abril 14, 2009

Chica nueva en la oficina

Posted in Anecdotas, Curro, la dura vida del teleoperador a 9:50 pm por La Petite en Belgique

Hoy ha sido mi primer día en el nuevo trabajo. Ayer por la noche, tras una barbacoa en la que conocimos a un chileno que había ido a un concierto de un tipo que hacía música con la Gameboy, estuve estudiando los horarios de trenes y autobuses. La distancia a recorrer no es grande, pero obligatoriamente debo coger un tren de Leuven a Mechelen y allí un bus a la zona norte, que es donde está la empresa. La estación de Leuven me queda a una media hora andando a paso relajado, pero a ciertas horas de la mañana prefiero cogerme un bus para evitar madrugones que ya son de por sí duros. Esta mañana me volví a disfrazar y salí corriendo por la puerta para coger el bus 359, que debía dejarme en la estación con tiempo de sobra para comprar mi ticket y coger el tren. Salí antes de lo esperado y fui a la parada. Más o menos a la hora prevista vino un bus pero no el esperado. Daba igual. Todos van a la estación. No recuerdo mucho del trayecto, porque el café que me tomé en la barbacoa no me dejó dormir y me pasé la mañana medio inconsciente. El bus llegó bastante justo a la estación, así que salí corriendo, entré en el edificio, saqué mi ticket en la máquina expendedora y me fui rauda y veloz escaleras abajo. Corrí por el subterráneo y subí a zancadas las escalera que lleva al andén. Al pisar los últimos escalones vi como un tren abandonaba rápido la estación. Por fiarme de la ruta de la página de transportes belgas había perdido mi tren para acudir a mi primer día de trabajo.

Con cara de idiota y el billete todavía en la mano llamé al Pequeño para que me buscara la dirección de la empresa y volví a correr una vez más hasta llegar a la parada de taxis. Subí al asiento de atrás y le conté mi drama al taxista: necesitaba llegar a las 9 a Mechelen porque había perdido el tren y era mi primer día de trabajo. Me preguntó dónde estaba exactamente la empresa, y yo con el Pequeño todavía al teléfono, le di la dirección. Yo esperaba que quizás introdujera los datos en su GPS yempezara a conducir, en cambio sacó de una mochila un mapa de carreteras y empezó a pasar páginas y a señalar carreteras con el dedo de un modo errático. Reconozco el mapa y le señalo con el dedo:

– Creo que es ahí.

-Sí, estoy viendo cómo llegar. ¿Cómo se llama la empresa?

– XXX.

– ¡Ah! ¡Yo estuve a punto de trabajar ahí el año pasado!

Llevaba más de diez minutos en el taxi y el tipo seguía mirando el mapa como si éste le fuera a dar algún tipo de inspiración. Eran ya las 8:15 y yo me quería subir por las paredes. Muy a menudo uno se encuentra terribles atascos mañaneros en las carreteras belgas. El día de la entrevista salí con hora y media de antelación y a punto estuve de llegar tarde. Y hoy sólo quedaban 45 minutos. Miré hacia atrás y vi que el taxi detrás de nosotros tenía un GPs último modelo pegado al parabrisas. Reprimí las ganas de salir corriendo y miré con ojos de cordero degollado a mi taxita. ¿Pero usted cree que estaremos ahí antes de las 9?

Decidimos ponernos en marcha y “confiar en las señales”. Por el camino el taxista parecía tener ganas de cháchara, y mientras se escarbaba las muelas con un dedo me contaba que aunque su coche tenía GPS integrado, a él eso no le gustaba. Que él era un fan del Google Maps, y que “aquella vez” había buscado una ruta para llegar a la empresa especial para poder hacerlo en bici, esto es, evitando autopistas. Y yo me imaginaba al taxista delgaducho pedalendo tropecintos kilómetros para luego llegar sudoroso a una entrevista de trabajo. Fue cuando me di cuenta de que la que iba sudorosa era yo. Mejor que no se me acercara nadie, porque olía a mono. Por cierto, el taxista nunca llegó a ir a la entrevista. Estaba escrito que tenía que seguir en el gremio de los taxistas para llevarme hoy. Conseguimos llegar a tiempo y pagué una cantidad que me hubiera permitido pagar el tren durante dos semanas.

Las dos primeras semanas de trabajo consisten en unos cursillos. Hoy tuvimos cuatro sesiones, de las que aproveché la primera para perderme en el edificio. Fue en el primer descanso. Todos salieron muy rápido de la sala y yo me quedé atrás. Así que salí a explorar un poco y me quedé mirando un plano de la sección en una pared. Justo al lado había una puerta que cruzaron unas cuantas personas hacía pocos minutos, y tenía la indicación de salida de emergencia. Allá me fui. Me vi confinada en un pequeño espacio con cuatro puertas: la que acababa de cruzar, dos que daban a escaleras y una cuarta que daba afuera, donde dos personas acababan de salir a fumar. Intenté volver atrás para volver al aula, porque quedaba poco para comenzar la siguiente sesión y vi horrorizada que no podía abrirla. Necesitaba una tarjeta. Me dirigí entonces a la puerta que daba al exterior y tampoco pude abrirla. Pensé en las que daban a las escaleras. Decidí que era mejor bajar y quizás acceder al parking. Subir no me ayudaría, pues seguramente me encontraría con otra trampa sin salida como ésta. Así que bajé un nivel y me encontré una sala de fitness, seguí bajando y mientras lo hacía y cruzaba puertas dejando el bolso para que no se cerraran, decidí volver atrás al punto inicial y “esperar” que alguien apareciera y me sacara de allí. Quedaban sólo cinco minutos.

Los fumadores seguían fuera, con sus cigarros a punto de acabarse, así que vi un rayito de esperanza. Seguramente volverían por el mismo camino por el que habían salido. ¡Maldición!, uno de ellos acababa de encender un nuevo cigarro. Me tragué la vergüenza y empecé a hacer grandes aspavientos a ver si me veían. Al cabo de un rato de estar agitando los brazos por fin uno de ellos me vio y me abrió la puerta.

– Yo, es que es mi primer día y me he perdido y estoy encerrada y quería volver a cruzar aquella puerta.

– Tienes que salir y volver a entrar por la puerta principal.

– Vale.

Un minuto y La Petite casi volando mientras daba la vuelta al edificio.

Al mediodía pude conversar un poco con mis compañeros de curso y conocerlos un poco mejor. Son seis. El que más me ha llamado la atención es el finlandés de 39 años cuya verdadera vocación es ser actor y que dice que ha acabado en la empresa porque en Bélgica ha encontrado a la mujer de su vida. Está bastante interesado en astrología, porque como él dice, es algo muy importante. Hay una hija de italianos nacida en Bélgica que habla español y tiene bastante desparpajo. El único problema es que siempre te dice lo que quieres oir. Hay un sueco que llegó ayer a Bélgica. Ha dejado a su mujer y a sus cuatro hijos en Suecia porque no le quisieron renovar su contrato de profesor en la universidad. El alemán y el de Georgia son más bien callados. La armenia trabajó ya antes aquí pero lo dejó durante un par de años al quedarse embarazada. Su marido, también armenio, es peluquero. Ella lleva el pelo en tonos rojizos y caoba y aprovecha la mínima para aconsejar a la italiana sobre su color de pelo.

Vi a Josel3 durante unos minutos, que había quedado con Ana para comer. Me presentó como La Petite, lo que me hizo dar un respingo.

Por la tarde nos enseñaron el edificio, o mejor dicho, los edificios, unidos por pasillos y puentes. Un auténtico laberinto para el novato. Vamos, y con lo mal que yo me oriento, sólo me faltaba el minotaruro. Después de eso tuvimos otra sesión con un chico belga que dijo negarse a hablar francés  y a repetir las cosas  más de tres veces. Eso, unido a que tartamudeaba un poco y hablaba rápido como una locomotora, no prometían nada bueno. Al parecer había estudiado algo de IT para luego dejarlo y hacerse camionero. Fue por la tarde cuándo finalmente me enteré a qué grupo iba a pertenecer. Después de estar convencida de que me mandarían al grupo de los españoles, finalmente me mandaron a otro, donde me tocaría dar soporte en español, inglés y frances (y yo que había pensado que mi francés había sido penoso en la entrevista).

Al terminar los cursos nos fuimos a la parada de autobuses, donde me encontré con el Correcaminos. Por error (lo juro) me colé sin pagar en el bus. Mientras esperaba temblando que no apareciera ningún revisor, estuve charlando con él y la italiana. Me contó que el grupo al que voy es bastante reducido… digamos que son sólo seis miembros por el momento. Eso significa que va a tocar coger bastantes llamadas.

El Correcaminos me dijo que tenía ganas de leer el post de hoy. No me ha salido demasiado fluido debido al cansancio. De todas formas, este post va dedicado a él 🙂

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11 comentarios »

  1. isitabcn said,

    Ánimos. Lo que el primer día parece una montaña, seguro que no es más que un montoncito de arena…

  2. dragonfly said,

    Me recuerda a alguno de mis primeros días. Muchísimo ánimo! Las sensaciones … los nervios …

    Espero que hoy llegues a tiempo 🙂

    abrazote grande

  3. ana said,

    Se parece a algunas entrevistas que me presenté para teleoperadora.
    Los tipicos cursos ( en mi caso de pre selecionamento ) y lo perdida que te sientes.
    Te deseo suerte en este nuevo empleo.
    Ah, y mientras no controles bien la ruta, yo que tu, iria mas tempranito para evitar disgustos.

    Besitos

  4. Indo said,

    jejeje. vaya día.
    al menos ya no estás en tu anterior trabajo. el cambio va a sera mejor. a pesar de perder trenes, quedarse encerrada y tal. todo eso da igual, seguro que es a mejor.
    ya nos seguirás contando. verás como en un par de días ya no te sientes tan perdida…
    un beso

  5. jajajajjajajajjaaajjajajaja
    Me has sacado una buena sonrisa, con esto!
    Un abrazo!

  6. Correcaminos said,

    GRACIAAAAAAAAAAAAAAS

    Los primeros días son tremendos para todos. Mi primer día no lo conté, pero estaban tan apurados que me dieron un curso de 4 horas, a la quinta estaba haciendo escuchas y a la sexta estaba cogiendo llamadas.

    Bienvenida a nuestro pequeño manicomio

  7. Correcaminos said,

    P.D. Doy fe que se coló y que se resistió a pagar durante todo el trayecto por pura casualidad 😛

  8. arroaz said,

    Se llama Farala y es divina… Ella es así!

  9. corsaria said,

    @Petite: Los primeros días tienen esas cosas. Luego las recordarás como anécdotas. ¿Puedes bloguear en el curro? 😉 Besos. 🙂

    @arroaz: Anda que… A ver para cuando esas cervezas eh. 😛

  10. mariokun said,

    Es lo que tienen los primeros dias, que son un autentico caos. Pero cuando llevas más tiempo y recuerdas como te perdías antes, te hace bastante gracía.

    Muchisima suerte en esta nueva aventura profesional.

    Por cierto, me ha intrigado muchísmio esto: “…había ido a un concierto de un tipo que hacía música con la Gameboy” ¿?¿?¿?¿?

  11. arroaz said,

    @Corsaria: Usted sabrá… 😉 Lo que soy yo, ahora mismo no puedo desplazarme hasta Asturies, ni tampoco podía cuando vino la Petite. No tengo coche ni carnet de conducir. Y estoy en paro y sin paro. “What a lark!” “What a plunge!”


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