junio 12, 2010

El trastero

Posted in Anecdotas, Belgica y los belgas, Bruselas, el Ken a 8:15 am por La Petite en Belgique

El Ken y yo tenemos, en al bajo, lo que yo llamo un trastero, pero que en realidad, no es mucho más grande que un ascensor convencional. Allí el dueño puso una estantería para poder colocar cosas de forma más o menos ordenada. Allí tenemos el viejo horno y el viejo microondas, además de unas cuantas cajas, la súper bici del Ken (en vertical, que si no, no cabe) y las cajas vacías de la Wii.

Sólo tenemos una llave de ese cuartucho, y es una llave grande, de esas que parecen antiguas, pero que no lo son. La llave la tiene el Ken porque suele ir al trastero más que yo, a guardar su bici. Hace tres días le cogí la llave a escondidas porque quería comprarle un regalo y necesitaba esconderlo. Estas semanas yo llego más tarde que él de trabajar, así que no me veía yo llegando con el paquete a casa, así que se me ocurrió la idea del trastero. Le cogí la llave el miércoles y el jueves, aprovechando que las tiendas cierran más tarde, fui a tiro fijo a comprarle el regalo y volví a casa lo más rápido que pude. Abrí la puerta del trastero, escondí el regalo detrás de otra cosa, volví a salir, llamé al telefonillo como hago todos los días y subí a casa, donde me recibió el Ken entre un montón de enhorabuenas por el nuevo trabajo.

Ayer por la tarde el Ken iba a llegar más tarde que yo, porque uno de sus amigos medio celebraba su cumpleaños viendo los partidos de fútbol. El Ken se quedó al primero, luego comieron algo todos juntos y después cogió el tren para venirse a casa. Cuando yo estaba llegando a casa, metí la mano en el bolsillo del abrigo para coger las llaves de casa y en esto, noto la llave del trastero, fría al tacto. En ese momento me doy cuenta de algo en lo que no había reparado el día anterior. El jueves, cuando fui al trastero, la puerta estaba cerrada, pero no con llave, por eso cuando metí la llave, ésta no giraba. En aquel momento no le di mucha importancia, no pensé en ello; pero ayer me di cuenta de que algo importante faltaba en el trastero: la bici de carreras del Ken, una bici en la que, cuando hace buen tiempo, se hace 100 Km los domingos, o decide ir con ella a trabajar. Una bici que se compró antes de que empezáramos a estar juntos y que le costó 1200 euros.

Al momento entro en pánico y vuelvo al trastero sólo para ver el espacio que ha dejado la bici y la pompa que sí ha quedado en la esquina. Luego empiezo a pensar que antes, y ahora a veces, el Ken guarda la bici en la Universidad, en un cuarto cerrado. Recuerdo que hace un par de meses la llevó allí para limpiarla. No sé que hacer. Por un lado quiero llamarlo, pero por otro no quiero descubrir la sorpresa del regalo. Llamo a mi madre, llamo a un amigo de España y no me aclaran nada. Al cabo de un rato me llama el Ken para decirme que está a punto de coger el tren y yo aún no le digo nada. Acto seguido, llamo a uno de sus amigos (los del cumpleaños, que también están en la universidad con él y también tienen bicis) y les pregunto si saben si la bici está en la universidad. Me dicen que están casi seguros de que no. Me preparo para lo peor.

Pongo una lavadora e intento comer algo.

El Ken llega sobre las 9 y en cuando sube le pregunto dónde está su bici. “Abajo” me dice. Oh, no. Le explico todo, lo de la llave, lo del regalo, lo de la ausencia de la bici. Se disgusta y leo derrota en su cara, pero sin razón aparente, yo me disgusto mucho más. Supongo que me duele que le roben su querida bici, y sé que ahora mismo no puede pagarse otra.

Bajamos al trastero y vemos muescas en todas las puertas, como alguien hubiera intentado forzarlas. También vemos que las cajas de la Wii están abiertas y tiradas en el suelo.

Luego vamos a la comisaría más cercana, a unos 100 metros de casa y explicamos lo sucedido. Nos dicen que nos enviarán una patrulla a casa. Volvemos a casa y esperamos a que los de la patrulla vengan. Al poco rato llaman al telefonillo. Son tres, dos hombres y una mujer. Yo empiezo en francés a explicarles lo sucedido, cuando al final nos damos cuenta de que dos de ellos son flamencos. El Ken y ellos empiezan a hablar en flamenco, ya que es más fácil dejar todo claro. El otro policía y yo tenemos cara de póker. Yo entiendo cosas sueltas. La policía se sienta y empieza a redactar un informe, en donde queda claro que la bici del Ken es una bici muy buena, sin candado y sin ninguna marca que la haga reconocible. Mientras estamos hablando en el portal, entran la cotilla de Galadriel y Celeborn, y les cuentan a la policía que la semana pasada alguien estuvo toda la mañana llamando a todos los telefonillos, y que el vecino del cuarto, por miedo, les abrió el portal (¿quién entiende esto?).

Uno de los policías nos da su dirección de correo electrónico para que le enviemos una foto de la bici. Al cabo de un rato se van. Subimos a casa y el Ken le redacta un mail en el que incluye la foto y explica algunos de los detalles de la bici (pedales no se qué, manillar no sé cuánto, velocímetro, …). Envía el mail y recibe un mensaje de error, que el mensaje no se ha podido entregar porque la dirección no existe. Viva la profesionalidad.

Como ya son más de las diez y la comisaría está cerrada, decidimos ir esta mañana a decirles lo ocurrido con el email. Primero nos atiende un policía en francés y el Ken se desespera, porque aunque nuestro francés sea decente, no sabemos como decir “patrulla de policía” ni cosas por el estilo. Al poco rato viene un policía flamenco. El Ken le explica lo de la patrulla y lo de la dirección fantasma. El policía dice algo de “direcciones internas” y le escribe al Ken en un papel una dirección de email de Skynet. Viva la profesionalidad.

En fin, que el Ken se ha quedado sin bici para el verano. Es verdad que ahora está lesionado, pero espero que se ponga bien pronto.

8 comentarios »

  1. arroaz said,

    o_O

  2. eledhwen said,

    Dadle las gracias al vecino que abrió el portal, por lo menos que tenga cargo de conciencia.

  3. Ainhoa said,

    Pobre Ken!!!! Mi bici es una mierda comparada con la del Ken, no me costó ni una cuarta parte de lo que le costó la suya, pero cuando la dejo aparcada en la calle siempre tengo miedo de que me la roben. Encima justo ahora que empieza el buen tiempo.

  4. isita said,

    Jooo… menudo fiasco. Vaya con el vecino del cuarto, qué morro. A ver si tenéis un poco de suerte y la recuperáis (la esperanza nunca muere).

    Bueno, y nos tienes que contar qué le habías comprado al Ken.

  5. bulltza said,

    Ups, lo siento de verdad, he vivido situaciones similares en demasiadas ocasiones.

    Lo peor de todo es la sensación de inseguridad, dejas de creer que hay un sitio donde puedas poner cosas sin miedo a que vayan a ser robadas. Porque cuando ken tenga ganas de comprarse una bici nueva, ¿donde la metes?

    Espero que con el seguro podáis recuperar al menos una parte de la bici.
    😦

  6. dragonfly said,

    Joooo lo siento muchísimo. Se les coge mucho cariño a las bicis, como si fueran un ser vivo.

    Un abrazo grande para él (de ciclista a ciclista) y otro para ti.

    (y la bici es una KONA marca mítica donde las haya)

  7. oria said,

    Por favor, dadle la charla al inútil vecino. Hay que….

  8. L. said,

    ¡¡¡Viva Europa!!! Y luego nos tildarán de país inseguro y se quedarán tan anchos…


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