octubre 8, 2010

El Monstruo de las Galletas

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras a 7:03 pm por La Petite en Belgique

He descubierto que la actitud prepotente de mi mánager no es sólo hacia mí. La semana pasada le dijo a la otra chica del equipo que la había contratado para llevar la cesta de fruta de una mesa a otra. Dato curiosos: la chica lleva cuatro años en la empresa y él sólo tres y medio, aunque es verdad que los primeros siete meses ella trabajó en USA. Otro detalle es que sólo somos dos mujeres en el equipo y la otra se vuelve finalmente a USA a finales de año. Me parece que a partir de ahí las bromas sexistas van a caer exclusivamente sobre mí. Si no fuera porque es mi manager y aún estoy en periodo de prueba le diría un par de cosas. Así que respiro profundamente y hago oídos sordos. No creo que pueda despedirme por ignorar sus bromitas y no reírme como una idiota.

El chico más nuevo, el del contrato indefinido, es bastante simpático. Además tiene la cualidad de ser bastante inocente y no mostrar maldad o segundas intenciones. En una ocasión, a la hora de la comida, llegó a confesarnos a unos cuantos (incluído el jefe de equipo) con una sonrisa de oreja a oreja que hace unos años solía escuchar a los Back Street Boys. Afirmación que provocó abucheos instantaneamente por parte de la mayoría de la audiencia.

El chico nuevo es italiano y está casado con una vietnamita belga. Va a clases de español y mezcla constantemente el italiano con el español. Quiere practicar a toda costa y suele hablarme siempre en español. Para cada frase necesita un mínimo de dos minutos y tengo que ser muy paciente con él. Pero no me importa, me cae bien el chaval. Ha demostrado ser más educado y respetuoso que la mayoría, y es uno de esos mutantes, que como el Ken, no tienen una pizca de malicia encima ni son capaces de detectarla en los demás. El pobre ni siquiera detecta cuando sus reacciones desatan las bromas de los demás.

Cada día, después de comer, cuando aún quedan quince minutos para volver a trabajar, los fumadores suelen salir a recibir su dosis. Si el jefe de equipo no está (tampoco es fumador), nos solemos quedar el chico éste y yo solos. Es cuando me propone ir a la cafetería a robar galletas. No es realmente robar, ya que las galletas son la única cosa gratis que llevarse a la boca, aunque es verdad que suelen ser para las personas que consumen algo. La cuestión es que él suele meter toda la zarpa en el bol de las galletas y salir con un puñado. Normalmente dicho movimiento está precedido por la pregunta: ¿”Tú cuántas quieres?”. Hoy me ha vuelto a proponer lo mismo y al llegar a la cafetería se ha encontrado con que el bol de galletas ha desaparecido. Pobre, su cara era un poema.

Ayer tuvimos otro Sillón Verde donde todo el mundo se puso morado a cerveza. Nuestro manager propuso, como es costumbre, jugar a los dardos, e insistió en que el Monstruo de las Galletas y yo jugáramos. Cabe decir que no soy demasiado buena a los dardos, y que llevaba media cerveza encima, pero puedo decir que nunca en mi vida había jugado tan mal como ayer. La primera tirada fue floja, pero fue. En las siguientes acabé dándole a la pared, al suelo, a las esquinas e incluso acabé encajando un dardo entre dos dardos que estaban clavados en la base de la puerta de la diana. Los que llevaban más alcohol encima era el jefe de equipo y el manager, que se retorcían de risa, pero de diferente manera. El jefe me animaba a tirar y me daba consejos. El manager simplemente se dedicaba a balbucear, entre trago y trago, que yo estaba haciendo un buen ridículo. Como no estaba disfrutando ni una pizca de la partida, al poco rato me retiré y cedí mi puesto a otro compañero. Acabé bebiéndome la cerveza mientras me comía unos cacahuetes delante del ordenador y escuchaba los lamentos de mal de amores de mi compañero el Sordo.

Supongo que jugué peor a los dardos que de costumbre debido a la presión a la que me estaban sometiendo y porque las últimas semanas estoy que no levanto cabeza. Entre el trabajo y las 12 horas de cursos de idiomas semanales estoy durmiendo poquísimo, y aunque me encuentro bien y animada, a menudo no tengo fuerzas ni para abrir los ojos.

2 comentarios »

  1. O Suso said,

    Otro sillón verde, siiiiii.
    El Mostruo vaya fiera, mira que sacar a los Back Street Boys de su tumba, este es un provocador!!!ja,ja,ja.

    Los dardos se los tenías que haber clavado a los dos simpáticos en la pierna por “accidente”, bueno mejor espera a estar indefinida.

    Lo de la energía además del mogollón que haces puede ser por el otoño.

    Un abrazo y no olvides mineralizarte e hipervitaminarte!!!

  2. dragonflyrs said,

    AINssss con tanto ajetreo no me extraña que estés agotada. Espero que hoy puedas dormir muuuuchassss horas.

    En mi pequeña experiencia los jefes suelen tener un sentido del humor horrible y retorcido (mucho) por no hablar de los compañeros que se pasan todo el **** día diciendo estupideces …

    ánimo! tu eres grande!


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