mayo 24, 2011

Cambios de última hora

Posted in Bruselas, Curro, De médicos, El gigante de tres letras, el Ken, Family Tales, Lonely moments, Vigo a 12:09 pm por La Petite en Belgique

Llevo unas semanas un poco más estresada de lo normal. No es sólo el trabajo, sino más acontecimientos que se unen para no dejarme ni un momento de descanso. El sábado se casa el hermano del Ken, con todo lo que ello conlleva. Nunca he sido partidaria de este tipo de celebraciones con cientos de invitados (incluída la niñera de cuándo tenían dos años). El Ken se ha comprado un traje y yo me he comprado un vestido, un bolso un cepillo del pelo y un secador. Llevo dos semanas intentando llegar a una conclusión de qué hacer con mi pelo. Llevo años sin usar secador, y lo único que utilizo es un peine. Salgo de la ducha, me echo un poco de mascarilla sin aclarado, me peino en tres minutos y estoy lista. Imaginaos el cuadro cuando vinieron mi madre y mi hermana a visitarme hará unos cuatro años y se encontraron, al salir de la ducha, con el hecho de que yo carecía de objetos tan indispensables para la belleza femenina.

Pero este sábado tengo que dominar al león, hacerme un recogido y presumir de flequillo con un look desenfadado arreglado. Me he comprado el secador decente más barato que he visto y espero hacer milagros el sábado. Llevo desde el viernes viendo videos en Youtube con títulos tan sugerentes como “recogido elegante en diez minutos” o “recogido fácil para boda”. Por supuesto también he visto grandes éxitos como “maquillaje fácil para ocasiones especiales” o “cómo hacer un ojo ahumado”. Es lo que tiene el ir de natural, que me falta la práctica y necesito aprender a toda costa. Si Youtube me ayudó con el ganchillo, por qué no con alcanzar un look impecable para ir a una boda.

Ahora que no me venga el hermano del Ken con que tenemos que pasar las tres horas que van entre la boda y la fiesta con una caminata. ¡Una caminata! Con mis zapatos de boda, mis medias, mi vestidito, los 15 grados que va a hacer y mi recogido impecable. Antes muerta que sencilla.

La segunda causa de estrés es la operación de mi madre. Ya se pospuso una vez por un error administrativo. Cambié mi billete de avión y mis “vacaciones” pagando unos 380 euros más (creo que el total asciende a unos 780 euros, pero prefiero no confirmarlo, no me vaya a desmayar) y estaba lista para irme para Vigo al día siguiente de la boda. Por un lado, hay un nuevo volcán enfurecido que amenaza con cancelar vuelos, y por otro, mi madre ha tenido un nuevo percance. La semana pasada se cayó al suelo con una bombona de butano (no, no es la primera vez que le pasa, y maldigo a todas las bombonas de todo el mundo, ¿por qué no pondrá gas de una maldita vez?). Se fue a urgencias y a pesar del dolor no le vieron nada. Como no mejoraba ayer volvió al médico, y tras unas radiografías han llegado a la conclusion de que tiene una fisura en una costilla, por eso le duele horrores en todo momento. Mi madre llamó ayer al anestesista para preguntarle si lo de la costilla podría dar algún problema durante la operacion, y el anestesista le dijo que depende. Que debido a la anestesia general el pulmón puede expandirse más de lo normal y eso le puede producir dolor los días después. Otra cuestión es la postura durante la operación, que sobre eso tiene que preguntarle al cirujano. Mañana sabrá la respuesta.

Y yo sigo aquí, sin tener mucha idea de recogidos ni si mi avión saldrá o operarán a mi madre el lunes que viene. Otra historia son mis días de Educational Leave…

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mayo 20, 2011

¿Qué como?

Posted in Bruselas, Curro, De médicos a 2:51 pm por La Petite en Belgique

Ésta es la pregunta que me hago cada vez más a menudo.

Todo comenzó por culpa de ser una persona sensible a alergias y por el hecho de venirme a Bélgica. Me sensibilicé al abedul y con ello, al cabo del tiempo, vino una serie de consecuencias: problemas de asma, irritación facial, alergia a geles y champús y alergia a ciertas frutas. Sólo puedo comer tranquilamente naranjas y mandarinas. Fuera manzanas, peras, cerezas, fresas, sidra, kriek y demás.

Desde hace un año o dos tengo otro problema. No sé exactamente cuándo comenzó, pero sí que fue cuando trabajaba de teleoperadora. Al principio no le di importancia, porque me sucedía sólo de vez en cuando y lo atribuía a las prisas (tenía media hora para comer) o al frío (poderoso aire acondicionado). Antes me sucedía de vez en cuando, pero ahora me sucede siempre, lo que me ha permitido identificarlo como una intolerancia a la pasta. Y con el tiempo nuevos alimentos se han ido sumando a la lista: arroz, puré de patata de bolsa, patatas fritas y patatas cocidas. Los síntomas empiezo a notarlos en el intervalo que va desde el último bocado hasta una hora después de comer. En un principio pensé en una intolerancia al gluten, pero luego empecé a tener problemas con el arroz; y lo último son las patatas en todas sus variedades y formas.

De verdad que no sé qué comer. Para esto recomiendan una dieta rica en frutas (¡viva!) y verduras y relax. El estrés es una causa importante y empiezo a pensar que los cambios en el trabajo durante los últimos meses puedan tener al menos una pequeña parte de culpa. He leído que si se uno se mantiene alejado de los alimentos problemáticos durante unos tres meses, uno puede mejorar y hasta curarse (hasta la próxima, claro), pero si uno quita estos alimentos, ¿cómo se compensa entonces la dieta?

Aún no he ido al médico por esto. No me apetece que me hagan mil pruebas ni dejarme una pasta gansa. Sé lo que no puedo comer. Lo que me falta son ideas para el día a día.

P.D.: No sé si me pasaría lo mismo con el pan, ya que aquí no venden barras y no soy una gran consumidora de pan de molde.

mayo 18, 2011

Procedimientos

Posted in Bruselas, Curro, El gigante de tres letras a 4:28 pm por La Petite en Belgique

Este trabajo comenzó como algo prometedor. Un sueldo decente, promesas de un contrato fijo, entrada en una gran empresa, horarios flexibles, posibilidad de aprendizaje. Tengo un horario de 9 a 6, pero si llego 15 minutos tarde o me voy 15 minutos antes no pasa nada. Mi jefe hace el mismo horario flexible que yo. Cuando el departamento aún no pertenecía al Gigante de las tres letras todo era flexible en ambos sentidos. Cada uno trabajaba en los casos a su ritmo, había sitio para la improvisación y todo era fluído.

Yo entré después de la adquisición, y las cosas comenzaron a cambiar gradualmente. No impuestas por nuestro jefe, no, sino impuestas por los altos managers de Atlanta. Lo primero que hicieron fue sustituir el programa para registrar los casos. Teníamos una preciosa herramienta php y la sustituyeron por un programa diseñado en los años cuarenta. Literalmente. La flexibilidad de poder trabajar en un caso, saltar a otro, reflexionar sobre los dos a la vez se había acabado. Descubrimos un botón maldito, un botón que si no se pulsa, es imposible trabajar sobre un caso. Es como si se activara el caso y se pudieran hacer modificaciones sobre él (como abrir para escritura). No entendíamos el porqué de este botón maldito, un botón que sólo permite activar un caso de cada vez, lo que coharta esa flexibilidad que tanto ayuda a la creatividad y a la resolución de problemas.

Poco después nos quitaron la venda de los ojos y nos contaron para qué servía el botón maldito. Cuando un caso se “activa” el reloj comienza a correr, y cuando el caso se “desactiva” el reloj se para. Esto no nos dijo demasiado hasta que en las reuniones de cada miércoles con Atlanta, el mánager de nuestro mánager empezó a hablar de headcount, dinero y tiempo. El Gigante de las tres letras ve la crisis alrededor y quiere ahorrar dinero a toda costa. Es una empresa que se rige por los beneficios y sólo importan los números. El botón maldito cuenta las horas que cada uno de nosotros trabaja, y uno de los más altos managers en Atlanta está contando él mismo las horas que trabaja cada uno de los ingenieros de soporte. Como no sabíamos usar el botón maldito los números no cuadraban, así que en cada reunión de los miércoles se habla de justificar el headcount y de que como los números no cuadren se van a “tomar medidas” (no han dicho cuáles, pero está bastante claro).

Estamos obligados a tener 8 horas de tiempo trabajado cada día. Si dedicamos tiempo a otras tareas, hay que logarlo como tal. Se nos obliga a logar el tiempo de vacaciones y el tiempo de estar enfermo (8 horas por día). Nuestros compañeros de Alemania han ido a los sindicatos porque según las leyes alemanas, raya en la ilegalidad. Los descansos en teoría no se pueden logar, así que muchos pasamos de cogernos descansos.

Hay una tarea rotativa que es la de asignar los casos que llegan a cada uno del equipo. Cuando te toca esa tarea hay que monitorizar los casos entrantes de 8 a 5, y el tiempo para asignar cada caso es como máximo de 15 minutos. Conclusión: el día que toca asignar no hay pausa de mediodía y hay que trabajar 9 horas de las que sólo se pueden logar 8 porque no se nos permite hacer horas extras. ¿El Gigante está enterado de esto? No lo sé, pero dudo que sea legal, ya que la hora de comida no nos la pagan. Es cierto que ese día podemos trabajar desde casa, y no veais lo divertido que es hacer equilibrios con la sartén mientras suena la alarma en el portátil indicando que acaban de llegar a la vez cinco casos nuevos.

Se ve una clara intención de mover el soporte a Polonia, donde sería más barato. Se planeaba comenzar en otoño, pero desde febrero ya tenemos tres nuevos compañeros allá. Se nos ha informado de que la gente que dimita (de aquí, de los USA o de Alemania) será reemplazada por trabajadores en Polonia. Al cocodrilo y a mí nos han hecho un contrato de dos años. Creo que está bastante claro lo que va a pasar. Pero yo ya no estaré aquí para verlo.

Hace una semana dimitió un manager de nuestro departamento en USA. La razón: los muchos procedimientos sin sentido que están matando nuestro trabajo.

mayo 17, 2011

Ni un respiro

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, el Ken, Reflexiones a 2:07 pm por La Petite en Belgique

Llevo tiempo con cosas para escribir pero no tengo tiempo. Estamos ya en la recta final de los cursos de idiomas y parece que tras todos estos meses y el duro y largo invierno esté perdiendo fuelle. En febrero dejamos las clases de Swing porque ya no aprendíamos nada, y en vez de disfrutar, lo pasábamos hasta mal. Los profesores tuvieron problemas entre ellos y “echaron” al único que valía la pena. En su lugar estamos yendo a clases de rock. Se celebran fiestas swing y vamos a las que podemos. Pero yo me siento sin aire, sin ganas, sin fuerzas. Supongo que tras esta recta final las ganas volverán… o no. Quizás mi cabeza ya ha decidido que es el momento de pasar página. Busco trabajos en Madrid y no encuentro nada. Todas las empresas quieren a alguien para YA, pero yo aún tengo que esperar unos cuantos meses. Los días se suceden sin dar tiempo para un respiro. A las siete de la mañana recibimos el despertador con pocas ganas, preparamos la comida, nos duchamos, vamos a trabajar, clases de idiomas, cena, cama. Es como una espiral de la que es imposible escapar. Si siempre me he quejado del tiempo, ahora lo hago más que nunca. Tiempo, ganas y fuerzas.  Nos levantamos a las siete de la mañana seis días por semana. Ya no recuerdo lo que es salir o una noche de sueño reparador. ¡Y no tenemos hijos! No me quiero imaginar como sería si los tuviéramos.

Necesito un descanso, necesito tiempo.

Hace una semana dimitió un alto manager en los Estados Unidos debido a la migración al nuevo soporte y los tropecientos procedimientos que nos tenemos que tragar todos los días. En mi departamento no sabemos si reír o llorar. Esto es una locura.

Llevo desde las once de la mañana con vértigos. No sé si es la tensión, como otras veces, o las cervicales o qué. Sólo sé que hoy tengo clase y llegaré casi a las diez a casa.

mayo 11, 2011

Operación

Posted in Curro, De médicos, El gigante de tres letras, Family Tales a 11:56 am por La Petite en Belgique

Hace cosa de unahora que mi madre me ha dicho por chat que por fin la han llamado para operarse del paratiroides. Será el miércoles que viene. Me ha dicho que no vaya. Pero yo ya he visto vuelos y he pedido permiso para cogerme un día o dos y trabajar otro día desde allí.

Dios, qué lejos estoy.

mayo 10, 2011

Rocky Balboa

Posted in Anecdotas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, el Ken a 11:40 am por La Petite en Belgique

Es cierto que el perro es el mejor amigo del hombre. Nuestra perrita India siempre ha estado atenta a cualquier mínimo movimiento o necesidad por nuestra parte. Recuerdo el día que mi madre subía las escaleras de casa de mi abuela con las bolsas de la compra y se dio cuenta de que se había dejado una abajo porque la perra no quería subir. Si pudiera hablar hubiera dicho “¡eh, espera, mira, aquí, que te has dejado una bolsa!”.

Por desgracia todo tiene su parte buena y su parte mala, y una vez, al llegar mi madre a casa, India se puso tan contenta que de los saltos que daba le dio un golpe a mi madre en la cabeza, más bien cerca de ceja derecha. Aquello se le hinchó y se le puso de mil colores, y es que India no tiene una cabeza, tiene un coco duro como una piedra. Recuerdo a mi madre saliendo de casa con gafas de sol y la historia de cuando fue a la farmacia a comprarse algo para el ojo morado. Al parecer se sacó las gafas, puso una cara de culpable que decía a gritos “mi marido me ha pegado” y pidió una pomada para el ojo.

Y esta vez soy yo el vivo retrato de un cruce de Rocky Balboa con un sapo. Me maquillo el ojo y siento las miradas inquisitivas en el bus por la mañana. Resulta que ayer por la mañana, por culpa de una chapuza por parte de nuestro querido y amadísimo jefe de equipo, pensé que tenía que trabajar desde casa. Pero algo no cuadraba. Asi que lo llamé por teléfono y me aclaró que el documento tenía un problemilla y que no era necesario que trabajara desde casa. Eran las 8:20, yo estaba en bata y tenía la comida sin hacer. Le informé que llegaría un poco tarde, ya que mi bus estaría pasando en esos momentos y aún tenía que salir de casa y coger el metro hasta la parada del bus. En ese momento un torbellino hizo su aparición en nuestro apartamento. Me freí un filete, tiré la bata en el sofá y busqué por los cajones esas camisetas de manga corta que llevo meses sin ponerme. Cuando tuve todo listo me cargué la mochila al hombro y procedí a abrir la puerta del apartamento a toda velocidad y sin apartar la cabeza de donde la tenía. Os aviso, niños, no hagáis esto en casa, pues os arriesgáis a que os pase lo mismo que a mí. El dolor me dejó medio K.O. Tiré la mochila al suelo y me fui al espejo del cuarto de baño con la esperanza de que el daño no hubiera dejado efectos visibles. Un dolor insoportable pero sin ningún rasguño era lo que yo quería en ese momento, pero no. Me veo en el espejo y veo que en la ceja izquierda tengo una linea pequeñita roja por la que, al cabo de unos segundos, empiezan a salir gotas de sangre. No parece nada más, sólo que no para de sangrar. Miro la hora y me vuelvo a convertir en torbellino. Me cuelgo la mochila y me pongo un pañuelo en la ceja, y cuando estoy subiéndome a mi bus media hora más tarde de lo normal ya no me sangra.

Al llegar al trabajo y verme en el espejo del ascensor veo que en efecto ya no sangra, pero que la parte entre el ojo y la ceja ocupa el doble de lo normal, y si arqueo las cejas se ve una mancha rojiza. Oh, no, lo que me faltaba. A la hora de comer he intentado explicar mi pelea con la puerta, mientras me parece ver miradas que dicen “sí, claro, cuéntanos lo que quieras, que está claro que el Ken te ha pegado”. En esos momentos me acuerdo de mi madre con sus gafas de sol entrando en la farmacia.

Esta mañana me he levantado con el párpado no dos, sino tres veces su tamaño normal, pero después de la ducha y el desayuno parece que ocupa sólo vez y media (es lo que tiene levantarse por las mañanas con los ojos hinchados, que romántico sería para una primera noche juntos, ja). Un poco de maquillaje (qué suerte que compré maquillaje el sábado pasado para ponerle el día de la boda del hermano del Ken), un poco de lapiz de ojos para disimular esa ceja que un peluquero me cortó, una camiseta rosa que tiene una vaca con un vestido de noche y unos pendientes de calavera para distraer la atención. Así nadie se va a dar cuenta.