abril 23, 2009

Todo fluye pero algo permanece

Posted in Belgica y los belgas, Curro, la dura vida del teleoperador, Lonely moments, Reflexiones a 1:57 pm por La Petite en Belgique

Hoy por la mañana firmé mi nuevo contrato. Son contratos semanales. Algo bastante común en la empresa. Indoloro para ellos en la mayor parte de los casos e indoloro para mí en la situación en la que me encuentro. Lo mejor de estar aquí es el nuevo aire que he podido respirar. Una empresa diferente, en un sitio diferente y con personas diferentes. Cuando uno trabaja en algo que no está relacionado con su experiencia casi todo son sorpresas. Cuando uno trabaja en algo en lo que ni uno mismo ni los demás tienen experiencia ni está relacionado con su preparación, las historias están servidas. He conocido a personas muy dispares, algo que me está enriqueciendo mucho más de lo que esperaba, pero tras la frescura y sorpresa iniciales, parece que voy aterrizando en la realidad.

Ayer pudimos salir un poco antes, y al contrario que muchos de los otros días, no sufrí los atascos del autobus ni retrasos en los trenes. Pude llegar a Leuven diez minutos antes de las seis. Me sentía terriblemente cansada (los madrugones que me estoy pegando ya me pasarán factura) pero decidí volver andando a casa, pasando por el centro con la esperanza de encontrar algún comercio que se saliera de la norma de cerrar a las 6. No esperaba grandes milagros: con una hora de cierre a las 6:30 me era más que suficiente. Pero salvo la FNAC, todo estaba cerrando. Estuve 5 minutos en ZARA (odio ir de compras, pero ayer me apetecía comprarme una camiseta) antes de que una dependienta me invitara a salir. Había gente en las terrazas de los bares, muchos de ellos turistas, lo que me hizo sentir algo de envidia: deseaba estar sentada en una de esas terrazas en el lugar de una de aquellas chicas esperando esa copa de vino que el camarero les estaba llevando. Pero no. Si uno se detiene a observar la vida en la calle en Leuven a esas horas, advierte que va disminuyendo. La gente empieza a recogerse, se arracima en las paradas de los buses, las calles se vacían.

Podría haber fuera una y mil vidas. La luz solar invita a salir, pero no hay nada fuera para ti. La vida se acaba a esas horas, y estar fuera no es nada si no se puede compartir con nadie, si no hay caras, aunque sea anónimas, que le den sentido a buscar algo fuera.

Nueva vida, antiguos anhelos. Parece que aunque el río de Heráclito fluya y cambie, nosotros seguiremos siendo los mismos. O quizás lo sea yo, que soy bastante cabezota.

Quizás tan solo esté pensando esto porque sepa que este no es el trabajo de mi vida y que sigo llenando mi tiempo en la espera de que al final todo un día cambie y mis deseos se hagan realidad. Debería hacer una llamada y preguntar, pero me da miedo descubrir que la puerta está cerrada. La verdad es que esto me ocupa tantas horas al día que no me da tiempo a pensar. Quizás es que realmente no quiero. Tiempo. Reacción.

abril 22, 2009

Una larga desconexión

Posted in Curro, la dura vida del teleoperador a 9:45 am por La Petite en Belgique

Después de semana y media por fin nos dan acceso a internet en el trabajo. Sigo aún recibiendo cursos sobre Windows, Office y compañía. Es bastante aburrido porque parten de la base de que nadie tiene conocimientos acerca del tema. Así que suelo acabar pronto mis ejercicios y aburrirme bastante. Desde hoy la cosa cambiará, porque por fin me han dado acceso al exterior.

Llevo muchos días sin bloguear debido a esto y también a que ha habido retrasos en los buses y trenes y he llegado a casa a las mil. El fin de semana también he tenido una comunión (no he asistido a la misa), así que el mono internetero estaba alcanzando cotas importantes. Acabo de limpiar mi bandeja de entrada y ya me siento mejor 🙂

He descubierto que lo que me pasó la semana pasada no fue ni resfriado ni gripe. El aula donde recibimos los cursos está llena de porquería hasta arriba, con bolas de pelusas hasta en las mesas y una moqueta en la que seguro que es posible encontrar vida inteligente. Como soy alérgica al polvo me puse malísima, con los ojos como tomates, la nariz goteando intermitentemente y un asma que ni los inhaladores pueden aplacar. He decidido tomarme pastillas para la alergia y aunque sigo notando ciertas molestias, me encuentro mejor.

Tampoco he leído blogs, salvo rápidamente por la noche antes de meterme en cama. Tengo muchas ganas de ponerme al día y que todos sepáis que sigo viva y que quiero saber cómo anda cada uno.

Yo estoy bien, sin tiempo por el momento para seguir buscando curro, pero sabiendo que eso va a empezar a cambiar hoy. La transición es por el momento indolora y hasta sienta bien.

abril 15, 2009

Virus

Posted in Curro, el Ken, la dura vida del teleoperador a 6:36 pm por La Petite en Belgique

El aire acondicionado y los cambios de temperatura están haciendo que me muera a plazos. Eso, unido a un día dedicado a la teoría acerca de cómo tratar al cliente, me ha tenido casi en coma. Perdón por no contestar a vuestros comentarios o visitar vuestros blogs. El Ken me está preparando una sopita de pollo antes de meterme en la cama.

abril 14, 2009

Chica nueva en la oficina

Posted in Anecdotas, Curro, la dura vida del teleoperador a 9:50 pm por La Petite en Belgique

Hoy ha sido mi primer día en el nuevo trabajo. Ayer por la noche, tras una barbacoa en la que conocimos a un chileno que había ido a un concierto de un tipo que hacía música con la Gameboy, estuve estudiando los horarios de trenes y autobuses. La distancia a recorrer no es grande, pero obligatoriamente debo coger un tren de Leuven a Mechelen y allí un bus a la zona norte, que es donde está la empresa. La estación de Leuven me queda a una media hora andando a paso relajado, pero a ciertas horas de la mañana prefiero cogerme un bus para evitar madrugones que ya son de por sí duros. Esta mañana me volví a disfrazar y salí corriendo por la puerta para coger el bus 359, que debía dejarme en la estación con tiempo de sobra para comprar mi ticket y coger el tren. Salí antes de lo esperado y fui a la parada. Más o menos a la hora prevista vino un bus pero no el esperado. Daba igual. Todos van a la estación. No recuerdo mucho del trayecto, porque el café que me tomé en la barbacoa no me dejó dormir y me pasé la mañana medio inconsciente. El bus llegó bastante justo a la estación, así que salí corriendo, entré en el edificio, saqué mi ticket en la máquina expendedora y me fui rauda y veloz escaleras abajo. Corrí por el subterráneo y subí a zancadas las escalera que lleva al andén. Al pisar los últimos escalones vi como un tren abandonaba rápido la estación. Por fiarme de la ruta de la página de transportes belgas había perdido mi tren para acudir a mi primer día de trabajo.

Con cara de idiota y el billete todavía en la mano llamé al Pequeño para que me buscara la dirección de la empresa y volví a correr una vez más hasta llegar a la parada de taxis. Subí al asiento de atrás y le conté mi drama al taxista: necesitaba llegar a las 9 a Mechelen porque había perdido el tren y era mi primer día de trabajo. Me preguntó dónde estaba exactamente la empresa, y yo con el Pequeño todavía al teléfono, le di la dirección. Yo esperaba que quizás introdujera los datos en su GPS yempezara a conducir, en cambio sacó de una mochila un mapa de carreteras y empezó a pasar páginas y a señalar carreteras con el dedo de un modo errático. Reconozco el mapa y le señalo con el dedo:

– Creo que es ahí.

-Sí, estoy viendo cómo llegar. ¿Cómo se llama la empresa?

– XXX.

– ¡Ah! ¡Yo estuve a punto de trabajar ahí el año pasado!

Llevaba más de diez minutos en el taxi y el tipo seguía mirando el mapa como si éste le fuera a dar algún tipo de inspiración. Eran ya las 8:15 y yo me quería subir por las paredes. Muy a menudo uno se encuentra terribles atascos mañaneros en las carreteras belgas. El día de la entrevista salí con hora y media de antelación y a punto estuve de llegar tarde. Y hoy sólo quedaban 45 minutos. Miré hacia atrás y vi que el taxi detrás de nosotros tenía un GPs último modelo pegado al parabrisas. Reprimí las ganas de salir corriendo y miré con ojos de cordero degollado a mi taxita. ¿Pero usted cree que estaremos ahí antes de las 9?

Decidimos ponernos en marcha y “confiar en las señales”. Por el camino el taxista parecía tener ganas de cháchara, y mientras se escarbaba las muelas con un dedo me contaba que aunque su coche tenía GPS integrado, a él eso no le gustaba. Que él era un fan del Google Maps, y que “aquella vez” había buscado una ruta para llegar a la empresa especial para poder hacerlo en bici, esto es, evitando autopistas. Y yo me imaginaba al taxista delgaducho pedalendo tropecintos kilómetros para luego llegar sudoroso a una entrevista de trabajo. Fue cuando me di cuenta de que la que iba sudorosa era yo. Mejor que no se me acercara nadie, porque olía a mono. Por cierto, el taxista nunca llegó a ir a la entrevista. Estaba escrito que tenía que seguir en el gremio de los taxistas para llevarme hoy. Conseguimos llegar a tiempo y pagué una cantidad que me hubiera permitido pagar el tren durante dos semanas.

Las dos primeras semanas de trabajo consisten en unos cursillos. Hoy tuvimos cuatro sesiones, de las que aproveché la primera para perderme en el edificio. Fue en el primer descanso. Todos salieron muy rápido de la sala y yo me quedé atrás. Así que salí a explorar un poco y me quedé mirando un plano de la sección en una pared. Justo al lado había una puerta que cruzaron unas cuantas personas hacía pocos minutos, y tenía la indicación de salida de emergencia. Allá me fui. Me vi confinada en un pequeño espacio con cuatro puertas: la que acababa de cruzar, dos que daban a escaleras y una cuarta que daba afuera, donde dos personas acababan de salir a fumar. Intenté volver atrás para volver al aula, porque quedaba poco para comenzar la siguiente sesión y vi horrorizada que no podía abrirla. Necesitaba una tarjeta. Me dirigí entonces a la puerta que daba al exterior y tampoco pude abrirla. Pensé en las que daban a las escaleras. Decidí que era mejor bajar y quizás acceder al parking. Subir no me ayudaría, pues seguramente me encontraría con otra trampa sin salida como ésta. Así que bajé un nivel y me encontré una sala de fitness, seguí bajando y mientras lo hacía y cruzaba puertas dejando el bolso para que no se cerraran, decidí volver atrás al punto inicial y “esperar” que alguien apareciera y me sacara de allí. Quedaban sólo cinco minutos.

Los fumadores seguían fuera, con sus cigarros a punto de acabarse, así que vi un rayito de esperanza. Seguramente volverían por el mismo camino por el que habían salido. ¡Maldición!, uno de ellos acababa de encender un nuevo cigarro. Me tragué la vergüenza y empecé a hacer grandes aspavientos a ver si me veían. Al cabo de un rato de estar agitando los brazos por fin uno de ellos me vio y me abrió la puerta.

– Yo, es que es mi primer día y me he perdido y estoy encerrada y quería volver a cruzar aquella puerta.

– Tienes que salir y volver a entrar por la puerta principal.

– Vale.

Un minuto y La Petite casi volando mientras daba la vuelta al edificio.

Al mediodía pude conversar un poco con mis compañeros de curso y conocerlos un poco mejor. Son seis. El que más me ha llamado la atención es el finlandés de 39 años cuya verdadera vocación es ser actor y que dice que ha acabado en la empresa porque en Bélgica ha encontrado a la mujer de su vida. Está bastante interesado en astrología, porque como él dice, es algo muy importante. Hay una hija de italianos nacida en Bélgica que habla español y tiene bastante desparpajo. El único problema es que siempre te dice lo que quieres oir. Hay un sueco que llegó ayer a Bélgica. Ha dejado a su mujer y a sus cuatro hijos en Suecia porque no le quisieron renovar su contrato de profesor en la universidad. El alemán y el de Georgia son más bien callados. La armenia trabajó ya antes aquí pero lo dejó durante un par de años al quedarse embarazada. Su marido, también armenio, es peluquero. Ella lleva el pelo en tonos rojizos y caoba y aprovecha la mínima para aconsejar a la italiana sobre su color de pelo.

Vi a Josel3 durante unos minutos, que había quedado con Ana para comer. Me presentó como La Petite, lo que me hizo dar un respingo.

Por la tarde nos enseñaron el edificio, o mejor dicho, los edificios, unidos por pasillos y puentes. Un auténtico laberinto para el novato. Vamos, y con lo mal que yo me oriento, sólo me faltaba el minotaruro. Después de eso tuvimos otra sesión con un chico belga que dijo negarse a hablar francés  y a repetir las cosas  más de tres veces. Eso, unido a que tartamudeaba un poco y hablaba rápido como una locomotora, no prometían nada bueno. Al parecer había estudiado algo de IT para luego dejarlo y hacerse camionero. Fue por la tarde cuándo finalmente me enteré a qué grupo iba a pertenecer. Después de estar convencida de que me mandarían al grupo de los españoles, finalmente me mandaron a otro, donde me tocaría dar soporte en español, inglés y frances (y yo que había pensado que mi francés había sido penoso en la entrevista).

Al terminar los cursos nos fuimos a la parada de autobuses, donde me encontré con el Correcaminos. Por error (lo juro) me colé sin pagar en el bus. Mientras esperaba temblando que no apareciera ningún revisor, estuve charlando con él y la italiana. Me contó que el grupo al que voy es bastante reducido… digamos que son sólo seis miembros por el momento. Eso significa que va a tocar coger bastantes llamadas.

El Correcaminos me dijo que tenía ganas de leer el post de hoy. No me ha salido demasiado fluido debido al cansancio. De todas formas, este post va dedicado a él 🙂

abril 13, 2009

Bikers

Posted in el Ken, Mirando atrás, vídeos a 8:38 pm por La Petite en Belgique

motoYa no recordaba cuánto me gustaba disfrutar del paisaje desde una moto. El viento rozándome la cara y haciendo nudos en mi pelo suelto bajo el casco. Confiando ciegamente en la persona que va delante, “a los mandos”, como quien se deja llevar por su pareja de baile.

Ayer superé el trauma que tenía desde que nos compramos la moto. Nunca he mirado demasiado el dinero hasta estos últimos meses, en que me encontré casi a cero. Por eso, después de la ilusión con la que habíamos hecho los planes, la compra me dejó casi sin respiración. Pero las cosas se han equilibrado, lo que me fue quitado se me ha devuelto. Y entre eso y la liquidación de la empresa del terror, vuelvo a estar más que a flote. El medio disgusto que tenía se vio agravado por mi primer intento fallido de domar a la bestia. Acabé en el suelo tras avanzar dos metros.

Pero ayer todos los pensamientos negativos se fueron con el viento. La noche era agradable y había poco tráfico. Decidimos dar una vuelta a la manzana para “ver qué pasa” y luego nos lanzamos al anillo. Estaba ya oscureciendo y,quizás por ser domingo antes de festivo, la ciudad estaba tranquila. Luego nos medio perdimos. Pero daba igual. Porque todo iba bien.

Recordé con algo de nostalgia mis viejos amigos moteros. Aquel Bikers donde solíamos vernos cada día después de trabajar, en uno de esos veranos que parecen eternos. Llegar al final de la calle Arenal (para mí casi al otro lado de la ciudad) con la ropa pegada al cuerpo por el sudor y que Ángel, al otro lado de la barra, te ofreciera una cervecita fría. O Jose, mientras te explicaba como hacer estiramientos para desentumecer los músculos de los hombros después de un día sentada mirando “tres monitores”. O Suso, aquel día ya lejano en que lo conocí.

Recuerdo la concentración motera de As Burgas del 2003 (¿o fue del 2002?) a la que un Rubén con mil problemas me llevó. Perdí mi móvil con todos los números poco antes de venirme aquí, así que no he sabido nada más de él. Espero que esté bien. O los mil paseos con Suso y su vieja moto (espero que siga andando), la Isla y aquella luciérnaga que echó a volar en el último segundo. Y Arturo enseñándome orgulloso su nueva ciudad: Gijón. Un septiembre de hace dos años, conduciendo despacito bajo el sol y en manga corta, para terminar en aquella pequeña playa al pie de unos acantilados. También me acordé de Miguel. Él vendió su moto hace ya unos cuantos años. No sé si desear o no que cumpliera su sueño de convertirse en ermitaño. A veces es difícil hacerse comprender. Es lo que sucede cuando uno es especial. Tampoco sé que fue de Pili y Pepín, la eterna pareja. A Juanillo me lo encontré hace un par de años. Adaptado al cambio. Él es un superviviente nato.

El Bikers cerró sus puertas hace ya algunos años. Todos lo echamos de menos. Era especial porque nos hizo encontrarnos y era como estar en casa, con Rock’n’roll o los Rodríguez de fondo y barriendo las colillas al final de alguna noche memorable.

abril 1, 2009

Para el Pequeño

Posted in el Ken a 8:30 am por La Petite en Belgique

Yesterday, when I came from work all the shops were already closed. This morning too, and I have to leave in 20 minutes. So it was impossible for me to buy what I wanted for you:

roses

Ik houd heel veel van jou. Thank you for understanding me. Be patient this week 🙂