esperar otro momento.
Por la tarde las cosas fueron aún mejor, y yo ante la partida inminente, hasta estaba contenta. A eso de las 19:45, cuando estábamos a punto de irnos (y después de casi 11 horas no está mal) el Ultracatólico me propone una modificación en la programación. No una simple modificacioncilla, sino algo que (la experiencia me lo dice) si se retuerce me puede hacer perder día y medio. Como soy una persona tranquila, y aunque mi mirada lo dijo todo, me callé, pero en ese momento hubiera deseado tirarle el portátil a la cabeza y salir corriendo. Al cabo de un rato empezamos a recoger. Mi ánimo, que había estado tan alto durante la tarde, se vino al suelo por completo. Tenía ganas de llorar de rabia y desaparecer. Recogí mis cosas en silencio y salí.
El ultracatólico tiene un manos libres con cable, de esos que son los como auriculares de un reproductor de mp3; y hace dos días nos enteramos de que están prohibidos aquí. Así que cuando llegamos al coche me pidió si podía conducir porque tenía que llamar al jefe para “darle el parte”. Sin abrir la boca acepté la llave y me senté al volante. Giro la llave y nada. Lo intento otra vez y nada. El coche está como muerto. “Eh, esto, creo que nos hemos quedado sin batería”. Miro la palanca de las luces y veo que el Ultracatólico se las ha dejado puestas. Es el día que hemos acabado más tarde y el coche se ha quedado sin batería. Ya no me quedan ni fuerzas para decir nada.
Me quedo allí clavada como un muñeco sin vida mientras el Ultracatólico va a preguntar a los responsables de seguridad del Cerist si alguien tiene unas pinzas. Intentan primero empujar el coche para arrancarlo pero nada. El Ultracatólico saca de polímetro y mide los bornes: menos de 4 voltios. Jope! Mientras esperamos que llegue el amigo de no se quién, que vive a 200 metros, yo llamo al Pequeño. Me siento tan mal, tan derrotada, que necesito hablar con alguien. Una de las cosas que más me joden es mejorar el programa mientras el Ultracatólico se rasca la barriga y luego intenta ponerlo a prueba. Que yo sepa el lleva bastante más tiempo que yo trabajando en esto y yo ni siquiera he recibido un curso del lenguaje que las centrales AMX usan. Pero aquí estoy yo, con mi vuelta postpuesta por dos mierdas que una sola persona podría reprogramar. Sigo sin entender nada.
Llamo al Pequeño y le digo que el martes (o sea, mañana) aún no vuelvo. Desilusión. Me dice que no pasa nada, que está contento porque ya queda poco para que vuelva, y que cuando lo haga él estará ahí para ayudarme a que me relaje. Que va a hacer la compra y que no me voy a tener que mover de la cama. Que me quiere y que no pasa nada. Escuchar su voz me sube algo la moral, pero cuando cuelgo me siento igual de derrotada y sólo quiero llorar de la rabia que siento. Entretanto los chavalotes han enganchado las pinzas al coche y lo han hecho arrancar.
Monto en el coche. Tengo los pies mojados de empujar el coche por los charcos, pero me da igual. Llegamos al hotel y el Ultracatólico me dice que él va a dar unas vueltas con el coche por la autopista para recargar la batería. Por mí como si le parte un rayo. Bajo del coche, cojo mis cosas y me voy a la habitación. Me doy un baño mientras escucho música. Hoy ha tocado Amaral.
A la media hora vamos a cenar al restaurante del hotel. Es tarde para salir a cenar fuera. Una cena taciturna de chorba no demasiado buena y spaghetti a la boloñesa peores de lo habitual. No sé si es por mi ánimo pero incluso el vino parece peor que otras veces. El Ultracatólico me pregunta si me será posible terminar para el miércoles. Le respondo que sólo quedan un par de detalles puntuales, pero que para mí, la programación está acabada. El puntualiza “casi acabada”. Le digo al Ultracatólico lo que pienso, que con una persona es suficiente para lo que queda y que me jodería quedarme tres días más (por decir un número) por dos cosas puntuales. Se queda sin saber qué decirme y mumura algo de hacer más tests.
Acabamos de cenar y nos levantamos de la mesa sin decir nada. Demasiadas horas juntos, a veces no hace falta ni hablar para entendernos. Necesito aire fresco.
El miércoles hay dos aviones a París, pero ninguno a Bruselas (a Bruselas sólo hay vuelos lunes y viernes). El primero a las 12:30 y el segundo a las 18:30. Si vuelo en el primero, luego tengo que coger un metro en París, el Thalis (TGV) que me deje en Bruselas, un tren que me lleve a Lovaina y finalmente un taxi que me deje en mi casa (con todo el equipaje no hay otra solución). Si vuelo en el de las 18:30 llego demasiado tarde a París para coger el TGV, con lo que alguien de la compañía tiene que ir a buscarme en coche. Ambas opciones suponen unas 7 horas, más o menos, así que cuando llegue a mi casa, voy a parecer una piltrafa, pero al menos estaré en casa, y entre los brazos de mi rubio preferido ![]()
05.11.08
Lejos…
Son las 11:15, acabamos de llegar al hotel y las fuerzas me fallan. Estoy agotada otra vez y quizá debería meterme directamente en la cama. Pero esta soledad y aislamiento son insoportables. Necesito hablar con alguien (al Ultracatólico lo tengo ya muy visto). He llamado un par de veces al pequeño pero han sido conversaciones breves. Las llamadas son muy caras y realmente no sé que decir. Estoy cansada de repetirme constantemente: que si las cosas van más o menos, que si estoy agotada, que si esto es muy duro, que si le echo de menos, que si me siento sola, … Y realmente no me atrevo a decirle las cosas que más me atormentan, como que de verdad no veo el final de todo esto, o que no tengo esperanza de que la programación esté perfecta para la semana que viene. Y como decía, estoy agotada. No es sólo el intentar permanecer despierta, es mantener la cabeza fría y rápida para enfrentar la tarea. Cuanto antes termine, antes me iré; pero no si acabarla…
Las cosas no han ido demasiado bien hoy y mi vuelta el martes no es segura. El Ultracatólico me dice que tenga esperanza para el miércoles. Durante el día apenas tengo tiempo para pensar. El trabajo es muy intenso. Suelo levantarme tres o cuatro veces de la silla por día: dos para ir al baño, una tercera para comer y una posible cuarta si de verdad necesito un break. Al final del día tengo el cuerpo agarrotado de estar en la misma posición y la cabeza como un bombo. Lo malo del final del día es que es entonces cuando mi mente vaga de verdad. Al llegar al hotel después de currar (a eso de las siete y pico u ocho) llamo al Pequeño, sólo para escuchar su voz, que me cuente cómo van las cosas por allá e intentar lamentarme lo menos posible (cosa que a veces no me sale). Al final del día me doy cuenta realmente de que yo estoy aquí y el allá. Lejos. Siento impotencia, me siento desconectada de mi vida. Quisiera estar ahí, día a día, viendo cómo está, hablándole, demostrándole que aunque la relación que tengamos sea aún muy joven, es algo maravilloso por lo que luchar. Pero no puedo. Porque estoy lejos. Y no puedo hacer nada. Sólo intentar terminar lo antes posible. Pero cada día aparecen problemas nuevos, y cada día son más difíciles de resolver. Me siento atada a Argel, atada al Cerist. Siento un abismo entre mí y mi vida. Y no puedo hacer nada.
Esta mañana me levanté algo mejor que las otras, pero mi cuerpo tiene demasiado cansancio acumulado para que algo menos de 8 horas de sueño lo curen por completo. El estrés está haciendo mella en mi subconsciente. Siento que me he pasado toda la noche soñando con el Pequeño (sueños catastrofistas, por supuesto) y con el trabajo aquí (trabajo y más trabajo). Ya no puedo ni desconectar por las noches. Lo de soñar con el trabajo es algo que me pasa cada vez que me vengo a trabajar aquí. Es demasiado: 7 días a la semana, 10 horas al día. Eso hace la friolera de alrededor de unas 70 horas. Estoy cansada. Quiero recuperar mi vida. Pero no puedo.
Volvimos a desayunar en la habitación del Ultracatólico. Él agua y yo café con un sabor a quemado que no había probado en mi vida. Me siento algo más descansada que otras mañanas pero mi cuerpo se niega a despertar del todo.
Por la mañana el Ultracatólico tiene una reunión con no se quién, así que estoy sola con Hassan hasta casi el mediodía. Hassan se va a otra universidad para que yo pueda hacer tests por videoconferencia.
Sobre la una y pico viene el Ultracatólico y salimos a comer. Vamos al mismo bar cutre del otro día, donde pedimos unos bocatas completos. El pan lo hacen ellos mismos, o eso es lo que el Ultracatólico dice. A él le encanta ese pan. Los bocadillos consisten en huevo revuelto, carne, una minúscula hoja de lechuga una rodajita de tomate, carne, patatas fritas y queso. Vamos, una bomba de relojería. Nos los sirven en dos mitades. Cuando voy por la segunda mitad (el Ultracatólico ya había terminado) encuentro algo negro (o marrón muy oscuro) y pequeño, de más o menos centímetro y medio de largo. Me entra la sospecha. Le pregunto al Ultracatólico qué es eso. Me dice que no sabe, pero que cree que son unas semillas especiales, porque sólo las ha visto en el pan de aquí y en el de Hassi-Messaoud, pero no en el de Bélgica. Sospechas casi confirmadas. Le comunico que es caca de ratón. Abre mucho los ojos y dice que ya alguien le dijo algo así una vez y que no le creyó, pero que si yo opinaba lo mismo, entonces se lo creía (un punto a su favor es que tiene mi opinión en muy alta estima, sobre todo después de comprobar lo rápido que cuento y sumo en binario y hexadecimal). No me termino el bocadillo.
Por la tarde se fue a otra universidad e hicimos más tests (3 universidades juntas). Un desastre total. La moral por los suelos y la cabeza como un bombo. Para lo de la cabeza también contribuyó Hassan. Resulta que donde él estaba había otro más. Aquí es típico tener 4 o 5 personas para hacer el trabajo de media. El resultado es que hablan como cotorras. El micro de Hassan estaba más alto de lo normal y me fue imposible mutearlo desde Telnet (aún no sé porqué). Con lo que tenía al Ultracatólico, a Hassan y a su colega hablando al mismo tiempo. Y por cierto que Hassan y el colega no paraban de hablar en esa mezcla de árabe y frances que me es totalmente incomprensible, con los sonidos aspirados típicos del árabe (lo siento, pero los dos hablando a la vez parecían como animales). Las imágenes estaban mal, no oía al ultracatólico y la jauría me estaba poniendo de los nervios. No podía pensar. Luego llega uno de los responsables del Cerist por no se qué de unas direcciones IP y entonces ya me entró una terrible desesperación y tuve ganas de mandarlo todo a la porra. Al menos tuvo el detalle divertido de intentar hablar inglés, pero sólo pudo soltar dos palabras (this site…).
A las 7 decidimos dar por finalizada la jornada laboral. Mi cabeza ya no da para más, necesita que aguien la reinicie. Pero el que puede hacerlo de verdad está a muchos kilómetros.
Para la cena intentamos ir a un restaurante chino que está en el hotel al que fuimos hace dos días. Decir que en la entrada del hotel, además de pasar el típico control del coche (maletero y capó) también hay que pasar el bolso por un detector rayos X como el de los aeropuertos y un detector de metales. La historia es que esta mañana “cogí prestado” un cuchillo del desayuno por si había que preparar al mediodía bocadillos improvisados. Y justo me di cuenta cuando el bolso estaba entrando en el detector. Momento de tensión pero al final nada, ni lo vieron.
El restaurante resultó estar completo así que decidimos ir al Tantra, uno de los 15 restaurantes que están en el pequeño bosque alrededor del monumento a los mártires de la revolución. No lo entiendo. Cutres con el desayuno y en la cena pagamos 7100 dinares (71 euros!). Que alguien me lo explique y a lo mejor lo entiendo. Y luego ratean con los sueldos…
Al salir decidimos ir a ver el monumento de cerca. La vez anterior (el año pasado) estaba prohibido colocarse debajo del arco que forman los pilares, pero esta vez el policía nos dejó pasar (pero sólo un minuto, eh). El monumento no es bonito, pero es impresionante. Y el estar justo debajo te hace sentir todo el peso del hormigón. Una sensación privilegiada, porque es raro eso de que lo dejen pasar a uno por esa zona.
A la vuelta al hotel nos perdemos por cuarta vez desde que estamos aquí. Argel puede ser un verdadero laberinto para el conductor. Se hace tarde y yo me quedo dormida en el coche.
Llegamos al hotel. Es tarde. Estoy cansada y siento la soledad. Y lo que más siento es no poder darle al Pequeño nada de lo que me gustaría. Me siento impotente, atrapada, lejos. Y no puedo hacer nada. Estoy cansada. Quiero volver. Pero no puedo. Antes debo luchar en mi cruzada.
04.20.08
Sin corazón
De repente tengo todo eso que durante meses quise tener. Alguien con quien compartir momentos, alguien a quien abrazar, alguien con quien levantarme por las mañanas, alguien a quien coger de la mano, alguien honesto, noble. Alguien que ha llegado de repente a mi vida y hace proyectos a largo plazo, alguien que me demuestra que puedo confiar, alguien que no da la impresión de que me la vaya a jugar. Después de un mes y pico no parecemos una pareja que recién ha comenzado, parecemos un matrimonio.
Pero aún hay mucho por andar. Porque aún no sé qué quieren decir sus silencios, porque esconde su corazón, esconde sus emociones, su felicidad y su dolor. Porque cuando habla no lo hace con el corazón en la mano. Y su miedo por abrir su corazón y mostrar lo que hay dentro me contagia, y me hace cerrarme en banda. Porque es capaz de contar sin pestañear como su novia de dos años lo dejó por otro, porque al darle una mala noticia parece que no siente ni padece. Siempre se me ha dado bien leer la mirada de las personas, pero no sé leer sus ojos, no sé ver más allá, no sé leer entre líneas.
No entiendo, no entiendo, no entiendo. Me promete la luna pero no me explica porqué. Qué le pasa a su corazón? Sólo espero poder encontrarlo, en algún lugar oculto, antes de que crea que no lo tiene, antes de que yo acabe por perderlo…
04.08.08
No sé porqué?
Acabo de llegar del aeropuerto de dejar a las dos mujeres en apuros.
Ayer al salir del curro, mientras me hacía el camino de 40 minutos a Lovaina, y por primera vez en dos meses y medio, lloré. Ese camino se presta a viajar al pasado y al futuro y emborracharse de melancolía. No fue mucho, apenas dos lagrimitas. Pero no sé muy bien porqué…
Hoy tampoco estoy para tirar cohetes. Sigo sin saber porqué…
03.24.08
Maldita nevera
Acabo de tomarme dos infusiones seguidas de una mezcla de hibisco con no sé qué que me compré ya hace unos meses. Deliciosa. Esta la iba a gustar al Ken.
El finde es tranquilo, demasiado, diría yo. Con esto de que el lunes es festivo (el jueves y viernes trabajamos como esclavos) mucha gente se ha ido, y los escolares vas a disponer de dos semanas de vacaciones. Esto ya parece un pueblo fantasma. Y si añadimos que Pedro y Vivi están en Francia, Ñatito de bajón, Negro ocupado con la tesis y el Ken en casa de los padres… pues se puede decir que estoy más sola que la una.
Para aprovechar la ocasión he decidio hacer cositas en casa. Pero como me he levantado a la 1:30 (gracias, Arroaz, por tenerme hasta las 4 de la mañana pegada al ordenador
) pues no he hecho mucho más que ver como va mi nuevo iPod, escuchar música belga, pelear un poco con este maldito ordenador que cada vez va peor (por eso me da tanta pereza escribir), ir a la lavandería y limpiar la nevera.
Ay, la nevera! Una mierda de nevera de 62 cm de alto, con un congelador del tamaño de de una caja de zapatos de mi número (uso un 36, antiguo 35) que no dejaba de “supurar” hielo y más hielo. Dentro del congelador tenía una caja de helado, una caja de guisantes y dos panini. Estaba lleno. Lo peor de todo es que con la super capa de hielo de 6 cm no podía sacar nada del congelador. Estaba atascado.
Así que vacié la nevera, la desenchufé, metí una tartera con agua hirviendo y me fui a lavar mi ropita a la puta lavandería (como la odio, y más cuando hace frío y llueve).
Dos horas y media para descongelarse! No me quiero imaginar si llego a tener una nevera normal como la de las personas normales. La mini-cocina se convirtió en un lago Ness improvisado. Pero cómo puede salir tanta agua de un congelador tan pequeño? Hala, dale a la fregona! Y mientras tanto mi comida desperdigada por la cocina: verdura, yogures, huevos y carne. Saco las bandejas, limpio todo a conciencia y empiezo a meter la comida. Meto los huevos con cuidado. Me quedan 7. Pongo la bandeja que está al lado de la de los huevos. La de los huevos se descuelga y se van todos al suelo. Joder! Los 7 huevos rotos en el suelo recién fregado! Me digo a mí misma que la nevera ya puede implorar que la limpie escupiendo hielo a diestro y siniestro, que esta es la última vez que lo hago.
Para celebrarlo me hago una chuleta regada con una salsita de queso cambozola (compré ese queso buscando roquefort, pero no lo encontré en el spar de al lado de casa) y unas patatas fritas cortadas en “slices”. Menuda cena! Entre lo que estoy zampando y que llevo una semana sin hacer deporte por culpa del catarro, me voy a poner como un tonel. Bueno, espero que al Ken le siga gustando con “flotador”.
Hoy tampoco salgo. Ya he dicho que no hay ni dios? Bueno, de todos modos veo que soy incapaz de acostarme a una hora prudente. Nunca he sido una morning girl. Y mañana a limpiar todo el piso, la cocina, el baño. Vivan los findes, sobre todo si son largos!
03.12.08
Mi padre, cap. 1
El esta decidido a que me sienta culpable… pues no. El escogio en su dia, y yo solo intento recuperarme y pasar pagina.
Cambiando de tema. Ayer el Ken me mando un sms diciendo que “el Nhatito queria salir el viernes y si me apetecia ir con ellos“. Por favor, son necesarias tantas vueltas para quedar con una chica? Por supuesto que quiero ver al Nhatito, es uno de mis mejores amigos, pero tambien quiero verlo a el. Ayuda, MarioKun! Es porque sabe que siempre estoy deseando salir y lo hace por compasion/compromiso? O realmente quiere verme y no sabe como decirmelo?
Lamentablemente el viernes por la noche, a eso de las 11, llega mi padre que viene a visitarme el finde, por quinta vez desde que estoy en este pais gris y lluvioso. Le dije que podia verlos antes o despues de las 11, pero que no estaban las cosas para quemar la noche (snif, entre eso y que muy pronto me tendre que ir a Argelia durante DOS SEMANAS la cosa no va a ir p’alante ni de conha).
Pues si, mi padre. Extranho personaje donde los haya. Se fue de casa hace exactamente dos anhos y medio, despues de 28 anhos de matrimonio y dos hijas, siendo la fecha dos dias antes del cumpleanhos de mi madre (las cosas que tiene le vida). Para “compensar” y dado que no sabiamos que rayos le ibamos a regalar a mi madre por su cumpleanhos (joder, ella no estaba para fiestas, su marido se acaba de largar diciendo que nunca la habia querido - hombres! -), mi novio por aquel entonces (muy buen chaval, pero despues de dos anhos decidi que no encajabamos ni aunque lo intentaramos) nos dio la idea de comprarle un perro. Cabe decir que mi madre siempre le tuvo terror a los perros y a todo bicho que se moviera y pudiera “tocarla”.
El dia X mi novio le hizo una suculenta tarta a mi madre, y a la hora de comer llegamos con el pastel y el “pastel”. Por supuesto, mi madre, al vernos entrar por la puerta, lo primero que solto fue: “No lo quiero“. India (al final fue ese el nombre que le pusimos) era un cachorrito de 3 meses y medio, temeroso y torpe que al momento empezo a curiosear por la casa.”Oh, mama, mira, es pequenhita, y ayer la separaron de su hermana, pobrecita”.

Durante la tarde dejamos solas a las dos “mujeres” para que fueran conociendose. Tuve una grata sorpresa al llegar a casa, cuando me encuentro a mi madre sentada en el suelo de la cocina y con la perrita en brazos. Decir que India se ha ganado el corazon de todos mis familiares y amigos, y a veces es lo que mas echo de menos de Espanha (si mi madre me oyera…).
Bueno, a lo que ibamos, a mi padre. Resulta que estuvo sin dirigirme la palabra el anho y medio anterior a irse de casa. Nunca me explico el porque ni tuve ningua reprimenda, tan solo que ahora niega categoricamente el haberlo hecho (padres!). Desde que se fue nadie quiere hablar con el ni verlo por delante, yo soy la unica que mantengo contacto. Asi que desde ese momento pase a ser su predilecta y recibir sms a diestro y siniestro (bfff, el ser humano).
Cuando me vine me dijo con la boca pequenha que se alegraba mucho porque iba a ser algo muy impotante para mi (y para sus adentras empezaba ya a lamentarse). La verdad es que si el siguiera estando en casa no me habria movido de mi ciudad natal. En un principio el venir era algo temporal, seis mesecitos de nada para hacer mi proyecto fin de carrera. Pero cuando el momento de partir se acercaba inexorablemente, me agarre al pais cual garrapata chupansangre y empece a cantar el “nooo, nooo, no nos moveran!“. Busque trabajo y encontre mes y medio antes de acabar mis estudios.
El momento de darla la noticia fue dificil, y mientras pensaba en como hacerlo, el me seguia llamando a menudo diciendo “bien, ya te queda muy poco para volver” (Argh! que no, que yo me quiero quedar). Al final decidi que no podia retrasarlo mas y le di la noticia. Siguio diciendo que se alegraba mientras se lamentaba para sus adentros.
Y eso, que desde que se piro depende mucho mas de mi y lleva fatal que yo viva tan lejos. Por eso siempre que puede viene a visitarme (ya van 5 veces en anho y medio!). Es una pena que hayan pasado tantas cosas y yo a veces sienta que no tengo nada que decirle…

02.25.08
El peligro de la soledad
Despues de un fin de semana en el que no he parado, en mi post de hoy iba a tratar de contar un poco todo lo que he hecho. Pero he cambiado de idea.
El sabado por la noche recibo un sms de mi companhero que sigue en Argelia desde el jueves pasado (ya van 10 dias). Ha estado algunos dias en Argel y otros en Hassi-Messaoud (una base en medio del desierto). Dice asi (traduzco): “Que tal el finde? Yo aqui, me siento mal. Ya no se quien soy. Espero que estes bien y nunca te pase lo que a mi. No quiero quejarme. Besos”.
Al dia siguiente por la tarde, domingo, hablo con el por telefono. Que esta mal, que ha tenido muchas decepciones con el trabajo alla estos dias y que ha perdido una parte de si mismo en Hassi-Messaoud (el desierto). Que no quiere quejarse, pero que las cosas van mal, ya no puede concentrarse, ya no sabe quien es ni en que se ha convertido. Dice que esta agresivo, que si me contesta mal que no me preocupe. Dice que la soledad de estos ultimos 10 dias es terrible. Hay dias que solo habla con el jefe por telefono y con el ayudante que le han asignado alla (acaba de conocerlo). Sus propios miedos lo estan avasallando. Yo me quejaba cuando me pasaba los domingos sola, que tenia demasiado tiempo para pensar, que llegaba a ver la realidad distorsionada. Eso es lo que le esta pasando a el, pero a mayor escala, ha perdido el norte por completo. Es dificil explicarselo. Cuando uno esta dentro del problema no es capaz de ver mas alla de el. Le he mandado unos cuantos sms de animo y lo he llamado. Me siento un poco culpable. Sabia que no se sentia muy bien, pero me di cuenta tarde de que estaba tan mal.
Yo creo que hay epocas duras en las que uno crece. Son duras, pero tras ellas salimos renovados. A el le tocaba ya evolucionar. Quiso aferrarse demasiado tiempo a su viejo yo y ahora lo esta pagando. Es algo que tiene que pasar, asi que deseo que lo pase pronto y con el menor danho posible. Tambien deseo que se de cuenta de que tiene amigos a los que pedir ayuda. Estamos aqui!
Aun no sabe cuando volvera. Tambien deseo que sea pronto. Le debo un abrazo.



