octubre 20, 2010

Y facebook mató a los blogs…

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, el Ken, Reflexiones a 7:39 pm por La Petite en Belgique

… o más bien somos nosotros pero afirmamos lo contrario en un alarde de cobardía. Supongo que es más fácil echarle la culpa a otro y afirmar que la culpa fue del cha-cha-chá. Y hablando del cha-cha-chá, mi nueva adicción sabe a chocolate y es belga. A menudo me refreno cuando me entran ganas repentinas de bajar a la máquina y comprarme uno de estos.

Pero luego me digo que vivimos dos días y que no tengo porqué preocuparme por el peso, o mejor dicho, el sobrepeso, ya que en las últimas semanas he bajado dos kilos y no hay quien me haga subir de los 46 o 47. Y eso que como y como, cuando tengo tiempo claro, y tengo un medio catarro encima que lleva tres semanas rondándome y no se va ni a la de tres. En realidad, el virus lleva cerca de un mes sobreviviendo en nuestra oficina, y ya nos lo hemos pasado de unos a otros de forma que sólo hay dos que aún no han caído. Entre eso y las temperaturas invernales que tenemos (el domingo hemos estado entre -1 y 9) parecemos una panda de riníticos tuberculosos.

Decía que Facebook está matando a los blogs, y nosotros le estamos dejando. Este blog está bajo mínimos, y no es precisamente Facebook el culpable (el tiempo que le dedico a Facebook estos días suele ser de cinco minutos a la hora del desayuno). Es el tiempo, la vida, las circunstancias, el fluir, como queráis llamarlo.

Hace dos meses y cuatro días que he cambiado de trabajo. Después de una primera etapa de reajuste algo dura, ahora se puede decir que todo va casi viento en popa. El trabajo me gusta, me pagan decentemente, son flexibles, hay buen ambiente, estoy aprendiendo y esto supone un dato importante en mi CV y mi carrera profesional. Y tengo casi dos meses de vacaciones al año, ¿qué más se puede pedir?

Pero como yo nunca me conformo con lo que tengo y siempre quiero más, o mejor dicho, nuestra partida es casi inminente, he decidido ponerme a estudiar francés y flamenco en serio. Así que he decidido meterme unas 12 horas de idiomas para complementar la semana. Los martes y jueves tengo flamenco de 6 a 9 de la tarde, pero siempre llego tarde, ya que salgo de currar a las 6, y los buses y metros van como les da la gana y nunca sé cúando voy a llegar. Los sábados tengo francés de 9 a 15:30, y tras esa jornada también acabo K.O. No llego al centro hasta las 4 de la tarde y luego ponte tú a hacer la compra y a buscar pantalones de invierno cuando el súper cierra a las 18:30 (el caro a las 20:30) y H&M a las 19:00, y sólo he podido comerme dos tristes sandwiches de 12 a 12:30. El Ken tiene clases de 9 a 12, así que él también tiene su carga particular.

Y todo esto para decir que lo que está matando a mi blog es una suma de cosas: trabajo + bus + clases de idiomas + satisfacción personal + ningún tiempo para pensar.

Lo de ningún tiempo para pensar no es del todo cierto, ya que mi cabeza es como una lavadora que no para de centrifugar, pero sí es verdad que con toda esta actividad consigo acallar bastante a menudo las dudas existenciales (sin solución) que llevan rondándome unos cuantos meses.

En el bus también me mantengo ocupada y leo, leo y leo. En enero me propuse un reto: leer 50 libros este año. Cuando cambié de trabajo y renuncié a tres horas de transporte diario pensé que iba a tener que rendirme y dejar el reto para cuando me jubilara, pero mis cálculos no han sido del todo correctos y a menudo mi bus viene tarde, o no viene, o va de atasco en atasco y el trayecto es de casi una hora. Así que sí, sigo leyendo y ya voy por el libro número 43.

Y luego intento buscar tiempo para salir a hacer fotos y seguir bailando swing.

Tenemos clases de swing los miércoles a las 9 de la noche y práctica cada dos martes en un bar cerca de casa. Práctica a la que voy arrastrándome tras mis clases de flamenco, pero que me ayuda a dormir por las noches. Cuando tengo clases de flamenco y no hago ninguna actividad física (que es el 75% de las veces) tengo problemas para dormir. Mi cerebro está tan habituado a la actividad que cuando me acuesto me cuesta mucho desconectar y relajarme.

¿Y todo esto para qué? Pues para decir que no sé si a partir de enero-febrero bajaré el ritmo. De francés seguro que intentaré matricularme en un curso de menos horas (me resulta bastante fácil), pero en flamenco no lo sé. Necesito esas horas de práctica, pero normalmente acabo agotada, adelgazo y soy incapaz de curarme de un simple catarro. Y ya no tengo tiempo para escribir en el blog ni para preguntarme si de verdad me gustaría otro estilo de vida. Es como el sprint final de una carrera, prepararme lo mejor posible antes de abandonar Bélgica. Como correr a ciegas.

En general me siento mejor, por eso tampoco escribo demasiado. Tengo algunas anécdotas que siempre se me quedan en el tintero porque no tengo tiempo para contarlas y porque no las considero tan importantes que acaben sobreviviendo en mi cabeza para plasmarlas por escrito.

De todos modos, por aquí sigo.

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