diciembre 22, 2010

Buenos propósitos

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, Reflexiones a 12:30 pm por La Petite en Belgique

La Navidad se acerca y estos días somos cuatro gatos en la oficina. Hoy, en realidad, somos dos. Estaba previsto que fuéramos cinco, pero a veces la Ley de Murphy se apodera de nuestra realidad y las cosas salen … pues como salen: al revés. Uno tenía previsto trabajar desde Italia y tiene problemas de conexión, otro está enfermo y otro tenía que venir a la oficina y no ha aparecido. No contesta al teléfono. Hemos llamado a su compañero de piso, que también trabaja aquí pero tiene día libre, y tampoco contesta. Espero que esté bien.

El otro que está presente hoy trabaja las mañanas desde casa. Nuestro jefe trabaja los miércoles por la tarde desde casa y el manager está de vacaciones. Total: que estoy sola en la oficina, asignando casos (jajaja, a mí misma) y capeando el temporal. Mañana trabajaré la mañada desde casa y la tarde la dedicaré a hacer la maleta e ir a mis clases de flamenco.

Y el viernes espero volar con rumbo a Vigo. Parece que la situación en el aeropuerto se ha despejado mucho y sólo espero que esta bajada repentina de las temperaturas (el viernes vamos a estar a -4, pero hace un par de días dijeron que íbamos a estar a 5) no nos traiga más sorpresas desagradables.

Hace dos días me llamaron mi madre y mi hermana para preguntarme si sabía que iba a pasar con mi vuelo. No sé si esperaban que sacara del bolso mi bola de cristal y les contara las predicciones. Al decirles que no sabía nada más que lo que se veía en las noticias o podía leer en las webs de los aeropuertos, mi madre soltó un vale muy bajito y mi hermana se cabreó y por poco me cuelga el teléfono. Ojalá supiera lo que va a pasar, pero mientras tanto no me voy a preocupar por algo que aún no ha salido mal. ¡Con todas las posibilidades que tiene de salir bien!

Llevo un par de días pensando un poco. Pero sólo un poco. En el trabajo estoy bien, pero ya no creo que sea el super trabajo que pensaba en un principio. La situación es incierta, por el momento no me van a hacer indefinida y están pensando en mover parte del departamento a Polonia para abaratar costes. El futuro es incierto y yo no pienso estar mucho más de un año por aquí. Y fuera del trabajo y del Ken no hay nada. NADA. Cada uno va a su rollo, estamos a menos tantos grados y la oscuridad y la soledad son absolutas. El otro día le pregunté a un compañero colombiano que lleva aquí trece años que cómo se siente. La soledad no ha cambiado.

Sigo en modo super ocupada, estudiando idiomas y leyendo mucho. Hoy me he acabado el libro 51 del año y tengo otro a la espera. En el nuevo año intentaré parar un poco porque tengo otro proyecto en mente: Estudiar para el CCNA. Queda sólo un año para irnos a España y hay que prepararse al máximo. Acaba de llegarme el libro de Cisco Press y voy a empezar estas Navidades. Tendré que vencer la inercia y parar un poco de leer, a ver si lo consigo 😉

Nunca he tenido un espíritu demasiado navideño. No soy de enviar felicitaciones ni espamear a nadie con emails. Pienso que todos estos buenos deseos y pensamientos deberían ser recordados y expresados todo el año. Es una pena que la hipocresía y el consumismo se apoderen de estas fechas, que al fin y al cabo, son para estar con la familia y los más allegados.

Lo que sí os deseo a todos es que el 2011 venga cargado de buenos regalos y que esos proyectos que tengáis en mente se puedan ir haciendo poco a poco realidad.

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diciembre 15, 2010

Sin novedades

Posted in Curro, El gigante de tres letras, el Ken, Reflexiones a 5:44 pm por La Petite en Belgique

Al principio se nos prometió que a los cuatro meses seguramente podríamos pasar a trabajar un día a la semana desde casa. Esta semana yo haré ya cuatro meses y el otro día le pregunté al jefe de equipo si podría trabajar desde casa. Me ha dicho que habrá que valorarlo en enero. Hace cinco minutos nuestro manager ha entrado en pánico, como de costumbre, y ha anunciado nevadas y heladas para mañana. Que, según las condiciones, valoremos si será mejor trabajar desde casa. Estoy casi rezando para que caiga una buena.

Este mes y el anterior son un poco caóticos. El mes pasado fue de transición. El departamento donde estamos pertenecía a otra empresa y fue comprada por el gigante de tres letras. Noviembre fue la transición y alguno que otro (el cocodrilo, sin ir más lejos) se pasó el mes en la oficina  corriendo de un lado a otro como si de un pollo sin cabeza se tratara. Me recordaba mucho a los pitufos cuando Gargamel irrumpía en la aldea, todos corriendo sin ton ni son. La razón: cambios en los procedimientos y las herramientas. Es cierto que fue un poco caótico, pero no tanto como para rasgarse las vestiduras o amenazar con tirarse por la ventana.

Este mes han entrado cuatro compañeros nuevos que aún no saben por dónde andan. Después de la transición y la locura de los pitufos parece que me he convertido en la experta en el programa que usamos ahora para logar los tickets. Ese programa malévolo del que muchos piensan que tiene un poltergeist encerrado y que el día menos pensado nos volverá a todos locos. Me parece increíble ver como con el cambio muchos se desmoronan. Debe ser que en mi corta experiencia he aprendido a adaptarme a los cambios y a entender la filosofía de los programas desde dentro (esos años en Teleco no fueron malgastados). Así que a menudo recibo preguntas en vivo y en directo, mensajes en el messenger y llamadas telefónicas de mis compañeros preguntándome cómo se hace algo o preguntándo el porqué del extraño comportamiento del programa.

Esto, en mi fuero interno, me hace sospechar que por el momento no me permitan trabajar de casa debido a que soy una fuente de conocimiento acerca de ese programa. Y sin haber echado más horas que el resto. Sólo espero que no haya mucho machista y que les siente mal que yo sea la única mujer del equipo.

Otro detalle a destacar. El cocodrilo me ha contado que nuestro manager le ha dicho que nuestros contratos de dos años sólo van a ser modificados tras los dos años de prestación. Pues vaya, que se los metan donde les quepan. Voy a tener que buscar un plan B llegado el momento.

Por lo demás bien. La semana pasada tuvimos una cena de equipo para la cual mi jefe me dio una carta que me eximió de mis clases de flamenco. Hubo cena y bolos. Yo hice algunas fotos que inmortalizaron el evento. Bebimos cerveza y llegamos a casa a las tantas.

No hay muchas más novedades. Sigo con las clases, sin tiempo. Para el próximo semestre reduciré las horas de francés de seis a tres. Estar allí de 9 a 15:30 cada sábado me mata. Llego al centro a las 16:00. El súper cierra a las 18:30 y las tiendas a las 19:00. Venga a la carrera. Cuando lo que más me apetecería a las 16:00 es echarme una siestecita, estar tranquila, ir a mi ritmo.

Lo mejor son los domingos por la mañana. Levantarnos a las 10, desayunar con calma mientras vemos una serie, luego un poco de pilates. Desperezándonos despacio. Es una pena que los fines de semana sean tan cortos.