julio 7, 2010

Alergia (segunda parte)

Posted in Anecdotas, Belgica y los belgas, Curro, De médicos, el Ken, la dura vida del teleoperador, Lonely moments a 9:46 am por La Petite en Belgique

Hace unas tres semanas, tras una fiesta que dimos en casa para celebrar el cumpleaños del Ken, mientras recogíamos la mesa, me puse a comer pasas, cacahuetes, almendras y anacardos. Al poco rato se me hincharon los labios. Me tomé una pastilla para la alergia y en un día volví a la normalidad. No volví a pensar en el tema.

Hasta que ayer me puse mal tras comer aquella manzana que compré en el trabajo. Nada más comerla noté como las encías me picaban mucho y se me hinchaban un poco, por lo que me fui a lavar los dientes. A la media hora la mitad de la boca se me había hinchado (tiendo a masticar más por un lado que por otro) y al poco rato empecé a notar como la garganta “apretada”. Me levanté de un salto y, como en ese momento no tenía ninguna pastilla conmigo, di la voz de alarma. Mi jefe me llevó a la recepción, donde las recepcionistas me miraron de forma anodina y se tomaron toda la calma del mundo en llamar a un médico, que por teléfono les dijo que me fuera a una farmacia a comprar unas pastillas para la alergia. Cabe decir que nuestro trabajo está en una zona industrial al norte de un pueblo. Yo no tengo coche y el bus pasa, en teoría, cada media hora.

Al cabo de un par de minutos, aparece uno de mis compañeros con una pastilla de reactine que le ha dado un italiano. Me la tomo y me vuelvo a mi mesa. Parece que poco a poco va haciendo efecto, aunque aún sigo notando la boca hinchada y como agarrotada.

Al cabo de unos cuarenta minutos vuelvo a sentir lo mismo en la garganta y me asusto mucho. Mi jefe encuentra otra pastilla (Medrol), pero yo estoy cada vez peor. Llamo a mi médico y le cuento lo que me pasa. Me aconseja que aunque sea poco, por si las dudas, que me vaya a un hospital. Mi jefe y yo volvemos a la recepción, y tras otros segundos de miradas como diciendo “¿pero qué quieres que haga?”, al final deciden que me tengo que ir al hospital. En ese momento yo me empiezo a preocupar por el dinero, ya que sólo llevo poco más de diez euros encima y aquí los taxis son bastante caros. Por otro lado tampoco sé cuánto me van a clavar en el hospital, y no sé si aceptarán tarjeta…

Al final llaman a una ambulancia y mi jefe me lleva a la habitación donde está el botiquín (donde no tienen un triste antihistamínico) y esperamos. Él llama por teléfono al departamento que lleva las faltas al trabajo y las llegadas tarde. Aquí hay que hacerlo todo oficial, así que aunque uno se encuentre dentro del edificio, hay que llamar para decir que se va porque está enfermo. Yo cada vez me pongo más nerviosa y cuento los minutos mientras la ambulancia no llega. Al cabo de un rato baja una de las del equipo de faltas para “asegurarse” de que estoy mal y de que me lleva una ambulancia (desgraciados). Cuando la ambulancia llega y tengo un pie ya dentro de ella, esta mujer me pregunta si volveré hoy a trabajar. Mi jefe la mira con mirada asesina y le dice que no, que volveré al día siguiente.

Ya en la ambulancia, la enfermera me pregunta los datos, me pide el dni belga y la tarjeta sanitaria. Me pregunta la dirección, ya que no viene en el dni. Al llegar al hospital me conducen a un box y espero. Al cabo de un rato aparece una mujer bajita para volver a preguntarme la dirección, porque la que les aparece en el ordenador al insertar mi dni en el lector es diferente de la que le di a la enfermera. El problema es que mi calle tiene dos nombres completamente distintos en francés y en flamenco. La verdad es que produce un poco de malestar que en urgencias te pregunten varias veces por tu dirección pero no por cosas como tu peso. Vuelve la enfermera y me mide la tensión (11-6, baja), la temperatura y la frecuencia cardíaca y se va. Al cabo de un buen rato aparece un médico algo mayor que me mira de arriba abajo mientras estoy sentada en la camilla, desde la chaquetilla gris, pasando por la minifalda negra, leggins negros y bailarinas de leopardo (en invierno parezco un fiasco de como voy vestida, pero los tres meses de verano hasta me pongo mona). Me daban ganas de decirle si uno tenía que estar feo para ir al médico. Me pregunta cómo ha sucedido todo y yo le cuento lo de la manzana, lo de mis alergias y le enseño la hinchazón. En ese momento parece que la segunda pastilla está haciendo ya algo de efecto y me encuentro un poco mejor.

El médico se va y al cabo de otro rato viene una enfermera con un vaso de agua y una pastilla. Me habla en flamenco y entiendo muy poco de lo que me dice (hay que ponerse en situación, con la cara hinchada y con presión en la garganta). Le pregunto si habla francés o inglés. Me dice que no, deja la pastilla y el vaso en la mesita y se va.

En ese momento me llama el Ken por teléfono, que justo esta semana está en UK por un congreso. Le cuento la aventura intentando no preocuparlo demasiado.

Como pasan quince minutos y la enfermera no ha vuelto, me tomo la pastilla, que resulta ser un antihistamínico (la tercera ya). Al cabo de otro rato más, vuelve a aparecer con tres jeringuillas. Con lenguaje de signos y hablando como los indios, le pregunto y me dice que que es un no-se-qué (que en ese momento supongo que será cortisona) y algo para el estómago porque la medicación es bastante fuerte. La tercera jeringuilla no sé lo que es y el inglés de la enfermera no da para más (más tarde en el informe médico sólo aparecen las dos cosas que me dijo).

Me pone las inyecciones, dejando una lustrosa mancha de sangre en la camilla y empiezo a sentir un sabor metálico en la boca. Después de preguntarle cinco veces, me dice que es normal.

Se va y me quedo una hora sola. Me entra sueño y doy cabezadas. Puedo respirar con normalidad, y tengo la boca menos hinchada. Cuando viene el médico, la boca se me ha hinchado un poco otra vez, pero en lineas generales estoy bien. El médico me receta unos antihistamínicos y me da una nota para mi médico. Me aconseja que otro día vuelva a probar una manzana a ver que pasa, y si me hincho, que me tome dos pastillas, que me darán tiempo para correr al hospital. Supongo que algún día lo haré, pero en ese momento la idea no se me antoja nada apetecible. Me conduce a la salida, le pregunto por la factura y me dice que me la enviarán a casa. Supongo que pronto me enteraré qué es más caro, si un taxi o una ambulancia.

Salgo del hospital e intento orientarme. Estoy cerca de la estación, así que me cojo un tren y me voy a casa. Son ya las cuatro, así que llego a casa cerca de las cinco. Vuelvo a llamar a mi médico para darle las gracias y me dice que es normal que siga teniendo la cara un poco hinchada, que si me han puesto la inyección estoy fuera de peligro. Que descanse que seguramente estoy bastante cansada. Y como si hubiera dicho las palabras mágicas, en ese momento me doy cuenta de lo cansada que estoy. Me tumbo con un libro en el sofá y pasan las horas mientras intento leer y doy cabezadas que duran segundos.

Mientras estoy en ese estado de semivigilia, llama el Ken, preguntándome que cómo estoy y animándome para que vaya a la soiré que hay todos los martes en un bar cerca de casa donde practicamos swing. Le digo que estoy muy cansada, pero le doy la razón cuando me dice que me hará bien el distraerme y ver a gente. A las ocho y cuarto salgo de casa arrastrando los pies.

Cuando llego al bar veo que hay poca gente y me siento en una de las mesas a charlar con una chica del curso. Chapurreamos en francés unas cuantas cosas y otro de los del curso me saca a bailar. Poco a poco voy sintiéndome mejor y parece que voy ganando fuerzas. Me vuelvo a sentar con la chica de antes y al cabo de un rato uno de los camareros me trae una especie de batido de fresa con dos fresas ensartadas en el borde del baso. Tiene una pinta muy apetecible, pero después del episodio de hoy estoy bastante paranoica y no me apetece comer nada de fruta. No sé que hacer. Le explico lo ocurrida a la chica y le ofrezco el batido. Dice que no se lo puede tomar, que el batido es para mí y sería descortés, así que tras unos minutos me levanto y le digo al camarero que muchas gracias, pero que no me lo puedo beber porque bla, bla bla. Le cuento algo de lo de hoy y sólo se le ocurre decirme que las fresas no son lo mismo que una manzana.

Bailo un poco más y retraso todo lo posible la hora de irme a casa. Esta semana estoy sola y no me apetece enfrentarme a mí misma y a mis fobias. A las 10:45 me voy, llego a casa, me ducho y me voy a cama con un libro, con miedo a quedarme dormida y despertarme con la garganta hinchada y sin fuerzas para llamar a una ambulancia. Sé que soy una exagerada, pero en aquel momento estaba demasiado asustada, y el hecho de estar sola no ayudaba.

Al final no he dormido mucho, pero hoy parece que estoy bien. La boca se me ha deshinchado casi por completo y estoy de nuevo en el trabajo, cumpliendo con mi deber.

8 comentarios »

  1. barbaravb said,

    Primero: no vuelvas a salir de casa sin un antihistamínico. Y ten alguno de reserva en el trabajo, por si acaso. Yo hago eso con los calmantes para los cólicos de riñón.

    Y segundo: ¿qué es eso de “vuelve a probar con una manzana”? Ni hablar!!! Que te haga pruebas un alergólogo, pero ni se te ocurra repetir la experiencia, que las reacciones alérgicas siembre van a peor! Ese médico tiene unas ideas de bombero, te tendría que haber enviado al especialista para que te hicieran pruebas.

    Menos mal que pronto saldrás de esa empresa de locos…

    Espero que te encuentre mejor, mucho ánimo.

    • Ya, ahora tengo claro que tengo que llevar un antihistamínico a todas horas, pero es que nunca me había pasado algo así.

      Yo también pienso que tendría que haber hecho más, pero ya me dejó claro que “sólo me iba a dar algo para tratarme en ese momento”. Supongo que aquí no hacen las cosas automáticamente porque la sanidad hay que pagarla…

      Gracias, Bárbara, ya estoy mejor. La cara se me ha deshinchado pero tengo dos coloretes a modo de Heidi debido a la cortisona.

  2. arroaz said,

    Joder, que dúas experiencias máis chungas… :S Síntocho moito.😦

    Pregúntome se o da mazá sería pola mazá en si, ou polas ceras que lles botan para que brillen.

    O dos froitos secos non che pasara nunca antes? :S

    En USA seica é habitual ser alérxico a algún tipo de froito seco.

    E con todas as merdas que lle botan á comida para que sexa máis apetecible, saiba mellor e non apodreza… Dou grazas de non ir ter fillos.

    Pois por aquí os alérxicos andamos tamén co nariz irritado, seco e con dores de gorxa ao erguérmonos pola mañá. “It’s a beautiful day!…”

    • La manzana la lavé en el baño y la sequé con el papel de secarse las manos. Vamos, que no sé.

      Yo también tengo una rinitis de vez en cuando que pa qué. El sábado me tuve que ir de una fiesta de un compañero de trabajo por la alergia (ojos rojos y un río que me salía de la nariz) y una migraña de ésas que duran dos días :S

  3. ethon said,

    La próxima vez pélala, si es que hay próxima.

    Has contado mi propia historia.🙂 Acabé harto de que me pidieran datos todo el rato y de que no acabaran de hacer nada, cuando ya sabía qué es lo que tenían que hacer.

  4. dragonfly said,

    Uis no se si ha pasado algo raro con los coments! pero vamos que me alegro mucho de que estés mejor.

    Y como te dicen por acá nada de experimentos, que te hagan pruebas!

  5. […] leo en el blog de La Petite un par de historias, en realidad la misma en dos capítulos (éste y éste) que me resultan familiares, porque yo he pasado exactamente por el mismo trance: comer algo que te […]

  6. L. said,

    Dios… qué gente más maja hay en Bélgica y qué bien está montada la sanidad pública. Si a mí me diera un chungo como ése en la uni, ni me preguntarían: alguien me metería en un coche y estaría en el hospital en menos de lo que dices “alergía”…


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