octubre 5, 2011

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Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, el Ken, Family Tales, Lonely moments a 1:28 pm por La Petite en Belgique

Hace un mes mi manager me felicitó personalmente por tener el record de casos cerrados de todo el departamento. El cocodrilo y yo hemos demostrado ser los mejores este año. Números, números, no hay otra cosa que importe más que los números. Por desgracia, el cocodrilo y yo somos los únicos del departamento a los que se nos ha hecho contrado de duración determinada, con fecha de fin en agosto.

Hoy teníamos una reunión con nuestro manager y con un manager de Atlanta (por teléfono) donde se nos ha felicitado otra vez por el trabajo hecho y se nos ha dicho que, debido a los múltiples cambios estructurales en la empresa (han comprado otra empresa y se ha consolidado un nuevo departamento) es muy posible que de aquí a dos meses nos den un contrato permanente. Han dicho muy claro que nos quieren dentro, que estamos los primeros de la lista y que van a hacer todo lo posible por mantenernos.

El cocodrilo ha puesto cara de agonía, ya que el contrato permanente lo necesita ahora, porque tiene que pedir un crédito de 15.000 euros al banco. Y yo, tras la reunión, le he pedido 5 minutos a mi jefe para plantearle mi situación y mis planes futuros.

Le he dicho que en enero le digo adiós a Belgica, bye bye,  sayonara, que te den, au revoir, tot ziens, see you later alligator. Que debido a mi situación familiar, quiero estar algo más cerca de mi madre, y que el Ken acaba este año su doctorado y que ha tenido ofertas en varios países, incluyendo España. Se ha quedado de piedra, y menos mal que estaba sentado, porque se habría caído de culo. Era lo que menos se esperaba. Le he dicho que si es necesario, podré trabajar durante unas semanas o un mes (lo que se me permitiera) desde España hasta que encontraran a alguien. Fue entonces cuando me preguntó si me interesaría seguir en el Gigante de las Tres Letras. Y le he dicho que sí. Insinuó entonces que podríamos intentar un traslado de país a la vez que un cambio de contrato. Pero claro, él no lo ha dicho, pero ambas cosas aún se tienen que ser aprobadas por los grandes tacañones.

Organización

Posted in De médicos, Family Tales, Lonely moments, Vigo a 9:21 am por La Petite en Belgique

Mi madre ha ido ayer a la consulta del cirujano. Necesitará dos meses de reposo para que el esternón se suelde. Hasta necesita ayuda para ponerse una simple camiseta. Y sólo estamos mi hermana (que tiene un bebé), mis dos tías (que viven en un pueblo a 150 km) y yo. Y las cuatro trabajamos. No sé cómo nos vamos a organizar.

octubre 3, 2011

Perlas

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, De médicos, Family Tales, Lonely moments, Vigo a 2:17 pm por La Petite en Belgique

Le dieron el alta a mi madre el sábado, me he vuelto a Bruselas el domingo y hoy lunes estoy trabajando pero no tengo energías. Ayer me he acostado y, después de dos semanas durmiendo cuando tenía tiempo, no podía pegar ojo. Me he levantado y he vuelto a la cama a ls 2 de la mañana, pensando en cómo me encontraría cinco horas después al oir el despertador.

Han sido unos días duros. La operación de mi madre, cosa sencilla en teoría y que te permite estar en casa dos días después, sufrió complicaciones. No encontraron todo lo que tenían que encontrar y luego, para colmo tenía la tensión tan baja (5,2), que le tuvieron que dar mucho líquido, tanto que se le acabaron encharcando los pulmones, pasando dos noches de pesadilla y llegaron a decirle que era posible que tuviera un fallo cardíaco. Era susto tras susto, una angustia contínua. En estos diez días sólo lloré dos veces: la noche tras la operación, en la casa de mi hermana, y ayer, al llegar al aeropuerto de Bruselas.

A pesar de los malos momentos que hemos pasado, hay ciertas cosas que sí merece que se hable de ellas por ser positivas, como rayitos de luz en medio de la oscuridad.

Nuestros vecinos se portaron de lujo. Una vecina se ofreció a hacernos la comida y otra (ex-auxiliar de enfermería) se ofreció el ir a pasar la noche con mi madre. Al final no hizo falta ninguna de las dos cosas, ya que estábamos mis tías, mi hermana y yo; pero llama la atención cuando se viene de un país donde uno puede morirse en casa y los vecinos no enterarse hasta pasado un mes y tan solo debido al olor a descomposición.

La mayoría de enfermeros y enfermeras que atendían a mi madre eran un encanto y muy trabajadores, pero guardo un especial recuerdo de una. Una chica cordobesa algo mayor que yo, con dos hijos. La tercera vez que entró en la habitación me fijé que tenía una tarjetita que decía “estudiante en prácticas”. Trabajaba con muchas ganas y siempre con la sonrisa en los labios. Está claro que nunca es tarde para cambiar de rumbo.

Pasaron muchas más cosas en estos diez días, pero hoy no tengo las energías para seguir hablando de ello. Tan solo decir que no quiero estar aquí.