julio 31, 2008

El fin de mundo

Posted in Relatos y poesía, Sueños a 12:52 pm por La Petite en Belgique

Las dos semanas que pasamos en casa de mi madre, de vacaciones, estuvieron llenas de momentos increíblemente buenos, pero también de estrés por mi parte, en mi deseo irrefrenable de que todo el mundo estuviera feliz. Dormía poco, y cuando dormía, tenía sueños raros. Recuerdo que el día que fuimos a visitar Finisterre (el fin de la Tierra) por la noche soñé con el fin del mundo.

En un portal desconocido pero que en mi sueño debía pertenecer a mi casa, discutía con un hombre moreno y con barba, que debía de ser mi pareja en mi sueño. Había que irse, el fin del mundo no estaba cerca, sino casi encima de nosotros. Pero él no quería irse, o al menos tomar ese camino.

Así que partí yo sola, caminando a toda la velocidad que el peso de nuestra perra India me permitía. Porque India siempre ha temido y odiado el agua. No es de esos perros a los que les gusta bañarse, meterse en el mar o chapotear sobre los charcos. A India no le gusta salir cuando llueve. Y ese día llovía a mares. La verdad es que el agua me sobrepasaba ya las rodillas, con lo que la pobre India, de no tenerme a mí se vería obligada a nadar. Así que yo caminaba lentamente, abrazada a su cuerpo caliente, lo último que me quedaba.

Caminaba yo por la calle donde viví 27 años de mi vida rumbo al aeropuerto, rumbo a un avión que nos iba a llevar a algún destino mejor, o al menos a averiguar si realmente se podía vivir en otro sitio. A mi lado vi gente corriendo desesperada dispuestos a llegar a ese único avion. Pero mucha gente se rindió, sabiendo que ellos no verían otro día más, sabiendo que la penumbra que nos inundaba sería eterna. Había muertos por todas partes, semiflotando en las aguas, multitud de ellos colgados, ahorcados, de los cables de la luz. Recuerdo aquel chico moreno colgando sobre la perra y sobre mí, colgando del cuello, con la cara hacia abajo, casi parecía que nos mirara.

Y yo luchaba por poder avanzar pasito a pasito, con India en brazos, por aguas fangosas y el viento y la lluvia dándome en la cara.

Sí, ya sé, tanto leer a Cormac McCarthy me reblandece el cerebro por momentos…

julio 30, 2008

Literatura Húngara

Posted in General a 3:53 pm por La Petite en Belgique

Para los que os apetezca participar en un taller de creación literaria, Literatura Húngara puede ser vuestro lugar. Como en la web dice, normalmente se plantearán retos semanales para escribir un relato. Las bases y el tema dependerán de cada convocatoria y el primer reto comenzará mañana jueves 31 a las 23:59.

Feliz escritura a todos.

Poesía hada

Posted in Relatos y poesía a 9:16 am por La Petite en Belgique

Buscando un poema de una conocida que envió hace años a la lista de correo de la comisión de literatura de la Sociedad Tolkien Española, encontré un antiguo escrito mío. Yo tenía 17 años.

Recuerdo que en mi sueño
un hada transparente voló
voló muy lejos y muy alto;
llegó al sol y se quemó.

A mis pies cayeron cenizas
agonizantes en la hierba.
Por qué Tolkien me había dicho
que las hadas inmortales eran?

Los cimientos de mi fantasía
se desvanecieron en el aire
corrompido por el ensordecedor
bullicio de la ciudad incesante.

Aparecieron candados en mi imaginación.
En una lúgubre y oscura celda
encarcelaron mi alma llameante
que se fue apagando al estar presa.

Quisiera volver a ser niña
y que renaciera mi inocencia,
volver a creer en las hadas
que iluminaron mi vivencia.

P.D.: Se que es una incongruencia las palabras “hadas” y “Tolkien” en la
misma frase, pero es que en aquel entonces aun no habia leido “Sobre los
cuentos de hadas” ni las Cartas.

julio 29, 2008

Sin dejar rastros

Posted in Anecdotas a 9:33 am por La Petite en Belgique

Estaba yo esta mañana revisando las estadísticas de mi blog, cuando vi que alguien entró desde http://www.merletn.org/anonymizer.php, un servicio que permite al usuario visitar una página web sin dejar rastro ni identidad.

Bajo la frase “Surfea la web sin dejar rastros” hay una casilla donde se puede escribir la dirección de la página que se desea visitar. Y listo!

Y me pregunto yo ¿a quién le interesa visitar mi web sin dejar rastros? Esto va adquiriendo cariz de Expediente X y ya me estoy poniendo nerviosa…

Un “no” por respuesta

Posted in Curro, Reflexiones a 8:54 am por La Petite en Belgique

Eso va a ser el tema principal de mi mail de respuesta a la otra empresa. Ayer por fin recibí los papeles con el contrato y las condiciones. Las condiciones son estrictas, casi rebuscadas en algunos casos. Y la diferencia de sueldo con respecto aquí demasiado pequeña: 300 euros brutos que realmente, y dado el sistema de tasas en este país, supone una diferencia de entre 150 y 200 euros. La pasta para llamadas telefónicas es irrisoria comparado con lo que gasto actualmente. Que sí, que aquí son tacaños, pero la verdad es que me pagan íntegra la cuenta del teléfono, independientemente de si son llamadas de trabajo o a mi madre y amigos en España. No sé cuánto gasto de teléfono, pero sé que es más de lo que la otra empresa me ofrece.

Hay un par de condiciones divertidas, como el Ken las definió (los papeles estaban en flamenco, así que me ayudó a traducirlos mientras estábamos en la lavandería). Una de ellas era sobre los tickets de comida, que el empresario podía retirar o reducir, y otra era sobre los cursos de formación, en los que se sobreentiende que la empresa paga 500 euros por día de formación. Resulta que la “letra pequeña” dice que si abandono la empresa en un tiempo menor de un año después de recibir un curso, tengo que pagar un porcentaje de ese curso hasta un máximo que se correspondería con mi salario bruto.

Otra condición, marcada como las más importante del contrato es la posibilidad de desplazamientos por tiempo indefinido por toda Bélgica y Holanda, así como asegurar una disponibilidad total. Y un horario de lunes a viernes de 8:30 a 13:30 y de 14:30 a 17:30. Así que ni horarios flexibles ni historias. Nada de si comes en media hora puedes irte antes. Porque otra cláusula del contrato dice que para modificar alguna condición hay que hacerlo por escrito. El horario no es tan malo, si no fuera porque llegar a la empresa me lleva más de una hora, sobrepasando la hora y media si me encuentro atascos en el anillo de bruselas. Total: me pasaría fuera de casa de 7 a 19. Doce horas. Doce horas. Una o una y media más que ahora. Sinceramente, creo que no me compensa.

Y ahora estoy intentando pensar una fórmula educada para decirles que no me interesa, que el precio es demasiado alto, que con esas condiciones no me compensa dejar mi trabajo actual y arriesgarme en algo nuevo. Sigo buscando la fórmula y no la encuentro…

julio 28, 2008

Interrogatorio

Posted in Anecdotas, Circo del terror, Curro a 1:22 pm por La Petite en Belgique

Sí, con todas las letras. Acabo de pasar un interrogatorio realizado por un policía vestido de paisano en la sala de reuniones de la empresa.

Resulta que el día 20 de no sé qué mes robaron dinero de la caja fuerte. Digo que no sé qué mes porque yo siempre soy la última en enterarme de las cosas, y de ésta me enteré más por casualidad que por otra cosa. Y no recuerdo si fue este 20 o el pasado. Y no sé a qué hora fue ni sé cuánto se llevaron.

Sólo sé que nos interrogaron a todos los trabajadores que estamos hoy aquí (aún hay gente de vacaciones). El policía era más bien joven, en sus treinta y largos. Con poco pelo, un polo verde agua y una gruesa cadena al cuello. En la sala de reuniones se respiraba un ambiente recalentado y cargado. Había poca luz. Sobre la mesa había una carpeta, unas hojas de papel, un bolígrafo y una cámara digital. Anda que como me haga una foto en plan “se busca”…

Sacó tres o cuatro folios de la carpeta donde había varias preguntas y un espacio para las respuestas. Y empezó. Primero me preguntó mi nombre completo, fecha de nacimiento y domicilio. Luego me preguntó si sabía que había habido un robo. Y le dije que había oído algo, pero que no sabía qué día había sido (él me aclaró que el 20) ni cuánto faltaba. Me preguntó si ese día yo había trabajado. Pues sí, tanto el 20 de este mes como del pasado yo trabajé.

– ¿Hasta que hora?

– ¿En qué cayó el 20?

– Viernes (entonces fue el mes pasado).

– Los viernes trabajo hasta las 4.

– Y los otros días, ¿qué horario haces?

– De 9 a 6.

El policía escribía meticulosamente en el papel con su pilot y soplaba sobre las hojas para secar la tinta antes de pasarlas.

– ¿Y viste algo sospechoso antes del robo?

Mi cara lo dijo todo.

– Pues es que no recuerdo ni que hice ese día…

Al tipo le daba la risa. Y no me extraña.

Luego vinieron unas cuantas preguntas sobre la empresa. Mi cargo, el emplazamiento de la caja fuerte, la posición de mi oficina con respecto al despacho donde está la caja fuerte (justo en la otra punta del edificio), que si tengo código de seguridad para entrar en la empresa (lo tengo) y que quién conoce el código de la caja (sé de algunos pero no todos), que si hay buen ambiente en la empresa, que si ya hubo robos en el pasado (sólo un par, y de material) y que si sospechaba de alguien (pues no, sinceramente, no tengo ni idea). También me preguntó que si alguna vez vi la caja fuerte por dentro (dos veces) y por qué motivo.

Luego me anuncia que vienen preguntas sobre el dinero. Que si sé si hay mucho dinero en la empresa (ni idea), que cómo cobro (transferencia), que si tengo bonus o me pagan las horas extras (ni bonus ni bonos y las extras no me las pagan, sólo las recupero cuando hay suerte). Después me pidió mi número de cuenta. Mi número de cuenta! Joder, como para que alguien (como mi madre) me hubiera hecho algún ingreso misterioso y sospechoso en el último mes. Le pedí dos minutos y fui a mi despacho a por mi cartera, casi esperando a que después me preguntara la talla de bragas que uso o algo así.

Luego me preguntó si en la empresa se pagaba en negro. Le dije que por lo menos a mí no me pagaban nada en negro ni me lo habían ofrecido, pero que era posible que a alguien le hubieran pagado en negro alguna vez, por las conversaciones de mis compañeros. Y me pidió nombres… Y sólo uno de ellos está hoy aquí. Y ya había pasado el interrogatorio.

Me dio las gracias y me pidió que llamara al susodicho.

En fin, el primer interrogatorio de mi vida y encima en francés…

julio 25, 2008

Se ha ido

Posted in Reflexiones a 10:56 am por La Petite en Belgique

Reza llegó aquí hace casi ocho años, escapando de un lugar en el que nadie quería estar y de donde nadie podía escapar. Reza vino a Bélgica desde Irán en busca de una vida mejor.

Ese amigo que nos abría sin dudar las puertas de su casa y nos calmaba las tristezas ofreciéndonos todo lo que tenía: té, agua, algo de comer. Ese amigo que siempre estaba ahí para escuchar pero nunca para contar penas. Ese amigo, cuya casa era como un punto de reunión para todos nosotros. Ese amigo, que nunca quiso destacar en nada y que nunca pidió nada a nadie. Ese amigo que era capaz de ofrecerte su sillón mientras él se iba al suelo. Ese amigo que te abría las puertas de su casa incluso el día anterior a un examen de Holandés.

Vivió ocho años aquí como refugiado, hasta que tuvo lugar el juicio y dejó entonces de ser un protegido para ser un perseguido, un sin papeles, un nadie. Alguien a quien nadie quería ofrecer trabajo, alguien a quien nadie alquilaría una habitación ni aunque tuviese dinero, alguien que tenía que ser echado del país.

Reza dejó su habitación y encontró otra más barata, pero llegó el día que tampoco pudo pagar aquella, y contra su voluntad, anduvo deambulando por las casas de los amigos. Siempre con ese gesto tan propio suyo que mi madre el día que lo conoció, definió tan bien: “sonríe con los labios pero tiene los ojos más tristes que he visto en mi vida”. Siguió sin pedir nada a nadie, como también siguió negándose a contar sus miserias, su pasado, su escapada de Irán. Nadie sabe como llegó aquí y casi nadie se enteró cuando se fue.

Me había comentado en alguna ocasión, siempre después de preguntarle, que él nunca te iba contando sus penas, que quería irse a un país donde le fuera posible trabajar. Creo recordar que nombró el Reino Unido. Sí, ése fue el que nombró. Pero se negaba a darte detalles, y nunca nunca nunca hablaba del tema por teléfono. Vivía en un continuo miedo a que algo se supiera. Me recuerda al libro que estoy leyendo ahora, “La voz dormida” de Dulce Chacón, en el que se relata qué pasó después de la Guerra Civil, cómo se escondía la gente y los miedos y horrores que sufrían. Debo decir que el libro me gusta, me atrapa, pero soy incapaz de leerlo por las noches, porque me deja sumida en pensamientos que no me dejan dormir o me provocan pesadillas.

Ayer me enteré de que Reza se fue hace dos días. Se fue para siempre del país en el que no pudo trabajar, del país que lo echó. Con su documentación belga falsa, su plan era ir en bus hasta España, y allí coger un avión al Reino Unido. Y nadie supo que se iba. Por miedo. Porque alguien pudiera enterarse y lo atraparan, y lo mandaran de vuelta al infierno, a Irán, donde vive una familia a la que hace 8 años que no ve. Sólo se lo contó al Ñatito, y él nos lo comunicó ayer. Se fue, sin mirar atrás ni pedir nada a nadie. Se fue de la misma forma en que vivió aquí: tranquilo y sin molestar a nadie.

Le pregunté a Ñatito si volvió a hablar con él. No, me respondió. No sé nada de él.

Esta mañana, sabiendo que sería inútil, marqué su número. El número de un móvil belga. Y al otro lado una voz grabada me contestó: “El teléfono marcado no se encuentra disponible en este momento…”.

Me alegro de que la primera parte de su viaje haya concluído y le deseo toda la suerte del mundo porque se merece eso y más. Reza está en España.

Actualizado: Acabo de volver a llamar y el contestador esta vez es en inglés. Ha llegado!

Zumbido nocturno

Posted in Anecdotas, el Ken, Tolonterias a 9:48 am por La Petite en Belgique

Zzzzzzzzzzzzzz. Un zumbido en mi oído izquierdo.

Abro los ojos y veo la habitación en penumbra. Miro al maldito digicorder de Telenet y veo en el display de 7 segmentos verde que son las 3 de la mañana. Mierda, parece que después de matar a aquel animalote con alas todavía quedaba uno más.

Yo me iba a meter en cama y el Pequeño yacía ya casi inconsciente, completamente agotado, cuando veo un mosquito del tamaño de un tigre de bengala deslizándose por el techo. Cojo una de mis chanclas y, una vez armada, me subo a la cama preparada para iniciar la caza.

– ¿Necesitas ayuda?

– Eh… mmmh… sí, yo no le llego al techo, pero tú sí.

(Abro un paréntesis para comentar que cuando el Ken y su hermano tenían menos uso de razón, se dedicaban a llenarle el techo a su madre de huellas dactilares. Ante lo cual ella se escandalizaba y los armaba con trapitos para limpiar el desaguisado. Es lo que tiene ser alto. Ya os contaré más anécdotas causadas por ese 1.92 m de estatura).

Armado con mi chancla fue corriendo detrás del maldito quejándose de que tenía tanto sueño que el bichejo le parecía 5 veces más rápido que él mismo. Acabada la faena y, tras limpiar esas patas de dos centímetros del techo, nos fuimos a dormir.

Hasta que a las tres de la mañana un zumbido en mi oído izquierdo me despertó. Siempre he sido un poco quisquillosa con esto de los mosquitos, en parte debido a la especial atracción que sienten por mí. Ya puede haber un montón de personas en una habitación, que los muy desgraciados siempre vienen a por mí (recuerdo las cuarenta y pico picaduras con las que volví de Grecia, mientras mi madre tenía la piel impoluta). Por eso siempre que oigo el zumbido, salgo a la caza del mosquito, con deseos irrefrenables de matar. Esta sed de sangre se ha visto agravada desde que estoy aquí. Desconozco la razón, pero al parecer soy alérgica a los mosquitos belgas. Cuando me pican los de España tengo la típica pequeña hinchazón y algo de picor. Pero aquí las picaduras se me ponen de un tamaño entre pelota de ping-pong y pelota de tenis, toda esa área de un color entre rojo y morado y cuya mancha me dura entre uno y dos meses. Por no hablar del picor insoportable durante una semana que hace que casi prefiera cortarme el brazo.

Es por esto que a las tres de la mañana me levanté y busqué las armas más silenciosas que pude encontrar. Todo para no despertar al Pequeño, que dormía plácidamente como un bebé (también debo decir que suele dormir como un tronco, aún recuerdo el día que solté un alarido por un calambre nocturno en un gemelo y ni siquiera se enteró). Fui a la cocina y cogí una de esas pastillitas que se ponen un cacharrito provisto de una resistencia que se calienta al enchufarlo. Como quería una muerte rápida (no fuera a ser que le diera tiempo a picarme), y sabiendo que teníamos dos ventanas abierta, cogí el spray mata-moscas y mosquitos con los ojos inyectados en sangre y le dije: Muere!

No volví a oir el zumbido ni esta mañana me levanté con ninguna marca en el cuerpo, por lo que deduzco que el maldito pasó a mejor vida. RIP.

julio 24, 2008

Tercera entrevista

Posted in Circo del terror, Curro, Reflexiones a 9:15 am por La Petite en Belgique

Estos días no sé que me pasa. No me faltan ideas ni inspiración para escribir. De hecho, cada vez que voy en el coche del trabajo a casa o de casa al trabajo, se me ocurren montones de temas. Pero me pongo a escribir y no me salen las palabras ni las frases. No soy capaz de conectar las ideas, por lo que entonces, no escribo. Creo que necesito dormir más para despejar esta neblina que se ha posado en mi cabeza…

A lo que iba. Hace dos días tuvo lugar mi tercera entrevista para CTAT. Esta vez con el jefe de la unidad a la que yo iría, “Smart Solutions”. Llego con diez minutos de adelanto y sale a recibirme un hombre joven (luego me enteraría de que tiene 41 años), delgado (como buen belga), entre rubio y pelirrojo, con una calva incipiente pero patillas de esas que me gustan a mí. Su aspecto y su todo eran agradables, pero su mirada era dura e intraspasable.

Nos sentamos en el mismo despacho en el que estuve la otra vez. Él tenía una libreta, por lo que creí que iba a tener que contar mi historia una vez mas. Pero no, él empezó a hablar y hablar sin parar. Me contó un poco en que consistiría mi trabajo y me dijo que sus dos compañeros con los que yo había tenido la anterior entrevista, le habían hablado muy bien de mí. Me dijo que para el trabajo eran necesarias dos características:

– Para este trabajo necesitamos a alguien que ame la tecnología y alguien que posea genes para la consultoría.

No sé si lo percibió, pero yo me quedé con la boca abierta ante esta afirmación, y ya esperaba con miedo que me pidiera una demostración acerca de mis genes y la consultoría, cuando dijo:

– Y mis compañeros me han dicho que tú los tienes.

Ahí la boca se me cerró y no pude decir nada. Los genes para la consultoría significa que no importa donde esté el cliente, uno va sin pensárselo dos veces adonde sea. Pues vale, pero sin volvernos locos, ¿eh?

Continuó un poco más hablando acerca del trabajo. Todo datos ambiguos. No me estaba aclarando ninguno de los interrogantes que tenía en la cabeza cuando:

– ¿Tienes alguna pregunta?

Entonces empecé a preguntarle acerca del salario, el horario, las horas de comer, las horas extras y los desplazamientos. Me da tanto miedo meterme en un curro donde nuevamente tenga que trabajar montones de horas extra que el tío debió de pensar que yo estaba obsesionada con el horario.

– No se suelen hacer horas extras, pero aquí se trabaja duro, más que en un trabajo ordinario. Y ocho horas no son siete, y media hora extra no son horas extras.

– Vale.

Me dio un poco de mal rollo la dureza con que lo dijo, pero yo decía “sí a todo”, como windows. De todos modos aclaré que uno no puede trabajar 10 horas todos los días porque eso no es bueno para la salud, cosa que él corroboró.

Le pregunté también si había unas horas prefijadas para la comida, en un intento de saber si tenía que sumar una hora a las ocho horas reglamentarias o si solamente sumaba el tiempo que me llevara comer. Entendí que sumaba sólo ese tiempo, y que el horario era más o menos flexible, pero claro, “cuando trabajes fuera deberás adaptarte al horario del cliente”.

Luego me dijo que claro, que los españoles teníamos unas costumbres un tanto extrañas, y nuestros horarios de trabajo no eran los más convenientes (ahí me acordé yo del 8 a 3 maravilloso de la productora de vídeo), que él había trabajado en España, y que se moría de hambre por las mañanas y de impaciencia a la hora de la siesta.

– ¿Usted sabe que en Galicia no dormimos la siesta? Vamos, yo no la he dormido en mi vida (mentira, cuando trabajaba de noche lo hacía, pero no venía al caso).

– Bueno, pero ya sabes, España tiene que adaptarse a Europa y sus horarios.

Sí, claro, a esta mierda de horarios y a las 65 horas semanales, ¿no? Por supuesto, esto último sólo lo pensé.

Luego hablamos de las condiciones, pero no me contó nada. Sólo apuntó en su libreta las condiciones que tengo en mi actual trabajo y me dijo que ellos me darían un “budget” y con eso haría yo lo que me saliera de las narices. Y que dependiendo del budget podría escoger el coche que yo quisiera. Eso está bien, es una de las cosas que pedí en mi actual empresa, por eso de que al banco le da igual si la empresa te da cositas porque no cuentan como dinero para ellos.

Me preguntó mi edad para saber en qué momento estaba yo de mi carrera, y luego me contó que vive cerca de Leuven, que tiene 41 años, está casado y tiene hijos (como todo buen belga). Luego me contó que estuvo dos veces de vacaciones por España. La primera en moto (bien, me dan buen rollo los moteros) por el País Vasco y la otra en coche con su mujer, pero que todo salió muy mal porque les robaron del coche en Sevilla y cancelaron el resto del viaje.

Luego me dijo que esta semana me enviaría por mail los papeles con el contrato, las condiciones, etc. Y que ya que vivíamos cerca, podía venir él a Leuven a tomarse una cerveza para la firma del contrato. Me dijo que si todo iba viento en popa podría empezar el 1 de octubre. Buena fecha, sí señor, al menos no me arruinará las vacaciones que tenía pensado cogerme con el Pequeño la segunda quincena de septiembre.

Con un apretón de manos de esos tímidos, escurridizos y “flojos” que tanto me dicen de una persona, nos despedimos.

No sé si al final habré asustado al pelirrojo de las patillas, el vitíligo en las manos y la mirada dura. No sé si al final no le habré gustado con mi obsesión por el horario. Pero prefiero no meterme en algo peor a lo que estoy ahora. Si al final me envía las condiciones y todo está en orden, pues bien. Y si no, pues a otra cosa mariposa. Ahora que sé que tendría derecho a cobrar una ayuda si estoy sin trabajo todo me da menos miedo, y lo que sé que no quiero dejar atrás es el master de Inteligencia Artificial, que por cierto, aún no sé si me admitirán. A finales de agosto lo sabré, y tendré aún tiempo para decir en mi curro actual qué haré.

Y ante todo: mucha calma.

julio 23, 2008

Gracias por ser tú

Posted in el Ken a 3:32 pm por La Petite en Belgique

Gracias por ser tú, y darte a mí, por tus ojos que me miran sonrientes y en ese momento sé que todo está bien.
Gracias por leerme cuentos en tu idioma por las noches, a ver si lo aprendo de una vez por todas.
Gracias por tu atención y tus mails.
Gracias por buscar mi felicidad por encima de todas las cosas.
Gracias porque sé que haces verdaderas cábalas para poder darme tu tiempo.
Gracias por haber empezado esto que hace que los días valgan la pena.
Gracias por los platos tan deliciosos y sanos que cocinas.
Gracias por tus palabras de aliento, por tu cariño infinito y tus manos en mis manos.
Gracias por estar a mi lado cada mañana cuando sale el sol.
Gracias por estos desayunos que son los mejores que he tenido nunca.
Gracias por tu humor seco y la posibilidad que me has dado de entrar en tu mundo.
Gracias por todos tus esfuerzos para que todo salga bien.
Gracias por querer conocerme de verdad, darme tiempo y querer escuchar mis deseos.
Gracias por esos platos fregados cuando llego de trabajar.
Gracias por esas caminatas en que el tiempo se detiene.
Gracias por esas tardes de piscina que me curan el alma cuando la tengo rota.
Gracias por esos momentos de risas que tenemos juntos y que hacen que me olvide de todo.
Gracias por querer compartir todo conmigo y dar sin esperar.
Gracias por liarte la manta a la cabeza y querer venirte a vivir conmigo sin planteártelo ni dos veces.
Gracias por querereme de modo incondicional y depositar tus ilusiones en mí.

No sé que más decirte que gracias, que ojalá pudiera yo hacerte la mitad de feliz que tú me haces a mí.

Página siguiente