junio 30, 2010

Achaques

Posted in Belgica y los belgas a 3:41 pm por La Petite en Belgique

Después de tres días caminando por Barcelona he vuelto a la vida sedentaria de pasarme ocho horas en el trabajo y tres en transportes públicos al día. No sé si es eso o el clima (que aunque haga calor, está nublado y muy húmedo), pero desde ayer me duelen una rodilla y la cadera. La rodilla cuando camino y la cadera cuando hago algún movimiento extraño o cruzo las piernas.

Nunca había tenido tantos dolores como aquí. Ahora entiendo el “índice de molestias y dolores” que especifican en el tiempo de Yahoo.

Casualidades

Posted in Anecdotas, Belgica y los belgas, el Ken a 1:28 pm por La Petite en Belgique

Ayer, tras subir al tren que me llevaría de vuelta a Bruselas, me senté a leer. Al poco rato entró un hombre de unos treinta y tantos largos (luego me confesaría que tiene 39) y me preguntó en español si el tren iba a Bruselas sur. El tren rápido de esa hora estaba cancelado, así que nos habíamos subido en el tren lento que para en todas partes.

Después de un rato de conversación, descubrí que el hombre era de Valencia, Teleco (yo soy inteniero técnico de teleco) y que trabajaba para una empresa australiana que le hacía viajar constantemente a Bélgica y Australia. Para cerrar todavía más el círculo, su mujer era física, de la especialidad de nanotecnología, como el Ken.

Como descubrió mis intenciones de volver a España algún día, me dio su tarjeta y me apuntó en ella el nombre de la empresa donde está su mujer, junto con la dirección de email de ella, y me propuso que el Ken le enviase su CV. También me dijo que la próxima vez que viniera a Bélgica, me invitaría a visitar su empresa (que está muy cerca de donde trabajo actualmente).

En este mundo uno nunca sabe lo que se va a encontrar a la vuelta de la esquina, y a veces las sorpresas sobrepasan lo imaginable.

junio 28, 2010

Letargo

Posted in Blogs, Viajes a 7:29 am por La Petite en Belgique

Hasta ahora no me había dado cuenta cuánto me afecta la luz solar. Sí que es verdad que he dicho aquí bastantes veces que los días grises me ponen triste o que en invierno la falta de luz me vuelve apática. Pero creo que no me había dado cuenta de cuánto dependo del sol. Estos días en Barcelona es como si hubiera salido de un profundo letargo, por fin con ganas de hacer cosas, con muchas energías.

Supongo que entonces no es sólo el no poder adaptarme al país por no querer, sino que al final es una necesidad física esto de la dependencia solar. Una amiga me ha dicho que puedo mitigarla yendo cada dos semanas al solarium. Habrá que probar el experimento.

Mientras tanto, aquí estamos de vuelta. Hoy me he tenido que levantar a las cinco de la mañana, y tras un mareo y nauseas matinales (me pasa un día de casi todas las semanas que me levanto a las cinco), aquí estoy una vez más, recordando el sol, los túneles laberínticos del metro de Barcelona y ese helado que he disfrutado como nunca en años en compañía de Isita.

junio 18, 2010

Barcelona

Posted in el Ken, Viajes a 11:53 am por La Petite en Belgique

El Ken y yo anunciamos que la semana que viene estaremos en Barcelona. Llegaremos el miércoles 23 y nos iremos el sábado 26. Visitamos la ciudad con motivo de un concierto que hay el día 24 (Crowded House) y también para tener un poco de sol, y aprovechando que estamos ahí, nos gustaría poder veros y charlar con aquellos que vivís allí.

Si a alguien le apetece quedar, que me envíe un mail, o deje un comentario y ya me encargo yo de contactar con vosotros.

Otra cosa, nos gustaría que nos recomendarais un hotel bueno, bonito y barato (y limpio), a poder ser, cerca de la sala Razzmatazz. El Ken aún no se ha recuperado del todo de su lesión, así que mejor si no hay que andar mucho. Gracias.

junio 16, 2010

Incompetentes

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Curro a 4:42 pm por La Petite en Belgique

La semana pasada tuve unas ganas tremendas de escribir este post, pero luego pasó otra cosa que eclipsó mi cabreo, así que se quedó en el limbo. Quizás no tiene mucho sentido contar ahora lo acontecido el pasado miércoles, pero creo que como anécdota y aprendizaje, sí vale la pena.

Para poneros en situación, el jueves yo tenía mi tercera y última entrevista con el gigante de tres letras para ver la propuesta de contrato. El trabajo era casi mío, pero como es mejor prevenir que lamentar, decidí no cancelar la segunda entrevista que tenía el miércoles en una pequeña empresa.

El día fue de esos que uno borraría del calendario, y menos mal que al día siguiente las cosas me salieron mejor de lo esperado.

Primero, me pongo unos pantalones que me he comprado hace poco especialmente para todo este tema de las entrevistas. Aunque me haya probado los pantalones en la tienda y me quedaran bien, ese miércoles fatídico veo que me quedan súper flojos, llenos de arrugas y que en efecto cabríamos dos Petites dentro de ellos. Les he cosido el bajo, así que cualquier posibilidad de cambio queda descartada.

Ese día he cambiado el turno para poder ir a la entrevista, así que me levanto a las 5 de la mañana sin haber dormido suficiente. Lo mejor del mundo para estar de un humor de perros.

Durante el día recibo mails de mi querido compañero el prepotente, así que mi humor se convierte en una olla a presión a punto de estallar. Intento respirar hondo y liberar algo de esa presión.

Llego a las 5 de la tarde a la empresa, donde me van a hacer unos tests para comprobar si soy válida para el trabajo. El encargado de la entrevista está ocupado al teléfono y me tienen esperando 15 minutos en la entrada con mi mochila y el abrigo en la mano. Cuando por fin acaba, me acompaña a una salita y me trae un portátil. Me dice que la prueba es recuperar la contraseña de administrador y solucionar un problema de red. Para ello me entrega un USB de arranque. Mientras tanto se va a la sala de enfrente, donde tiene una reunión. Las paredes son de cristal, así que si acabo o necesito algo, sólo tengo que levantar la mano y vendrá (sería verdad si el tipo no se hubiera sentado dándome la espalda).

Arranco desde el USB y empiezo la secuencia para resetear el password de administrador, pero no me acepta el path. Después de cinco minutos levantando la mano, aparece un chico joven y le explico el problema. Va a junto del otro y entre los dos llegan a la conclusión de que ese USB de arranque está mal. El jovenzuelo vuelve y me lo explica. Dice que va a arrancar el ordenador y que siga con el test. Después de varios intentos consigue acertar con la contraseña, inicia Windows y se va. En ese momento descubro que el portátil es del año de la guerra y de que se podría decir que casi va a pedales. Diez minutos y varios clicks después, Windows ha arrancado. En efecto no tiene conexión… por cable, ya que la Wifi funciona sin problemas. Mis sospechas de que pudiera ser un problema de configuración del IE o la tarjeta de red desactivada están equivocadas. Incluso puedo buscar en internet por posibles errores parecidos. Al cabo de un rato desconecto el cable de red del enchufe de la pared y lo enchufo en el conector de al lado. Hay conexión. Se me queda cara de tonta, sospecho que me han dado el ordenador equivocado y levanto la mano para que el encargado me vea y acabar ya con este suplicio.

Al cabo de veinte minutos (no entiendo por qué se ha sentado dándome la espalda) viene y le explico que el ordenador no tenía ningún problema, que el problema estaba en la toma de red. Se queda blanco y me dice que al parecer hemos tenido unos “problemas técnicos” con el test, pero que puedo pasar a la segunda parte.

Me conduce a otra sala y me dice que esta parte consiste en PHP. Descargamos el XAMP, abre la wikipedia y busca “bubble sort”, desconecta el ordenador de internet y me dice que tengo que programar el algoritmo de ordenación de burbuja en PHP. Se vuelve a ir.

Instalo el XAMP e intento recordar comandos de PHP. Es lo que tiene el haber programado en C, Java, Pascal y PHP, que uno llega a confundir los comandos y es necesario tener acceso a la API. Y el tío este me deja con el ejercicio y ningún acceso a la API. Empiezo a escribir código y corregirlo sobre la marcha. Al cabo de veinte minutos vuelve y le digo que necesito acceso a la API de PHP, que hay comandos que no recuerdo. Vuelve a conectar el ordenador a internet y me dice que puedo visitar la página de php.net. Se sienta a mi lado.

Entre unas cosas y otras, esperas y errores, me he tirado allí más de dos horas, y el tío tiene toda la cara de decirme que debido a “fallos técnicos” no puede evaluarme, que si puedo volver otro día. Tengo ganas de tirarle el teclado a la cabeza y decirle que si todo lo organizan así de bien, no tengo ningunas ganas de trabajar para su empresa, que ya salí corriendo de una empresa donde se hacían las cosas así de mal y no me apetece repetir. Pero me contengo. Le digo que no puedo volver a otra entrevista, que no tengo tiempo. Me pregunta si puedo ir un sábado por la mañana y accedo.

Salgo de allí con un cabreo de mil pares de narices, llueve a cántaros y la parada de tranvía está a unos quinientos metros. Al llegar a casa estoy empapada de pies a cabeza y me encuentro tan mal que lloro de la rabia. El Ken me consuela y me dice que piense en el contrato que me van a ofrecer los otros al día siguiente.

Al día siguiente, como ya he contado, firmo un contrato de ensueño, ando a dos metros del suelo y le envío un mail al de la agencia que me contactó para la entrevista del miércoles. Le digo que el puesto no me interesa.

junio 14, 2010

Huellas

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, el Ken a 3:22 pm por La Petite en Belgique

El viernes, nuestros planes de salir a celebrar mi nuevo contrato se vieron trastocados debido al robo de la bici y la visita de la patrulla de policía. Así que para levantar el ánimo, decidimos ir a desayunar a Le Pain Quotidien, donde un camarero nuevo demostró no saber lo que era un croissant. Teníamos pensado dedicar el resto de la mañana a ir a IKEA a comprar unas sillas y una lámpara para el salón, ya que tenemos pensado dar una fiesta el sábado que viene y no es plan de tener a los invitados de pie (sólo tenemos un sofá, dos sillas grandes y dos sillas normales).

Sin embargo, los planes se vieron trastocados, ya que justo esa mañana vinieron del laboratorio de la policía a tomar huellas del trastero. Era la primera vez que yo veía el proceso tan de cerca, y entre eso y las bromas del encargado, al final pasamos un buen rato.

Primero esparció un polvillo gris oscuro y muy fino por gran parte de la superficie de la puerta, por dentro y por fuera, y luego por algunas de las cosas del trastero. La caja de los mandos de la Wii, que los ladrones dejaron tirada en el suelo, se la llevó en un sobre de papel.

Luego subimos a casa y nos tomó las huellas a nosotros para descartarlas de las tomadas abajo. Diez minutos después, y con los dedos negros, habíamos acabado.

Sé que es casi imposible que recupere la bici, ya que era una bici buena y estaba sin marcar. Pero yo me niego a perder la esperanza y miro las páginas de segunda mano con la esperanza de algún día ver algo. Habrá que pasarse por los mercadillos.

junio 12, 2010

El trastero

Posted in Anecdotas, Belgica y los belgas, Bruselas, el Ken a 8:15 am por La Petite en Belgique

El Ken y yo tenemos, en al bajo, lo que yo llamo un trastero, pero que en realidad, no es mucho más grande que un ascensor convencional. Allí el dueño puso una estantería para poder colocar cosas de forma más o menos ordenada. Allí tenemos el viejo horno y el viejo microondas, además de unas cuantas cajas, la súper bici del Ken (en vertical, que si no, no cabe) y las cajas vacías de la Wii.

Sólo tenemos una llave de ese cuartucho, y es una llave grande, de esas que parecen antiguas, pero que no lo son. La llave la tiene el Ken porque suele ir al trastero más que yo, a guardar su bici. Hace tres días le cogí la llave a escondidas porque quería comprarle un regalo y necesitaba esconderlo. Estas semanas yo llego más tarde que él de trabajar, así que no me veía yo llegando con el paquete a casa, así que se me ocurrió la idea del trastero. Le cogí la llave el miércoles y el jueves, aprovechando que las tiendas cierran más tarde, fui a tiro fijo a comprarle el regalo y volví a casa lo más rápido que pude. Abrí la puerta del trastero, escondí el regalo detrás de otra cosa, volví a salir, llamé al telefonillo como hago todos los días y subí a casa, donde me recibió el Ken entre un montón de enhorabuenas por el nuevo trabajo.

Ayer por la tarde el Ken iba a llegar más tarde que yo, porque uno de sus amigos medio celebraba su cumpleaños viendo los partidos de fútbol. El Ken se quedó al primero, luego comieron algo todos juntos y después cogió el tren para venirse a casa. Cuando yo estaba llegando a casa, metí la mano en el bolsillo del abrigo para coger las llaves de casa y en esto, noto la llave del trastero, fría al tacto. En ese momento me doy cuenta de algo en lo que no había reparado el día anterior. El jueves, cuando fui al trastero, la puerta estaba cerrada, pero no con llave, por eso cuando metí la llave, ésta no giraba. En aquel momento no le di mucha importancia, no pensé en ello; pero ayer me di cuenta de que algo importante faltaba en el trastero: la bici de carreras del Ken, una bici en la que, cuando hace buen tiempo, se hace 100 Km los domingos, o decide ir con ella a trabajar. Una bici que se compró antes de que empezáramos a estar juntos y que le costó 1200 euros.

Al momento entro en pánico y vuelvo al trastero sólo para ver el espacio que ha dejado la bici y la pompa que sí ha quedado en la esquina. Luego empiezo a pensar que antes, y ahora a veces, el Ken guarda la bici en la Universidad, en un cuarto cerrado. Recuerdo que hace un par de meses la llevó allí para limpiarla. No sé que hacer. Por un lado quiero llamarlo, pero por otro no quiero descubrir la sorpresa del regalo. Llamo a mi madre, llamo a un amigo de España y no me aclaran nada. Al cabo de un rato me llama el Ken para decirme que está a punto de coger el tren y yo aún no le digo nada. Acto seguido, llamo a uno de sus amigos (los del cumpleaños, que también están en la universidad con él y también tienen bicis) y les pregunto si saben si la bici está en la universidad. Me dicen que están casi seguros de que no. Me preparo para lo peor.

Pongo una lavadora e intento comer algo.

El Ken llega sobre las 9 y en cuando sube le pregunto dónde está su bici. “Abajo” me dice. Oh, no. Le explico todo, lo de la llave, lo del regalo, lo de la ausencia de la bici. Se disgusta y leo derrota en su cara, pero sin razón aparente, yo me disgusto mucho más. Supongo que me duele que le roben su querida bici, y sé que ahora mismo no puede pagarse otra.

Bajamos al trastero y vemos muescas en todas las puertas, como alguien hubiera intentado forzarlas. También vemos que las cajas de la Wii están abiertas y tiradas en el suelo.

Luego vamos a la comisaría más cercana, a unos 100 metros de casa y explicamos lo sucedido. Nos dicen que nos enviarán una patrulla a casa. Volvemos a casa y esperamos a que los de la patrulla vengan. Al poco rato llaman al telefonillo. Son tres, dos hombres y una mujer. Yo empiezo en francés a explicarles lo sucedido, cuando al final nos damos cuenta de que dos de ellos son flamencos. El Ken y ellos empiezan a hablar en flamenco, ya que es más fácil dejar todo claro. El otro policía y yo tenemos cara de póker. Yo entiendo cosas sueltas. La policía se sienta y empieza a redactar un informe, en donde queda claro que la bici del Ken es una bici muy buena, sin candado y sin ninguna marca que la haga reconocible. Mientras estamos hablando en el portal, entran la cotilla de Galadriel y Celeborn, y les cuentan a la policía que la semana pasada alguien estuvo toda la mañana llamando a todos los telefonillos, y que el vecino del cuarto, por miedo, les abrió el portal (¿quién entiende esto?).

Uno de los policías nos da su dirección de correo electrónico para que le enviemos una foto de la bici. Al cabo de un rato se van. Subimos a casa y el Ken le redacta un mail en el que incluye la foto y explica algunos de los detalles de la bici (pedales no se qué, manillar no sé cuánto, velocímetro, …). Envía el mail y recibe un mensaje de error, que el mensaje no se ha podido entregar porque la dirección no existe. Viva la profesionalidad.

Como ya son más de las diez y la comisaría está cerrada, decidimos ir esta mañana a decirles lo ocurrido con el email. Primero nos atiende un policía en francés y el Ken se desespera, porque aunque nuestro francés sea decente, no sabemos como decir “patrulla de policía” ni cosas por el estilo. Al poco rato viene un policía flamenco. El Ken le explica lo de la patrulla y lo de la dirección fantasma. El policía dice algo de “direcciones internas” y le escribe al Ken en un papel una dirección de email de Skynet. Viva la profesionalidad.

En fin, que el Ken se ha quedado sin bici para el verano. Es verdad que ahora está lesionado, pero espero que se ponga bien pronto.

junio 10, 2010

Nueva etapa

Posted in Belgica y los belgas, Curro, el Ken a 2:30 pm por La Petite en Belgique

Después de un día horrible ayer (ya lo contaré en otro post), hoy por fin me ha llegado la recompensa.

Tenía reunión esta mañana las 10 con el jefe de RR. HH. de la empresa de tres letras para ver la propuesta de contrato. Antes de nada me dijo que podía firmarlo hoy o llevarme todos los papeles a casa y pensármelo un par de días. Tras explicarme todo concienzudamente durante una hora, supe que si no firmaba aquel contrato significaría que estaba loca.

Siete semanas de vacaciones al año, un 35% más de sueldo que aquí, posibilidad de bonus mensuales, cursillos (no dejaba de hablar de un posible curso en Atlanta), un plan de pensiones, un seguro médico y de hospitalización que también cubre al Ken, y posibilidad de movilidad a otro departamento o a otro país (no dejaba de decir Spain-Spain-Spain).

La única pega es que como estamos en crisis, el contrato no es indefinido, sino de dos años de duración. De todas formas, de aquí a dos años pueden pasar muchas cosas.

Otro detalle es que me ayudarán a redactar mi carta de dimisión.

El preaviso que tengo que dar es de seis semanas, que empiezan a contar el 1 de julio, así que empezaré en la nueva empresa el 16 de agosto. Un poco de paciencia.

Lo mejor de todo es que de repente estoy súper relajada. Es como si de repente sintiese que los esfuerzos de todos estos meses han valido para algo, y el hecho de que me ofrezcan una situación confortable y se encarguen incluso de la carta de dimisión, me quita un gran peso de encima.

junio 9, 2010

La última palabra

Posted in Curro, la dura vida del teleoperador, Lonely moments a 1:40 pm por La Petite en Belgique

Hay gente con la que es difícil trabajar. Hace un par de semanas tuve una discusión con un compañero, o más bien él la tuvo conmigo, ya que fue él quien se alteró.

Hoy lleva tres horas acribillándome a mails, diciéndome que nota que no le hablo (no es verdad, simplemente paso de tener con él una relación más estrecha que la de colegas) y que soy una arrogante y que no entiende porqué los jefes de equipo no me han dicho nada.

Le he contestado que no es quién para juzgar mi trabajo, y que lo que nuestros jefes hagan se basa en hechos que él a lo mejor ni conoce. Y que simplemente me había herido su tono y sus palabras. Que el respeto era lo más importante para mí.

Me ha contestado que el respeto hay que ganárselo. Han seguido una cadena de emails en los que me daban ganas de saltarle a la yugular, porque si al parecer, yo soy arrogante, él es un prepotente.

En fin, que es un poco difícil concentrarse. Le he dejado decir la última palabra, a ver si por fin deja de darme la lata.

Lesionado

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, el Ken, Swing a 9:13 am por La Petite en Belgique

Nuestras sesiones de swing se han visto alteradas, ya que el Ken lleva lesionado desde la semana pasada. Con lo deportista que es, todo el mundo piensa que se lo ha hecho corriendo o yendo en bici, pero no, irónicamente se lo ha hecho en casa el martes pasado, cuando estábamos a punto de ir al Café Modele a practicar un poco con algunos conocidos. Se agachó para atarse los zapatos, y al levantarse, se oyó un crac y el Ken soltó un gemido de dolor. El médico, al día siguiente, le informó de que tiene una rotura de fibras del bíceps femoral. Así que el pobre está bastante fastidiado, con dolor y andando de acá para allá con su odiada muleta (ha tenido que usarla bastantes veces por sus lesiones en los tobillos por culpa del baloncesto).

Ayer fuimos a otro bar donde solemos ir a bailar swing para ver a la gente y hacer un poco de vida social. Yo bailé dos canciones con unos conocidos, pero el pobre Ken, en medio de un montón de palabras de ánimo por parte de la gente, se subía por las paredes. Odia la inactividad y el sentirse limitado. Yo puedo entenderlo, porque justo así me sentía yo el año pasado debido al dolor de espalda.

El médico le ha dicho que necesita tres semanas de reposo, y que a partir de ahí, si se siente mejor, deberá ir ejercitando la pierna poco a poco. Paciencia y muchos libros.

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