septiembre 27, 2010

Madre sólo hay una

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Family Tales a 8:30 pm por La Petite en Belgique

La semana pasada el Ken la pasó en México gracias a una conferencia. Disfrutó del sol, del tequila y de amabilidad de los habitantes de Oaxaca, que estaban tan contentos por organizar un congreso internacional, que organizaron un desfile por toda la ciudad en el que los que desfilaban eran los asistentes al congreso, es decir, el Ken y compañía.

Así que después de dos años y medio, por fin pude convencer a mi madre para que viniera a hacerme una visita. Pasamos muy buenos momentos en la semana que estuvo aquí, pero todo tiene efectos colaterales. En este caso fue que un día llegué a casa y me encontré el perchero y el mueble zapatero cambiados de sitio, dos bricks de leche de una marca que no solemos comprar, el poster de Elvis en la pared a la izquierda de la tele, los cartones en la basura del plástico y las botellas de plástico en la basura de los cartones. El Ken ha vuelto ayer y aún nos estamos recuperando del shock. Aún no sabemos si mantendremos los cambios o haremos UNDO.

El jueves por la noche nos fuimos a cenar a un sitio de pintxos vascos cerca de casa, donde el camarero acabó casi llorando con mi madre mientras ambos comentaban las grandezas del país, como el mal tiempo, los adoquines o la calidez de sus gentes. El pobre hombre llegó aquí hace tres años siguiendo a una mujer que lo dejó poco tiempo después, y es aún hoy el día que no conoce a nadie. Intercambiamos teléfonos y prometimos rescatarnos de la soledad y del mal tiempo. Después de la cena mi madre y yo nos fuimos de mojitos, algo muy saludable para ir a trabajar el viernes fresca como una rosa.

Esa misma noche mi madre hizo algo que me hizo plantearme si dormir juntas había sido una buena idea. A eso de las cinco de la mañana, como quería asegurarse de si a) yo seguía en la cama, b) seguía con vida, alargó un pie para ver si tocaba “carne”, con tan mala suerte que lo que tocó fue la planta de mi pie derecho y me hizo saltar medio metro de las cosquillas.

La última noche, viernes, nos fuimos a cenar a un restaurante etíope. Un amigo quería que fuéramos a cenar con él y sus amigos, pero mi madre, aterrorizada, dijo que no, que no le apetecía comer con desconocidos. Así que cenamos solas. Yo creía que le iba a encantar la comida, pero lo primero que me dijo al salir del restaurante fue que si la quería, que no la llevase más a sitios como ése. Tras la cena nos fuimos de mojitos con mi amigo y sus amigos. Mientras íbamos caminando hacia casa, mi madre decía: “Ay, teníamos que haber ido a cenar con ellos, qué majos son”. Sí, mamá, sí.

10 comentarios »

  1. Me estoy acordando de aquel capítulo de los Simpson en el que Marge le dice a Lisa: “Esta mañana he engrasado las anillas de tu diario”😄

  2. barbaravb said,

    LOL, lo del pie en la cama me ha sonado TAN familiar…
    Mi madre todavía me pregunta todos los días, “¿Y qué has comido?”
    Todos los días.

  3. oria said,

    Padres. Yo tengo muy claro porque vivo a 250 km de ellos

  4. Tesa said,

    Cuanta verdad… Cuando mi madre me visitó en Lovaina (ya conoces el tamaño de los studios) me cambio TODOS los cacharros de la cocina pq no habia más q me pudiese cambiar.

  5. Quede claro que estas cosas pasan sólo con madres españolas, con las belgas nada de esto sería posible. Cuánto más lejos tengan a los hijos, mejor. Qué horror, prefiero quejarme de una madre española que de una madre belga.

  6. O Suso said,

    ..Y suerte que tienes de que tenga vergüenza de cenar con tus amigos…mi madre me cambiaría el apartamento, vendría a cenar y sacaría todo tipo de fotos, historias y cosas de mi pasado. Cambiando también mis relaciones claro.
    Te leo bien, un beso.

  7. ethon said,

    Es lo malo de las madres
    que, cuando empiezas a quererlas,
    se te mueren.

    Gloria Fuertes

  8. dragonfly said,

    Jooooooooooooooooooo que bonitoooooooooooooooooooo

    Mi madre me sigue preguntando que he comido, pero es que llevo poco tiempo fuera de casa

    Un abrazo grande

  9. L. said,

    Yo no podría llevar a mis padres a un etíope… o uno de “esos sitios raros a los que vais”, que diría mi padre.

    Cuando mi madre o la de Fer están por casa siempre hay algo que quieren limpiar, coser o cambiar de sitio… de hecho, hay un armario de las escobas cuya ubicación lleva dos años quitándole el sueño a mi “suegra”.

    Paciencia!


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