octubre 1, 2010

El sillón verde

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras a 7:34 pm por La Petite en Belgique

La crisis también se nota por estos lares. No tanto como en España, pero se nota. En el departamento donde estoy trabajando llevaban meses con una necesidad imperiosa de trabajadores. Mucho trabajo y pocas personas. Cuando le dieron luz verde a nuestro mánager para contratar a más gente, era aún época de recesión para el gigante de las tres letras, así que nuestros contratos (el del cocodrilo y el mío) iban a ser contratos de dos años en lugar de los indefinidos que se hacen normalmente. Después de dos años nos prometieron que seguramente nos darían un contrato indefinido. Es como si te dieran un caramelo para después quitártelo, sobre todo por el hecho de que existe la posibilidad de pedir traslado a España, pero claro no con un contrato de dos años.

Como el departamento seguía necesitando gente, ha entrado otro más, y hay tres o cuatro en camino. Por cosas del destino, o la mala suerte, el gigante de las tres letras considera que está saliendo de la maldita época de recesión, y esos nuevos contratos no son de dos años, sino indefinidos (el nuevo que lleva menos de una semana tiene contrato indefinido, JA). En una reunión, hace dos semanas, se ha comentado que el contrato del cocodrilo y el mío se han hecho mal, bajo unas condiciones erróneas. ¡Viva! (nótese el tono irónico y con ganas de matar a alguien). Nuestro manager nos ha prometido que los contratos se transformarán en indefinidos tras el periodo de prueba (6 meses), que es un proceso largo y doloroso (como todos los del gigante de las tres letras).

En nuestro departamento pasamos gran parte del tiempo en reuniones. Tenemos un mínimo de tres por semana: martes, miércoles y jueves. Los martes es una reunión de equipo en la que nuestro manager nos dice cómo van las cosas y todos nos ponemos al día, los miércoles es una reunión telefónica con USA (también para ponernos al día) y los jueves la reunión es con nuestro senior, donde hablamos de los casos difíciles que tenemos “atragantados” y en general de cómo nos sentimos.

El martes pasado, en la ronda de preguntas, hice hincapié en nuestros contratos. Me tacharán de pesada pero me da igual. Yo a luchar por lo que debería ser mío. En la de este martes, el mánager no me ha dejado ni quejarme, dijo que quería dejar muy claro que estaba luchando por la conversión de nuestros contratos y que debería quedar anotado en el informe de la reunión.

Otro aspecto que ha tocado la crisis es el coche de empresa. Antes se lo daban a todo el mundo, y ahora sólo se lo dan a muy pocos: los elegidos. Eso significa que en mi departamento todos tienen coche de empresa, con excepción del cocodrilo (que tiene un BMW deportivo no-sé-cuántos), el nuevo que lleva menos de una semana y yo. Yo soy la única que va a currar en bus. Me lleva casi una hora.

Pero como no todo son quejas, ahora voy a hablar de una tradición que nació en USA y que ha sido importada aquí con éxito. Se llama algo así como “sillón verde”. No voy a poner el nombre en inglés por si alguien lo googleara y llegase aquí por accidente (no lo quiera Eru). Es una tradición que se celebra debido a algún logro del departamento o de alguno de sus integrantes. El último que se hizo fue para despedir a un compañero que se iba. La preparación del “sillón verde” corre un poco a cargo del jefe de equipo, que se va al súper a comprar cervezas y chucherías (patatas, cacahuetes, galletas y demás). De cuatro a seis el trabajo se para y todo el mundo se pone a beber como cosacos cervezas de 10º y 11º, a comer cosas con colesterol y a disfrutar del gran secreto que nuestro manager guarda en la pared tras su escritorio: un tablero de dardos electrónico. El nombre del “sillón verde” viene de un sillón hinchable que guardamos en el armario junto con todas las botellas de cerveza vacías de “sillones verdes” pasados.

Hay otra tradición que no ha sobrevivido, y casi mejor, porque todos los novatos tenían que estrenarse en público bebiendo del zapato morado de una prostituta (sólo somos dos mujeres de quince personas en el departamento, y la otra se va a fin de año).

En la reunión de este martes, nuestro manager nos informó de que a mediados de octubre habrá una semana especial, en la que la empresa, para motivarnos, nos donará una cantidad de 2.5 euros por cabeza. Ante la racanería del gigante de las tres letras, hemos decidido que nos vamos a gastar esos 2.5 euros por cabeza en un “sillón verde”. Al menos los disfrutaremos.

P.D.: Las últimas noticias son que en Holanda la empresa les está quitando los coches a algunos empleados que llevaban ya tiempo disfrutando de ellos.

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Bromas aparte

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras a 4:04 pm por La Petite en Belgique

En la oficina están hablando de jugar al tenis. Nuestro manager es un gran amante del tenis y juega bastante a menudo. Me han preguntado si yo juego y les he dicho que no. La reacción de mi manager ha sido un comentario que no me ha hecho ni un pelo de gracia; “¿y entonces por qué te contraté?, dijo.

“Ahora es demasiado tarde”, contesté yo.

“No, no lo es, aún estás en periodo de prueba”.

¿Soy yo que estoy susceptible o esta broma sólo le hace gracia a él?