abril 5, 2008

Mujeres al borde de un ataque de nervios

Posted in el Ken, Family Tales a 8:30 pm por La Petite en Belgique

La estancia de las dos mujeres en apuros se hace más difícil por momentos. Sí, me estoy estresando.

No contentas con haberse dejado las llaves del portal en casa el otro día, las dos mujeres en apuros fueron más allá. Ayer por la tarde, cuando llegué del curro, nos disponíamos a dar una vuelta por el centro; y mientras bajábamos en el ascensor recién reparado, tras más de una semana de trabajos intensivos (mi ascensor nunca funcionó bien, era muy muy típico que la puerta no se abriera al llegar al portal, y te obligara a pulsar otro piso para poder salir) descubrimos que aún les queda mucho por hacer, ya que nos quedamos encerradas momentáneamente al llegar abajo.

Ante la sorpresa, mi hermana, que llevaba la llave de mi casa (digo la llave, porque esa se soltó del llavero y no está con las demás), la dejó caer con la impresión, colándose la llave por el hueco del ascensor. Mierda mierda mierda. Son las 17:40, las llaves del coche están en casa y los negocios cierran todos a las 18:00. Pienso en llamar a los dueños, pero viven en un pueblo que está en casa dios, tienen 75 años y nunca cogen el coche. En el portal veo algo de no-sé-qué de servicio de llaves. Llamo. El tío me dice que hasta el día siguiente a las 8 no puede venir. Joder, a ver dónde nos metemos esta noche las tres mujeres en apuros. En la cama de 90 del Ken no cabemos…

El tío que no puede venir hasta el día siguiente resulta ser un cerrajero que vendría a romperme la cerradura. Se me ocurre entonces que a lo mejor en la inmobiliaria tienen una copia. Son ya las 17:45, así que mientras mi madre y mi hermana están en el sótano inspeccionando si ven la llave (ilusas) salgo corriendo sin avisar. Por el camino recuerdo que la inmobiliaria ya no está a 300 metros de mi casa, ya que se han mudado a otro sitio. A cuál? Ni idea. En el antiguo local hay un zapatero-copiador-de-llaves. Entro y la mujer no habla inglés. En mi rudimentario flamenco le pregunto por la inmobiliaria. Intenta explicarme que gire la segunda calle a la izquierda y que luego siga el río (rezo para que no tenga que seguir el río mucho tiempo y que esta mujer tenga claras las direcciones). Son ya menos 10 pasadas, no queda nada para la hora de cierre. Corro. Busco. Corro.

Al final de la sinuosa calle del río veo el emblema de la inmobiliaria y corro más. Por el camino llamo a mi madre para avisar de dónde estoy. Entro. Hay dos tíos y me dicen que sólo hay copia de la llave del portal, pero no de la del piso. Cabe decir que llevo como un mes pensando en que tengo que hacer copia de las llaves, que me conozco, que soy despistada y lo pierdo todo. Esta ya fue la última señal.

Recuerdo cuando este tipo de cosas sucedían en el edificio donde vivía en España. Simplemente llamábamos a OTIS, venían, recuperaban la llave y asunto resuelto. Pues aquí no es así. El de la inmobiliaria me explicó que podíamos llamar a la compañía ascensorera, que mandaría un técnico, pero que entonces yo tendría que pagar el desplazamiento, que asciende a la sumaun total de 100 leuros del ala!

El tío de la inmobiliaria se ofrece a llamar a la compañía ascensorera. Que a lo largo de la tarde aparecerán y puede que me llamen para concretar. Salgo de la inmobiliaria, llamo a mi madre y tras lidiar con sus problemas de orientación y la empanada mental de mi hermana, nos vemos cerca del río. Echamos a andar hacia casa y justo al llegar, vemos una furgoneta de la compañía ascensorera. El tío me pregunta si soy yo la de la llave. Le digo que sí. Mi hermana y mi madre no paran de hablar como cotorras. Joder, qué alto hablamos los españoles. Me molesta. El técnico saca una llave como la que teníamos en casa cuando nos tocaba ser presidentes de la comunidad y abre el ascensor sin bloquearlo (!). Vaya, si hubiera tenido la llave eso podría haberlo hecho yo. Vemos la llave al fondo. La coge, me la da y con vergüenza me dice que son 100 euros. Dice que no es para él, que siente mucho cobrarnos los 100 euros, pero que son normas de la compañía. Pagamos y subimos a casa. Son las 18:20. Todo el maldito asunto se ha resuelto en 40 minutos. Joder, sí que son caros los desplazamientos, ahora que lo pienso.

Siguen haciendo mucho ruído, en mi casa ya no hay nada en su sitio original, hay pelos en el baño, ropa por todas partes y los geles están destapados. Luego se me ocurre echar de menos al Ken y sólo quiero subirme por las paredes. El Ken me manda un sms. Dice que si tenemos pensado salir a tomar algo que se apunta y a ver si se viene alguien más.

Salimos a cenar y luego nos vamos a tomar la ansiada caipirinha de mi madre. Entramos en un garito llamado Louvain Louvain y pedimos. El Ken me llama y me dice que nadie sale y él está viendo no se qué en la tele y que se va a retrasar. Perfecto. Yo estoy que me subo por las paredes, mi madre y mi hermana están en plan muermo y el Ken está viendo la tele. Necesito estar sola en casa, que mi familia deje de taladrarme, volver mi hogar a su estado original y que el Ken me dé mimos. Creo que ninguna de estas cosas son plausibles. Tengo ganas de mandar a mi madre y mi hermana a casa y darme una vuelta yo sola y respirar. No lo hago.

Llama el Ken, que está fuera, pero que no le dejan entrar. Salgo, hablo con él, entro, hablo con las dos mujeres en apuros. Dicen que se van a casa y yo doy una vuelta con el Ken que está muy muy cansado. Me desahogo un rato y me siento mejor.

Después nos paramos delante de una agencia de viajes y el comenzó a soñar un poco. Que a qué lugar podemos ir? Un lugar con calor. Dice que aquí hace frío y llueve. Yo añado que hay poca luz. Dice que si nos vamos a vivir a otro país cálido. Le digo que antes tiene que terminar su doctorado. Dice que podemos esperar o que a lo mejor puede continuar en otro sitio. Me pregunta si me gustaría irme a Nueva Zelanda (el cabrito sabe que llevo años queriendo ir). Le digo que sí.

Conciencia, no me dejes soñar de esta manera sin pies ni cabeza. No dejes que la situación me arrastre, no dejes que siga comenzando la casa por el tejado. Porque si me dejo llevar me voy a enamorar, y tengo miedo de que éste también construya castillos en el aire.

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