mayo 19, 2010

Cine mudo con pianista incoporado

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Cine, Cinematek a 10:34 am por La Petite en Belgique

El domingo volvimos al Cinematek, esta vez a ver The Iron Horse, de John Ford. Es una película de 1924, antes de la aparición del cine sonoro (1927, con El Cantor de Jazz), que relata la construcción del primer ferrocarril transcontinental, cruzando los Estados Unidos de lado a lado. Al igual que The Killing Fields, es algo más que una película épica. No sólo habla de un importante hecho para la humanidad, sino que se sirve de las historias humanas para contarlo. El ferrocarril comenzó como el sueño de un hombre sin prejuicios, que desgraciadamente fue asesinado mientras perseguía su objetivo.

El final de la película se celebra con la unión o boda de las dos vías y la unión de los protagonistas, separados desde el principio de la película.

Como siempre, John Ford nos hace disfrutar del cine a lo grande. No sólo unas composiciones grandiosas (inolvidable la imagen de las sombras de los indios Cheyenes recortada sobre el tren) sino que, como siempre, la dirección de actores es inmejorable. Ya en Centauros del Desierto (The Searchers) pudimos ver una de las grandes caricias del cine (Martha acariciando el abrigo de Ethan demuestra que ése era el amor de su vida), y en The Iron Horse también vemos manos crispadas, gestos que parecen involuntarios y demuestran angustia. John Ford sabía como utilizar el lenguaje corporal para transmitir sensaciones al público.

Una curiosidad es que las dos locomotoras que aparecen al final (116 y Pacific), cuando se unen las vías, son las verdaderas locomotoras de la Union Pacific y la Central Pacific.

Ver este tipo de películas en el Cinematek es un auténtico lujo, ya que por tan sólo tres euros uno puede ver la película en una pequeña sala de 28 butacas mientras un pianista, en una esquina de la sala, interpreta la banda sonora original de la película. Tal y como sucedía en los tiempos del cine mudo.

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mayo 18, 2010

The Killing Fields

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Cine, Cinematek a 11:39 am por La Petite en Belgique

[Contiene spoilers]

Después de que la violinista se hubiese ido, pensé en salir a hacer fotos, pero eran ya las 20:30 y quedaba poco de luz, así que opté por un plan B. Consulté la página del Cinematek y vi que proyectaban a las 21:30 The Killing Fields (Los gritos del silencio), así que me dispuse a cenar rápidamente (comida basura, sigh) y salí corriendo para coger el metro.

El Cinematek proyecta películas de cine independiente, clásico y un poco de todo. También es un museo del cine bastante curioso. Y lo mejor de todo, que uno puede disfrutar de la proyección y el museo por tan sólo tres euros.

Ahora mismo están proyectando un ciclo de John Malkovich y él mismo estuvo en martes presentando la primera película (Mary Reilly). Una pena que me lo haya perdido.

La película The Killing Fields comienza situando la acción en 1973, y cuenta, no sólo la historia de un país (Camboya) bajo el régime de los Khmer Rouge, sino también la historia de un número de personas afectadas por la masacre. En concreto, la historia se centra en Sydney  Schanberg, un periodista que viaja allí para hacer llegar las noticias al New York Times, y en su amigo e intérprete Dith Pran, también periodista.

La película está dividida en dos partes. En la primera (situación pre-régimen) se nos presentan estos dos personajes. Sydney, un periodista competitivo y profesional, hasta el punto de llegar a ser irritante; y Pran, que no sólo ayuda a Sydney a buscar la noticia y ejerce de intérprete, sino que también demuestra ser un amigo incondicional hasta el punto de ser servicial y dejar de lado otros aspectos de su vida. Años más tarde, Sydney recibe el premio al periodista del año, pero esto no hubiera sido posible sin Pran, que además de ayudar a Sydney, le ha salvado la vida en más de una ocasión.

En 1975 las embajadas internacionales abandonan el país, y Sydney consigue evacuar a la familia de Pran y darles un sitio en los Estados Unidos. También le ofrece la posibilidad de irse a Pran; pero en ese momento Pran engaña a Sydney y le hace ver que su decisión está entre el amor a su familia y el amor a su profesión de periodista, cuando en realidad lo que realmente lo tiene dividido es el amor por su familia y su gran amistad con Sydney. Ante el temor de no volver a ver a su familia y el peligro a su persona, Pran decide quedarse con su amigo y seguir ayudándole en su labor periodística.

Poco tiempo después los Khmer Rouge insisten en que todos los camboyanos les sean devueltos y nada de lo que Sydney ni los otros periodistas intentan, logra salvar a Pran de ese terrible destino. Gran momento, cuando John Malkovich intenta revelar una foto recién tomada de Pran, para poder falsificar un pasaporte. Y gran desilusión cuando el pasaporte es devuelto debido a que la foto se ha borrado.

Es cuando comienza la segunda parte de la película (los cuatro años del régimen) y se relatan las desventuras vividas por Pran. Tiene que negar que es un hombre culto, que habla varios idiomas, que es periodista. Porque a los que confiesan, tan sólo les espera la muerte, muchas veces ejecutada por niños. Tras pasar mucha hambre y torturas, consigue escapar de donde está y acaba sirviendo al lider de otra zona. Su única tarea es cuidar de su hijo, y poco a poco, el líder va descubriendo quién es Pran y decide confiarle a su hijo en caso de que a él le pase algo. En los enfrentamientos de Vietnam contra los Khmer Rouge, este lider muere y Pran consigue escapar con el hijo de éste, un mapa y dinero americano entregado por el líder.

El camino es duro, y todos los que acompañan a Pran, incluído el niño, mueren. Finalmente Pran consigue llegar a un puesto de la Cruz Roja, donde colabora ayudando a los heridos.

En New York, notifican a Sydney que Pran ha aparecido y finalmente, en 1979, ambos amigos se reúnen.

Cabría destacar la bellísima fotografía, los momentos de tensión, los paisajes cadavéricos, las palabras no dichas. The Killing Fields es, no sólo una película histórica, sino una película humana, que defiende el valor del individuo por encima de naciones e ideologías, y que nos transmite el valor de la amistad verdadera y las ganas de vivir y salir adelante. Un peliculón que recomiendo a todo el mundo.

Premios: Óscars a mejor actor de reparto (Haing S. Ngor interpretando a Dith Pran), mejor fotografía y mejor edición.

Otra curiosidad es que a música original es de Mike Oldfield, y le dio tanto trabajo y tuvo que cambiar y empezar de cero tantas veces, que juró que nunca más volvería a trabajar para una película.