05.13.08

Sueños extraños, desesperación y algo de luz

Publicado en Curro, Lonely moments, Reflexiones, el Ken en 9:19 am por La Petite en Belgique

Otra noche más desde mi habitación en Argel la blanca. Y con éste ya van 8 posts seguidos en diferido. El hecho de sólo tener internet durante las horas de trabajo (y además intenso) me hace muy difícil postear con más variedad, contestar a vuestros comentarios o comentaros en vuestros blogs. Para el bien de todos (y de mi salud mental, eso siempre primero) esta situación acabará pronto, pero no tanto como me hubiera gustado.

Esta mañana me levanté con la extraña sensación de haber tenido sueños raros o uno solo con muchas cosas diferentes combinadas. Primero voy a caballo por un bosque de noche. A galope tendido salvando obstáculos y buscando o evadiendo algo (el qué, no lo sé). Luego mi padre andando solo y con una maleta de noche por las calles de un Leuven extraño y con una niebla que se puede cortar con cuchillo (el famoso puré de guisantes de Londres). Se va a coger el avión. Tiene unos calcetines que no le caben en la maleta y me los da. A mí tampoco me caben en el bolso. Está triste, depcionado, cansado. Se va. Yo voy camino de un bar (que no he visto más que en mi sueño) con decoración medieval, donde me esperan mis amigos. Al parecer estoy recién llegada de esta maldita misión. Allí está todo el grupo con el que paso buenos y malos momentos en mi Lovaina querida. La novia del Chico de las Manos Torpes (compañero de laboratorio del Ken y del Ñatito) me saluda con un abrazo y un sonoro beso. El sitio es oscuro y hay mucho humo. De repente unos abrazos me rodean por la espalda. Son unos brazos grandes, largos y potentes. De piel muy clara y con el vello rubio. Como estoy de espaldas los brazos son lo único que veo, pero sé sin duda quién es.

Suena la alarma del móvil que me indica que ya es hora de dejar de soñar y pasar a la cruda realidad. Me ducho a toda velocidad, me visto y voy a la habitación del Ultracatólico a desayunar. El café es menos malo que otros días, pero sospecho que el agua es igual. No hablamos mucho.

La mañana transcurrió sin demasiados sobresaltos. Las cosas empiezan a marchar bien. Hicimos tests desde tres sitios diferentes (Hassan, el Ultracatólico y yo) y no hubo sorpresas desagradables. Bien. No sé si es que ya me he habituado al ritmo este frenético de trabajo (llevo siete días seguidos si no cuento la venida) o si el saber que muy pronto voy a poder volver me llena de energía que me ayuda a seguir adelante, pero hoy me siento mucho mejor.

Comemos la mierda-bocatas de siempre, pero hoy con pan de barra normal (el pan de casa lo harán con mucho cariño y esmero pero no me molan los regalos que trae incluídos).

Después de comer llamo a mi madre y al Pequeño. India (la perra que le regalamos a mi madre cuando se separó) tiene otra vez un embarazo psicológico :( Tiene leche en las mamas y no hace más que pasearse por la casa con un muñeco al que cuida y lame a todas horas. Pobre. El Pequeño me cuenta que por fin le han dado la bici de carreras que se compró la semana pasada y que está reventado porque ya ha salido con ella. Se iba a comprar hoy la ropa de ciclista pero desafortunadamente esta mañana perdió la tarjeta del banco y sólo tiene 30 euros encima. Bueno, un rollo, pero nada que no tenga remedio. Mañana al banco, a pedir una nueva.

Mi billete de avion de vuelta tiene fecha del lunes que viene, pero con posibilidad de cambio. Le pregunto al Ultracatólico cómo va eso del cambio, y si hay que hacerlo con mucha antelación.

- No, en el mismo momento, se va al aeropuerto, te cambian la fecha y coges el avion.
- Ah, eso significa que si el vuelo está lleno me quedo en tierra.
- Mmmh… sí. Pero casi siempre hay plazas.
- Mierda. Sabes que si pasa eso me voy a cabrear. Y mucho.
- Si.
- Aunque sea sólo por eso, creo que deberían pagarnos más cuando tenemos que trabajar en el extranjero.
- Voy a ver si lo hablo con el jefe.

Un par de horas el Ultracatólico llegó a la conclusión de que este proyecto llega a Argelia con 10 años de adelanto. La red no va ni p´atrás. Las videoconferencias a veces no funcionan porque la red se cae, no hay suficiente ancho de banda y a veces hay cortes de corriente. He hecho unas cuantas fotos, pero no puedo postearlas. Muchas veces estoy bastante rato para poder cargar la página de wordpress, y otras tantas no me carga y tengo que esperar otro momento.

Por la tarde las cosas fueron aún mejor, y yo ante la partida inminente, hasta estaba contenta. A eso de las 19:45, cuando estábamos a punto de irnos (y después de casi 11 horas no está mal) el Ultracatólico me propone una modificación en la programación. No una simple modificacioncilla, sino algo que (la experiencia me lo dice) si se retuerce me puede hacer perder día y medio. Como soy una persona tranquila, y aunque mi mirada lo dijo todo, me callé, pero en ese momento hubiera deseado tirarle el portátil a la cabeza y salir corriendo. Al cabo de un rato empezamos a recoger. Mi ánimo, que había estado tan alto durante la tarde, se vino al suelo por completo. Tenía ganas de llorar de rabia y desaparecer. Recogí mis cosas en silencio y salí.

El ultracatólico tiene un manos libres con cable, de esos que son los como auriculares de un reproductor de mp3; y hace dos días nos enteramos de que están prohibidos aquí. Así que cuando llegamos al coche me pidió si podía conducir porque tenía que llamar al jefe para “darle el parte”. Sin abrir la boca acepté la llave y me senté al volante. Giro la llave y nada. Lo intento otra vez y nada. El coche está como muerto. “Eh, esto, creo que nos hemos quedado sin batería”. Miro la palanca de las luces y veo que el Ultracatólico se las ha dejado puestas. Es el día que hemos acabado más tarde y el coche se ha quedado sin batería. Ya no me quedan ni fuerzas para decir nada.

Me quedo allí clavada como un muñeco sin vida mientras el Ultracatólico va a preguntar a los responsables de seguridad del Cerist si alguien tiene unas pinzas. Intentan primero empujar el coche para arrancarlo pero nada. El Ultracatólico saca de polímetro y mide los bornes: menos de 4 voltios. Jope! Mientras esperamos que llegue el amigo de no se quién, que vive a 200 metros, yo llamo al Pequeño. Me siento tan mal, tan derrotada, que necesito hablar con alguien. Una de las cosas que más me joden es mejorar el programa mientras el Ultracatólico se rasca la barriga y luego intenta ponerlo a prueba. Que yo sepa el lleva bastante más tiempo que yo trabajando en esto y yo ni siquiera he recibido un curso del lenguaje que las centrales AMX usan. Pero aquí estoy yo, con mi vuelta postpuesta por dos mierdas que una sola persona podría reprogramar. Sigo sin entender nada.

Llamo al Pequeño y le digo que el martes (o sea, mañana) aún no vuelvo. Desilusión. Me dice que no pasa nada, que está contento porque ya queda poco para que vuelva, y que cuando lo haga él estará ahí para ayudarme a que me relaje. Que va a hacer la compra y que no me voy a tener que mover de la cama. Que me quiere y que no pasa nada. Escuchar su voz me sube algo la moral, pero cuando cuelgo me siento igual de derrotada y sólo quiero llorar de la rabia que siento. Entretanto los chavalotes han enganchado las pinzas al coche y lo han hecho arrancar.

Monto en el coche. Tengo los pies mojados de empujar el coche por los charcos, pero me da igual. Llegamos al hotel y el Ultracatólico me dice que él va a dar unas vueltas con el coche por la autopista para recargar la batería. Por mí como si le parte un rayo. Bajo del coche, cojo mis cosas y me voy a la habitación. Me doy un baño mientras escucho música. Hoy ha tocado Amaral.

A la media hora vamos a cenar al restaurante del hotel. Es tarde para salir a cenar fuera. Una cena taciturna de chorba no demasiado buena y spaghetti a la boloñesa peores de lo habitual. No sé si es por mi ánimo pero incluso el vino parece peor que otras veces. El Ultracatólico me pregunta si me será posible terminar para el miércoles. Le respondo que sólo quedan un par de detalles puntuales, pero que para mí, la programación está acabada. El puntualiza “casi acabada”. Le digo al Ultracatólico lo que pienso, que con una persona es suficiente para lo que queda y que me jodería quedarme tres días más (por decir un número) por dos cosas puntuales. Se queda sin saber qué decirme y mumura algo de hacer más tests.

Acabamos de cenar y nos levantamos de la mesa sin decir nada. Demasiadas horas juntos, a veces no hace falta ni hablar para entendernos. Necesito aire fresco.

El miércoles hay dos aviones a París, pero ninguno a Bruselas (a Bruselas sólo hay vuelos lunes y viernes). El primero a las 12:30 y el segundo a las 18:30. Si vuelo en el primero, luego tengo que coger un metro en París, el Thalis (TGV) que me deje en Bruselas, un tren que me lleve a Lovaina y finalmente un taxi que me deje en mi casa (con todo el equipaje no hay otra solución). Si vuelo en el de las 18:30 llego demasiado tarde a París para coger el TGV, con lo que alguien de la compañía tiene que ir a buscarme en coche. Ambas opciones suponen unas 7 horas, más o menos, así que cuando llegue a mi casa, voy a parecer una piltrafa, pero al menos estaré en casa, y entre los brazos de mi rubio preferido :)

05.11.08

Lejos…

Publicado en Curro, Lonely moments, Reflexiones, el Ken en 1:25 pm por La Petite en Belgique

Son las 11:15, acabamos de llegar al hotel y las fuerzas me fallan. Estoy agotada otra vez y quizá debería meterme directamente en la cama. Pero esta soledad y aislamiento son insoportables. Necesito hablar con alguien (al Ultracatólico lo tengo ya muy visto). He llamado un par de veces al pequeño pero han sido conversaciones breves. Las llamadas son muy caras y realmente no sé que decir. Estoy cansada de repetirme constantemente: que si las cosas van más o menos, que si estoy agotada, que si esto es muy duro, que si le echo de menos, que si me siento sola, … Y realmente no me atrevo a decirle las cosas que más me atormentan, como que de verdad no veo el final de todo esto, o que no tengo esperanza de que la programación esté perfecta para la semana que viene. Y como decía, estoy agotada. No es sólo el intentar permanecer despierta, es mantener la cabeza fría y rápida para enfrentar la tarea. Cuanto antes termine, antes me iré; pero no si acabarla…

Las cosas no han ido demasiado bien hoy y mi vuelta el martes no es segura. El Ultracatólico me dice que tenga esperanza para el miércoles. Durante el día apenas tengo tiempo para pensar. El trabajo es muy intenso. Suelo levantarme tres o cuatro veces de la silla por día: dos para ir al baño, una tercera para comer y una posible cuarta si de verdad necesito un break. Al final del día tengo el cuerpo agarrotado de estar en la misma posición y la cabeza como un bombo. Lo malo del final del día es que es entonces cuando mi mente vaga de verdad. Al llegar al hotel después de currar (a eso de las siete y pico u ocho) llamo al Pequeño, sólo para escuchar su voz, que me cuente cómo van las cosas por allá e intentar lamentarme lo menos posible (cosa que a veces no me sale). Al final del día me doy cuenta realmente de que yo estoy aquí y el allá. Lejos. Siento impotencia, me siento desconectada de mi vida. Quisiera estar ahí, día a día, viendo cómo está, hablándole, demostrándole que aunque la relación que tengamos sea aún muy joven, es algo maravilloso por lo que luchar. Pero no puedo. Porque estoy lejos. Y no puedo hacer nada. Sólo intentar terminar lo antes posible. Pero cada día aparecen problemas nuevos, y cada día son más difíciles de resolver. Me siento atada a Argel, atada al Cerist. Siento un abismo entre mí y mi vida. Y no puedo hacer nada.

Esta mañana me levanté algo mejor que las otras, pero mi cuerpo tiene demasiado cansancio acumulado para que algo menos de 8 horas de sueño lo curen por completo. El estrés está haciendo mella en mi subconsciente. Siento que me he pasado toda la noche soñando con el Pequeño (sueños catastrofistas, por supuesto) y con el trabajo aquí (trabajo y más trabajo). Ya no puedo ni desconectar por las noches. Lo de soñar con el trabajo es algo que me pasa cada vez que me vengo a trabajar aquí. Es demasiado: 7 días a la semana, 10 horas al día. Eso hace la friolera de alrededor de unas 70 horas. Estoy cansada. Quiero recuperar mi vida. Pero no puedo.

Volvimos a desayunar en la habitación del Ultracatólico. Él agua y yo café con un sabor a quemado que no había probado en mi vida. Me siento algo más descansada que otras mañanas pero mi cuerpo se niega a despertar del todo.

Por la mañana el Ultracatólico tiene una reunión con no se quién, así que estoy sola con Hassan hasta casi el mediodía. Hassan se va a otra universidad para que yo pueda hacer tests por videoconferencia.

Sobre la una y pico viene el Ultracatólico y salimos a comer. Vamos al mismo bar cutre del otro día, donde pedimos unos bocatas completos. El pan lo hacen ellos mismos, o eso es lo que el Ultracatólico dice. A él le encanta ese pan. Los bocadillos consisten en huevo revuelto, carne, una minúscula hoja de lechuga una rodajita de tomate, carne, patatas fritas y queso. Vamos, una bomba de relojería. Nos los sirven en dos mitades. Cuando voy por la segunda mitad (el Ultracatólico ya había terminado) encuentro algo negro (o marrón muy oscuro) y pequeño, de más o menos centímetro y medio de largo. Me entra la sospecha. Le pregunto al Ultracatólico qué es eso. Me dice que no sabe, pero que cree que son unas semillas especiales, porque sólo las ha visto en el pan de aquí y en el de Hassi-Messaoud, pero no en el de Bélgica. Sospechas casi confirmadas. Le comunico que es caca de ratón. Abre mucho los ojos y dice que ya alguien le dijo algo así una vez y que no le creyó, pero que si yo opinaba lo mismo, entonces se lo creía (un punto a su favor es que tiene mi opinión en muy alta estima, sobre todo después de comprobar lo rápido que cuento y sumo en binario y hexadecimal). No me termino el bocadillo.

Por la tarde se fue a otra universidad e hicimos más tests (3 universidades juntas). Un desastre total. La moral por los suelos y la cabeza como un bombo. Para lo de la cabeza también contribuyó Hassan. Resulta que donde él estaba había otro más. Aquí es típico tener 4 o 5 personas para hacer el trabajo de media. El resultado es que hablan como cotorras. El micro de Hassan estaba más alto de lo normal y me fue imposible mutearlo desde Telnet (aún no sé porqué). Con lo que tenía al Ultracatólico, a Hassan y a su colega hablando al mismo tiempo. Y por cierto que Hassan y el colega no paraban de hablar en esa mezcla de árabe y frances que me es totalmente incomprensible, con los sonidos aspirados típicos del árabe (lo siento, pero los dos hablando a la vez parecían como animales). Las imágenes estaban mal, no oía al ultracatólico y la jauría me estaba poniendo de los nervios. No podía pensar. Luego llega uno de los responsables del Cerist por no se qué de unas direcciones IP y entonces ya me entró una terrible desesperación y tuve ganas de mandarlo todo a la porra. Al menos tuvo el detalle divertido de intentar hablar inglés, pero sólo pudo soltar dos palabras (this site…).

A las 7 decidimos dar por finalizada la jornada laboral. Mi cabeza ya no da para más, necesita que aguien la reinicie. Pero el que puede hacerlo de verdad está a muchos kilómetros.

Para la cena intentamos ir a un restaurante chino que está en el hotel al que fuimos hace dos días. Decir que en la entrada del hotel, además de pasar el típico control del coche (maletero y capó) también hay que pasar el bolso por un detector rayos X como el de los aeropuertos y un detector de metales. La historia es que esta mañana “cogí prestado” un cuchillo del desayuno por si había que preparar al mediodía bocadillos improvisados. Y justo me di cuenta cuando el bolso estaba entrando en el detector. Momento de tensión pero al final nada, ni lo vieron.

El restaurante resultó estar completo así que decidimos ir al Tantra, uno de los 15 restaurantes que están en el pequeño bosque alrededor del monumento a los mártires de la revolución. No lo entiendo. Cutres con el desayuno y en la cena pagamos 7100 dinares (71 euros!). Que alguien me lo explique y a lo mejor lo entiendo. Y luego ratean con los sueldos…

Al salir decidimos ir a ver el monumento de cerca. La vez anterior (el año pasado) estaba prohibido colocarse debajo del arco que forman los pilares, pero esta vez el policía nos dejó pasar (pero sólo un minuto, eh). El monumento no es bonito, pero es impresionante. Y el estar justo debajo te hace sentir todo el peso del hormigón. Una sensación privilegiada, porque es raro eso de que lo dejen pasar a uno por esa zona.

A la vuelta al hotel nos perdemos por cuarta vez desde que estamos aquí. Argel puede ser un verdadero laberinto para el conductor. Se hace tarde y yo me quedo dormida en el coche.

Llegamos al hotel. Es tarde. Estoy cansada y siento la soledad. Y lo que más siento es no poder darle al Pequeño nada de lo que me gustaría. Me siento impotente, atrapada, lejos. Y no puedo hacer nada. Estoy cansada. Quiero volver. Pero no puedo. Antes debo luchar en mi cruzada.

05.04.08

Estado de shock

Publicado en Finde moments, Reflexiones, el Ken en 4:10 pm por La Petite en Belgique

Estos días de puente, unas minivacaciones, han sido como un regalo que de verdad necesitaba. He tenido desde la visita de un amigo de Cataluña hasta una barbacoa que mis amigos chilenos han organizado ayer. Pero todo es una mezcla, un cóctel explosivo de sentimientos y emociones. Ayer le di mi primer golpe al coche de empresa que llevo más de un año conduciendo (un golpe chorras, pero un golpe a fin de cuentas).

llevo días melancólica por mi partida a Argelia mañana. Y ayer por la mañana ya no pude más y exploté en uno de esos llantos que parece que no tienen fin. Era como si las lágrimas estuvieran luchando por salir de mi cuerpo. Me encontré mal, muy mal. Y estaba el Pequeño conmigo. Siento haberle dado la mañana, recién levantados, pero es que no podía parar de llorar. Y hoy parece que estoy hiper-sensible otra vez. Quizá sea esta mezcla de cal y arena que me está dando la vida ahora. Hay momentos de tanta felicidad que me es imposible digerirla y se me atraganta. No estoy acostumbrada y reacciono de manera exagerada, incapaz de sentir todo lo que me viene. El Pequeño está demostrando ser un apoyo importante. Siempre está ahí, pendiente, por si necesito algo, por si necesito hablar, hacer algo o simplemente llorar (algo que estos últimos días sucede más de lo debido). Que si quiero ir a casa, pues vamos a casa, que si quiero salir, pues salimos, que si quiero ver a los amigos, pues los vemos, que si quiero dormir, pues dormimos. De verdad que no sé cómo digerir todo esto, soy incapaz.

El contrato con su residencia se acaba en agosto. El plan a partir de entonces es que se venga a vivir aquí (actualmente es como si ya lo hiciera).

Me voy mañana, y me da miedo que todo esto sea un sueño y despertar a mi vuelta de Argelia. Pero claro, no estoy acostumbrada, a veces dudo que me merezca tanta felicidad. Porque tendrá sus puntos negativos el Ken, pero ahora mismo me está dando justo lo que yo necesitaba, sólo que multiplicado por diez.

Estoy en estado de shock y puedo llorar en cualquier momento…

04.30.08

Realidad y contrastes

Publicado en Curro, General, Reflexiones, el Ken en 8:20 am por La Petite en Belgique

En estos momentos el trabajo está en una fase complicada. Nuestra empresa está desarrollando un sistema de educación a distancia para 60 universidades argelinas. Nuestro cliente: el ministerio de educación de Argelia. El responsable de la programación de las putas 60 universidades: Yo. Los plazos: sobre 9 de mayo quieren el sistema funcinando y un training dado. Los riesgos: La bancarrota de la empresa.

Este proyecto comenzó allá por el 2005, que fue justo cuando se establecieron las condiciones del contrato. Un ingeniero anterior a mí programó el sistema y abandonó el puesto de trabajo jurando haber terminado con su parte. Pero no. Un año después de que los 60 racks (armarios especiales con todo el equipo dentro) fueran enviados a Argelia sin posiblidad de retorno se descubre que la programación hecha no reune el mínimo de requisitos necesario y hay que darle un nuevo enfoque.

Así llevo un par de meses. Intentando dar un nuevo enfoque a una programación de unos equipos que se encuentran en Argelia, intentando hacer los tests necesarios por internet, con las redes argelinas que se caen cada dos por tres, con direcciones IP incorrectas, con cortes de corriente porque alguien ha desconectado el diferencial (claro, el finde allá es jueves y viernes), con routers que no funcionan, con gente que no se hace responsable de su trabajo y con multitud de cosas que son IMPOSIBLES de chequear en la distancia.

A esto hay que sumarle que andamos cortos de personal y cada dos por tres tengo que parar este proyecto para hacer otras cosas, que el director técnico me grite porque esté estresado, que mijefe me cuente batallitas justo en mi hora de salida y que no cobre las horas extras ni los viajes y que mi sueldo me dé justito para vivir.

Así que en estas estamos. Hace dos días el director técnico me dijo que se iría el lunes entre dos y tres semanas a Argelia para acabar de testear la programación y dar el cursillo final. Ayer antes de comer me dijo que la que tenía que ir era yo.

Me llamó por teléfono a las 7 y pico para preguntarme si todo estaría listo para el lunes. Le dije que si tenía que estar, estaría, pero que no entendía el cambio de planes repentino.

Hoy, en una reunión con el jefe, el director técnico me acaba de decir que no sabe cuánto tiempo me voy (o nos vamos o yo que sé), pero se podría estimar entre una y dos semanas.

El tiempo no sólo dependerá de que yo deje el sistema programado y niquelado, sino también de la puta indisciplina argelina. Necesito varias universidades (emisores y receptores) funcionando y con algún responsable para poder recabar cierta información mientras hago los tests. No es raro ir a una universidad donde previamente se ha concertado una cita y que esté cerrada a cal y canto y que no haya NADIE que se haga responsable (ante esto se actúa con llamada al ministerio, pelearte con el burócrata de turno y que alguien haga las llamadas pertinentes para que aparezca alguien con unas llaves). Una vez la universidad está abierta, si hay corriente para alimentar los equipos y no han desmontado todo (los equipos de los racks) entonces es un día de suerte. Sumémosle también que Argelia es un país, digamos, grande y, digamos, mal comunicado, y que las 60 universidades están desperdigadas por TODO el país. Y tengo que FINALIZAR TODO el sistema. Bien! (nótese el tono irónico de a exclamación).

Joder, con esta visión me parece que no voy a volver nunca.

Por otro lado, en el resto de los aspectos, me encuentro bien. El tiempo aquí en Bélgica es una mierda, pero cuando el pequeño viene a casa es como si luciera el sol y las preocupaciones se fueran por el retrete abajo. Él me da paz, cariño y seguridad.

Un putadón lo de irme el lunes. Cuando se lo dije se le cayó el alma a los pies. Va a ser la primera vez que estemos separamos desde que empezamos lo que empezamos. Me jode un poco, pero es lo que hay. Le dije que volvería, y que cuando lo hiciera, volvería a él. Me ha respondido con un “always for you” que casi hizo que me derritiera y se me saltaran las lágrimas. En fin, paciencia, que es la madre de la ciencia.

Y ahora que lo pienso, casi compensaba que se viniera a vivir. No usa su cama ya no recuerdo hace cuánto, se ducha y desayuna aquí todos los findes y parte de los días entre semana, y se viene en cuanto queda libre. Y lo de compartir gastos también nos vendría bien a los dos…

Bueno, nada, desvaríos previos a un puente que para mí será la agonía previa al viaje.

04.28.08

Fin de semana mágico en París

Publicado en Finde moments, Reflexiones, el Ken en 10:37 am por La Petite en Belgique

Llevo todo el día de ayer queriendo escribir este post, pero ha tocado día complicado en el trabajo y ha sido imposible (como imposible ha sido el poder comer a una hora normal).

Aquí hoy el día es gris y lluvioso, pero aún llevo dentro el sol de París y el calor del Pequeño. Ha sido un fin de semana maravilloso, lento, tranquilo, en el que hemos dejado que el sol acariciara nuestra piel mientras nos dejábamos perder por las calles de una ciudad única en el mundo. El fin de semana ha sido lento, pero también intenso, y hoy mi cuerpo lo está pagando. Ya no siento el cansancio extremo que sentí el sábado por la noche (el sábado por la mañana me había levantado a las 6:30 de la mañana para hacer el examen), pero estoy ante una bajada de defensas bestial que como no la sufría desde hace casi dos años. No voy a entrar en detalles de los síntomas que tengo (de los que unos cuantos granos es el menor), tan sólo diré que son un poco latazo y que ya estoy intentando poner remedio comiendo debidamente y durmiendo lo suficiente (menos mal que esta semana es corta).

De todos modos, nada empañará la felicidad que me ha dado el desconectar durante todo el finde con mi Pequeño. Hemos vuelto con ganas renovadas, con multitud de cosas de las que hablar y que recordar. Hoy puedo decir que conozco algo más de lo que el Pequeño esconde en su interior, y puedo decir que en él he visto un tesoro precioso muy raro de encontrar. Ha sido un viaje a París, pero también ha sido un viaje hacia el interior de nosotros mismos, un primer paso juntos en nuestro camino común, una primera prueba del qué pasará. Por el momento aún tengo la miel en los labios

Vale, ya dejo de liarme y paso a los hechos :P (aviso si sigues leyendo: post largo, inconexo y pasteloso).

Salimos el viernes a las 6 de la tarde, cuando tanto él como yo habíamos terminado nuestra jornada laboral e hicimos nuestro equipaje. Al final se vino la lagarta francesa en el viaje de ida, ya que es parisina, su novio vive allá (sí, tiene novio y creo que llevan ya bastante tiempo) e iba a pasar el fin de semana con él.

El Pequeño estuvo largo rato diciéndome que eso de leer mapas no se le daba bien, pero creo que era para disimular, ya que me condujo sin pérdida todo el camino (el GPS no quiso cargar el mapa de Francia ni pa dios), rodeamos París por el Periférico, entramos por la puerta correcta (Porte de Châtillon) y me llevó, con sus indicaciones, a la puerta misma del hotel. Antes de ir al hotel dejamos a la lagarta francesa que había quedado con no-sé-quién para que la fuera a recoger. Al despedirse le dijó al Ken que si al día siguiente (sábado) queríamos quedar con ella para hacer algo que la llamáramos sin problema. Ahí yo me eché a temblar. No es que me caiga mal, pero el quedar con ella (o con ella y su novio) no entraba en nuestros planes de un fin-de-semana-romántico-en-París-para-conocernos-un-poco-mejor. Por suerte el Ken demuestra (casi siempre) ser avispado y se despide con un “bueno, nos vemos el lunes“. Yo casi suelto un suspiro de alivio al tiempo que río para mí.

El hotel resultó estar bien para el precio que habíamos pagado, aunque no estaba muy céntrico. Dos camas pegadas en un bajo y baño privado con una ducha chiquitita con el desagüe un tanto atascado (el Ken la montó el sábado por la mañana inundando el baño por culpa de una ducha un tanto larga aprovechando que yo estaba en el exámen).

El viernes llegamos allá a las diez de la noche, y después de dejar nuestro equipaje en el hotel, salimos a cenar a un restaurante que había cerca, en la Plaza de Alésia. Después decidimos coger el metro e ir hasta el centro a ver algo de París de noche antes de irnos a dormir. Pero qué bonito es Notre-Dame por la noche e iluminado! Dimos un paseo alrededor de la catedral, donde el Ken hizo muy buena observación de que las gárgolas parecían añadidos posteriores (la catedral fue construída entre el 1160 y el 1345 y las gárgolas datan de 1820 aproximadamente) y volvimos al hotel. Yo debí de dormirme como a la 1:30 pasadas, y a las 6:30 ya estaba en pie, con lo que fue ahí donde empecé a castigar mi cuerpo (mentira cochina, la verdad es que ya llevaba arrastrando sueño toda la semana).

Pude contemplar cómo es el París de verdad un sábado a las 7 y pico de la mañana, silencioso, quieto, solitario. Compré un croissant en el restaurante donde habíamos cenado la noche anterior y me lancé al metro, linea 4 con destino Barbés-Rochechuart. Poca gente en el metro un sábado a esas horas de la mañana, tan solo parisinos de verdad. Un chico con ropas que decían a gritos que era camarero, se acababa de levantar después de una noche movidita e iba hacia su trabajo, me pregunta la hora: huit heures moins vint, respondo yo con mi acento super macarrónico.

Al llegar a mi destino comprobé que esa zona también estaba desierta, y en la calle donde estaba el centro de exámenes incluso me llamó la atención el ser consciente de estar escuchando el SILENCIO. La temperatura era agradable a pesar de ser tan temprano así que disfruté brevemente de los metros que me condujeron a la puerta del centro. Seré española, pero un defecto o virtud (como queráis verlo) es que odio llegar tarde, por lo que, como tenía que estar a las 8:30 en el lugar del exámen, yo llegué sobre las 7:50. Al llegar veo una verja cerrada con un teclado de letras (A y B) y números al lado. Saco el papel con la dirección del bolso y compruebo si es allí. En la hoja impresa leo “Code Porte 75AB9” y sospecho que ése es el código que tengo que teclear para entrar. Exacto. Ya estoy dentro y aún no hay nadie. Estoy en un patio interior al que no llega la luz del sol. Al cabo de un rato llegan dos personas, luego aparecen las encargadas y sigue llegando más gente. Entre ellos apareció un español más perdido que un pulpo en un garaje. Era el único de nosotros que no entendía francés, por lo que tuvieron que explicar las instrucciones a él en particular después de la presentación general. El chaval en cuestión era músico y quería ise a New York a hacer un master. Estaba muy nervioso porque su partida dependía de la nota del examen. Relax relax, le repetía yo. Las cosas se dan poco a poco.

No voy a contar mucho del examen. Sólo decir que son 4 horas con un descanso de 10 minutos en medio. Está todo automatizado. Es el propio ordenador el que te va guiando y es el que cuenta el tiempo que te queda de cada parte del examen y el tiempo del descanso. Nos dejan bastante tranquilos.

Entre las 12:30 y la 1 salgo y llamo al Ken. Acaba de visitar la torre Eiffel y está dando un paseo por los Campos Elíseos. Decidimos quedar en el Arco de Triunfo en la Plaza de la Concordia. Salgo del metro a paso rápido y busco. Hay muchísima gente, todo turistas y no le veo. Lo llamo y me dice que está justo al lado del obelisco. Sí, en efecto, allí veo a mi gigante rubio. Vaqueros oscuros, sudadera blanca y pelo recogido en una cola de caballo. Me saluda con un beso, me pregunta por el exámen y me cuenta un poco cómo le ha ido a él la mañana. Nos hacemos unas fotos (nuestras primeras fotos juntos!) y nos encaminamos hacia Notre-Dame para verla de día.

Comemos por el centro y comenzamos a caminar lentamente, siguiendo la orilla del Sena y echando un vistazo a los puestos que discurren a lo largo. Hacía un calor abrasador el sábado y yo eché de menos el haberme llevado algún vestido. Cogidos de la mano empezamos a caminar hacia el norte, rumbo Montmartre, iglesia de Sacre Coeur. Al pasar por la zona del Moulin-Rouge (y hacer un par de paradas para ver escaparates de guitarras) el Ken soltó algo así como “vaya, es un barrio un poco chungo“. “Bueno, es un barrio especial de París“. Ahh, a veces es tan inocente… :)

Al llegar a la iglesia un matrimonio valenciano nos hizo una foto con París de fondo y nos dimos una vuelta por la zona de los pintores.

Caminamos mucho ese día (dudo que menos de 14 km). Volvimos al centro y cenamos en la terraza de un restaurante encantador. Nos atendió un camarero muy amable que hablaba español. Yo pedí pescado y él mejillones. Todo regado con vino y acompañado de la música que venía del interior. Ahí por fin sentí que ambos nos empezábamos a soltar. Esa noche me soltó perlas como que nuestro hotel no era de dos estrellas, sino de 7, porque yo estaba con él. Esa noche me dijo que se sentía realmente afortunado de que me hubiera tomado tiempo en conocerle. En esa cena me cogió de la mano y me miró a los ojos mientras me hablaba. En esa cena comencé a sentirme especial.

Después de cenar dimos otro paseo, nos perdimos repetidas veces, consultamos el plano, nos sonreímos, nos dijimos cosas bonitas al oído e intentamos enseñarnos cosas de nuestros respectivos idiomas (el aprende mucho más rápido que yo). Al final, tras un rato caminando, acabamos en los Campos Elíseos. Camino al hotel paramos a tomar algo, ya que de tanto caminar estábamos sedientos. Yo estaba agotada, había madrugado y necesitaba dormir. Esa noche me dio las gracias repetidas veces por estar con él, por el fin de semana en París y por todo en general.

Al día siguiente nos despertamos sobre las ocho y media, dimos unas cuantas vueltas en la cama perezosos hasta las nueve y pico y finalmente nos duchamos para comenzar el día. Por supuesto por separado, que la ducha era chiquitita chiquitita. Empezó el Ken para dejarme retozar un poco más en la cama (apuntó sabiamente que yo ya había madrugado el día anterior). Nos pusimos guapos y fuimos a desayunar. Pedrito un día me dijo “espero por tu corazón que duren mucho pero no por tu bolsillo”. La versión de mi abuela materna sería “es mejor hacerle un traje (que darle de comer)“. Sí, la traducción es que el Ken traga bastante, pero es normal, que es 1.92 y noventa y pico kilos! :P

Después de desayunar fuimos a llevar el equipaje al coche y nos dirijimos hacia el centro. Dimos un paseo por el jardín de Luxemburgo y nos tomamos un café al lado de la Sorbona mientras el sol de la mañana nos acariciaba con sus rayos. Seguimos camino hacia el Sena, haciendo paradas en los puestos, y acabamos en el Jardin des Plantes, donde hacemos una larga parada en un banco a la sombra. El día es cálido y el sol brilla con fuerza sobre nosotros. Propongo seguir andando un poco, hacia la Bastilla, y por el camino decidimos hacer un alto en un bar-restaurante llamado Antenne para comer algo. Muy buen precio y muy buena comida, pero el camarero un tanto peculiar. Para acompañar pedimos vino y agua. En realidad fueron dos los intentos de pedir agua, pero ésta nunca llegó. Al traerme los cubiertos, sin querer, el cuchillo se le cayó al suelo, y en vez de un “pardon” o un simple silencio, el camarero soltó un sonoro “merde!“. Para troncharse de risa. Comimos al sol y el vino fue poco a poco recalentándose y nuestra piel dorándose (mentira, mi color no es dorado, sino amarronado, y el del Ken es más bien tirando a rojo… - se quemó los brazos, las mejillas, la nariz y la nuca - ).

Llegamos a la Bastilla, dimos un par de vueltas, volvimos al Sena, nos tomamos un café en una terraza y volvimos al Sena una vez más. Allí nos sentamos junto al río mientras hacíamos unas cuantas fotos chorras y observábamos a los patos. Ambos estábamos cansados aunque felices y decidimos caminar un poco para coger el metro que nos llevaría hasta el coche, para abandonar París tras un fin de semana mágico y maravilloso.

La vuelta fue tranquila, cumpliendo él otra vez a la perfección con su labor de copiloto. Paramos para comer un bocata y llenar el depósito y llegamos a casa sobre las 22:30. Hora ideal para llamar a mi madre, darnos una ducha e irnos a la cama entre sonrisas, gracias y te quieros.

Pies Par�s

P.S.: Ayer mientra curraba me llegó un mail del Pequeño diciéndome que su cuerpo estaba en el laboratorio, pero que su mente seguía en París conmigo…

04.25.08

La salud

Publicado en Reflexiones en 9:42 am por La Petite en Belgique

Las cosas más importantes en la vida según google, se pueden encontrar en este post de microsiervos. Ahora en serio, si se le pregunta a alguien qué es lo más importante en la vida, habrá diversidad de opiniones repartidas entre: salud, amor, seguridad financiera, la familia, la vivienda, etc. La posición de la salud como bien importante en nuestra vida variará según la edad de las personas, cobrando más importancia en las personas de edad más avanzada. Pero yo creo que cada vez hay más jóvenes preocupados por la salud. A nuestro alrededor vemos que existen cientos de personas con todo lo que cualquiera puede desear para ser feliz, pero que ven su vida cercenada por un cáncer o cualquier otro mal de los no-sé-cuántos que amenazan a la población actual.

Cuando yo tenía 12 años, mi tío, de 33, una persona super super vital, murió de cáncer de pulmón. Fue ahí cuando empecé a pensar en eso de la salud como un bien imprescindible. Hay algo que con el paso de los años y la independecia he curado (por mi salud mental): yo era una hipocondríaca redomada. Siempre fui perfectamente consciente, incluso desde pequeñita, de la fragilidad de la vida y los terribles peligros que la acechan. Debido a esta mierda, tuve problemas de insomnio desde que tengo consciencia (4 años? 5? joder, una niña de 8 años contando hasta 800 ovejas y dejándolo por aburrimiento, no por dormir) hasta los 23. Qué pasó a los 23? No sabría decirlo exactamente. Antes ya había tenido líos con hombres, pero a esa edad fue la primera vez que dormí con alguien que no fuera amigo o familiar. A eso habría que añadir que ese verano mis dos abuelas se pusieron enfermas a la vez, mis padres estuvieron a punto de separarse (pero sólo a la segunda fue la vencida), se me inundó la habitación y mi hermana tenía una horrible ansiedad que no la dejaba dormir ni respirar. Compartíamos habitación debido a lo de mi inundación y creo que las dos lo agradecimos. Supongo que algún mecanismo desató en mí todo esto que las noches de insomio generalizadas se acabaron. Basta ya de llorar por “lo que podría ser” y preocupémonos por los problemas reales.

No me gusta hablar de lo que no sé porque puedo pecar de imprudente, pero puedo intentar transmitir lo que me cuentan. Algunos posts de Brujaroja (hola guapa :) espero que no te importe que te nombre aquí), el último post de Dudo y la conversación que mantuve ayer con Eric, uno de mis compañeros de escalada, me han hecho reflexionar acerca de este bien tan valioso que es la salud.

No os voy a contar qué es lo que le pasa a Brujaroja porque creo que le corresponde a ella hacerlo y os invito a que os paséis por su blog, que es una auténtica delicia (qué bien escribe, olé), pero si voy a hablaros un poco de mi amigo Eric (que por cierto, mi madre opina que está para untar con pan, eh, Arroaz).

El chiquillo en cuestión tiene 27 años, es un chico fuerte, hasta hace poco saludable, vital y con mil proyectos en mente. Viajero compulsivo y amante de lo natural. Hace como poco más de un mes (la noción del tiempo nunca fue lo mío, sigo teniendo la misma que con 4 años…) le diagnosticaron una alergia alimentaria. El problema es que al parecer había tantos alimentos capaces de desencadenar los síntomas que empezaban con picor general y terminar con shock anafiláctico, que no pudieron decirle a ciencia cierta qué podía comer o qué no. Ayer me contaba que han hecho más averiguaciones. Le hicieron unos tests para ver a qué alimentos era alérgico y dio positivo en TODOS: soja, melocotón, nueces, cacahuetes, naranja (!), tabaco (era fumador hasta hace dos semanas) y unos cuantos más. Todavía no está claro si puede ser alérgico a algo más, por eso debe andar con ojo. En este tiempo ya ha estado 5 veces en urgencias por shock anafiláctico y lleva siempre consigo su jeringuilla de adrenalina.

También me contó ayer sobre su problema para dormir debido a que hace dos años que sufre de Tinnitus. Cuando mencionó la palabra yo me quedé a cuadros (qué inculta soy a veces, mi padre me va a desheredar). Resulta que Eric trabaja como técnico de luces freelance en todo tipo de conciertos, festivales y demás actos, y hace dos años trabajó en un festival tecno durante 10 interminables noches de música a todo volumen. Desde entonces vive con ese permanente zumbido en su cabeza que no le deja dormir y que durante los primeros meses le convirtió en un zombie. Algo se estropeó irremediablemente en la conexión entre su oído y su cerebro y ya nunca volverá a ser lo mismo. Ese zumbido constante lo acompañará siempre, día y noche. Me contaba que para poder conciliar el sueño se fumaba un porro de marihuana todas las noches, pero, oh, destino, también se ha vuelto alérgico a la marihuana (además de al tabaco), así que digamos que le teme a la hora de meterse en cama y cuando llega la noche aprovecha para salir y relajarse un rato. Ayer, yo delante de mi zumo de naranja y él de su cerveza, me dijo que estaba dispuesto a emborracharse, y que iba dejar de quejarse porque realmente aún tiene dos brazos y dos piernas y hay gente que está mucho peor que él en el mundo.

Hay cosas que sólo se valoran cuando se pierden. Intentemos valorar y disfrutar de la salud cuándo aún podemos. La vida es corta, cuatro días y, como decía mi profesor y tutor de proyecto, Julio, la mitad son noches. Así que a disfrutar y (Dudo, robo la frase del médico de tu post) “Mientras haya música seguiremos bailando. Y a ser posible, con una sonrisa“.

04.20.08

Sin corazón

Publicado en Finde moments, Lonely moments, Reflexiones, el Ken en 5:44 pm por La Petite en Belgique

De repente tengo todo eso que durante meses quise tener. Alguien con quien compartir momentos, alguien a quien abrazar, alguien con quien levantarme por las mañanas, alguien a quien coger de la mano, alguien honesto, noble. Alguien que ha llegado de repente a mi vida y hace proyectos a largo plazo, alguien que me demuestra que puedo confiar, alguien que no da la impresión de que me la vaya a jugar. Después de un mes y pico no parecemos una pareja que recién ha comenzado, parecemos un matrimonio.

Pero aún hay mucho por andar. Porque aún no sé qué quieren decir sus silencios, porque esconde su corazón, esconde sus emociones, su felicidad y su dolor. Porque cuando habla no lo hace con el corazón en la mano. Y su miedo por abrir su corazón y mostrar lo que hay dentro me contagia, y me hace cerrarme en banda. Porque es capaz de contar sin pestañear como su novia de dos años lo dejó por otro, porque al darle una mala noticia parece que no siente ni padece. Siempre se me ha dado bien leer la mirada de las personas, pero no sé leer sus ojos, no sé ver más allá, no sé leer entre líneas.

No entiendo, no entiendo, no entiendo. Me promete la luna pero no me explica porqué. Qué le pasa a su corazón? Sólo espero poder encontrarlo, en algún lugar oculto, antes de que crea que no lo tiene, antes de que yo acabe por perderlo…

04.14.08

Perder fuelle

Publicado en Curro, Reflexiones, el Ken en 5:05 pm por La Petite en Belgique

Pues eso, que en el curro siento que he perdido fuelle. Si no fuera porque no tengo otra cosa, me largaría hoy mismo. Pero es difícil encontrar curro cuando no se domina a la perfección ninguno de los idiomas del país. Y tampoco quiero volver al paro en España. Y ahora que he encontrado un Ken que me hace feliz no me quiero ir. Y hay que pagar el piso y la luz. Pero este trabajo me consume…

04.10.08

Take myself lightly

Publicado en Curro, Reflexiones, el Ken en 10:20 am por La Petite en Belgique

Take light

Esta mañana estaba yo soñando con el Ken, cuando suena la alarma del móvil (que estos días suena así) y he visto al Ken a mi lado. La verdad es que había dormido de lujo, pero la noche anterior estaba demasiado cansada y las 7 horas y media no me llegaron para nada.

Pero como yo soy una persona de mente retorcida, no me puedo contentar con estos regalos que me da la vida, ser feliz y parar de hacerme pregunas. No puedo ser feliz pensando que es muy bonita esta aventura de conocernos, descubrir al otro, hacer parte del camino juntos y dejarme sorprender. No. Tengo que empezar a preguntarme qué porqué está conmigo, tengo que decirme a mí misma que tiene una venda en los ojos que muy pronto se quitará y ya no querrá estar conmigo. Tengo que decirme que para mí él es aún una gran incógnita en muchos aspectos y tengo miedo. Tengo miedo a reacciones, a un posible modo de entender la vida, a que la importancia de las cosas esté en puntos diferentes a los míos. Confío en él, pero no confío en lo que pueda venir. Porque sé que puedo confiar en él ahora, pero no sé mañana.

Esta mañana me ha costado salir de la cama y debería estar eufórica, pero no. Viniendo al trabajo, sin desayunar porque en casa no me dio tiempo, pensaba en todo esto y en que por culpa de este trabajo apenas me queda tiempo para hacer nada. Ayer salí de mi casa a las 8:15 de la mañana y volví a las 9 de la noche. Falté a clase de guitarra, como otras veces tengo que faltar a clase de swing, cuando estoy pagando por ambas, y no poco, por cierto. Ayer me sentía tan cansada, tras la dura jornada y las 4 horas de carretera que me tuve que meter entre pecho y espalda, que no tenía ni fuerzas para escribir un post. Tenía varias ideas, sí, pero todas flotaban inconexas en mi cabeza, envueltas por una bruma.

Ayer fui a currar a Brujas, y aunque acabé tarde, no fue tan malo como la vez anterior. Es en un hotel de lujo que está a punto de ser inaugurado, y nuestra labor es instalar los equipos y hacer la programación de una sala de conferencias. La otra vez me tocó ir sola. Salí a las 7 de la mañana de mi casa, me tragué dos horas y media de tráfico, me tuve que pelear con el electricista y sus chapuzas e hice el trabajo de tres personas. A eso de las 7 y pico de la tarde mi jefe me llama para darme indicaciones. Estoy sola, tengo que ir corriendo todo el rato entre la sala de control y la sala de conferencias, que no están precisamente cerca, y aguantar a mi jefe que me dice “prueba esto y prueba lo otro”. A las 8 y cuarto por fin me puedo largar, pero allí no queda ni dios y descubro que me han cerrado con llave. Se han olvidado de mí. Busco una salida de emergencia perdiéndome por escaleras y pasillos mientras llevo mi bolso, un maletín de herramientas que pesa más que yo, un portátil que pesa como un muerto, un mezclador de micros y una escalera de mano. Salgo al exterior y llueve a cántaros. Tengo la cazadora en el coche. La verja de la entrada está cerrada a cal y canto y el personal de seguridad ya se ha ido. Bien! El teléfono de guardia de la seguridad no contesta. Al cabo de un rato aparece un tío de seguridad en un coche. Le pregunto si habla francés: Neeeeeeee. Inglés? Neeeeeeeeee. Joder, me ha tocado un flamenco estúpido con ideas nacionalistas. Le explico en mi rudimentario famenco que quiero salir. No se le ve convencido. Al final me hace escribir mi nombre y el nombre de mi empresa en un papel y me deja salir. Llueve a cántaros y el coche está un poco lejos. Por supuesto no me echa una mano con el bolso, el maletín, el portátil, el mezclador o la escalera. Mierda.

Por suerte esta vez no fue tan malo, pero estoy hasta los mismísimos de tener tiempo solamente para trabajar mucho, dormir poco y ver al Ken brevemente entre ambas actividades.

Quizá debiera hacer como los pájaros, take myself lightly, o para ser más exactos, take life lightly…

04.07.08

Quemada

Publicado en Curro, Family Tales, Reflexiones, el Ken en 12:42 pm por La Petite en Belgique

(este post podría valer como complemento al último de La Vida es asín)

Hoy estoy de mala hostia, como diría mi madre. Esta vez no es el síndrome premenstrual, dado que eso ya fue hace semana y media, así que no tengo excusa. Creo que llevo días durmiendo poco (por consiguiente, el Ken tamién), tengo un exceso de eso llamado vida familiar a lo que no estoy acostumbrada, añoro la tranquilidad, me siento insegura y estoy hasta el moño de las chapuzas en mi trabajo.

Creo que necesito acostarme en cama, leer comics de Mutts hasta reventar y que el Ken me coja la mano.

Hace unas tres semanas Ñatito dejó caer una semilla que en estos momentos está germinando en mí y me tiene la cabeza ocupada. Que aprovechando que tengo aquí, al lado de casa, una de las universidades más antiguas de Europa, por qué no hago un master, si sólo me cuesta 800 euracos y así podría aspirar a algo mejor. Mejor que qué? Veamos pros y contras de este circo del terror:

  1. Tengo un contrato indefinido, algo casi extinto en el Estado Español. Eso significa que tienen que avisar con tres meses de antelación para largarme.
  2. También significa que para largarme yo tengo que avisar con 6 semanas de antelación.
  3. Y también significa que mi categoría, condiciones y sueldo no van a cambiar de forma importante. Trabajo en Valonia pero vivo en Flandes. El nivel de vida es más alto en Flandes. Yo cobro 1300 euros de mierda…
  4. Una de las condiciones actuales es que no cobro NADA por las horas extras (si casi nunca salgo a mi hora eso es una gran putada). Por supuesto no se me permite salir antes de la hora a no ser por causa de fuerza mayor. El horario oficial es de 9 a 6. Muchas veces la hora de comer la pasamos trabajandom eso hace 9 horas de curro. Eso significa que salgo de mi casa algo antes de las 8:30 de la mañana y nunca llego antes de las 7. Eso significa 10 horas y media de cada día entregadas al curro. Eso significa un 43.75% de mi tiempo durante la semana y un 31.25 si tenemos en cuenta toda la semana y no hiciera nada desde casa. No está mal, diría yo…
  5. Como somos una empresa paqueña me pueden dar días por el morro si están contentos conmigo (en Navidades me dieron 10 y me ofrecían más pero ya tenía el billete de avión comprado).
  6. Tengo coche y movil de empresa, y ellos pagan el combustible y la factura del teléfono (el acuerdo inicial era que yo pagaría mis llamadas a España, pero la verdad es que no estoy pagando un duro de los 200 euros mensuales que me gasto). Y el coche lo tengo siempre a mí disposición, como si fuera mío.
  7. Eso significa que parte de mi sueldo es en “especies”, con lo que la pasta que se mueve es menor y si quiero pedir un crédito para comprar un piso, por ejemplo, sólo puedo aspirar a una mierda pinchada en un palo (mi caso es 90.000 euros en 30 años, cuando unos estudios de 30 míseros metros cuadrados que están construyendo a 300 m de mi casa cuestan el doble de eso). Para la empresa es una ventaja, porque con los super impuestos que hay que pagar aquí les sale más barato (el suelto neto es poco más del 50% del bruto en todos los casos); pero a mí me viene peor.
  8. No me pagan un extra cada vez que tengo que viajar a Argelia, donde trabajo los 7 días de la semana y hago jornadas de hasta 12 horas. Me dan un día libre por cada día a mayores que trabajo allá (si curro un sábado o domingo) pero nada más, y con lo cortos que andamos ahora de personal y lo malditamente imprescindible que me he vuelto muchas veces tengo que esperar la rehostia para poder recuperar mis días.
  9. Muchas veces tengo que hacer pequeñas tareas por internet desde casa los findes porque resulta que el finde en Argelia es jueves y viernes, y no se puede perder tiempo. Por supuesto no me ayudan a pagar mi conexión a internet de casi 50 euros al mes.
  10. Mi jefe no tiene vida propia y con lo cual, tampoco tiene respeto por la vida propia de los demás. Eso se traduce en muchos días inesperados de tropecientas horas extras, días que hay que aguantarle el rollo a las 6 de la tarde y alguna vez que mi colega y yo nos hicimos 33 horas de una sentada.
  11. Como decía, somos una empresa pequeña, lo que se traduce en un trato familiar, más confianzas de las debidas y chapuzas por doquier, algo que ya odiaba de mi curro en España. Ese tipo de chapuzas gracias a las cuales muchas veces se trabaja para nada y luego hay que repetir cosas. Sólo porque al jefe se le acaba de ocurrir, tras un finde pensando, que podíamos hacer las cosas de diferente manera.

Esos son los principales puntos a evaluar. No sé si estoy quemada por la organización nula en la empresa, por el poco respeto a mi vida propia o porque no me queda apenas tiempo para vivir cuando salgo de currar. Las tiendas cierran a las 6 de la tarde y durante el invierno a las 17:30 es NOCHE CERRADA. Eso significa que durante los meses de invierno NO veo la luz del sol. Pa cortarse las venas.

Si me decido a hacer el master me gustaría pedir una reducción de jornada, que no me van a dar, o si no, tendría que dejar el curro, quedándome sin ingresos durante mínimo un año (el tiempo que dure el master y lo que me cueste volver a encontar curro). Si hago ambas cosas a la vez (ya sé lo que es estudiar y trabajar a la vez ) no podría estar al 100% en ninguna de las dos, me quedaría sin vida propia (adios al Ken y a los amigos), volvería a tener taquicardias y estaría todo el día horíblemente cansada. A diferencia de España, aquí no tendría una madre que cocinaría para mí, así que no sé cómo me las iría a arreglar. Si sólo hago el master tendría que hacer cábalas para llegar a fin de mes y privarme de muchom quizás volver a compartir cocina y baño con otros estudiantes, algo que juré nunca volver a hacer. Si sólo curro, entonces seguiré maldiciendo como ahora…

A ver qué decido. Por lo pronto a fin de este mes me presento al TOEFL, requisito para el máster, aunque no sé si daré la puntuación requerida o si obrendré los resultados para el 1 de junio, fecha tope de matrícula en el master.

Bien, todo dudas. Y por supuesto, si me quisiera ir a otro país a currar, quizás también fuera capaz de hacerlo. Aunque los ahorros, con este nivel de vida (cada mes me gasto mas de 500 euros en el piso, electricidad e internet, y no estoy contando el comer, salir de vez en cuando ni concederme un caprichito), son finitos…

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