08.12.08

Winter, Spring, Summer or Fall

Publicado en Reflexiones en 9:44 am por La Petite en Belgique

You’ve got a friend (James Taylor version)

Winter, spring, summer or fall
All you have to do is call
And I’ll be there
You’ve got a friend

Así dice la canción de Carole King, aunque la versión de más arriba es la de James Taylor. Siempre me gustaron mucho los dos. Tuve la suerte de conocerlos a través de los discos que tenía mi padre. Más de 700 vinilos que han terminado abandonados en el trastero. Mi madre los exilió ahí después de que mi padre se fuera y no se los llevara porque “no cabían en su mini piso de lujo” donde paga una burrada de comunidad pero no tiene ni lavadora.

Me he despertado hoy con esta canción en la cabeza cuando el Pequeño observó que esta mañana la luz era más tenue y más gris. Los días se van haciendo más cortos, dije yo ayer. Sí, los días se van haciendo más cortos, y a eso habría que añadirle que hoy tenemos un día lluvioso y gris, un día de puro otoño.

Es fall la otra palabra que se usa para autumn, ¿verdad? preguntaba el Pequeño esta mañana. Fue entonces cuando recordé la canción. Mientras preparábamos el café para el desayuno.

Esta mañana ninguna luz dorada brillaba sobre su piel, tan solo una gris y mortecina luz que invitaba a quedarse en cama. En días así me levanto cansada, y el terrible dolor de cabeza de ayer ondea como un fantasma.

Os dejo la versión de Carole King. Yo tengo por aquí la versión del Tapestry, pero en Goear sólo pude encontrar una versión en directo. Que la disfrutéis.

You’ve got a friend (Carole King)

08.11.08

Mantener la línea

Publicado en Anecdotas, Curro, Reflexiones en 10:52 am por La Petite en Belgique

Acabo de hacerle una visita a la secretaria del jefe, italiana de nacimiento, que está en piso de arriba, y me la acabo de encontrar ¡comiendo!. Son las 11:40 y ella tenía su tupper ya casi vacío. Le comenté sorprendida, que si ya tenía hambre tan temprano (vale, por estas tierras es corriente el comer a las 12 o a la 1, pero ¿a las 11:30?

-Ah, nada, estoy acostumbrada. Siempre como a esta hora.

- ¿Y no te mueres de hambre a las 4 o 5?

- Ah, pero es que a las 5 ceno aquí en la oficina un poco de arroz.

(Ahora me explico qué hacen esos 8 tarritos de arroz precocinado en la nevera).

- ¿Cenas a las 5?

- Sí, claro. Y ya no como nada más el resto del día.

- ¿Y sólo comes arroz?

- Sí, sólo un poco de arroz.

(que a mí no me llegaría ni para empezar).

- ¿Te acostarás temprano entonces?

-Ah, no, nunca antes de las 11.

- Yo me moriría de hambre.

- A veces como una pieza de fruta por la tarde-noche.

- Bueno, yo creo que no me acostumbraría. El comer sola nunca me gustó. Los españoles vemos el comer como un acto más bien social.

- Y nosotros los italianos también. Pero yo ya me acostumbré. Bueno, me acostumbró mi novio, que hace body-building y está super cachas. Él hace estos mismos horarios estrictos de comida. Me los aconsejó y ahora como mucho más y estoy más delgada.

- Pero comes siempre sola y nada después de las 5.

- Ah, claro, pero puedo comer de todo, chocolate, galletas, lo que sea.

Pues nada, la italiana, venida también de una sociedad donde el comer es una actividad social, se ha pasado al enemigo. Viva el body-building, las super-modelos y el ser antisocial.

¿Pues qué queréis que os diga? Yo si tengo un novio que me confina a comer sola (comida y cena) y nunca más tarde de las cinco, pues que se busque otra mujer florero. Prefiero a mi Pequeño que lo único que me dice es que el deporte es bueno para la depresión y que le encanta cocinar unas cenas estupendas para dos.

08.06.08

Horario para amar

Publicado en Curro, Reflexiones, el Ken en 10:13 am por La Petite en Belgique

El tiempo libre, en mi opinión, no hay dinero que lo pague.

Necesito un fin de semana libre, un fin de semana sin compromisos ni actividades programadas ni nadie que decida cómo disfrutar de mi ocio. Hace ya mucho tiempo que no tengo un fin de semana. De lunes a viernes mi tiempo “ocupado” (de esclavitud, como yo lo llamo de puertas adentro) es de 8:30 de la mañana hasta las 7 de la tarde. Demasiado tiempo. Creo que ya he hablado del porcentaje de tiempo libre que dispongo. No voy a lanzar cifras de nuevo, no tiene sentido, porque el tiempo libre no hay dinero que lo pague. Por eso, toda la semana, ansío fervorosamente la llegada del fin de semana, ése en el que se para el tiempo y me permita recrearme, dedicarme a mis aficiones, últimamente dejadas de lado (hace un par de meses que no encuentro el momento de tocar un poco la guitarra o intentar hacer ruido con el ukelele, y sólo leo a la hora de comer y poco más).

Pero los últimos fines de semana han sido de locura. El último tocaba barbacoa con el equipo de baloncesto del Pequeño. Y como el evento era cerca de casa de sus padres, pues el domingo lo pasamos allí hasta que consideramos que era hora de volver para hacer limpieza general.

El finde anterior otra barbacoa, esta vez con los amigos. La barbacoa era el domingo, pero el sábado teníamos pensado ir al mercado de Bruselas para abastecernos de víveres. Una persona era la encargada, pero como yo soy la única que dispone de coche, me tocó ir, como de costumbre, de chofer. Por supuesto el Pequeño nos acompañó. Él siempre conmigo a todas partes. Pero el encargado de los víveres estaba aún llegando a casa después de una noche desenfrenada cuando ya tocaba ir a Bruselas. Así que madrugamos para nada.

El anterior finde hubo que celebrar el cumpleaños del padre del Pequeño haciendo senderismo por las Ardenas. Diecisiete kilómetros bajo una lluvia intermitente no estuvieron mal, pero supuso otro fin de semana que tampoco era para mí.

Y antes de ese fin de semana. Bueno, antes de ése fue España, así que tampoco tuve demasiado descanso.

Y justo ahora empieza la temporada de baloncesto para el Pequeño, así que habrá que ajustar horarios para sus entrenamientos de martes y jueves y sus partidos sábados y domingos. Quizá yo tenga algo más de tiempo, pero todo habrá de ir encajado en un horario. Antes me gustaban los horarios porque eran como esqueletos que lo sujetaban todo. Ahora los odio, especialmente en fin de semana.

Pero lo peor va a ser poner un horario para los abrazos y los besos, a ver si encajan entre la hora de mi llegada y la hora de la cena. O entre la hora de la cena y su partida a los entrenamientos. Un horario para amar, qué cosa tan absurda.

Así que mientras tanto, mucha paciencia y a soñar con encontrar un trabajo con un horario más flexible. Odio entregarle mi vida a mi jefe, pero por el momento, no me queda otra.

07.29.08

Un “no” por respuesta

Publicado en Curro, Reflexiones en 8:54 am por La Petite en Belgique

Eso va a ser el tema principal de mi mail de respuesta a la otra empresa. Ayer por fin recibí los papeles con el contrato y las condiciones. Las condiciones son estrictas, casi rebuscadas en algunos casos. Y la diferencia de sueldo con respecto aquí demasiado pequeña: 300 euros brutos que realmente, y dado el sistema de tasas en este país, supone una diferencia de entre 150 y 200 euros. La pasta para llamadas telefónicas es irrisoria comparado con lo que gasto actualmente. Que sí, que aquí son tacaños, pero la verdad es que me pagan íntegra la cuenta del teléfono, independientemente de si son llamadas de trabajo o a mi madre y amigos en España. No sé cuánto gasto de teléfono, pero sé que es más de lo que la otra empresa me ofrece.

Hay un par de condiciones divertidas, como el Ken las definió (los papeles estaban en flamenco, así que me ayudó a traducirlos mientras estábamos en la lavandería). Una de ellas era sobre los tickets de comida, que el empresario podía retirar o reducir, y otra era sobre los cursos de formación, en los que se sobreentiende que la empresa paga 500 euros por día de formación. Resulta que la “letra pequeña” dice que si abandono la empresa en un tiempo menor de un año después de recibir un curso, tengo que pagar un porcentaje de ese curso hasta un máximo que se correspondería con mi salario bruto.

Otra condición, marcada como las más importante del contrato es la posibilidad de desplazamientos por tiempo indefinido por toda Bélgica y Holanda, así como asegurar una disponibilidad total. Y un horario de lunes a viernes de 8:30 a 13:30 y de 14:30 a 17:30. Así que ni horarios flexibles ni historias. Nada de si comes en media hora puedes irte antes. Porque otra cláusula del contrato dice que para modificar alguna condición hay que hacerlo por escrito. El horario no es tan malo, si no fuera porque llegar a la empresa me lleva más de una hora, sobrepasando la hora y media si me encuentro atascos en el anillo de bruselas. Total: me pasaría fuera de casa de 7 a 19. Doce horas. Doce horas. Una o una y media más que ahora. Sinceramente, creo que no me compensa.

Y ahora estoy intentando pensar una fórmula educada para decirles que no me interesa, que el precio es demasiado alto, que con esas condiciones no me compensa dejar mi trabajo actual y arriesgarme en algo nuevo. Sigo buscando la fórmula y no la encuentro…

07.25.08

Se ha ido

Publicado en Reflexiones en 10:56 am por La Petite en Belgique

Reza llegó aquí hace casi ocho años, escapando de un lugar en el que nadie quería estar y de donde nadie podía escapar. Reza vino a Bélgica desde Irán en busca de una vida mejor.

Ese amigo que nos abría sin dudar las puertas de su casa y nos calmaba las tristezas ofreciéndonos todo lo que tenía: té, agua, algo de comer. Ese amigo que siempre estaba ahí para escuchar pero nunca para contar penas. Ese amigo, cuya casa era como un punto de reunión para todos nosotros. Ese amigo, que nunca quiso destacar en nada y que nunca pidió nada a nadie. Ese amigo que era capaz de ofrecerte su sillón mientras él se iba al suelo. Ese amigo que te abría las puertas de su casa incluso el día anterior a un examen de Holandés.

Vivió ocho años aquí como refugiado, hasta que tuvo lugar el juicio y dejó entonces de ser un protegido para ser un perseguido, un sin papeles, un nadie. Alguien a quien nadie quería ofrecer trabajo, alguien a quien nadie alquilaría una habitación ni aunque tuviese dinero, alguien que tenía que ser echado del país.

Reza dejó su habitación y encontró otra más barata, pero llegó el día que tampoco pudo pagar aquella, y contra su voluntad, anduvo deambulando por las casas de los amigos. Siempre con ese gesto tan propio suyo que mi madre el día que lo conoció, definió tan bien: “sonríe con los labios pero tiene los ojos más tristes que he visto en mi vida”. Siguió sin pedir nada a nadie, como también siguió negándose a contar sus miserias, su pasado, su escapada de Irán. Nadie sabe como llegó aquí y casi nadie se enteró cuando se fue.

Me había comentado en alguna ocasión, siempre después de preguntarle, que él nunca te iba contando sus penas, que quería irse a un país donde le fuera posible trabajar. Creo recordar que nombró el Reino Unido. Sí, ése fue el que nombró. Pero se negaba a darte detalles, y nunca nunca nunca hablaba del tema por teléfono. Vivía en un continuo miedo a que algo se supiera. Me recuerda al libro que estoy leyendo ahora, “La voz dormida” de Dulce Chacón, en el que se relata qué pasó después de la Guerra Civil, cómo se escondía la gente y los miedos y horrores que sufrían. Debo decir que el libro me gusta, me atrapa, pero soy incapaz de leerlo por las noches, porque me deja sumida en pensamientos que no me dejan dormir o me provocan pesadillas.

Ayer me enteré de que Reza se fue hace dos días. Se fue para siempre del país en el que no pudo trabajar, del país que lo echó. Con su documentación belga falsa, su plan era ir en bus hasta España, y allí coger un avión al Reino Unido. Y nadie supo que se iba. Por miedo. Porque alguien pudiera enterarse y lo atraparan, y lo mandaran de vuelta al infierno, a Irán, donde vive una familia a la que hace 8 años que no ve. Sólo se lo contó al Ñatito, y él nos lo comunicó ayer. Se fue, sin mirar atrás ni pedir nada a nadie. Se fue de la misma forma en que vivió aquí: tranquilo y sin molestar a nadie.

Le pregunté a Ñatito si volvió a hablar con él. No, me respondió. No sé nada de él.

Esta mañana, sabiendo que sería inútil, marqué su número. El número de un móvil belga. Y al otro lado una voz grabada me contestó: “El teléfono marcado no se encuentra disponible en este momento…”.

Me alegro de que la primera parte de su viaje haya concluído y le deseo toda la suerte del mundo porque se merece eso y más. Reza está en España.

Actualizado: Acabo de volver a llamar y el contestador esta vez es en inglés. Ha llegado!

07.24.08

Tercera entrevista

Publicado en Curro, Reflexiones en 9:15 am por La Petite en Belgique

Estos días no sé que me pasa. No me faltan ideas ni inspiración para escribir. De hecho, cada vez que voy en el coche del trabajo a casa o de casa al trabajo, se me ocurren montones de temas. Pero me pongo a escribir y no me salen las palabras ni las frases. No soy capaz de conectar las ideas, por lo que entonces, no escribo. Creo que necesito dormir más para despejar esta neblina que se ha posado en mi cabeza…

A lo que iba. Hace dos días tuvo lugar mi tercera entrevista para CTAT. Esta vez con el jefe de la unidad a la que yo iría, “Smart Solutions”. Llego con diez minutos de adelanto y sale a recibirme un hombre joven (luego me enteraría de que tiene 41 años), delgado (como buen belga), entre rubio y pelirrojo, con una calva incipiente pero patillas de esas que me gustan a mí. Su aspecto y su todo eran agradables, pero su mirada era dura e intraspasable.

Nos sentamos en el mismo despacho en el que estuve la otra vez. Él tenía una libreta, por lo que creí que iba a tener que contar mi historia una vez mas. Pero no, él empezó a hablar y hablar sin parar. Me contó un poco en que consistiría mi trabajo y me dijo que sus dos compañeros con los que yo había tenido la anterior entrevista, le habían hablado muy bien de mí. Me dijo que para el trabajo eran necesarias dos características:

- Para este trabajo necesitamos a alguien que ame la tecnología y alguien que posea genes para la consultoría.

No sé si lo percibió, pero yo me quedé con la boca abierta ante esta afirmación, y ya esperaba con miedo que me pidiera una demostración acerca de mis genes y la consultoría, cuando dijo:

- Y mis compañeros me han dicho que tú los tienes.

Ahí la boca se me cerró y no pude decir nada. Los genes para la consultoría significa que no importa donde esté el cliente, uno va sin pensárselo dos veces adonde sea. Pues vale, pero sin volvernos locos, ¿eh?

Continuó un poco más hablando acerca del trabajo. Todo datos ambiguos. No me estaba aclarando ninguno de los interrogantes que tenía en la cabeza cuando:

- ¿Tienes alguna pregunta?

Entonces empecé a preguntarle acerca del salario, el horario, las horas de comer, las horas extras y los desplazamientos. Me da tanto miedo meterme en un curro donde nuevamente tenga que trabajar montones de horas extra que el tío debió de pensar que yo estaba obsesionada con el horario.

- No se suelen hacer horas extras, pero aquí se trabaja duro, más que en un trabajo ordinario. Y ocho horas no son siete, y media hora extra no son horas extras.

- Vale.

Me dio un poco de mal rollo la dureza con que lo dijo, pero yo decía “sí a todo”, como windows. De todos modos aclaré que uno no puede trabajar 10 horas todos los días porque eso no es bueno para la salud, cosa que él corroboró.

Le pregunté también si había unas horas prefijadas para la comida, en un intento de saber si tenía que sumar una hora a las ocho horas reglamentarias o si solamente sumaba el tiempo que me llevara comer. Entendí que sumaba sólo ese tiempo, y que el horario era más o menos flexible, pero claro, “cuando trabajes fuera deberás adaptarte al horario del cliente”.

Luego me dijo que claro, que los españoles teníamos unas costumbres un tanto extrañas, y nuestros horarios de trabajo no eran los más convenientes (ahí me acordé yo del 8 a 3 maravilloso de la productora de vídeo), que él había trabajado en España, y que se moría de hambre por las mañanas y de impaciencia a la hora de la siesta.

- ¿Usted sabe que en Galicia no dormimos la siesta? Vamos, yo no la he dormido en mi vida (mentira, cuando trabajaba de noche lo hacía, pero no venía al caso).

- Bueno, pero ya sabes, España tiene que adaptarse a Europa y sus horarios.

Sí, claro, a esta mierda de horarios y a las 65 horas semanales, ¿no? Por supuesto, esto último sólo lo pensé.

Luego hablamos de las condiciones, pero no me contó nada. Sólo apuntó en su libreta las condiciones que tengo en mi actual trabajo y me dijo que ellos me darían un “budget” y con eso haría yo lo que me saliera de las narices. Y que dependiendo del budget podría escoger el coche que yo quisiera. Eso está bien, es una de las cosas que pedí en mi actual empresa, por eso de que al banco le da igual si la empresa te da cositas porque no cuentan como dinero para ellos.

Me preguntó mi edad para saber en qué momento estaba yo de mi carrera, y luego me contó que vive cerca de Leuven, que tiene 41 años, está casado y tiene hijos (como todo buen belga). Luego me contó que estuvo dos veces de vacaciones por España. La primera en moto (bien, me dan buen rollo los moteros) por el País Vasco y la otra en coche con su mujer, pero que todo salió muy mal porque les robaron del coche en Sevilla y cancelaron el resto del viaje.

Luego me dijo que esta semana me enviaría por mail los papeles con el contrato, las condiciones, etc. Y que ya que vivíamos cerca, podía venir él a Leuven a tomarse una cerveza para la firma del contrato. Me dijo que si todo iba viento en popa podría empezar el 1 de octubre. Buena fecha, sí señor, al menos no me arruinará las vacaciones que tenía pensado cogerme con el Pequeño la segunda quincena de septiembre.

Con un apretón de manos de esos tímidos, escurridizos y “flojos” que tanto me dicen de una persona, nos despedimos.

No sé si al final habré asustado al pelirrojo de las patillas, el vitíligo en las manos y la mirada dura. No sé si al final no le habré gustado con mi obsesión por el horario. Pero prefiero no meterme en algo peor a lo que estoy ahora. Si al final me envía las condiciones y todo está en orden, pues bien. Y si no, pues a otra cosa mariposa. Ahora que sé que tendría derecho a cobrar una ayuda si estoy sin trabajo todo me da menos miedo, y lo que sé que no quiero dejar atrás es el master de Inteligencia Artificial, que por cierto, aún no sé si me admitirán. A finales de agosto lo sabré, y tendré aún tiempo para decir en mi curro actual qué haré.

Y ante todo: mucha calma.

07.18.08

Algo de luz y mails de dos tocayos

Publicado en Reflexiones en 12:49 pm por La Petite en Belgique

Esta mañana recibí un mail de mi Pequeño, con un link con información sobre master que quiero hacer: asignaturas, horarios (esa parte yo no la había encontrado). También me mandó otro link con información sobre el paro en caso de ser extranjero, que en muchos casos es el mismo que si eres belga. Con la mente más abierta, me puse a buscar en internet información sobre el tema, y ver si encontraba algo sobre el part-time de las narices que no viene especificado en ningún lado de la página del master.

Así que de casualidad caí en un CV de un belga, tocayo de mi Pequeño, que había hecho el master a tiempo parcial y que había terminado este año. Encontré en su blog su dirección de e-mail y decidí escribirle para preguntarle detalles.

Una hora después me contestó, en un largo mail de lo más amable. Mientras él hacía el master a tiempo parcial estaba ocupado haciendo otro master a tiempo completo y trabajando como periodista freelance. Que no es ningún problema trabajar a tiempo completo y que las clases no son obligatorias ni necesarias para sacar buenas notas. Que los profesores son en general muy buenos y el master es de lo más interesante. Pero que la tesis final era algo serio, a lo que había que dedicarle tiempo. Hacia elfinal de su mail me pregunta que a qué me dedico y que si quiero saber más cosas que no dude en escribirle :)

Así que estos dos tocayos belgas me han dado un poco de luz en esta soledad llena de tinieblas. Y luego dicen que los belgas son asociales y fríos y que van a los suyo! Pues éste resultó ser muy agradable y el mío es un sol! :D

La soledad le da vueltas a las cosas

Publicado en Curro, Reflexiones en 9:03 am por La Petite en Belgique

Ayer tuve una tarde agradable, compartida con mis amigos y el Pequeño. Estuvimos contándoles cómo nos había ido en Spain. Fue agradable. Nos reímos bastante.

Pero por la noche volvieron los fantasmas a mi cabeza y derramé lágrimas una noche más, mientras yo fregaba unos platos y el Pequeño los secaba. Sé que estos días me estoy poniendo muy inaguantable, pero me siento atrapada en una situación que no me gusta y no sé cómo va a salir todo al final. Es entonces cuando me pongo a pensar que no sé cómo él me aguanta. Yo protestando y llorando y él repitiendo constantemente que me quiere y que su máximo deseo es vivir conmigo… Si ya lo decía yo, es un bendito.

Además hay que añadir que en el trabajo me siento más sóla, si cabe, de lo normal. En la empresa somos 11. Yo trabajo en un despacho grande, que podría albergar a cuatro o cinco personas, y en cuya puerta reza: “Engineers Team”. Pero ni team ni nada, estoy sola. Y esta quincena esto está mucho más muerto, pues hay un montón de gente de vacaciones, y tan solo estamos cinco. Yo estoy en el despacho al final del pasillo, el griego en el piso de arriba, la secretaria nueva (lleva poco más de una semana) al otro lado del edificio, la de contabilidad está con la secretaria (pero tiene turno reducido) y uo de los técnicos, que se pasa el día leyendo el periódico o debajo de las baldosas, porque apenas lo veo.

Así que si echamos cuentas: ocho horas de trabajo, más la hora de comer, más la hora y media que suponen los desplazamientos; eso hace un total de diez horas y media que me paso sola al día. Es decir, casi un cincuenta por ciento del tiempo. Quedan trece y media, de las cuales duermo entre siete y ocho. Quedan entonces cinco y media, dos de las cuales las empleamos el Pequeño y yo para hacer la cena, cenar y fregar. Otra se va por la mañana entre la ducha y el desayuno. Ya quedan sólo dos restantes. Tiempo en el que leo, nado, veo a mis amigos o me evado. Así se reduce mi día. Y para mí es triste.

El Pequeño dice que es esta maldita soledad lo que me está matando. Esta mañana he bromeado con la idea de que me voy a crear un amigo invisible en el trabajo, a ver si me siento mejor. Pero la verdad es que no tengo a nadie, en esas 9 horas que paso aquí, para charlar, bromear o discutir.

El martes tengo la reunión ésa en la otra empresa para estudiar las condiciones. Si digo que sí, empezaré a trabajar allí seis semanas después, el tiempo de preaviso de rigor. Seis semanas a partir de ahora quiere decir principios de septiembre. Hace dos días entregué los últimos papeles para matricularme en el master, pero no sé si me admitirán hasta finales de agosto. Si supiera que me admiten aguantaría hasta septiembre aquí, y luego pediría, sabiendo que me dirían que no, la media jornada. Pero si no me admitieran, escaparía cuando antes de aquí. Pero si me voy o no, independientemente de que tenga que pasarme otro mes y medio en esta silla, tengo que decidirlo la semana que viene.

Y no sé qué es mejor, qué debo hacer. Para decidir la semana que viene necesito un dato que no llegará hasta el mes que viene. Lo de decirles ya que sí y que al final sea un “no” no es algo que me gustaría hacer. Por otro lado, no sé si tendré que firmar el contrato ahora o tras estas seis semanas. ¿Alguien tiene experiencia en esto? ¿Cómo suele hacerse?

Y aquí sigo, en la soledad de mi despacho, elucubrando, rompiéndome la cabeza, dándole tantas vueltas a las cosas que me siento mareada. Y por la ventana sólo se ve un monótono día gris.

07.16.08

Petite reivindicativa

Publicado en Curro, Reflexiones en 11:10 am por La Petite en Belgique

Ya quería escribir este post ayer, pero no lo hice por falta de tiempo. Hoy me levanté con ganas de escribir uno mucho más lacrimógeno, pero para sacudirme la melancolía de encima voy a intentar poner por escrito lo que ayer tenía en la cabeza cuando me dirigía en coche a mi casa.

Ayer sucedieron tres hechos que me hicieron pensar:

Primero:

Hace dos días la responsable de contabilidad vino a entregarme los tickets de comida que me habían prometido en la última reunión que tuvimos para discutir mi situación en la empresa. Tuve que firmar una especie de contrato por ellos y otro papel en donde también venían los nombres de todos mis compañeros (diez).

A la hora de comer coincidí en la cocina de la empresa (mierda-cocina que no tiene ni un hornillo para hacer un huevo frito) con uno de los técnicos (uno de los dos, que como ya expliqué, aquí somos cuatro gatos). Estuvimos hablando un rato y de repente saca el tema de los tickets y dice que le sorprendió muchísimo recibir algo así después de trabajar durante casi ocho años en la empresa y sin haber visto nunca precedente. Volví a acordarme de la última reunión, y a pensar que mis tres meses de pataletas y peticiones, luchando sola por la causa, había dado como resultado una pequeña mejoría para todo el mundo.

Hablamos el técnico y yo un poco de esa reunión, y le comenté que lo de cobrar las horas extras o los viajes a Argelia no iba a ser algo que vieran nuestros ojos, ya que la de RR.HH. había alegado que la empresa no disponía de dinero para pagarle eso a todo el mundo (no cuatro gatos, sino cuatro personas que actualmente trabajamos en el área técnica y que somos los únicos que tenemos que viajar a Argelia). Mi compañero me dijo entonces que porqué todo el mundo, que yo podía haber pedido dinero en negro sólo para mí y que le dieran al resto.

Y es cuando yo, por dentro, me pongo al rojo vivo. Esa mierda situaciones en que algunos reciben dinero “por debajo de la mesa” y el resto de pringados las pasan negras es una mierda. Si no nos unimos por la causa no vamos a conseguir nada que dure a largo plazo. Cuando trabajaba en la productora de vídeo, en España, había una situación parecida, en que algunas personas recibían su sobre “por debajo de la mesa”. Éramos 53 empleados, y un buen día los 53 decidimos unirnos y rechazar esas mierdas “por debajo de la mesa” y actuar según regían las normas, exigiendo el pago por nuestras horas extras amenazando con negarnos a trabajarlas si no las cobrábamos. Parecía imposible, pero al final conseguimos casi todo lo que nos propusimos: cobrar todo el mundo las horas extras, una subida en el pago por trabajar en fin de semana y mejores condiciones en general para TODO el mundo. Pero aquí no. Aquí somos cuatro gatos y en 8 malditos años no han cambiado nada porque pasan, porque todo el mundo va a su bola y porque así el empresario tiene las de ganar. Tiene que venir una petite españolita a pedir y patalear durante tres meses para que TODOS consigamos una pequeña mejoría. ¿Es eso compañerismo? Es mierda.

Segundo:

El segundo hecho que me dio qué pensar también me lo proporcionó ese técnico. Me comentó que el jefe (que ahora está de vacaciones, al igual que su hija la de RR.HH., con lo cual si tengo algo que reclamar / comunicar / preguntar lo haré al maestro armero) estuvo durante varios días preguntado a todo el mundo quién me había lavado el cerebro. Que porqué andaba yo pidiendo mejoras, reclamando mis derechos, de repente. Veo que mi jefe de sesenta y pico tacos sigue jugando al escondite y no me dice las cosas a la cara. Él cree que estas “ideas raras” me las inculcó el ingeniero que se piró en marzo, después de seis meses en la empresa. Bueno, eso le hace estar al rojo vivo y de paso entretenerse. Si fuera por delante todo sería mucho más fácil, pero se ve que eso no se lleva por estos lares.

Tercero:

El griego (comercial), en un alarde de querer compartir experiencias y dar enseñanzas, ayer se me apareció por el despacho media hora antes del fin de mi jornada laboral. Su relato estuvo todo el tiempo acompañado por sonrisas afables, un tono cordial y risas más o menos estentóreas.

- ¿Tú cuántos años tienes?

- 29, cumplo 30 en noviembre.

- Yo cuando tenía 31años (ahora tiene 49) trabajaba durísimo para una empresa. Trabajaba de 8 de la mañana hasta la medianoche. Pero gracias a eso conseguí ser la persona con más conocimientos y experiencia en el campo. Trabajaba de 8 de la mañana a medianoche!

- Vaya, eso no debe ser muy saludable - fue mi contestación, a lo que siguió una risa estentórea.

- Y cobraba un sueldo bajísimo, bajísimo, pero era el que tenía más conocimientos de todos.

[...]

- Y años después trabajé en Francia. Ése sí que fue un buen trabajo. Pero tenía que hacer doscientos y pico kilómetros para ir y otros tantos para volver. Era durísimo.

- Creo que eso tampoco es muy saludable.

- JAJAJA. Pero cobraba mejor, y el jefe quería que fuera su sucesor cuando se jubilara.

Vaya, a ver qué pasó. Eso me intersa, porque no sé que hace de pringado aquí entonces, pudiendo ganar una pasta gansa de jefe en un trabajo que le gustaba y que le quedaba a doscientos y pico kilómetros de casa.

- Pero resulta que al final el duño vendió la empresa y me quedé sin ser jefe.

- Ahhh.

¿Moraleja? Debo ser medio retrasada, poque no lo pillo. ¿Trabaja sin descanso por un sueldo mísero para que te den la patada? Veo que todo el mundo está intentando hacer algún tipo de propaganda política para que me vuelva sumisa.

¿Y por qué este post? Y todo este rollo reinvindicativo. Porque estos días me va la cabeza a cien. Porque tengo casi 30 años, digamos el tercio de mi vida (o más) y no quiero pasarme el resto perdiendo entre 10 u 11 horas al día por culpa de mi trabajo (entre desplazamientos y la hora para comer eso es lo que me paso fuera de casa) y cobrando lo justo para vivir pero nada para mañana. Ésa es una de las razones por las que es posible que no acepte el trabajo en la nueva empresa. Ésa es la razón por la que llevo tres meses pataleando y protestando por unas mejoras que vienen a cuentagotas. Ésa es la razón por la que me indigna que se haya votado que sí al máximo de 65 horas semanales, y España se haya cobardemente abstenido. El trabajo fue concebido para vivir, pero ahora se vive para trabajar. Nos pasamos asi la mitad de nuestra vida oprimidos, trabajando a destajo, y ¿para qué? ¿Para disfrutar de nuestras familias, amigos y nosotros mismos en la vida que viene? No, esto no es un ensayo ni una preparación. Ahora es cuando se juega la final y parece que aún hay mucha gente que no se da cuenta. Ayer le pregunté a mi hermana qué pensaba de las 65 horas, y me dijo que si se las pagaban que por ella estaba bien. Ella que no pasa realmente apuros económicos, que no tiene que pagar un alquiler y que no sabe lo que es pasar hambre. Sencillamente no lo entiendo. Creo que en la sociedad actual se está olvidando que lo que realmente cuenta son las personas…

07.15.08

Segunda entrevista

Publicado en Curro, Reflexiones en 9:35 am por La Petite en Belgique

No sé si os acordáis de la triple entrevista de trabajo que tuve antes de mis vacaciones. Siemens, Accenture y CTAT. Mi preferido sin lugar a dudas era Siemens (por las condiciones, la flexibilidad y el sueldo), pero hace unos días me enviaron un e-mail para decirme que no estaban interesados en mí. Accenture ya me había dicho desde un principio que no, aunque días más tarde me enviaron un e-mail con otras ofertas para su compañía. Les eché una ojeada rápida pero no encontré nada que me convenciera. El día de la triple entrevista, CTAT me dijo que quería volver a entrevistarme y que se pondrían en contacto conmigo para concertar una reunión con uno de los superiores de la empresa. Pocos días después recibí un mail en el que querían concertar una entrevista para el lunes 30 de junio o martes 1 de julio, días en los que yo ya me encontraría en España. Les mandé un mail explicándoles mi imposibilidad para acudir tales días, explicándoles que me iba dos semanas de vacaciones a mi tierra (y de paso me sentí culpable por poner una excusa de placer). Contestaron al día siguiente que por su parte no había ningún problema y que podíamos aplazar la entrevista para el lunes 14 (o sea, ayer) y que de paso me deseaban unas felices vacaciones.

Ayer pedí en mi trabajo para salir un poco antes de lo normal y que me diera tiempo a llegar a la entrevista. La maldición de las entrevistas de trabajo se cumplía una vez más y yo me encontraba casi enferma (incluso dudaba de si tendría fiebre). La verdad es que no tenía ni pizca de ganas de ir, me preocupaba que me aceptaran en un trabajo donde me tendría que sacrificar más que en este, aunque fuera a costa de un mejor sueldo. Vale, el sueldo es importante, pero cada vez valoro más la calidad de vida.

Contra lo que me esperaba, las dos personas que me entrevistaron (un hombre y una mujer) fueron extremadamente amables y se mostraron muy interesados en mí, preguntándome cuándo podría estar disponible y anotando en un papel “a mediados de septiembre”. Me explicaron que recibiría un training para ponerme al día, que tendría 8 horas de trabajo al día, lo que hace 40 horas semanales) y 32 días hábiles de vacaciones al año (lo normal es tener 38 horas semanales y 20 días de vacaciones). 32 días de vacaciones se traduce en poco más de mes y medio al año. Horario más o menos flexible, dependiendo de donde viva, coche, gasolina, bonos de restaurante, portátil… Me preguntaron cuánto quería ganar, y a mi vez pregunté yo cuánto estaban dispuestos a ofrecerme. Me dijeron que desconocían cuánto se pagaba por el puesto que se me asignaría, así que lancé una cifra que es casi un 50% más de lo que gano ahora.

Puntos positivos:

  1. Horario flexible.
  2. Mejor sueldo que ahora, incluyendo bonus.
  3. Posibilidad de cambio, mejora y aprendizaje de cosas nuevas.
  4. Las horas extras se recuperan.

Puntos negativos:

  1. No sé hasta que punto ese horario es flexible, ni si esas 8 horas incluye la de comer o esa hay que sumarla a mayores.
  2. Está un poco lejos, cerca de Antwerpen. Eso significa comerme los atascos del anillo de Bruselas por la mañana y por la tarde (puede que más de dos horas de coche entre los dos trayectos).
  3. En ocasiones es posible que tenga que viajar entre varios días y un par de meses a otra ciudad de Bélgica u Holanda.

Por otro lado, si digo que sí, eso significa un adiós definitivo al master que tenía ganas de hacer. Si me quedo donde estoy puedo intentar negociar la media jornada con mi jefe actual (aunque casi seguro espero un NO por respuesta) e intentar sacarme el master en dos años a media jornada. El Pequeño me anima a que haga el master en un año a tiempo completo, pero eso de pasarme un año sin trabajar me da terror, no sólo porque no tengo ahorros para un año sino también porque vengo de un país donde el paro es demasiado frecuente. El Pequeño me apoya, pero sabe que no soporto depender de nadie, así que tampoco insiste, pero yo sé que está preocupado por mí, porque quiere que yo haga algo que me haga feliz. Lo veo en su mirada, que es triste cada vez que me ve preocupada.

No sé que hacer. Por un lado me revienta irme de aquí, dejarlos colgados; además de que mi mala memoria ya me ha hecho olvidar los malos momentos y las rabietas que he tenido aquí. Y el trabajar más lejos, aunque gane más y suponga un avance en mi carrera, no me tienta demasiado. Eso significaría, quizá (no sé cuán de flexible es el horario), tener menos tiempo para mí y para el Pequeño.

Tomar decisiones que solo me incumben a mí me producen dolores de cabeza. Tomar decisiones que afectan a más personas me provoca insomnio. Así que estos días, al síndrome de la vuelta al cole le sumo la preocupación de qué hacer con mi futuro. Y realmente no sé, no sé nada de nada.

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