agosto 28, 2008

La bala rosa

Posted in el Ken, Lonely moments a 8:43 pm por La Petite en Belgique

Los motores del subsuelo arrancaron de nuevo. La escalera mecánica se detuvo. El agujero del suelo empezó a cerrarse otra vez. Jake se acercó a la silla de ruedas volcada y cuando estaba levantándola posó la mirada en la aerodinámica figura rosada que había al otro lado de la valla. Se le cortó la respiración, y el sueño que había tenido tras abandonar Paso del Río regresó con todo su vigor: la enorme bala rosa cortando las planicies vacías del oeste de Missouri hacia Acho y él. Dos grandes ventanillas triangulares refulgían en la cara sin facciones de aquel monstruo que se les venía encima, ventanillas como ojos… y ahora el sueño se estaba convirtiendo en realidad, como Eddie siempre había sabido que sucedería.
«Sólo es un horrible tren chu-chú y se llama Blaine el Engorro.»

La Torre Oscura III: Las tierras baldías (Stephen King)

Pues mañana montaré yo en esta bala rosa, y no rumbo a una ficticia Topeka (Kansas), sino Grenoble (Francia). Llegaré allá cerca de las cinco de la tarde, tras hacer paradas en Bruselas y París. En total van a ser casi siete horas de viaje, pero no importa, porque lo mejor me estará esperando allá 🙂 Como dijo hoy el pequeño ante mi pregunta de qué más le llevaba (aparte de los dos últimos libros de la saga de la Torre Oscura): “Tú, eso es lo más importante“.

Así que estaré offline estos días. Gracias a todos los que os pasasteis por aquí estos días. Sé que vinisteis más a menudo que de costumbre y me habéis hecho mucha compañía. Ahora os abandono durante tres días (bueno, cuatro en realidad, ya que hoy ha sido un día tan complicado en el trabajo que no he podido visitar vuestros blogs) pero el lunes volveré a andar por aquí. Gracias a los que os habéis pasado por aquí y gracias a los que os habéis acercado por la vía privada. Un beso grande desde estas grises tierras.

agosto 27, 2008

Cabezota

Posted in Curro, el Ken, Lonely moments, Reflexiones a 7:55 pm por La Petite en Belgique

Porque sí, porque siempre he sido así. Desgraciadamente he heredado mucho de mi padre. Las cosas malas también.

Estos días, además de para hacer cosas que tenía pendientes (como formatear el disco duro e instalar TODO de nuevo, incluído Mandriva, leer, estudiar holandés, …) me está sirviendo para hurgar un poco dentro de mí. La verdad, no lo empecé a hacer a propósito, sino que las cosas van saliendo por sí solas. Y es que claro, nueve horas sola al día en el trabajo, más el resto, también sola, en casa, dan para mucho.

Mientras cocino unas lentejas (sí, con este cielo gris ya empieza para mí la temporada), me como un brownie y escucho a Elvis, sigo pensando. Y escribo este post desde mi recién instalado Mandriva.

Estos días pienso en el sentido de las cosas, en el sentido de la vida, en el sentido de cada acción. Sé que últimamente he escrito algunos posts chorras, pero no ha sido más que una manera de acallar mis pensamientos, mirar a otro lado y hacer como si nada. Pero hablando con dos amigos que no son más que espejos donde mirarme y que me hacen ver la verdad, me doy cuenta de que las cosas son como son, y el sentido es el que tiene y punto.

Estos días mi rutina es la de levantarme, ducharme, desayunar, coger el coche para ir al trabajo, pasarme nueve horas sola delante de una pantalla de ordenador (incluída la hora de comer), volver a casa, encender el ordenador, cocinar algo, cenar delante del ordenador, hablar por teléfono con el Pequeño, hablar con alguien por msn (si es que hay alguien), de vez en cuando hablar con mi madre por teléfono, leer un poco o estudiar holandés y meterme en cama. Pocas variaciones a este esquema hay, como verme alguna serie o llamar a algún amigo (de España) por teléfono. Y es que aquí cada vez quedan menos. El Ñatito se fue unos meses a Chile a ver a su novia y a su hijo, el Negro se fue a vivir a Bruselas, el matrimonio chileno cada vez pasa más tiempo en casa, Reza se fue a Londres (me mandó un mail hace un par de días), y los amigos españoles se han ido ya casi todos…

La tierra prometida no es lo que parecía en un principio. Existe también la explotación, aunque no los contratos temporales o hasta fin de obra, la maravillosa ciudad universitaria es una ciudad impersonal, cambiante a cada año, lugar de paso, con gente nueva cada año, pero también gente que cada año se va para no dejar ni el más mínimo rastro. La ciudad es la misma, las piedras no se mueven, pero su personalidad es engañosa, cambiante. Y hace días que no veo la luz del sol. Hoy es 27 de agosto y el cielo no ha variado ni un momento su color ceniza. Hasta casi parecía de noche.

Y mi madre está sola. Bueno, lleva sola dos años. Mi padre se fue hace tres, y luego, un año después, nos fuimos casi a la vez mi hermana y yo. Ella sigue viviendo en la misma ciudad, pero yo estoy lejos. Sé que mi madre está mejor, que lo lleva bien. Pero es triste. Y ahora tiene aún más problemas de salud. Ya expliqué otro día que a su problema, que ya arrastraba, de osteoporosis, hay que añadir un problema de tiroides. Análisis y más análisis, pruebas, visitas al médico. Y claro, la verdad absoluta nunca llegará a mí ni a través del teléfono ni a través de internet. Las madres son así de sufridas.

Siempre quise vivir en el extranjero, conocer cómo es otro país desde dentro, respirar su cultura, hablar su lengua. Y aquí estoy, después de dos años. Después de agarrarme como una lapa cuando ya era el momento de irse. Después de buscar trabajo cuando aún no había terminado mi proyecto fin de carrera. Y como decía antes, soy cabezota. Casi todo lo que me propongo, lo consigo. Por pura cabezonería, algo de talento y un poquito de suerte. Sé lo que es vivir en un país donde la mitad rivaliza con la otra mitad, donde la mayor parte de las veces no se ve salir el sol, donde es difícil encontrar alguien en quien apoyarse.

Es verdad que pasé mucho tiempo sola, tal y como estoy ahora. Pero era una situación que en algún momento iba a cambiar. Estaba convencida. Al menos estaba contenta en el trabajo. Y la situación cambió, mi vida se transformó y mi perspectiva de las cosas se trastocó. Volvía a tener a alguien al llegar a casa, para hablar, cocinar, comer, bailar, reir, cantar, bromear, hacer cosquillas, compartir el silencio, mirar a los ojos. Y de repente todo tuvo sentido otra vez. Porque da igual donde estés, la vida no va a tener más sentido por irse a un país extranjero para ver como son las cosas allí, tampoco por tener un trabajo de mucha responsabilidad pero que da pocas satisfacciones personalse y apenas deja tiempo para vivir, por irse por pura cabezonería.

Estos días sola me estoy dando cuenta de que si mi suerte cambiara otra vez, tendría muy pocas razones para seguir donde estoy, haciendo lo que hago y viviendo como vivo. Aunque viniera escapando, escapando de unos hilos controladores.

La vida tiene sentido si hay alguien con quien compartirla. Da igual que hablemos de familia, amigos de los de verdad o pareja. Por supuesto que tengo que pensar en mí y todas esas cosas que se suelen decir, pero todo cobra sentido, vida y color cuando se comparte lo bueno y lo malo con alguien que se quiere. Lo demás… simples adornos.

Os dejo un vídeo de una de nuestras canciones preferidas. Estos días también me hacen darme cuenta de que nunca había encontrado a nadie con quien compartiera tantas cosas. Recuerdo aficiones de la niñez, adolescencia y juventud que no podía compartir casi con nadie. Era la rara. En el Pequeño encontré todos esos sueños que el tiempo va cubriendo con la capa de la normalidad y el mimetismo. Filosofía de vida, vaya. Al final va a ser verdad que es posible encontrar a la persona adecuada.

Visita al jardín botánico

Posted in Lonely moments a 9:47 am por La Petite en Belgique

Ayer al salir de trabajar me dispuse a llevar mi maltrecha bici a Velo para que me la arreglaran. Es una vieja bici de paseo alquilada. Menos mal que cuando la alquilé pagué también el seguro de reparación (19 euros anuales) porque la pobre está rotita. El freno trasero roto, los cambios (tiene tres) no funcionan y la transmisión tampoco y la dinamo la tiene colgando. Lo del freno y la dinamo es culpa mía, ya que un día me estampé, literalmente, contra un poste. No había bebido ni era de noche, pero estaba intentando llamar a mi madre por teléfono. Así que contra el poste me fui, y la pobre bici acabó hecha un asquito. Lo de la transmisión ya estaba empezando a fallar hacía un mes, y en este tiempo parada, ha empeorado (la gente tiene la mala costumbre de agredir y castigar a las bicis que parecen paradas). Así que después de ponerme de acuerdo con el mecánico en un Dutch que parecía de trogloditas (el mío, el suyo era perfecto), quedamos en que iría a recogerla la semana que viene (los martes es el único día que puedo ir porque cierran más tarde). Echo terríblemente de menos mi bici, sobre todo en estos días en que estoy sola y me gustaría dar paseos con ella.

Cuando volvía a casa, entré sin casi pensarlo, en el jardín botánico. La otra vez que lo había visitado no había sido el día más adecuado, ya que llovía a cántaros. El paseo me encantó, y aunque la luz ya no fuera buena, hice unas cuantas fotos (con un poco de agobio, porque las pilas de mi cámara se estaban muriendo).

El jardín botánico de Leuven fue fundado en el 1738 e impresiona de verdad lo bien cuidado que está. Además la entrada es gratuita, así que no hay excusa para no visitarlo. Es bastante grande y tiene numerosos caminos que se pierden entre las plantas y flores. Es relajante el paseo que lleva al estanque con la pequeña cascada, y a mí me vino muy bien pasear entre las flores, los árboles y lasplantas acuáticas. Me llamó la atención ver colmenas de abejas, pero no pude hacerles ninguna foto porque el guarda me dijo que ya iban a cerrar. Otro día.

La verdad, cuando entré, iba con la esperanza de poder ver la Wisteria Sinensis, olvidando que sólo florece en abril. De todas formas, los grandes arbustos que tienen en el jardín botánico conservan algunas pocas viejas flores que aún desprenden algo de aroma. Había un hombre sentado al lado de uno de los arbustos de Wisteria, que se levantó al verme, como si yo hubiera interrumpido sus pensamientos. Echó a andar, no sin pararse brevemente para oler unas flores de la Wisteria.

Al llegar a casa, me puse en acción y comencé una de las tareas que tenía pensado para estos días. Formateé mi portátil e instalé otra vez Windows XP. Hoy tocará Mandriva y algunos programitas imprescindibles: Dumeter, Avid Xpress, Photoshop, VLC, DVD Shrink, …

agosto 26, 2008

Tarta de gelatina de Angua

Posted in Anecdotas a 4:27 pm por La Petite en Belgique

Para mi sorpresa y gratitud, Angua, me ha dedicado una receta de una tarta con una pinta deliciosa. ¡¡¡Gracias!!!

(la foto es de su tarta, sacada de su blog 😛 )

A ver si me pongo un día de estos e intento preparar algo similar 🙂

Bad mood T-shirt

Posted in Tolonterias a 1:12 pm por La Petite en Belgique

Os presento a mi bad mood t-shirt, o sea, la camiseta que me pongo cuando estoy de mal humor o me apetece esconderme tras su dibujo sangriento, cual tortuga en su caparazón. Ayer me la puse para venir a trabajar.

agosto 25, 2008

Vuelta a las internet evenings

Posted in el Ken, Lonely moments a 8:40 pm por La Petite en Belgique

Sí, vuelta a la soledad de las tardes conectada a internet. Con el msn, wordpress, gmail, twitter y toda la cacharrada puesta. Ayer lo llevé un poco mejor pero hoy estoy un poco ansiosa. Estoy intentando hacer todas esas cosas que me había propuesto. Pero lo del portátil va lento (y ahora no me apetece quedarme desconectada), me duelen los dedos de tocar la guitarra, no me apetece seguir con la pulsera de nudos (hilando cual Penélope a la espera de Ulises), ya tuve a Elvis toda la tarde de ayer y ahora mismo no hay nadie conectado. He llamado a mi madre y ella dice que también está sola. Mentira, mamá, tú tienes a India, yo como no hable con el King-Kong que tengo encima de la tele…

Que sí, que sí, que ahora tengo tiempo para dedicármelo a mí misma. Pero no me apetece, oye. Lo que me apetece es fregar los platos mientras él cocina, con música de Amaral, Elvis o Kannibaal de fondo. Claro que necesito tiempo para mí, pero no ahora mismo.

Acaba de llamar. Está dando un paseo después de cenar. Que me echa terríblemente de menos. Ya, y yo.

Nadie online…

Comienza la cuenta atrás y un banco chapuzas

Posted in Anecdotas, el Ken, Reflexiones a 12:24 pm por La Petite en Belgique

Solicité una tarjeta de crédito a mi banco, y el viernes llegó la carta con los papeles para rellenar. Si nos fijamos en la esquina superior:

Se ve que el documento está sacado de una página web y le faltan las imágenes.

Si echamos un ojo al pie de página:

Vemos que siguen faltando imágenes e incluso se puede ver de dónde viene el documento (https:).

A ver, creo que ningún banco que se precie (y éste es uno grande) debería mandar unos papeles así en un bonito sobre de cartulina tamaño A4. Yo voy a rellenarlos, faltaría más, pero me parece poco serio.

Acabo de llegar de Mastercard, que son clientes nuestros, y he escuchado por millonésima vez la frase de “es raro ver a ngenierAs o técnicAs”. Que somos personas, y valemos tanto como los hombres.

Por otro lado, he pillado un catarro de aúpa y ando sin ganitas de nada. Los planes de ir a correr y nadar esta semana se van al garete.

Y comienza la cuenta atrás. Quedan cuatro días. La cama es demasiado grande y ni con dos edredones nórdicos entro en calor. He dormido mal y el apartamento sigue vacío y sin vida.

agosto 24, 2008

Vacío

Posted in el Ken, Reflexiones a 1:56 pm por La Petite en Belgique

Hace un rato que he llegado del aeropuerto de dejar al Pequeño y a J., y siento todo vacío: el apartamento y mi cabeza. Ni siquiera hay voces susurrando. Todo es silencio y vacío. En la repisa del baño tan sólo están mis cosas. No hay nadie cantando ni contando bromas. Todo es vacío.

Mientras me voy recuperando, creo que voy a formatear mi portátil y reinstalar todo, que falta le hace.

Contestaré a vuestros comentarios mañana. Hoy no me siento capaz, hoy todo es nada, todo es vacío.

P.D.: Como a los dos nos encanta Elvis, os dejo un vídeo de una canción que le gusta cantarme de vez en cuando (aunque todo lo malo que dice la canción es MENTIRA).

P.D.2.: La primera foto la tenemos nosotros en casa en un poster mega grande.

agosto 22, 2008

El miedo de mi madre y la partida del Ken

Posted in el Ken, Family Tales, Reflexiones a 12:23 pm por La Petite en Belgique

Sí, la partida. Se va el domingo a Grenoble (Francia) durante tres semanas por unos asuntos de su doctorado en físicas. Se va también su compañero J., así que no estará solo. Sola me quedo yo en casita, tres semanas, en las que aprovecharé para estudiar un poco de Dutch, leer, escribir y hacerles visitas a los amigos. Tres semanas. Bueno, no exactamente. El fin de semana que viene vamos a hacerles una visita la novia de J. y yo. Por estas cosas de la distancia, el tiempo, el ser humano y sus necesidades (sólo de pensar en la cama solitaria ya me está produciendo insomnio, que dicho sea de paso, no está mal a estas horas, ya que tengo que trabajar).

Para suplir esta carencia afectiva me dispuse a invitar a mi madre a unas vacaciones pagadas y pensión completa en mi palacete de 35 metros cuadrados. Por el rollo de estar acompañada, darle mimos y disfrutar de unos días a solas. Pero desde hace semanas me está dando largas. Sé que anda liada con asuntos de médicos, y sé que aunque no explique todo, está preocupada. Desde hace años arrastra una osteoporosis de caballo. Aunque se la vea tan guapa y tan flamante, y que todo el mundo le eche diez años menos de los 55 que tiene (de mis dos progenitores heredé yo el parecer más joven de lo que soy), los médicos dicen que su esqueleto es el de una mujer de noventa años, con posibilidad de fracturas espontáneas. Por ello le conviene el ejercicio, sí, pero ligero.

Ahora, a estos achaques de la edad (joder, qué perra es la vida) hay que añadir un problema de exceso de calcio en sangre que le acaban de detectar. Al parecer, lleva ya varias semanas de procesión al médico y no me había dicho nada. Sólo me insinuó algo cuando le pregunté, después de que me hubiera dado largas, si al final iba a venir. Tienen que vigilarle el tiroides, y ha de preparar su cabecita para una posible operación el año que viene.

Ayer hablé con ella por la mañana, y tras darme la noticia del accidente de Barajas con una voz que le temblaba (yo aún no había leído los periódicos), me dijo que tenía un montón de visitas al médico para las próximas semanas y que no le iba a ser posible venir. Pero que “tranquila, que tres semanas se pasan en nada“. Y claro, además con lo aprensiva que es mi madre, y contándome lo del accidente, como para coger un avión ahora mismo.

Pasó después a relatarme las nuevas incidencias en el vecindario, tema de conversaciones típico cuando vivía ahí. No es que seamos especialmente cotillas, pero vecinos raros hemos tenido unos cuantos, desde los que hacían espiritismo en el 1ºD (y que los oíamos desde el 3º, aunque a veces pienso que lo que montaban eran orgías) hasta las prostitutas de lujo con línea telefónica incluída del 2ºA (muy educadas y siempre guapísimas de punta en blanco), pasando por la vecina del 4ºD cantando canciones hortera los domingos por la mañana, apisonando el suelo con sus pies descalzos y con un novio que mi madre juraba y perjuraba que la miraba de arriba abajo, que muy pronto se convirtió en ex-novio, con lo que nos enterábamos cada noche de sus nuevas conquistas por los alaridos que pegaba. Ah, también tenemos un vecino policía que dejó el servicio y ahora es zapatero y “chapuzas arreglatodo” y otro poli al que un ladrón le entró en casa cuando estaba en la ducha.

Pues la última de la última es que en la puerta de enfrente a la de mi madre, donde solía vivir una mujer mayor encantadoramente despistada (la que se solía dejar las llaves en la puerta) y luego vivió una pareja con una perra de presa que no le hacía ni pizca de gracia a nuestra perrita India y cuyo integrante masculino le daba miedo a mi madre (pero mucho miedo). Resulta que, según palabras de mi madre, “ahora hay un señor muy raro, cincuenta y tantos, muy raro, siempre solo y que mira raro, y toca la guitarra por las noches. Todo igualito a tu padre“. Pues al señor raro en cuestión, el día anterior le llamaron a la puerta dos agentes del juzgado con una orden de registro (mi madre sería perfecta en el arte del espionaje). Según ella “revolvieron toda la casa porque lo vi desde la ventana de tu habitación” y luego “se lo llevaron“.

– Pero mamá, ¿cómo sabes que se lo llevaron? ¿Los viste salir?

– No, porque tenía que salir un momento y no podía estar toda la tarde en la mirilla de la puerta.

– Ah, ¿y entonces como sabes que no está?

– Porque todas las noches toca la guitarra y ayer no oí nada de nada. Silencio sepulcral. Y la persiana de la ventana que se ve desde tu habitación está en la misma posición de ayer. Y siempre, siempre, la abre por las mañanas.

– Ah.

– Y está en chirona y no sé que habrá hecho, dijeron algo de unos archivos del ordenador. Yo no sé cómo se enterarían, pero yo estoy muerta de miedo.

– Anda, que no pasa nada. No está y punto. ¿Qué te va a pasar?

– Nada, pero tengo miedo.

P.D.: Para los curiosos, la de la foto es mi mami en un viaje a Corfú que hicimos hace dos años, con lo que ella tiene en la foto… 53 años 🙂

agosto 21, 2008

Dos hechos sospechosos no necesariamente relacionados

Posted in Anecdotas, Coche, el Ken a 10:16 am por La Petite en Belgique

Ayer miércoles por la tarde, cuando conducía del trabajo a casa, reparé en el hecho de que el espacio bajo el reproductor de cedeses, que suelo tener abarrotados de cedeses (valga la redundancia) estaba vacío. Me extrañó mucho, porque yo, dejada como soy, suelo dejar los cedeses durante eones en el coche sin que el tiempo parezca que pasa por ellos. Se me ocurrió que quizás el Pequeño los había cogido para escuchar en casa, pero entonces me chocaron dos cosas. Primera, que dudo mucho que él quisiera escuchar mi CD de Betchadupa, y segundo, que el último día que el Pequeño se montó en el coche fue el domingo (cuando fuimos a visitar a sus papis) y yo recordaba ver el CD de Betchadupa el día anterior (martes) en un instante fugaz en que pensé en escucharlo.

Miré entonces a ambas puertas del coche (es un Polo de dos puertas, o tres, nunca sé cuándo el maletero cuenta como puerta) y vi que, excepto el manual de la radio y unos papeles, los huecos también estaban vacíos. No, el Pequeño no se llevó el CD ese tan cutre que tenía yo en mi puerta.

Empecé a pensar rápido cuándo me los pudieron sustraer y sólo se me ocurrieron tres sitios: en el trabajo, el día anterior que paré al lado de un banco para ir al cajero o al aparcar cerca de casa. La historia es que el coche se abre y se cierra con un mando a distancia de esos que vienen en el llaverito, y que además lleva un dispositivo que, si me olvido de cerrar el coche, él mismo se cierra automáticamente tras dos minutos. Vaya, ya de paso podían haberme limpiado el coche.

Debido al mandito, no puedo saber si ayer por la mañana el coche estaba o no abierto, y de todas formas, aunque me haya retorcido las neuronas, NO recuerdo si los cedeses estaban allí ayer por la mañana. Es lo que tiene ir al trabajo con los ojos aún medio pegados. Pero se han llevado TODOS los CDs, incluídos los que estaban medio camuflados entre multitud de papeles del banco en un espacio cerca de la guantera (vale, soy una desordenada), pero no el que estaba dentro de la radio (eso significa que podré seguir escuchando a Amaral). Así que ha sido un trabajo rápido (no se llevaron la radio), pero tampoco tanto. Y yo que ya tenía mi idea formada de que este era un país seguro y de que lo único que se roban son bicis (bueno, y ropa de la lavandería, pero eso es otra historia para otro día).

El Pequeño y yo tenemos dos teorías: o ha sido un ladronzuelo muy habilidoso o dentro de mi coche tengo viviendo al monstruo de los cedeses. Lo que más me duele es que también se ha tragado el Sultans of Swing de Dire Straits y un directo de Maná del Pequeño (sí, de ahí lleva años aprendiendo las cuatro cosas que sabe de castellano).

Segundo hecho:

Ayer por la tarde, tras nuestros respectivos trabajos, nos fuimos al super a comprar comidita (qué rico salió el atún con tomate). Cuando subimos a casa, al entrar y dejar la llave del coche sobre la mesita al lado de la puerta, me doy cuenta de que no tengo las llaves de casa. Me las habré dejado en el coche, luego voy a por ellas. Por supuesto, entre el atún con tomate, la tortilla española, el vino blanco y los comentarios jocosos del Pequeño, se me olvidó por completo bajar al coche. Así que esta mañana, como todas las mañanas, cuando estaba a punto de salir por la puerta y el Pequeño me despedía con un beso y palabritas de amor aún en paños menores (su horario es menos estricto que el mío), descubro que ayer no me he acordado de las llaves.

– Uy, ayer no me acordé de ir a por las llaves.

Él pone cara de poker.

– ¿A qué hora vuelves hoy? Bueno, supongo que volverás antes que yo, así que no habrá problema. Y además, estarán en el coche, si el Monstruo de los Cedeses no se ha encontrado con más hambre y se las ha comido.

Sigue con cara de poker. La verdad, los dos somos poco mañaneros.

Abro la puerta, y ante su mirada que dice “que tengas un buen día” veo mis llaves colgadas de la cerradura de la puerta. Imagináos cómo se me quedaron los ojos. Pues como platos. Y me acordé entonces de la vecina de mi madre, cuando se dejaba las llaves en la puerta y yo decía, “qué pena, es mayor y se olvida de las cosas“. Y ahora yo. Si me pasa eso en casa de mi madre o la llamo para contárselo, seguro que me echa una buena reprimenda. El Pequeño no. La verdad, muchas veces pensamos en celebrar algún tipo de campeonato para ver quién es más despistado. Él dice que no está seguro de quién ganaría, pero yo cada día estoy más convencida de ser yo quien se llevara el oro.

P.D.: Por fortuna The Rolling Stones Gold y Elvis Presley the collection están a salvo en la mesa de mi despacho.

P.D.2: El Pequeño ayer volvió a dejar un CD en el coche (Green Day) para tentar al Monstruo de los Cedeses. Ahora ya entiendo porqué su nombre, en Dutch antiguo, significa valiente.

P.D.3: Ahora también entiendo adonde fue a parar aquel CD de Shakira por el que mi hermana estuvo tres años preguntando (desapareció un buen día de casa de mi madre y nunca más se supo de él).

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