septiembre 19, 2008

De vacaciones

Posted in General a 5:03 pm por La Petite en Belgique

Antes de nada agradeceros vuestros comentarios y vuestras visitas. Estos días he andado a mil, entre el trabajo, la espalda, la matrícula del máster y la preparación de las vacaciones, así que he sido una desconsiderada y he visitado poco vuestras casas y he respondido poco a vuestros comentarios. Pero os tengo presentes y maldigo los minutos que toda esta carga me impiden deciros que sigo aquí. Espero que no me lo tengáis en cuenta.

Y anuncio que estaré ausente las próximas dos semanas. Hemos fundido parte de los ahorros que teníamos y nos vamos a hacer uno de los viajes de nuestros sueños. En plan mochilero (pero yo con maleta de ruedas, que no está la espalda para llevar nada) y casi a la aventura nos vamos el domingo a Egipto. Después de eso habrá que apretarse los cinturones, pero al menos habremos cumplido un sueño común.

Tendríais que ver como le brillan los ojos al Pequeño de contento 😀

septiembre 18, 2008

¡Ya soy de nuevo estudiante!

Posted in Curro, el Ken, Reflexiones a 3:31 pm por La Petite en Belgique

Esta mañana iba yo tan campante (pero con la espalda hecha un higo chumbo) con mi bici por el centro de Leuven ocupada en resolver los asuntos pendientes de la matrícula del master, el pago, la copia del contrato del piso, la renovación del contrato de mi bici. Puede ser que fuera porque había pedido unas horas en el trabajo para estos menesteres o puede ser que fuera porque aunque la mañana fuera fría, después de muchas mañanas inmundas, este era de repente soleada. Se respiraba ambiente universitario por doquier. Ésta es de la Lovaina y de la Bélgica que yo me enamoré, y no la Bélgica de contratos basura, interminables horas extras gratis y malos rollos en el trabajo. Por fin soy estudiante, y aunque vaya a tener libres sólo los lunes, voy a poder respirar de nuevo esa atmósfera cautivadora, por un día me creeré libre y se hará más llevadera esta vida en semisombra.

Pero seguiré soñando con abandonar este nido de víboras, y no descansaré hasta que lo haga. Tiempo al tiempo.

Pero mi sonrisa mañanera (pero qué guapetón me iba esta mañana el Pequeño) se me nubló momentáneamente a eso de las 12 de la mañana, cuando iba de camino a mi trabajo y volví a pinchar una rueda. Y una de las de atrás, esas que soy incapaz de sacar, porque tras desenrroscar los cinco tornillos, se quedan ahí clavadas. Un chico muy amable se paró para ayudarme, pero tras darle patadas durante media hora a la dichosa rueda, me dijo que lo sentía, que no era capaz y que tenía que llamar a mi seguro para que mandaran a alguien. Con lo que llamé a la empresa para que llamaran a alguien que viniera en mi auxilio. Cuarenta minutos después, durante los cuales pasó mucha gente que ni se paró a mirar, un hombre que sólo hablaba flamenco (nada de inglés ni francés) se dispuso a ayudarme, y tras media hora de golpes y hacer palanca, la rueda salió.

Y aquí estoy en el curro, de trabajo hasta las cejas y más allá, con el Ultracatólico amenazándome con horas extras (que no pienso hacer, dado como tengo la espalda) porque “hay que terminar todo lo pendiente porque el viernes te vas de vacaciones”. Da igual que lo pendiente sean tareas herculeas que ni con la ayuda de un clon podrían acabarse. Da igual. Porque en algunos trabajos dejamos de ser personas para pasar a ser máquinas al servicio del empresario.

septiembre 17, 2008

El fisioterapeuta

Posted in Curro, el Ken, Reflexiones a 11:22 am por La Petite en Belgique

Hoy he vuelto a llegar tarde al trabajo. Cosa de 10 o 15 minutos, nada más. Pero claro, con el Pequeño en casa, las sábanas se pegan más de lo normal, y luego en la puerta que si cúidate mucho, que tengas un buen día, déjame verte bien que voy a estar varias horas sin verte, cuida esa espalda, dame un beso, te quiero, no, yo te quiero más, eres un sol, nos vemos luego, dame otro beso, cúidate, que tengas un buen día, un beso, nos vemos luego, pues claro, se me hace tarde. Pero salgo con esa sonrisa que combate los 12 grados que hay por las mañanas, y esos nubarrones grises que no dejan ver el sol. Y el calorcito aún dura un buen rato, hasta que la espalda empieza a hacerse notar.

Pero hoy es algo diferente. Ayer empecé con las sesiones de fisioterapia y hoy… es diferente.

Tenía sesión a las 21:30, mientras el Pequeño tenía entrenamiento de basket. En el papelito que llevaba del médico estaban marcadas dos casillas: masaje y movilidad. Me recibió un tipo más joven del que me había imaginado por su voz. Delgado, calvito, con unos vivos ojos azules y unas manos cálidas. Me puso de lado y me cogió un brazo y con la otra mano me movía los músculos de la espalda. Y mientras tanto él se mecía en círculos, en un extraño baile. Ahora el otro lado. Luego me encontró los puntos donde me dolía (ayayay, qué dolor), y luego se dispuso a hacer la maniobra que yo llamo crac catacrac crac catacrac, pues esos fueron los ruidos que hizo mi columna al apoyar el tipo todo su peso sobre mí en una llave que parecía de judo. Crac catacrac. Tres veces. Luego de pie. otra vez crac catacrac. Luego boca arriba y hala, a tirar de las costillas con los dedos hacia arriba. Fue una sensación tan rara que hasta me dio la risa. Perdón. No pasa nada. Luego masaje en la espalda y a casa. El jueves más.

Me dijo que tenía la espalda completamente bloqueada y que seguiremos con una serie de ejercicios. En el papel de la médico dice dos sesiones semanales durante nueve semanas. Por supuesto puedo parar antes si me encuentro bien, pero eso es lo máximo que me paga la mutua por año.

Y llegué a casita e iba a visitar vuestros blogs, pero mi espalda me pedía cama a gritos. El dolor, después de más de una semana, había cambiado. Antes estaba en el centro, como si saliera de la columna vertebral misma. Ahora sigo sientiendo algo ahí, pero más tenue, menos rígido y siento puntos de dolor a los lados, en los músculos. Supongo que un cambio es algo bueno, al menos a mí me da esperanzas.

Y me metí en camita y me quedé dormida. Al llegar el Pequeño me desperté, hablamos un poco, nos dimos mimitos y nos quedamos dormidos.

Estas noches estoy durmiendo con una bolsa de agua caliente al lado de la espalda, y esta mañana noté que todo estaba en la misma posición que ayer. Por eso digo que suelo dormir como los muertos, no muevo ni un pelo.

Todo es mejor cuando hay alguien que te da lo que necesitas y que recibe lo que necesitas dar.

septiembre 16, 2008

30 horas

Posted in Curro, Reflexiones a 9:55 am por La Petite en Belgique

Después de una semana, la espalda me sigue doliendo igual. El fin de semana me sentí mejor por haber reposado más, pero ayer al salir de trabajar apenas podía moverme. Hoy empezaré las sesiones de masaje, a ver si realmente me hacen algo. En teoría hoy debería ser la última toma de tetrazepan (Myolastan), pero yo no noto mejoría alguna. Si mañana sigo igual volveré a la médica 😦

Ayer en la empresa me hicieron una oferta con respecto a la petición de la media jornada para poder hacer el máster. En un principio dijeron que me daban libres los viernes. Los viernes es el día que menos trabajamos (6 horas más la de comer, por supuesto), con lo que mi horario pasaría de 38 a 32 horas semanales. Me pareció una tomadura de pelo y les dije que no pensaba hacer más de 30 horas, que así me iba a ser imposible estudiar. Enconces se volvieron a reunir (el jefe no quiere verme ni en pintura, no es capaz de dar la cara) y una hora más tarde me comunicaron que entonces me daban los lunes (8 horas), con lo que pasaría a tener un horario semanal de 30 horas. Pero claro, si me toca ir a un cliente hay que cambiar el día libre con una semana de adelanto, y si me tengo que ir a Argelia, sencillamente me quedo sin día libre, porque total “la inspección no se va a enterar”.

Así que hoy tengo que contestar y firmar un papel que dice que yo soy la que solicita las 30 horas semanales y por cuánto tiempo (dos años en este caso).

Les he dicho que no me parece suficiente, que preferiría trabajar todos los días, pero con un par de horas menos. Han dicho que no, que eso sería “dejar la puerta abierta” a que los demás también pidan. Que no y que no.

Y yo sólo pienso que me gustaría estar cuánto más lejos de esta empresa mejor. Pero no puedo.

septiembre 15, 2008

Las gallinas inválidas

Posted in Curro, el Ken a 11:16 am por La Petite en Belgique

Así nos hacemos llamar, pues él tiene dolor de cuello y yo de espalda, y ha venido el pobre con las defensas por los suelos. Así que nos ha tocado guardar (mucha) cama. Si mi madre en verano nos llamaba gallinas por acostarnos temprano (es que como trasnochadora, a ver quién le sigue el ritmo a mi madre, así tiene la perra que duerme hasta las 11 de la mañana), el Pequeño, con su escaso dominio del castellano, ha llegado él solito a la frase de “las gallinas inválidas”. Y es que nos hemos venido acostando entre las nueve y media y las diez, con mucho reposo y poco estrés, para curarnos rápido y bien.

Y qué contar… Que ha venido guapísimo pero cansadisimo, porque tenía el avion muy temprano y las tres semanas allá fueron bastante duras, se puso enfermo y todo el pobre. Y por fin vuelve a hacer sol en casita, por fin hay otra vez sonrisas y caricias y palabras amables y risas. Me ha traído unos regalitos de allá: unos bombones (angelito, que a él no le gusta el chocolate), unos bonitos pendientes y una libreta muy chula para que escriba mis “cosas”. Es un sol, mi sol.

Y estamos planeando ya las Navidades, que repartiremos entre aquí y allá y nuestro viajecito para la semana que viene porque ¡nos vamos de vacaciones!

Es una alegría tenerlo de vuelta, lo mejor del mundo. Así que para celebrarlo, ahí va una de sus canciones preferidas. Sí, el Pequeño se está españolizando 😀

P.S.: Por cierto, tengo reunión a las dos. Al parecer tienen una propuesta que hacerme relativa al cambio de jornada que pedí. A ver con qué salen esta vez.

septiembre 12, 2008

Fiesta en la empresa y una médico comprensiva

Posted in Curro, el Ken, Reflexiones a 9:56 pm por La Petite en Belgique

Ayer me tocó evaluar a un aspirante a técnico, y sus conocimientos de infografía (ay, me da la risa, yo haciendo esas cosas). Hoy vino para su segunda entrevista, y en buen día. Resulta que hace cosa de casi un año uno de los técnicos tuvo un accidente de moto cuando se dirigía al trabajo. La cosa terminó bastante mal, tuvieron que amputarle todos los dedos del pie izquierdo, sufrir varias operaciones y aún sigue con rehabilitación. Hoy vino de visita a la empresa, y lo celebramos comiendo todos juntos. Hasta cuatro botellas de champagne trajo el Ultracatólico, aficionado a la graduación alta.

Así que imagináos al chaval nuevo. Acababan de comunicarle que firmaría contrato la semana que viene, se encuentra con una fiesta a la que está invitado y encima todo el mundo está medio borracho, porque la comida se acompañó única y exclusivamente con el champagne del Ultracatólico (yo tenía la copa de rigor y mi vasito de agua al lado).

La hija del jefe (RR.HH.) me dijo que el nuevo se incorporaría el lunes.

– ¿Y en qué despacho va a trabajar?

– En el tuyo.

– ¿Y en qué ordenador? (hay cuatro mesas pero un solo ordenador, el mío)

– Pues… no sé… puede trabajar contigo, ver lo que haces.

Ahhh, vaya, muy instructivo y ameno para todo el mundo, yo trabajo con una mirada sobre el hombro y el pobre chaval vegeta mientras tanto. Muy instructivo, sí.

Salí quince minutos antes de la hora para ir al médico, a la médica ésta que me recomendó mi vecina Margarita. Y la verdad, me quedé muy contenta. Me escuchó, me hizo preguntas, me hizo recomendaciones, como la de no cargar con un portátil si quiera durante un mes o dos. Que tuviera cuidado, que si hacía esfuerzos y no curaba bien esto, a la larga, podría tener una hernia de disco. Me tomó la tensión (13, 8) me tocó toda la espalda, desde la cintura hasta el cuello, me dio golpecitos en las vértebras. Comprobaba cada sitio que me dolía con paciencia y atención, acertando con todos. Dijo que tenía unas contracturas de caballo, que había forzado demasiado los músculos y que ahora necesitaba reposo. Me recetó Epsipam (tetrazepán, o sea, Myolastán) y dos sesiones semanales de fisioterapia durante nueve semanas. Me dijo que siguiera con el Diclofenac y el Epsipan entre tres y cinco días y que la semana que viene empezara con la fisioterapia. Y que si seguía mal, que volviera y me haría radiografías, aunque a su criterio, era algo sólo muscular, pero a lo bestia. También me recetó un gel para darme en la espalda y me recomendó unas bolsitas que se calientan en el micro para ponérmelas en la espalda y el cuello.

Y bueno, me siento mucho mejor. No físicamente, eso sigue igual, pero al menos me han escuchado, le han prestado atención a mi problema y me han dado otras soluciones. Quizá la lesión tarde lo mismo en curar, pero al menos se me hará más llevadero y estaré más tranquila.

Al llegar a casa hice la tarta de Angua y unas madalenas de plátano y luego me fui a ver a mi vecina Margarita. Le llevé madalenas pero la pobre no puede tomar azúcar, así que me vine con ellas de vuelta. Estaba viendo la tele, Gente, y subía el volumen cada vez que hablaban de la boda de Arancha Sánchez Vicario. Cuando el cotilleo, el morbo y mi dolor de espalda (tiene unos sillones muy incómodos) fueron suficientes para mí, le dije que me venía a casa a tomarme las pastillas.

Y me las he tomado hace un rato. El tetrazepán está empezando a hacer efecto y me siento un poco grogui.

Y mañana llega el Pequeño 🙂 A las 12:15 voy a buscarlo al aeropuerto. El sol vuelve a Bélgica. Así que supongo que nos pasaremos el fin de semana mimándonos mutuamente y descansando un poco, que nos lo merecemos 🙂 Tengo tanas ganas de verlo… hace ya tanto que se fue que me parece todo muy lejano, como un sueño. Me parece irreal que mañana ya no vaya a dormir sola.

La carta

Posted in Anecdotas, Curro, Lonely moments a 2:03 pm por La Petite en Belgique

Ayer, al llegar a casa después de trabajar y con un dolor en medio de la espalda, me encontré a Jeff, del tercero, cargado, como siempre con una bolsa bastante pesada. De 62 años y con muletas al pobre le entran sudores cada vez que el ascensor está estropeado (cosa que ocurre bastante a menudo). Yo me gané su simpatía por llevarle las bolsas hasta el tercero en esas ocasiones. Lo hubiera subido también a él, pero le calculo unos 90 kilos de peso.

En la parada de rigor en el portal para revisar mi buzón, descubrí que tenía una carta en un sobre sin sello, escrito a mano en tinta roja. El anverso rezaba “La Petite de Vigo” y el reverso “Margarita del 5º”. Me despedí de Jeff al salir del ascensor (esta vez sí funcionaba) y entré en casa abriendo el sobre. 

En la carta Margarita me decía que se había acordado de una médico latinoamericana bastante buena y cuya consulta era más fácil de encontrar que la del médico que me había recomendado, y que además, hablaba mi idioma, con lo cual facilitaría las cosas.

Subí después de cenar a darle las gracias (¿te acuerdas, Liryel?) y me encuentro a Margarita con el mando de la tele en la mano y a Rouco Varela en la pantalla. Tras una escena de ese calibre, Margarita me explica que está viendo el funeral por las víctimas del accidente de Barajas en el canal internacional de TVE. Menos mal que el día anterior cuando hablábamos de que en España no se hablan más idiomas que el castellano, no solté nada relativo a Franco, que fue lo primero que se me pasó por la cabeza. Es mejor estar bien calladito si uno no sabe las ideologías del que tiene enfrente, más que nada por no cometer una falta de respeto en la propia casa de quién me está tendiendo un a mano.

Mientras hablábamos (bajó un poco el volumen de la tele) me interrumpía para decir cosas como: “Mira, ahí están el rey y la reina, y ahí, mira, la presidenta es casi más alta que el presidente”. Me percaté que cuando decía a presidenta, se refería a la mujer de Zapatero. Yo, en mi actitud respetuosa, seguí sin decir nada que pudiera contradecir sus concepciones sobre la vida.

Después me estuvo hablando de la médico que me había recomendado, que “es muy maja pero nunca la he visto en la misa de doce para los españoles, qué raro”. Yo seguía como la lechuza, con los ojos muy abiertos pero sin decir nada.

Luego comenzó el telediario, que presentaba, Lorenzo Milá, donde abrieron con un mini-reportaje sobre el funeral por las víctimas del accidente. Entre que no me apetecía revolcarme de nuevo en el dolor ajeno, y que el dolor propio me estaba impidiendo estar sentada mucho tiempo más, le dije que bajaba a mi casa a acostarme, que mi espalda me pedía cama.

Margarita, muy amable, me deseó buenas noches y me dejó en la puerta del ascensor. Llegué, apagué el ordenata, me lavé los dientes y en esto me percato de que alguien ha pasado un papel por debajo de mi puerta. La nota es de Margarita, otra vez, que me pide perdón por no haberme ofrecido dormir en su casa, que tiene camas suficientes, y que si quiero dormir allí que suba en cualquier momento. A mí me encanta tener una vecinita que me tiende su mano, como ésta, y sé que justo estos días está más sola que de costumbre y se aburre, pero yo casi prefería dormir en mi cama (y además, ya me había desvestido) y no tomarme demasiadas confianzas. Poco a poco. Y además, no es cuestión de volcarme por completo ahora y que de repente deje sola a la pobre mujer cuando el Pequeño venga a dormir de nuevo conmigo.

Así que, muy agradecida, me metí en cama, pero la espalda estaba más protestona que las noches anteriores y me costó quedarme dormida.

septiembre 11, 2008

Cruel Crazy Beautiful World

Posted in Reflexiones a 8:57 pm por La Petite en Belgique

Porque es cruel y un poco loco este mundo nuestro, pero sobre todo bello. Es una pena que pocas personas sepan verlo y nos estemos cargado todo como lo hacemos y haciéndonos daño los unos a los otros.

Pero como aún quedan personas que te sorprenden positivamente, me ha subido un poco el ánimo y me he acordado de esta canción. Se lo debo a mi vecina Margarita. Pensaba escribir sobre ello hoy pero mi espalda me está pidiendo acostarme. La verdad es que el dolor no ha ido a menos, sino a más. Hasta mañana y gracias por estar ahí 🙂

Hora y media

Posted in Curro a 3:31 pm por La Petite en Belgique

es lo que me queda para salir, y no aguanto la espalda desde hace una. Me acabo de tomar otro paracetamol haciendo caso del consejo del Dr. van Damme de “tómate lo que tengas por casa”. Juro que mañana voy a otro médico porque esto no va a mejor sino a peor.

septiembre 10, 2008

El Dr. van Damme

Posted in Belgica y los belgas, Curro, Lonely moments a 9:59 pm por La Petite en Belgique

Hoy mi jefe empezó a emocionarse diciendo que el viernes yo tenía que llevar a Brujas el osciloscopio para comprobar la señal de no se qué. El osciloscopio que hay en la empresa es un cacharro del tiempo de la guerra que pesará sus buenos 25 kilos. Así que, ya que el Últracatólico ocultó bien al resto mi problema de esspalda, yo iba a proceder a informar sobre ello. Mi jefe se quedó a cuadros, no sabía nada. Así que me mandó rápidamente a que pasara por el despacho de su hija (RR.HH., la que come papel). Al llegar a alli la hija también alucinó con el Dr. van Damme, que tan sólo me había recetado unas pastillas para el dolor y nada de kinesioterapia para “poner todo en su sitio”. Me dio unos papeles para cubrir, ya que al ser accidente de trabajo, el seguro de la empresa se iba a hacer cargo de los costes (mis putos 21.5 euros y lo que viniera). Un papel era para mi y el otro para que cubriera el Dr. van Damme.

Así que llamé a la clínica y concerté cita para las 7. Cuando iba de camino, llamé a mi amigo Manuel para quejarme un poco (qué bien viene de vez en cuando, sobre todo cuando una se pasa sola todo el día), y me quedé tan en las nubes que cuando llegué a la clínica dije algo así como:

– Hola, yo… tenía cita con el doctor… no me acuerdo el nombre… Jan… van Damme?

– Ay, jajajajaja! que no es Jean-Claude Van Damme. Jajajaja! Vale, pasa un momento a la sala de espera.

Bueno, al menos le alegré el día a la secretaria. Pasé a la sala de espera y me puse a leer para esperar mi turno. Cuando la lucecita roja se encenció acompañada de la señal sonora (el color rojo es el correspondiente al dr. van Damme, y su puerta está también señalada por un cículo rojo en el suelo) me encaminé a su despacho. Llamo a la puerta y el tío abre sin haber acabado del todo con el anterior, que seguía recogiendo sus cosas. Sale por la puerta y me deja allí clavada. El otro paciente se va y yo me siento en la silla (si el dr. van Damme es un fresco, yo paso de florituras).

[Nota: digo que es un fresco por actitudes como las que ya vi ayer y las de hoy, que nadie se me asuste]

Vuelve y le explico que tengo unos papeles para la aseguradora de la empresa y que si no le importa cubrirlos. Los lee (preguntaban qué tipo de lesión tengo, diagnóstico, si hay incapacidad) y me pregunta que para qué tiene que cubrir eso.

– Pues como fue un accidente de trabajo, para que la aseguradora se haga cargo de los gastos de la consulta de ayer y la de hoy, por ejemplo.

– Mira, la aseguradora se puede negar a pagar y con razón, porque lo que tuviste no fue un accidente de trabajo.

– ¿Eh? ¿Cómo que no?

– Yo cubro estos papeles porque me los has traído, pero no estoy a favor, si dicen que no están en todo su derecho.

– ¿Eh?

– Un accidente de trabajo es si te caes por las escaleras o si alguien te saca la silla cuando te vas a sentar, pero lo tuyo no fue un accidente de trabajo.

Yo con los ojos como platos, por supuesto. Empieza a cubrir los papeles y me pregunta:

– ¿Has ido hoy a trabajar?

– Sí

– Vale, pues entonces pongo que no tienes ninguna incapacidad.

– Eh..

– Ah, por cierto, ¿cómo tienes eso hoy?

– Me sigue doliendo en el centro pero más hacia el lado izquierdo, no el derecho como ayer.

– Bien, eso está bien.

Mis ojos seguían abiertos de par en par.

– Tengo este otro papel que tengo que cubrir, pero en la empresa me dijeron que esta pregunta era mejor que la contestara usted, porque hay que poner lo que tengo.

– Nada, nada, eso lo puedes hacer tú. Tienes que decir lo que sientes. Dolor de espalda. ¿Dijimos que si no mejorabas volvías a mediados de la semana que viene?

– Dijimos el lunes,

– Ah, vale, pero si estás bien no vengas, ¿eh?. Son 21.5.

Así que en total ya le he dado 43 euros al maldito hijoputa del Dr. van Damme, por nada, que hoy ni siquiera me miró y me pasé en su despacho menos de tres minutos. La moneda de 50 céntimos de vuelta me la tiró por encima de la mesa, el divertido Dr. van Damme. Es que es tan gracioso. Debe ser que con sus bromas estúpidas se le curan los pacientes, porque otra cosa no hace.

Salí con una rabia que no me cabía en el cuerpo y volví a llamar a mi amigo Manuel, que no entendía nada de nada.

– Será un país muy adelantado, pero a veces parece tercermundista.

– Lo que tú digas, Manuel, hoy estoy muy harta y muy sola.

Al llegar a casa llame a mi hermana y le lloré y reñí a partes iguales (mi madre oyó parte de la conversación cuando dije expresamente que no quería que se enterara para no preocuparla. Vaya, al final las dos hacemos lo mismo), y después me fui a ver a mi vecina Margarita, la del 5ª, que es una enfermera medio retirada (tiene edad para estarlo pero sigue haciendo trabajos a domicilio) para que me dijera si era verdad eso de que lo mío no había sido un accidente laboral y si podía explicarme lo que el Dr. van Damme había escrito en ilegibles caracteres. Ni entre las dos sacamos nada en claro, pero al menos charlamos un rato y me recomendó a su médico que “es muy majo y entiende español”.

Y no mucho más. Estoy cansada, algo menos rabiosa que hace un par de horas y con dolor de espalda, así que voy a contestar vuestros comentarios y me voy a meter en cama, que la horizontal es la postura que mejor me sienta.

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