09.04.08
El jardinero fiel
G., el jardinero de la empresa, o chico para todo, está casado con una de las hijas del jefe. No la de RR.HH. la que come papel, no. La otra. El jardinero es un tipo más bien afable, que siempre te recibe con una sonrisa y unas palabras amables, poniendo verde al jefe y después apuñalándote por la espalda. La verdad es que es una suerte tenerlo, porque cuando el jefe habla mal de mí a mis espaldas (65 años y es incapaz de decirme las cosas a la cara) me entero al día siguiente. Pero claro, el jardinero a veces oye campanas y no sabe de dónde vienen. La historia te puede venir distorsionada, versionada y remixeada. Pero si el jardinero dice algo, es que hay un fondo de verdad. Aquí sería cierta la frase de “cuando el río suena agua lleva”. Por todo ello se ha ganado el mote de “Bruit de couloir“, ruido de pasillo. Por cierto, el mote se lo puso el jefe, o sea, su suegro.
Nuestro jefe, un alardeador nato, me contó un día cómo hace para enterarse de todo lo que pasa en la empresa cuando él no está. Al final del día llama a su hija por teléfono (RR.HH., cuñada del jardinero) para preguntarle qué cosas le contó el “bruit de couloir“. A partir de ahí, sabiendo que la información viene exagerada, se hace una composición de lugar.
Recuerdo a G. cuando empecé a trabajar. A veces parece que habla solo. Yo no solía entender ni una sola de sus palabras (ya me era bastante difícil entenderle al resto), pero él seguía hablando y hablando, gastando bromas aunque yo no contestara.
El jardinero aprendió hace pocos años a leer y escribir. Los primeros meses que estuve en la empresa nos dieron cursillos de lenguas. Inglés básico para casi todo el mundo, excepto el jefe (que presume de su inglés diciendo cosas como “we must becomes something” queriendo decir “we must start something“), el Ultracatólico (el único flamenco de la empresa) y yo. Francés nivel II para la hija del jefe (RR.HH., que tiene casi tantas faltas de ortografía como yo cuando escribo en francés) y Francés nivel I para el jardinero y para mí. G. se aburría muchísimo en aquellas clases (dos horas los viernes) y al poco tiempo empezó a escaquearse. El profesor me preguntaba por él y yo juraba no haberlo visto (mentira).
Recuerdo que la época del curso, el jardinero a veces venía sin dientes. Luego le pusieron unos nuevos.
Además de jardinero, es chico para todo. Cablea racks, pinta con pistola, limpia y ordena el stock. Pero tiene un problema. Hace años tuvo un accidente y le operaron la espalda, poniéndole unos terribles tornillos, por lo que se queja continuamente de dolor. Cuando hace esfuerzos se queda un par de semanas en casa, descansando. A veces falta días sueltos, haciéndolos coincidir curiosamente en jueves y viernes. El jefe, al parecer, no se cree que tenga tanto dolor, y ha amenazado un par de veces con despedirlo, a lo que el jardinero fiel ha contestado que “entonces qué va a darles a sus nietos (los del jefe) de comer“. Así que mi pobre jefe está atado de pies y manos.
Hace dos días había que llevar un rack a una empresa. En principio iban a ir el Ultracatólico, uno de los técnicos (el otro sigue de vacaciones) y el jardinero. Pero el rack era demasiado pesado y ya se temían otra baja de dos semanas, así que me tocó a mí ir en su lugar. Ya veis, la Petite, de 1.59 de altura y 49 kilos de peso, a llevar un rack de más de 100 kilos a peso con otros dos por unas escaleras.
Cuando el jardinero está de baja y los setos crecen amenazantes, suele venir su mujer, que siega el cesped con fruición. También viene ella a veces cuando hay problemas con la señora de la limpieza. Es que el jardinero tiene una mujer que es un tesoro, y el jefe una hija que trabaja por amor al arte.
En sí es buen tipo, sólo que hay que tener un poco de ojo con él. Pero bueno, con casi todos en general. Somos pocos, pero aquello puede ser a veces como un nido de víboras.
Reunión en la empresa
Dos horas y media de reunión con todo el personal presente hoy: ocho personas. Hay dos más de vacaciones y el jardinero nadie sabe donde está. Se discutieron cosas como la organización del servidor, tareas del personal administrativo, etc. Pero entre las bromas del jefe (siempre fuera de lugar), los coqueteos de la secretaria del jefe y algún gesto obsceno, lo mejor fueron algunos de los puntos expuestos por la hija del jefe (RR.HH.):
- Que alguien debería leerse el manual de los teléfonos inalámbricos y explicárselo a los demás, porque nadie es capaz de configurarlos de acuerdo con el teléfono del despacho.
- Que hay alguien que sin nocturnidad pero con alevosía estaba robando papel higiénico. Durante los últimos días está llevando una exhaustiva cuenta de cuántos rollos se utilizan/desaparecen.
- Que todo el que necesite material de la empresa debe comunicarlo para que ella sepa donde se encuentra en todo momento dicho material, no vaya a ser que alguien se muera o tenga un accidente con el coche y no sepamos que esa persona había cogido el material.
- A propósito del robo que hubo en julio, se van a borrar todos los códigos personales de la alarma para introducir otros nuevos, e hizo el anuncio de que el Tacones tiene dos códigos, lo que él ha negado categóricamente (”yo siempre uso el mismo“).
Cabe destacar que esta vez se abstuvo completamente de comer papel en la reunión. Debe de haber dejado el vicio. Antes le daba mucho a los bloc de cuadrícula.
Y yo sigo con mi dolor de cabeza ![]()
Nuevo candidato
Ayer uno de mis deseos se hicieron realidad, y fue la aparición de un candidato para la oferta de trabajo que la empresa publicó hace ya seis meses: ingeniero de proyectos. Digo que era uno de mis deseos porque si no viene nadie más a trabajar, no me darán la media jornada. En este momento sólo somos dos ingenieros, más dos técnicos, o sea cuatro personas para todo el trabajo técnico.
Tras tener el Ultracatólico al candidato en su despacho durante algo más de hora y media (lo que estuve yo en su día en cada una de las dos entrevistas que hice), me llamó para que comprobara su nivel de inglés (es la segunda vez que me toca hacer esto, la primera fue con el ingeniero que finalmente trabajó aquí durante seis meses antes de salir corriendo dadas las condiciones). Así que allá fui.
El candidato era alto (no, altísimo, ¿qué le darán de comer a estos belgas?) y para ser valón, su inglés era bastante decente. Algún problema con la pronunciación y alguna palabra en forma inadecuada. Pero mucho mejor que el anterior ingeniero. Me estuvo contando que había acabado la carrera en junio, que era de Namur y que había estado de vacaciones con sus padres por Francia y luego con dos amigos en Irlanda de autoestopistas. Le conté que yo era española y…
- Ah, sí, ya lo sé.
- ¿Ya lo sabes? - vaya, ¿sería que mi acento me estaba delantando?
- Sí, lo vi en la página web.
Eh, ¿en el blog de la Petite? Ah, no, justo recordé la web de la empresa, que yo estuve remodelando hace algunos meses. Por suerte quedaron muchas cosas pendientes, como las fotos del personal nuevo, es decir, yo y el ingeniero que se piró tras seis meses.
Sensación rara eso de que sepan cosas de ti por una página web que ni siquiera recuerdas. Es como si te espiaran. Porque no es como un blog, que se escribe voluntariamente y no se dan datos personales. Las páginas web de empresa son como escaparates en los que uno figura como un artículo: nombre y datos, y a veces foto.
Por cierto, el candidato, a pesar de ser joven e inexperto, gustó, pero está pendiente de tener una segunda entrevista el viernes con otra empresa. Una segunda entrevista es algo importante, casi decisivo, diría yo, por lo que es posible que le perdamos… La semana que viene sabremos más, y mientras tanto, sigo sin saber nada.
09.03.08
Alguien ha venido
El sonido del telefonillo me despertó a eso de las seis de la mañana. No me molesté en levantarme y ver quién era, está estropeado y no se puede oir a quien hable desde abajo. Y de todas formas aún quedaba más de una hora para tener que levantarme y necesitaba dormir. Y la cama estaba calentita. Ni siquiera me moví y tan solo abrí un poquito los ojos para ver la hora y darme cuenta de la claridad de la mañana.
Al poco oí pasos por la escalera, entrando en el descansillo del segundo piso, donde yo vivo. Reconozco los pasos en esa zona porque el Pequeño hace un sonido parecido cuando viene. Pero esta vez no es él. Es alguien que no llama a la puerta, o sí. El timbre no funciona y su sonido apenas se oye en el pequeño vestíbulo, y además hay una puerta que me separa de él. Con la vaga consciencia que puedo tener a esas horas de la mañana, oigo unas llaves en mi cerradura y luego pasos. Y alguien entra donde yo estoy. Pero no me muevo. Suelo dormir desnuda, así que no me apetece salir de la cama y enfrentarme a nadie. Me hago la dormida y esa persona, una mujer algo entrada en años, al verme, gira rápidamente y se va, no sin antes cerrar la puerta que da al vestíbulo y la puerta del apartamento. No oigo nada más.
Sólo me doy cuenta de que estoy sufriendo una vez más la llamada parálisis del sueño. No consigo moverme y estoy vagamente consciente. No recuerdo nada más, por lo que deduzco que me vuelvo a quedar dormida.
A las 7:15 me suena la alarma del móvil. Hora de levantarse. Entonces recuerdo a la mujer que estuvo en mi casa una hora antes. Y dudo. Recuerdo la parálisis que tuve justo después, y comienzo a pensar que no fue todo sino un sueño, mezclado con la realidad debido a la parálisis del sueño, produciéndome alucinaciones.
No es la primera vez que tengo estos episodios de parálisis del sueño, aunque pocas veces vienen con alucinaciones incluídas. Es la segunda vez que creo ver a una persona y otra vez tuve alucinaciones auditivas y otra veía todo distorsiondo mientras creía que me arrastraba hacia la puerta de mi habitación sin avanzar. Durante esos episodios puedo mover los ojos, pero nada más, puedo ver incluso la hora, por ciertos elementos sé que estoy despierta. Las primeras veces que me dio, cuando empezaba la carrera, allá por el 96, me asusté bastante, pero luego llegué a acostumbrarme y llegué a controlarlo bastante bien.
Suele ocurrir cuando no se duerme de forma regular o se tiene el sueño un poco desordenado. Decididamente, debo dormir más.
[La verdad es que esta mañana aún permanecía de manera muy fuerte la sensación de que todo había sido real, y me encaminé al baño un poco asustada al pasar al lado de la puerta del apartamento]
¿Por qué yo?
Fue lo primero que pensé cuando Fer en su Algún día me otorgaba el Premio Calidez. Cuando creé este blog lo concebí más que nada como un diario personal. Soy de las que olvida rápido y fácil y me hace falta una pseudo-memoria. Al final esa pseudo-memoria se extendió a vosotros, que fuisteis llegando rápido aquí. En un principio pensé que iba a estar bastante sola en este espacio y no pensé que nadie se fuera a asomar a mi ventana. Gracias a todos por estar ahí, y muchas gracias, Fer, por haber pensado en mí para el premio, aunque sigo sin verle mucho sentido
Y como dicen las normas, hay que:
- Publicarlo en un post haciendo relación al autor y al blog de quien te lo otrorga.
- Hacer un enlace al blog citado.
- Elegir cinco blogs en los que consideres similares cualidades (calidez) que aquellas por las que lo recibes.
- Enlazar los blogs nominados.
- Hacer constar estas reglas.
Así que ahí van mis cinco nominados:
Manual de supervivencia para torpes: por la manera que tiene de contar las cosas, sin tapujos, con el corazón en la mano.
La vida en retales: Por sus historias, sus poemas, sus fotos y sus palabras llenas de cariño.
Corsaria blog: Por las bellas fotos y las palabras con las que las acompaña. Se echa de menos que nos cuente más cosas pero es una joya comentando blogs.
Life’s Traveller: Porque en sus posts es ella misma y hasta casi sería posible oir sus palabras. Una pena que estos días nos haya cerrado la ventana.
La forma del agua: Por sus posts sencillos, con recetas maravillosas y por abrirnos su corazón de manera sincera y sin miedo.
Es una pena que sólo se le pueda otorgar a cinco blogs, porque me hubiera gustado incluir otros tantos. De todas formas, esto de los premios es relativo. Se agradece recibir uno, pero se agradece mucho más vuestra presencia ahí, con vuestros comentarios y palabras de ánimo.
09.02.08
Part-time
Gracias, de verdad, por estar ahí. Yo aún sigo reincorporándome tras el fin de semana. Dos duros días en el trabajo no me han permitido pasarme por vuestros blogs, pero mientras preparo unos huevos con patatas fritas (estoy de antojo) voy a intentar leeros un poco. Espero que sepáis perdonar mi descuido.
Y ahora a lo que iba. Ayer dije por vez primera que me gustaría trabajar en un régimen de tiempo parcial o algo a medio camino entre tiempo parcial y tiempo completo, para poder hacer un master. Decir que el Ultracatólico se quedó pálido y se le desencajó la mandíbula es decir poco. Que por qué, que cómo, que no veía solución. Que actualmente se encontraba ahogado de trabajo, y que lo que me daba a mi le hacía respirar un poco. Que no podían permitirse esto.
- ¿Y de qué es el master?
- Inteligencia Artificial.
Una sonrisa se le dibujó en el rostro, como diciendo: sí, a ti te gustan esas cosas, en ellas eres buena.
- ¿Y si lo haces el año que viene?
Mi cara lo dijo todo.
- Es que ya sabes que ahora estamos muy justos de personal…
- Por supuesto que os daré tiempo a que contratéis a alguien. Esto no es para mañana, pero sí para dentro de un mes y pico.
- No sé, tengo que hablar con el jefe y la loca (RR.HH.)
Hoy se me acercó por la mañana y me comuncó que había estado pensando (tierra trágame, cuando se pone a pensar puede ser muy retorcido).
- Si haces ese master es porque quieres hacer algo después?
- Lo que no quiero es seguir igual que estoy, estancada, sin aprender nada nuevo, y sin avanzar.
- Pero si lo haces, entonces cuando tengas exámenes, en febrero y junio, no podrás ir a Argelia.
Ahí me quedé sin saber que decir, e intenté arreglarlo diciendo que como iba a hacer el master en dos años en lugar de uno, en teoría tendría la mitad de exámenes.
- ¿Pero qué vas hacer en dos años entonces?
- No lo sé, ¿tú lo sabes?
Así que sigo esperando, y mientras tanto tengo que llevar mi contrato de trabajo al coordinador del master y a la oficina de la universidad, para justificar porqué quiero hacer el master a tiempo parcial. Y luego tendré que llevar el contrato del piso para hacer la matrícula. Odio la burrocracia.
09.01.08
Better be home soon
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios y vuestras palabras de ánimo. Llegué ayer por la noche de Grenoble. Era tarde, las 11:20 de la noche cuando entré en mi casa. Pero estaba tan feliz que tan sólo cuando me bajé del tren me di cuenta de lo cansada que estaba tras siete horas de viaje. En la ida, en la parada en París, la novia de J. me dijo que había leído que Grenoble era una ciudad interesante, con muchas cosas para hacer, como el teleférico que veis en la foto de arriba, que lleva directamente a la Bastilla, la vieja fortaleza. Y que en los alrededores había un lago, y no sé cuántas cosas más. Yo suelo buscar información hasta debajo de las piedras antes de ir a un sitio, pero no era éste el caso. Ahora me daba igual. Lo único que me importaba era la persona que me esperaba allá, la persona que me llama todos los días para preguntarme cómo estoy, la persona que me quiere con un alma pura y desinteresada.
Pasamos un fin de semana maravilloso, contándonos cosas, compartiendo problemas y preocupaciones, riéndonos mucho, mimándonos, paseando bajo un cielo azul y un sol cálido, disfrutando de los 30 grados que Grenoble nos regaló. Hicimos planes, hablamos sobre libros, hablamos de nuestras familias, del pasado, del presente y del futuro. Soñamos despiertos, nos regalamos las manos, nos secamos mutuamemente las lágrimas y nos perdimos en los ojos del otro. Mi gratitud fue inmensa, infinita, cuando hablando del futuro (ese gran desconocido), él dijo que quiere irse a vivir a España, y a poder ser, cerca de mi madre, para que no esté sola. Me quedé sin palabras, todo lo que podía decir estaba de más… o estaba de menos. Hablamos de mi situación, de mi trabajo, del master, de todo. Y en él sólo encontré comprensión, paciencia y amor.
Paseamos de forma despreocupada por el centro de Grenoble, fuimos a refrescarnos un rato a ver libros en la Fnac (qué caló), descubriendo que mucha gente había tenído la misma idea (había más gente paseando por la Fnac que por la calle). Comimos fuera, comimos dentro (tiene una mini cocinita en la habitación), nos comimos mutuamente y el tiempo nos guiño un ojo y pareció detenerse, regalándonos paz, sosiego, comunión.
Subimos en el teleférico, visitamos la Bastilla y disfrutamos de una arrebatadora panorámica de Grenoble de noche. Bailamos sobre las piedras, bromeamos bajo el cielo estrellado y exploramos túneles oscuros. Daba igual lo que hubiera alrededor, daba igual donde estuviéramos, porque estábamos juntos y éramos felices.
Pero todo tiene un principio y un final, todo, lo bueno y lo malo. Y a este fin de semana mágico le llegó el domingo a las cuatro de la tarde, en que yo tenía que coger mi tren de vuelta. Saladas lágrimas cayeron, separadas por un cristal ahumado. Palabras apenas susurradas y manos que buscaban al otro. Promesas, tiempo, esperanza. Sólo trece días, sólo trece más. Ya verás cómo no es nada, ya verás cómo se pasa en un suspiro. Tú cúidate, que no te sorprenda la noche despierto, que sé que eso de dormir solo no se te da bien. A mí tampoco. Pero ya sabes que yo siempre sobrevivo, que yo soy dura de pelar. Bueno, tienes razón, a veces no lo soy. No llores. Quiero que sonrías, que seas feliz, que lo pases en grande estos trece días y que aprendas muchas cosas nuevas. La casa y yo te estaremos esperando. No llores. Se me ha empañado la vista, creo que son mis lágrimas. Yo también lloro, pero no te preocupes, que yo voy a estar bien. Gracias por haber cambiado mi vida, gracias por ser tú, gracias por ser incluso mejor de lo que yo podía esperar. Sé valiente. No llores. Sonríe
And I know I’m right
for the first time in my life
That’s why I tell you
you’d better be home soon
08.28.08
La bala rosa
“Los motores del subsuelo arrancaron de nuevo. La escalera mecánica se detuvo. El agujero del suelo empezó a cerrarse otra vez. Jake se acercó a la silla de ruedas volcada y cuando estaba levantándola posó la mirada en la aerodinámica figura rosada que había al otro lado de la valla. Se le cortó la respiración, y el sueño que había tenido tras abandonar Paso del Río regresó con todo su vigor: la enorme bala rosa cortando las planicies vacías del oeste de Missouri hacia Acho y él. Dos grandes ventanillas triangulares refulgían en la cara sin facciones de aquel monstruo que se les venía encima, ventanillas como ojos… y ahora el sueño se estaba convirtiendo en realidad, como Eddie siempre había sabido que sucedería.
«Sólo es un horrible tren chu-chú y se llama Blaine el Engorro.»“
La Torre Oscura III: Las tierras baldías (Stephen King)
Pues mañana montaré yo en esta bala rosa, y no rumbo a una ficticia Topeka (Kansas), sino Grenoble (Francia). Llegaré allá cerca de las cinco de la tarde, tras hacer paradas en Bruselas y París. En total van a ser casi siete horas de viaje, pero no importa, porque lo mejor me estará esperando allá
Como dijo hoy el pequeño ante mi pregunta de qué más le llevaba (aparte de los dos últimos libros de la saga de la Torre Oscura): “Tú, eso es lo más importante“.
Así que estaré offline estos días. Gracias a todos los que os pasasteis por aquí estos días. Sé que vinisteis más a menudo que de costumbre y me habéis hecho mucha compañía. Ahora os abandono durante tres días (bueno, cuatro en realidad, ya que hoy ha sido un día tan complicado en el trabajo que no he podido visitar vuestros blogs) pero el lunes volveré a andar por aquí. Gracias a los que os habéis pasado por aquí y gracias a los que os habéis acercado por la vía privada. Un beso grande desde estas grises tierras.
08.27.08
Cabezota
Porque sí, porque siempre he sido así. Desgraciadamente he heredado mucho de mi padre. Las cosas malas también.
Estos días, además de para hacer cosas que tenía pendientes (como formatear el disco duro e instalar TODO de nuevo, incluído Mandriva, leer, estudiar holandés, …) me está sirviendo para hurgar un poco dentro de mí. La verdad, no lo empecé a hacer a propósito, sino que las cosas van saliendo por sí solas. Y es que claro, nueve horas sola al día en el trabajo, más el resto, también sola, en casa, dan para mucho.
Mientras cocino unas lentejas (sí, con este cielo gris ya empieza para mí la temporada), me como un brownie y escucho a Elvis, sigo pensando. Y escribo este post desde mi recién instalado Mandriva.
Estos días pienso en el sentido de las cosas, en el sentido de la vida, en el sentido de cada acción. Sé que últimamente he escrito algunos posts chorras, pero no ha sido más que una manera de acallar mis pensamientos, mirar a otro lado y hacer como si nada. Pero hablando con dos amigos que no son más que espejos donde mirarme y que me hacen ver la verdad, me doy cuenta de que las cosas son como son, y el sentido es el que tiene y punto.
Estos días mi rutina es la de levantarme, ducharme, desayunar, coger el coche para ir al trabajo, pasarme nueve horas sola delante de una pantalla de ordenador (incluída la hora de comer), volver a casa, encender el ordenador, cocinar algo, cenar delante del ordenador, hablar por teléfono con el Pequeño, hablar con alguien por msn (si es que hay alguien), de vez en cuando hablar con mi madre por teléfono, leer un poco o estudiar holandés y meterme en cama. Pocas variaciones a este esquema hay, como verme alguna serie o llamar a algún amigo (de España) por teléfono. Y es que aquí cada vez quedan menos. El Ñatito se fue unos meses a Chile a ver a su novia y a su hijo, el Negro se fue a vivir a Bruselas, el matrimonio chileno cada vez pasa más tiempo en casa, Reza se fue a Londres (me mandó un mail hace un par de días), y los amigos españoles se han ido ya casi todos…
La tierra prometida no es lo que parecía en un principio. Existe también la explotación, aunque no los contratos temporales o hasta fin de obra, la maravillosa ciudad universitaria es una ciudad impersonal, cambiante a cada año, lugar de paso, con gente nueva cada año, pero también gente que cada año se va para no dejar ni el más mínimo rastro. La ciudad es la misma, las piedras no se mueven, pero su personalidad es engañosa, cambiante. Y hace días que no veo la luz del sol. Hoy es 27 de agosto y el cielo no ha variado ni un momento su color ceniza. Hasta casi parecía de noche.
Y mi madre está sola. Bueno, lleva sola dos años. Mi padre se fue hace tres, y luego, un año después, nos fuimos casi a la vez mi hermana y yo. Ella sigue viviendo en la misma ciudad, pero yo estoy lejos. Sé que mi madre está mejor, que lo lleva bien. Pero es triste. Y ahora tiene aún más problemas de salud. Ya expliqué otro día que a su problema, que ya arrastraba, de osteoporosis, hay que añadir un problema de tiroides. Análisis y más análisis, pruebas, visitas al médico. Y claro, la verdad absoluta nunca llegará a mí ni a través del teléfono ni a través de internet. Las madres son así de sufridas.
Siempre quise vivir en el extranjero, conocer cómo es otro país desde dentro, respirar su cultura, hablar su lengua. Y aquí estoy, después de dos años. Después de agarrarme como una lapa cuando ya era el momento de irse. Después de buscar trabajo cuando aún no había terminado mi proyecto fin de carrera. Y como decía antes, soy cabezota. Casi todo lo que me propongo, lo consigo. Por pura cabezonería, algo de talento y un poquito de suerte. Sé lo que es vivir en un país donde la mitad rivaliza con la otra mitad, donde la mayor parte de las veces no se ve salir el sol, donde es difícil encontrar alguien en quien apoyarse.
Es verdad que pasé mucho tiempo sola, tal y como estoy ahora. Pero era una situación que en algún momento iba a cambiar. Estaba convencida. Al menos estaba contenta en el trabajo. Y la situación cambió, mi vida se transformó y mi perspectiva de las cosas se trastocó. Volvía a tener a alguien al llegar a casa, para hablar, cocinar, comer, bailar, reir, cantar, bromear, hacer cosquillas, compartir el silencio, mirar a los ojos. Y de repente todo tuvo sentido otra vez. Porque da igual donde estés, la vida no va a tener más sentido por irse a un país extranjero para ver como son las cosas allí, tampoco por tener un trabajo de mucha responsabilidad pero que da pocas satisfacciones personalse y apenas deja tiempo para vivir, por irse por pura cabezonería.
Estos días sola me estoy dando cuenta de que si mi suerte cambiara otra vez, tendría muy pocas razones para seguir donde estoy, haciendo lo que hago y viviendo como vivo. Aunque viniera escapando, escapando de unos hilos controladores.
La vida tiene sentido si hay alguien con quien compartirla. Da igual que hablemos de familia, amigos de los de verdad o pareja. Por supuesto que tengo que pensar en mí y todas esas cosas que se suelen decir, pero todo cobra sentido, vida y color cuando se comparte lo bueno y lo malo con alguien que se quiere. Lo demás… simples adornos.
Os dejo un vídeo de una de nuestras canciones preferidas. Estos días también me hacen darme cuenta de que nunca había encontrado a nadie con quien compartiera tantas cosas. Recuerdo aficiones de la niñez, adolescencia y juventud que no podía compartir casi con nadie. Era la rara. En el Pequeño encontré todos esos sueños que el tiempo va cubriendo con la capa de la normalidad y el mimetismo. Filosofía de vida, vaya. Al final va a ser verdad que es posible encontrar a la persona adecuada.
Visita al jardín botánico
Ayer al salir de trabajar me dispuse a llevar mi maltrecha bici a Velo para que me la arreglaran. Es una vieja bici de paseo alquilada. Menos mal que cuando la alquilé pagué también el seguro de reparación (19 euros anuales) porque la pobre está rotita. El freno trasero roto, los cambios (tiene tres) no funcionan y la transmisión tampoco y la dinamo la tiene colgando. Lo del freno y la dinamo es culpa mía, ya que un día me estampé, literalmente, contra un poste. No había bebido ni era de noche, pero estaba intentando llamar a mi madre por teléfono. Así que contra el poste me fui, y la pobre bici acabó hecha un asquito. Lo de la transmisión ya estaba empezando a fallar hacía un mes, y en este tiempo parada, ha empeorado (la gente tiene la mala costumbre de agredir y castigar a las bicis que parecen paradas). Así que después de ponerme de acuerdo con el mecánico en un Dutch que parecía de trogloditas (el mío, el suyo era perfecto), quedamos en que iría a recogerla la semana que viene (los martes es el único día que puedo ir porque cierran más tarde). Echo terríblemente de menos mi bici, sobre todo en estos días en que estoy sola y me gustaría dar paseos con ella.
Cuando volvía a casa, entré sin casi pensarlo, en el jardín botánico. La otra vez que lo había visitado no había sido el día más adecuado, ya que llovía a cántaros. El paseo me encantó, y aunque la luz ya no fuera buena, hice unas cuantas fotos (con un poco de agobio, porque las pilas de mi cámara se estaban muriendo).
El jardín botánico de Leuven fue fundado en el 1738 e impresiona de verdad lo bien cuidado que está. Además la entrada es gratuita, así que no hay excusa para no visitarlo. Es bastante grande y tiene numerosos caminos que se pierden entre las plantas y flores. Es relajante el paseo que lleva al estanque con la pequeña cascada, y a mí me vino muy bien pasear entre las flores, los árboles y lasplantas acuáticas. Me llamó la atención ver colmenas de abejas, pero no pude hacerles ninguna foto porque el guarda me dijo que ya iban a cerrar. Otro día.
La verdad, cuando entré, iba con la esperanza de poder ver la Wisteria Sinensis, olvidando que sólo florece en abril. De todas formas, los grandes arbustos que tienen en el jardín botánico conservan algunas pocas viejas flores que aún desprenden algo de aroma. Había un hombre sentado al lado de uno de los arbustos de Wisteria, que se levantó al verme, como si yo hubiera interrumpido sus pensamientos. Echó a andar, no sin pararse brevemente para oler unas flores de la Wisteria.
Al llegar a casa, me puse en acción y comencé una de las tareas que tenía pensado para estos días. Formateé mi portátil e instalé otra vez Windows XP. Hoy tocará Mandriva y algunos programitas imprescindibles: Dumeter, Avid Xpress, Photoshop, VLC, DVD Shrink, …








