marzo 22, 2010

Sin respuestas

Posted in Family Tales, Lonely moments, Reflexiones a 5:19 pm por La Petite en Belgique

Los cambios de turno de la semana, el estrés por las entrevistas y todo lo sucedido hicieron que me bajaran las defensas y el sábado me desperté con fiebre.  Aún me duele algo la garganta, pero estoy mejor y hoy he venido a trabajar.

Por cierto, hoy he sabido que tanto esfuerzo ha sido, una vez más, para nada. La de la agencia no me había dicho que tenía un as escondido en la manga, pero me enteré por los de la empresa.

En el trabajo estamos en plena migración, y en teoría, esta semana firmaremos los contratos indefinidos. Por un lado es una ventaja, porque deja de ser un contrato basura, por otro, tiene unas condiciones implícitas, como un preaviso de seis semanas en caso de que encuentre otro trabajo. Y el salario será algo menor, porque a partir de ahora tendré veinte días de vacaciones pagadas, lo que supone que posiblemente tenga que devolver lo que me han pagado de más estos tres primeros meses de año. Y no sé cuándo volveremos a cobrar. Un contrato indefinido en un trabajo que no me gusta, donde no me siento gratificada ni aprendo nada, cuyo sueldo es una miseria según estándares belgas, que me hace perder tres horas diarias de transporte y del que quiero salir corriendo cuanto antes.

De lo otro… no mucho más. He hablado con mi madre y entre un montón de información velada, me ha dicho que tiene la tensión por las nubes. Tiene que ir a ver a un cardiólogo.

De mi padre, como de costumbre, no sé nada. Su último mail me dejó destrozada y acabó por arreglarme el viernes. No sé qué es lo que falla en todo esto: si él o nosotros, los demás. A veces me asusto y me horrorizo de lo parecidos que somos, y eso me hace comprenderlo mejor que el resto. Y entonces no sé si cabrearme por sus razonamientos o darle la espalda y comportarme como el resto del mundo. Las últimas palabras de su email llevan días rondándome la cabeza. Siempre se ha manifestado como un ateo y un humanista. Y como pesimista que es (mi personalidad depresiva, Miguel, tenía que venir de algún lado), le tiene un miedo atroz a la muerte. Yo también se lo tengo, y he tenido fases de auténtica fobia, pero parece que acepto el día a día mejor que él. Él se escuda en que ya tiene 58 años y que el fin está cada vez más cerca, y sé que vive torturado por ello. Torturado porque no ha hecho lo que ha querido con su vida. Su padre le escogió los estudios (su afán manipulador tenía que venir de algún lado), se casó con alguien que no quería por el que dirán, o mejor dicho, por lo que su madre diría, treinta años después tiró todo por la borda, y aunque Miguel diga que estoy de parte de mi madre, yo soy la única de la familia que le habla a mi padre. ¿Cómo no va a sentir que podía haber hecho las cosas mejor? Es imposible que no eche la vista atrás y no se arrepienta de ciertas cosas. Supongo que esto le pasa en mayor o menor medida a todo el mundo.

Muchas veces se me ha preguntado que porqué le sigo hablando. Primero porque es mi padre, y segundo porque nunca le podré cerrar la puerta a nadie, ni a mi peor enemigo. Porque sólo tenemos una vida, y al final, nadie se merece que esa vida se arruine por exceso de odio o falta de cariño. Que somos humanos, y todos tenemos necesidades.

Apenas he dormido los últimos días. No es por el miedo a la muerte, o a la propia, mejor dicho. Es porque siento el terror que mi padre me ha transmitido que siente. Y, lo mismo que no puedo cerrar puertas, no puedo ver sufrir a nadie, me duele en el alma, no me deja dormir. Me duele que siga tirando lo que le queda de vida preocupado por lo inevitable que nos va a tocar a todos.

Supongo que es difícil aceptar el FIN absoluto. Supongo que es una paradoja pensar en ello dentro de la vida. No sé. No tengo respuestas. Nadie las tiene.

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7 comentarios »

  1. dragonfly said,

    Yo tampoco tengo las respuestas. Le tengo mucho miedo a la muerte, sobre todo de la gente a la que quiero, no se si podré vivir el día que falten mis padres (supongo que si, no me quedará otra).

    Tus post transmiten bastante desesperanza y supongo que algo o mucho te guadarás para ti. Espero que te sirvan de válvula de escape.

    Y que sepas que hay gente aquí al otro lado de la pantalla, que te desea cosas bonitas y que está “empujando” virtualmente por ti.

    Muchisimos abrazos de corazón

    COME ON PUSH!

    • Gracias, sé que estáis ahí. Pero hay muchos momentos, y no sólo el de la muerte, que atravesamos y sufrimos solos. Es inevitable.

  2. May said,

    Intento escribirte, me salen 4 lineas y al final las borro. Son tantas cosas q al final no sé expresarlas como me gustaría.

    Que tengo ganas ya de q te aparezca un trabajo de sólo suponga 1h al día, un horario decente y unos rayitos de sol.

    En cuanto a la muerte, a veces me pregunto si lloraría si mi padre muriese. No es q haya sido malo, es sólo q nunca ha estado ahí.

    • Gracias por escribirme. Y no borres nada, dímelo como te salga.

      Gracias por los buenos deseos. Ojalá alguno se cumpla 😉

      Siento lo de tu padre. Las relaciones humanas son complicadas, y más si incluyen a la familia.

      Besos

  3. Miguel said,

    Si en realidad el trabajo te gusta tan poco no deberías firmar el contrato, suena fácil decirlo pero talvéz sea lo mejor. Sobre todo por el preaviso de las 6 semanas, que supongo será obligatorio (no se mucho del tema pues en mi país eso no existe).
    Yo también me declaro ateo y humanista, eso nos hace ser más “pesimistas” por decirlo de alguna manera y, lógicamente, en una sociedad formada religiosamente la muerte es un problemón para los que no creemos en vida después de la muerte. Será difícil vivir cuando se te han impuesto muchas cosas de joven pero tomar la decisión de cambiarlas no será fácil, por eso debes ser más condescendiente ya que al final es tu padre.
    Te deseo suerte y espero que con lo de tu trabajo pudieses evitar lo del contrato, porque no te puedes amarrar a algo que no te gusta; el trabajo representa un 70% (digo yo) de nuestra vida en el tiempo que somos activos y, al menos, debemos buscar que no consuma todo nuestro tiempo ni nuestra energías, más si no nos gusta.
    Un saludo

  4. L. said,

    El hecho de que tu padre y tú seáis tan parecidos… tal vez no lo sois tanto si te lo estás preguntando, o tal vez ya has aprendido de sus errores por esa misma razón. Y aprender de los errores siempre es bueno, porque significa que estaremos más atentos para no repetirlos de nuevo.


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