noviembre 15, 2010

Bomba

Posted in Anecdotas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras a 6:30 pm por La Petite en Belgique

Estoy en casa. Un poco antes de las 4 de la tarde, los altavoces que utiliza el gigante de tres letras para anunciarnos las alarmas de incendios han empezado a pitar. Lo normal es que alguien nos dé un anuncio vocal en el que expliquen que tenemos que salir ordenadamente del edificio, pero hoy sólo había pitidos de vez en cuando. Nos hemos puesto a mirar por la ventana y hemos visto una fila de Volvos y Audis saliendo del aparcamiento. Al poco rato ha venido un hombre con un chaleco reflectante y nos ha anunciado que estaban evacuado toda la zona porque en las excavaciones del nuevo túnel habían encontrado una bomba sin detonar de la Segunda Guerra Mundial.

Así que recogimos  nuestras cosas, sin olvidar el cable de alimentación del portátil, para seguir trabajando en casa (y quizá continuar mañana) y salimos en estampida. Al llegar abajo descubrí que había un montón de policías y de que los buses de la zona estaban cancelados. Mi plan de ir andando hasta la OTAN y coger un bus allí tampoco  iba a funcionar, ya que el paso estaba cortado también para peatones.

Le pregunté a un policía y me dijo que si caminaba hacia el otro lado podría coger un bus que me llevaría a Bruselas Norte. Empecé a caminar y me encontré a un compañero de trabajo que iba hacia su coche y se ofreció a acercarme.

Así que he terminado mi jornada laboral en casa. Ni idea de donde me tocará mañana.

noviembre 12, 2010

Creacionistas

Posted in Bruselas, Curro, El gigante de tres letras a 5:25 pm por La Petite en Belgique

Dos de mis compañeros de trabajo no creen en la teoría de la evolución y una tercera no lo tiene claro, nunca le ha parecido importante. Del resto ni idea, no hay nadie más en la oficina en este momento. Uno es musulmán, otro ha vivido media vida en USA y la indecisa también ha vivido sus buenos 14 años en USA.

Debo aprender a no abrir la boca para no ofender a los de mi alrededor.

noviembre 11, 2010

Las cosas se aclaran

Posted in Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, el Ken, Reflexiones a 7:40 pm por La Petite en Belgique

Hoy es festivo. He decidido trabajar y por primera vez se me da la oportunidad de hacerlo desde casa. Es una gozada poder el poder levantarse uno de cama a las 8:30 y no a las 7. Encender el ordenador del trabajo con una taza de café delante mientras uno piensa en las cosas que podrá aprovechar para hacer en los tiempos muertos.

Sumida en estos pensamientos me encontraba yo, cuando sobre las 11 me llegó una incidencia crítica desde un país de Oriente Medio que me tuvo en vilo todo el día. Las incidencias críticas le obligan a una a contactar al usuario cada dos horas como mucho y a resolver todo el embolado en unas pocas horas. Hay que hacerles un seguimiento 24×7.

A mediodía parecía que tenía todos los cabos atados y por fin podía resolverla. Pero el usuario, haciendo justo lo contrario de lo que yo le decía, metió la pata hasta el fondo y la cosa se complicó. De una incidencia crítica obtuve otra más. Multiplicándose, como los panes y los peces.

Durante cinco minutos de descanso a eso de las 14:30 tuve una conversación cortita por Skype con mi madre y mi prima recién levantada de la siesta. Luego la cosa se puso aún más negra. Eran las cuatro y pico y si no liquidaba el asunto debía transferir la incidencia a los EE.UU. siguiendo un procedimiento nuevo que nadie sabe cómo es. A las cuatro llegó mi hermana a casa de mi madre y decidió colgarse en el Skype y llamarme. Y yo con las incidencias críticas, los problemas de red, la guía de tropecientas páginas para transferir incidencias y el reloj haciendo tic-tac tic-tac (a las 6 el proceso debía estar finiquitado). Intenté decirle educadamente y con cara de sufrimiento que en ese momento no podía hablar con ellas porque las incidencias críticas se me estaban multiplicando y el reloj estaba corriendo y no veía el modo de enderezar el asunto. Que si podíamos hablar más tarde. Mi hermana, que es muy comprensiva y tiene una empatía del tamaño de una montaña, puso mala cara, me contestó que “nada, que me voy, adiós” y colgó la llamada sin más miramientos. Nada de suerte, o espero que te vaya bien, o se te ve mala cara, o trabajas demasiado o vaya porquería las incidencias críticas. Ante tal desfachatez tuve que hacer verdaderos esfuerzos para reprimir un impulso insano de cerrar de un golpe la tapa de mi Mac. Pero me dije que no, que no ayudaría en nada el hacerlo, y menos aún con un PC de poca monta al lado. Pobre Mac, él no tiene la culpa.

El Ken se ha ido a casa de sus padres a pasar la tarde, yo acabé mi agotadora jornada laboral (incidencias críticas enviadas a USA) y hace un rato he llamado a un amigo de Vigo.

Es festivo y me doy cuenta de varias cosas: hace frío, está oscuro, llueve a cántaros y no tengo a nadie con quien ir a tomar un café. Esta ilusión que lleva bailando ante mis ojos los dos últimos meses no es verdad. Me gusta el trabajo y estoy a gusto con mis compañeros. Estoy aprendiendo idiomas y me siento más o menos realizada. Voy a clases de swing y nos dejamos caer por todas las fiestas y talleres swing que se organizan. Pero no tengo tiempo ni para cortarme las uñas. Y las escasas veces que lo tengo, como ahora (por cierto, no recuerdo cuándo fue la última vez), me doy cuenta de que aunque a veces piense que cuando me vaya, echaré de menos esto, es mentira. A veces pienso que este trabajo hará que me sienta infeliz cuando me vaya, otras, cuando estoy en clase de swing, pienso que echaré de menos las clases, las fiestas y la otra gente que va a bailar. Pero tampoco es verdad. Porque podré seguir bailando con el Ken estemos donde estemos.

Y otra cosa. Es muy posible que el año que viene el Ken haga un postdoc, y así pueda aprovechar para mejorar su español. Y un posdoc no tiene porqué alargarse más de un año. A veces me da miedo pensar a dónde iremos. Pero si es sólo un año dará igual. Un año en Madrid, un año en Barcelona, un año en Bilbao. Da igual. Estaré más cerca de casa y nos dará tiempo para pensar si ese nuevo sitio nos gusta o no.

Son las siete y media pasadas. Fuera hace frío y no hay nadie que pueda llamar mi amigo. A veces pienso que si no fuera por mi orquídea o por el Ken o por el trabajo o por el swing, no sabría qué diablos hago aquí.