junio 18, 2008

La rendez-vous del lunes o como afrontar una reunión de trabajo

Posted in Circo del terror, Curro a 10:29 am por La Petite en Belgique

Finalmente la tan esperada reunión acerca de mi situación laboral tuvo lugar el lunes por la mañana.

El ultracatólico vino a buscarme al despacho con cara de culpable y diciéndome que se dijera lo que se dijera en la reunión, él quería conservar una buena relación conmigo.

– Eso signifa que lo que se diga va a ser malo.

– No sé, puede.

Pasamos por el despacho de la de RR.HH./hija del jefe/la loca y fuimos a esperarla a la sala de reuniones. La loca tiene la manía de romper trozos de papel de una libreta de cuadrícula y comérselos en medio de las reuniones.  Pasados cinco minutos en que ella terminaba lo que estaba haciendo, se vino también a la sala portando una carpeta con papeles dentro (serán los papeles con la subida de mi sueldo? pobre ilusa). Yo me senté a la cabecera de la mesa, quedando ellos uno enfrente de otro, a mi derecha y a mi izquierda. Nada de que se sentaran juntos y yo enfrente como si me juzgaran. No. Yo presido la mesa.

Ella empezó diciendo que yo me quejaba de mi sueldo y es entonces cuando saca la carpeta para indicarme lo que la empresa se está gastando en mí en cosas como el coche (parte mentira, porque 200 euros de mi sueldo se van ahí), la tarjeta para la gasolinera y el teléfono. Sin mirar siquiera los papeles le dije que ese dinero no me importaba lo más mínimo, dado que al banco tampoco le importaba en cuando a darme un crédito. Que estaban muy bien todas esas ventajas, pero que para mí no tenían ningún valor real más allá de su simple uso. Que el que llegue a fin de mes justa no es mi único problema. Que no pueda pedir un crédito si me quiero comprar un piso es un problema a la larga más importante. La loca se queda boquiabierta y mira al Ultracatólico diciendo:

– Bueno, parece que no quiere ver estos papeles.

– No, me parece que no.

Luego se dirige a mí otra vez y me pregunta qué más puntos quiero aclarar.

– Creo que ya hablé con los dos por separado y dije todo, con lo que no tengo nada más que añadir. Creo que la reunión era más para escuchar vuestra parte.

La loca vuelve a abrir la boca y se queda muda. Mira al Ultracatólico. El Ultracatólico es un poco más rápido de reflejos que ella y comienza a enumerar lo que ya les dije la otra vez a ambos por separado.

– La prima por los viajes a Argelia, las horas extras, el sueldo bajo, el horario, …

La loca me mira y me dice que la prima por los viajes a Argelia es imposible. Que si me paga algo a mí, tiene que darle algo a los demás también (3 personas más). Respondo que por supuesto.

– Pero es que nunca estuvo previsto nada así, nunca pensamos en ello. Y no puedo pagarle a todos…

– Pues mira que bien, ya es hora de que vayáis pensando en ello. Los tiempos cambian y es hora de pensar en cosas nuevas. En otras empresas lo han pensado ya hace tiempo.

En esto salta el Ultracatólico:

– Yo cuando voy a Argelia veo que gasto mucho menos. Está bien, no?

– Es entonces una ventaja el irse a Argelia. Yo aunque no esté en casa tengo que pagar el piso.

Boquiabierta otra vez. El Ultracatólico se sonríe por debajo de la nariz.

Pasa luego a hablar del sueldo. Me pregunta cuánto pido.

– Cuánto me ofreces?

Boquiabierta otra vez. Dice que tiene que pensarlo y hablarlo con el jefe. Ya sabía yo que iban a quedar cosas en el aire. Luego me explica que para subirme 100 euros, la empresa tiene que poner 200 (mierda de impuestos en Bélgica) y que eso es mucho dinero. Le digo que eso no es mi problema.

– Y esto es una empresa pequeña…

– Tampoco es mi problema. Sé que en otros lados las condiciones son mejores, y sé que este año hay demanda de ingenieros.

– Pero no te podemos retener a cualquier precio…

– Lo sé, cada uno tiene que sopesar su parte. Y si no puedo más, me iré.

Boquiabierta.

– Mira, la subida no sé, tenemos que verlo y no te puedo prometer nada ni hacer milagros…

– Yo tampoco.

– Pero lo que sí te puedo ofrecer son bonos para la comida, canjeables en el supermercado y restaurantes, por valor de 5.90 por cada día de trabajo al mes.

– Y si estoy en Argelia?

– Ah, supongo…

– Y los fines de semana?

– Los fines de semana no trabajas.

En esto el Ultracatólico contesta:

– En Argelia, sí que trabaja los fines de semana.

– Pues tendré que preguntar si se puede, si es legal.

– Que tienes que preguntar si el legal el recibir bonos los findes o si es legal trabajar los findes.

– Ah… los bonos, claro.

Pero yo noté un silencio demasiado prolongado.

En esto suena el teléfono y la loca atiende a grito pelado:

– Alguien se ha muerto!!!???? No? Alguien se ha muerto!!!!????? Pues estoy en una reunión!!! Después, Melanie!!!!!

Y cuelga. Melanie es una de las hijas de la loca. Pasada la interrupción sigo:

– Lo de los bonos está bien, pero no es dinero que entra en la cuenta, no es dinero que al banco le sirva para darme un crédito.

– Bueno, no exactamente, los bonos cuentan…

Luego pasamos a hablar del horario. Está claro que las horas extras tampoco me las quieren pagar, pero hice hincapié en lo de que el horario era matador a veces. A lo que el Ultracatólico respondió rápidamente ante la sopresa de la loca:

– Sí, tienes que reconocer que el horario es muy malo, que salimos tarde y todas las tiendas están ya cerradas, y que en invierno ni siquiera podemos ver ni un poco de claridad en el cielo.

Aclaro, la loca tiene un horario especial por ser madre, o séase, que sale a las 4 de la tarde. El ultracaólico sigue:

– Y yo daría lo que fuera por pasar más tiempo con mis hijos, y La Petite también tiene una vida privada. Y podríamos entrar más temprano, o comer en menos tiempo y salir antes. Pero yo ya le planteé esto al jefe y me dijo un “no” rotundo, y La Petite parece que tuvo la misma suerte. Y además, la razón fue una simple excusa.

A lo que yo añado:

– Porque aquí el horario es de 9 a 6 o 6 y algo, pero nunca 6 menos algo. Son siempre 9 horas (contando la de comer) o más, pero nunca menos. Y eso es algo que no entiendo. Debería ser compensable.

La loca sigue boquiabierta.

Luego pasamos a hablar de mi conversación de hace dos meses con el jefe y de su actitud hacia mí durante este tiempo.

– Mira, te voy a explicar como es mi padre…

– Mira, no me importa cómo es tu padre, puesto que es tan solo mi jefe, y que yo sepa aquí soy sólo una trabajadora, no vengo en busca de amigos.

– Mi padre es difícil a veces, cómo también es el tuyo, y lo sabes.

– De verdad que no sé que pinta mi padre en todo esto. Creo que esta conversación está fuera de lugar. Aquí vengo sólo a trabajar y mi vida privada y mis amigos son otra cosa.

El Ultracatólico salta:

– Es verdad que al jefe sólo le importa la empresa y le vida privada no existe para él, y cree que tampoco debería existir para nosotros.

La loca se queda sin palabras por enésima vez. Luego continúa:

– Es que mi padre…

Las últimas conclusiones es que:

  1. El jefe se comporta un tanto puerilmente porque no osa hablar conmigo porque no quiere enfrentarse al problema de que le diga lo que pienso.
  2. La loca se va a leer el reglamento porque no se acuerda de nada (dudo que se lo haya leído nunca) para ver si podemos hacer algo con el horario.
  3. Va a preguntarle al jefe qué hacemos con mi sueldo (el jefe nunca viene a reuniones en las que se hable de pasta, por lo que se reafirma en su actitud del avestruz).
  4. A fin de mes me darán los bonos de comida de este mes.
  5. Yo les repito que es bueno que yo les esté dando ideas en que pensar, que a veces es bueno reflexionar sobre las condiciones y los trabajadores. Y que estaría bien que se preguntaran porqué casi nadie aguanta más de año y medio aquí.

Y eso es todo, amigos, al menos por el momento. Teóricamente en un par de días a partir del lunes (o sea, hoy) deberían decirme algo del sueldo. Eso significa que con suerte a principios de la semana que viene sepa algo. Y como le dije a la loca: “Bueno, ya iremos viendo”.

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junio 11, 2008

Y sigue escurriendo el bulto

Posted in Circo del terror, Curro a 12:56 pm por La Petite en Belgique

Hace un rato ha venido la de RR.HH. (hija del jefe) para comentarme que el viernes habrá una reunión para hablar de mi descontento aquí últimamente. Los asistentes serán ella misma, el Ultracatólico y yo. La semana pasada ella me había prometido una reunión con cuatro participantes: los anteriormente citados y el jefe. Pero parece que sigue teniéndome miedo y necesita enviar a sus lacayos.

Así que volveré a tener las mismas conversaciones que tuve viernes y lunes y con las mismas personas, pero esta vez juntas. A ver si me doblegan, ja. El hecho de tener al jefe como factor novedad le resta todo interés a la reunión. Total, a todo lo que exija se me va a responder: “bueno, eso hay que hablarlo con el jefe”. Y las cosas que traigan habladas de antemano no las moverá ni Dios.

Tendré que practicar estos días en hacerme la dura…

El Ultracatólico y su fe

Posted in Circo del terror, Curro a 10:17 am por La Petite en Belgique

Por fin tengo un día más o menos tranquilo en el trabajo y puedo postear un poco. El tema, lo siento, sigue siendo el curro, el curro y el maldito curro.

Lo llevo mejor por momentos, pero entre la semana pasada y el principio de ésta hay días que pienso que ya no me quedan más fuerzas para seguir luchando por esta mierda. En casa las cosas bien. A veces se me hace raro que ese espacio que sólo me pertenecía a mí ahora esté ocupado por alguien más. El pequeño estudio está impregnado también por su esencia. Es raro a veces, pero reconfortante la mayor parte del tiempo. Al menos es un buen antídoto contra mi mal humor.

El lunes el Ultracatólico volvió de su semana de vacaciones en bici. Sé que tenía ganas de estas vacaciones y no más tarde, porque su mujer está ya de siete meses (no sé lo que es estar embarazada y me pegunto yo si eso de pasarse una semana pedaleando a lo bestia será bueno cuando se tiene un bombo de siete meses, pero bueno, ya sabemos cuánto piensa el Ultracatólico en los demás).

Nada más llegar ya intercambiamos una serie de palabras poco agradables. Él no entendía mi enfado de la semana anterior y yo seguía con ganas de sacarle los ojos. Le expliqué entonces mi trabajo en el desierto, lo de las 16 horas seguidas, etc. y entonces ya fue entendiendo un poco más. Le dije que estaba llegando a mis límites y entonces se me acabaron derramando las lágrimas por tercer día consecutivo en el trabajo (sin contar el finde, que el sábado también le di bien). El Ultracatólico se quedó de una pieza ante el espectáculo. Debo aclarar que él me considera una persona dura, trabajadora y valiente. Así que digamos, se quedó sin palabras.

También le dije que aparde del hecho de que me sintiera explotada por el número de horas que trabajo normalmente en Argelia, cobraba una mierda y me sentía poco valorada. El Ultracatólico será muy inteligente a veces, pero otras parece corto. En una ocasión me dijo algo así como que “la gente buena es pobre”, así que tuve que aclararle que mi deseo no es ser rica sino que se reconozca mi trabajo y vivir dignamente. Que este es un país muy caro, los alquileres están por las nubes, apenas ahorro y no tengo familia en este puto país que me pueda ayudar si de repente las cosas se ponen feas (que sí, que hay internet, vuelos y cuentas bancarias, pero como diría Alejandro Sanz: no es lo mismo). Y que además de no cobrar, el jefe no había dicho una sola palabra amable o de ánimo en los últimos dos meses. Que todo el mundo elogió mi trabajo en Cerist (algunos dicen que es el segundo sistema de educación a distancia de este tipo en el mundo, con Australia en el primer puesto) pero que el jefe no había soltado ni pío. O sea: ni me paga ni me reconoce el trabajo de manera simbólica. Pues así no, que una se cansa. El Ultracatólico me explicó que el jefe no es que esté realmente enfadado conmigo, sino que me tiene miedo. Desde la conversación que mantuvimos hará casi dos meses, parece que me he convertido en algo parecido a una piedra en el zapato. Soy alguien que le recuerda que está siendo un tirano y, como es cobarde, pues prefiere ignorarlo, mirar para otro lado y hacer como que no pasa nada. Pues sí que pasa! y mucho! Si hay algo que odio, además de la falta de respeto, es a los cobardes. No es que yo haya pasado por muchas penurias en mi vida (aunque sí algunas) pero lo que sé es que hay que luchar; y el ser cobarde, mirar para otro lado y dejar que otras personas te salven el culo es una actitud que para mí merece el mayor de los desprecios. Mi jefe, un señor de 65 años, que ha vivido de todo, que ha pasado por mil cosas, que es empresario desde muy joven. Ese señor me tiene miedo a mí? Yo, una casi recién llegada, joven y extranjera. Ese señor lo que tiene miedo es que alguien le diga cómo son las cosas, darse cuenta de que la situación no es idílica y que se le rebele el resto del personal, porque entonces va a dejar de tener los beneficios que tiene.

Pasé entonces a la parte B de mi exposición (parte que los dos téncicos, el otro 50% de la empresa apoyaron por unanimidad). Le dije al ultracatólico que si no cobraba extras a lo mejor me negaba a trabajar otra vez 16 horas seguidas. Me respondió que entonces él las hará.

– Sin cobrar un duro?

– Sí.

– Sabes que así no sólo te perjudicas a ti sino también al resto?

– Sí y sé que entonces, otra vez, el jefe gana, pero no me gusta el chantaje.

– A mí tampoco, cuando me lo hacen a mí.

Ayer martes hubo otra conversación interesante. Resulta que la semana pasada me envió un mail de trabajo, con unas instrucciones, y en esas instrucciones había varios errores, uno de los cuales me imposibilitó hacer una parte del trabajo porque no disponía de la información necesaria. Lo hablé con él.

– Sí, lo siento, pero ese mail lo escribí el domingo por la tarde, y estaba cansado porque había trabajado toda la tarde.

– Eso es lo que pasa cuando uno trabaja en domingo. Quizá no deberíamos trabajar el fin de semana…

– Sí, pero si no trabajo el fin de semana, el cliente no queda contento y la empresa puede ir a la bancarrota.

– Creo que en ese caso no sería tu culpa, y de todos modos el preocuparse de si la empresa va a la bancarrota y poner medios no es algo que te corresponda a ti…

Después de un silencio de diez segundos, el Ultracatólico pareció perder su fe, miró al suelo y dijo que yo tenía razón.

Pero yo sé que aunque haya mostrado debilidad, seguirá yendo a misa a diario y arrastrándose por el suelo mientras el jefe sale ganador y nos hunde a los demás en su miseria.

mayo 26, 2008

Al desierto…

Posted in Circo del terror, Curro a 9:05 am por La Petite en Belgique

Pensaba escribir hoy un largo post sobre algo importante para mí pero creo que finalmente no voy a tener tiempo. Hoy me voy a Argelia otra vez, pero esta vez a Hassi-Messaoud, en medio del desierto. Esta vez no tendré internet, ni nada de nada. Nos veremos a la vuelta, entre el viernes y el lunes.

Ahora tengo que terminar un par de cosas antes de irme. Se ha complicado un poco el día.

Cuidaos mucho y sed buenos. Bloggead mucho y así os podré leer dentro de unos días.

P.S.: Aquí, podéis leer algo más sobre el lugar.

mayo 20, 2008

Tiempo de decisiones y vértigo

Posted in Circo del terror, Curro, el Ken, Reflexiones a 2:21 pm por La Petite en Belgique

Llevo dos noches durmiendo mal. Como ya he comentado alguna vez, soy de las que caen en cama y es como si entrara en coma profundo. Pues llevo dos días que no. Y eso que cuando me acuesto estoy bastante cansada, pero no soy capz de dormir. Los fantasmas de las preocupaciones hacen su aparición y no se van ni con la respiración acompasada del Pequeño.

Pienso en lo que vendrá, aún sabiendo que por mucho pensar no puedo ni arreglar nada ni hacer venir nada. La fecha tope para matricularse en el master es el 1 de junio, a finales de la semana que viene. Pero no para mí, para mí es ya esta semana, pues el lunes que viene me vuelvo una semana a Argelia (sí, sorpresa de última hora), esta vez a Hassi-Messaoud.

Pienso en si podré hacerlo, en si me dará la pasta, en si podré trabajar a tiempo parcial. Pienso en pagar el piso, comer, hacer una vida digna. El Pequeño dice que no me preocupe, que si ese master es lo que quiero, que lo haga, que no me preocupe por el dinero, que él se viene a vivir conmigo y ya nos arreglaremos. Pero tengo miedo. No, mejor dicho, tengo pavor. Me da miedo estar sola en este país y depender de alguien. A decir verdad nadie sabe cómo pueden salir las cosas entre los dos, y todavía queda mucho tiempo por delante. De nada sirve que ya haya conocido a mi madre, que ya haya conocido a sus padres, que se venga a España conmigo a conocer a mi familia y amigos durante mis vacaciones. De nada sirve construir castillos en el aire. Porque el futuro se va dando, pero lo que está más allá de la vuelta de la esquina no existe.

Tengo miedo y la angustia forma un nudo en mi garganta. Lo cómodo sería quedarme donde estoy y no arriesgar, pero no sé si me veo capaz de seguir así muchos meses más.

En fin, el tiempo dirá.

mayo 19, 2008

Largo fin de semana que cura el alma y presentaciones

Posted in Circo del terror, el Ken, Finde moments, Reflexiones a 4:55 pm por La Petite en Belgique

Quería haber escrito este post ayer, pero llevo todo el largo fin de semana que me han concedido en el trabajo (es decir, de jueves a domingo) en un estado de semi-vagancia, semi-somnolencia y casi premenstrual cuando ni siquiera toca.

La última misión en Argelia me dejó destrozada a nivel físico y mental. Volví hecha una piltrafilla y sin brillo en la mirada. Como ya conté me dieron libre jueves y viernes pero la verdad es que estuve recibiendo llamadas de trabajo ambos días por la mañana, así que desconectar del todo tampoco desconecté.

Jueves y viernes (y la madrugada del sábado, por lo menos cuando me desperté en medio de la noche o ya casi de mañana) los pasé algo mal. Sentía otra vez ganas de llorar por todo. Lo malo era malísimo y lo bueno me hacía emocionar. Si el Pequeño me comunica que el domingo se va a hacer 100 Km en bici con dos amigos me entran ganas de llorar, si me dice cosas bonitas, también. Me daban ganas de gritar: Control! Ven a mi cuerpo!

Con mucho cariño y paciencia por parte de mi rubio preferido, volví poco a poco a ser yo misma de nuevo. Es curioso las cosas que se pueden dejar por el camino cuando los días son largos y las jornadas casi infernales. El viernes cenamos con Ñatito, nos fuimos al cine a ver “Las Vegas” (lo mejor: Kevin Spacey; cómo me gusta ese actor! Estaría fantástico hasta fregando los platos). Después del cine nos vamos de bailoteo con los demás y me desahogo un poco, pero sigo teniendo el mismo nudo en la garganta con el que me vine de Argelia. Al menos el pub me trae buenos recuerdos porque fue donde el Ken y yo comenzamos esto que estamos intentando construir y surgieron un par de bromas al respecto.

Ambos estábamos un poco cansados y además él jugaba un partido de baloncesto al día siguiente, así que nos fuimos relativamente pronto a dormir. El partido en cuestión era en su pueblo natal, donde además celebrarían una barbacoa con motivo del final de la temporada.

Al día siguiente nos levantamos a las 10, desayunamos como reyes, hicimos algo de compra en el super y cogimos el coche para ir a su pueblo. Cuando estábamos llegando, y mientras me daba indicaciones del tipo “ahora gira a la derecha” noto que las manos le sudan más de lo normal. “Justo la segunda casa a la izquierda es la mía, puedes aparcar en esa zona de allí”. Es una carreterita con bonitas casas a ambos lados y mucho verde alrededor. No se ve a nadie en las inmediaciones pero “ese coche es el de mi hermano y ese otro el de mi padre, con el que aprendí a conducir”. Me doy cuenta de que iba yo muy a la ligera que sólo mi subconsciente había sabído a lo que atenerse (en ese momento vi clarísimo que mi subconsciente lo había sabido todo desde el principio).

Aparco, me conduce por el caminito hacia la entrada de la casa (pero qué jardín más bonito) y abre la puerta. Es una especie de garaje con una lavadora, un perchero y una estantería con zapatos y zapatillas. Se descalza y se pone unas chanclas. Lo imito y me dice que me puedo poner las zapatillas de su hermana. Empiezo a ponerme algo nerviosa (pero poco poco, que una es una mujer de mundo). Cruzamos la puerta que está al lado de la lavadora y entramos en una cocina limpia y austera. Alfondo de la cocina hay una puerta. Yo sigo al Ken, que la abre y la cruza. Y de repente al otro lado, justo al otro lado de la puerta como si estuvieran esperándonos (de hecho, es que estaban esperándonos), me encuentro a cuatro personas. Presentaciones: su madre, su padre, su hermano y la novia del hermano. Los cinco formando un semicírculo y yo acorralada en el centro con la espalda contra una estantería. Me miran. No, me observan.

Finalmente después de un minuto que me pareció durar más de lo deseado, nos sentamos en los sillones. El Pequeño a mi lado, cogiéndome la mano en todo momento (y sudando más todavía, pobre). De repente su madre salta “ah, el Ken es tímido, nunca masca chicle y hoy no para, se nota que está nervioso” (si eso ya lo sé yo). Hablamos un poco (se portan bien y hablan sólo en inglés). Su madre es amable y cuenta anécdotas, su hermano es muy simpático y la novia es agradable, pero el padre es observador y hace preguntas raras. El Ken tiene la boca y la nariz de su madre, pero los ojos y los gestos de su padre. Es curioso estar ahí.

En esto, de repente, mamá Ken saca el atlas de la estantería y empieza a buscar Vigo, mi ciudad (por favor, parece que se supieran toda la historia de memoria, me siento algo intimidada). Encuentra Vigo en el atlas y se dedican a pasárselo de mano en mano para comprobar que está ahí arriba, en la esquinita. Su padre no deja de murmurar una y otra vez: “ah, hijo, Vigo, Vigo, ya has estado en vigo? Tienes que ir a Vigo”.

Al cabo de un rato su madre comenta que el Ken aprendió mucho antes a hablar que a caminar, cosa que también me pasó a mí, que hablaba como una cotorra y perfectamente pero de andar nada de nada. “Ah, tú también, qué curioso”, y luego añade como para sí “a vuestros hijos les va a pasar lo mismo”. A mí se me quedan los ojos como platos. Seguimos conversando y al poco el Ken se tiene que ir al pabellón para reunirse con su equipo, así que me quedo sola en el salón con esa panda de desconocidos que han decidido adoptarme. Por suerte no hay ningún comentario acerca de la edad, aunque estoy segura de que saben todos los detalles.

Al cabo de un rato decidimos (deciden) que es hora y nos encaminamos al pabellón, que está a menos de 5 minutos andando (no es un pueblo, es un mini-pueblito). El Pequeño jugó muy bien y su equipo ganó el partido. Era casi el más alto de su equipo y por cierto, el más guapo (una barre para casa). Yo mientras tanto con la familia política, que ya andaban algo más relajados y de vez en cuando hablaban en flamenco (y yo sin pescar casi nada). Después jugó su hermano y el ken vino duchadito. Se acercan un par de amigos, y en las conversaciones cojo cosas sueltas, todas referidas a mí: que de dónde soy, que de qué trabajo, que dónde trabajo. “Sí, no habla flamenco porque trabaja en zona valona”.

Acaba el partido del hermano (pierden) y nos vamos a comer. Toda la familia juntita otra vez (y yo que no sé donde meterme). El ken está muy cansado. Sus padres se van y al poco nosotros también(después de despedirnos de sus amigos, que por supuesto siguieron haciendo preguntas sobre mí).

La vuelta a casa la hicimos dando un rodeo, paseando por el bosque. Es una zona muy bonita, pequeña, muy verde y muy cuidada. Es el lugar donde él ha crecido, donde él ha jugado y donde él ha aprendido a amar.

A la vuelta a casa me enseñó su antigua habitación, nos despedimos de sus padres (papá Ken otra vez con comentarios extraños) y cogimos carretera de vuelta a casa.

Fue un día extraño, diferente, y a pesar de lo que he escrito, sorprendentemente relajante, justo lo que me hacía falta para sobreponerme de mi viaje a Argelia. Las ganas de llorar se me fueron por completo y empecé a sentirme más yo 🙂

El domingo nos levantamos temprano porque él se iba a hacer los 100 Km con los dos amigos, pero luego quedamos para lavar la ropa y cenar. Quién cocinó? Pues él. Si es que me mima mucho 😛 Luegos nos volvimos a ver Walk the Line, como broche de oro, recordando cómo empezó todo esto.

mayo 15, 2008

Memoria, sueños extraños y descolocada

Posted in Circo del terror, Curro, el Ken, General, Lonely moments, Reflexiones a 10:13 pm por La Petite en Belgique

Llevo ya más de 24 horas aquí, y sigo descolocada.

Ayer me tuve que levantar a las 5 de la mañana para comprar el billete del avión de las 7:50 Argel-París (CDG). La noche anterior no podía dormir. El día había terminado bien, mi trabajo hecho y reunión agradable con el jefe de la empresa que tenemos subcontratada. El Ultracatólico y yo nos fuimos a cenar a un libanés. Pero era ya tarde, la comida libanesa demasiado pesada para mi gusto y yo me sentía rara. Me metí en cama sobre las 23:30. Pero no podía dormir. La memoria llevaba dos días jugándome malas pasadas. Ya no podría recordar sus ojos, ni su olor ni el sol por las mañanas sobre su piel. La memoria me robó lo único suyo que tenía. Y no podía dormir. Ni siquiera era capaz de imaginar el reencuentro del día siguiente. Nada. Bloqueo. Es como si cada vez que me fuera a Argelia, el país se quedara con una parte de mí, me la robara. A las 12:15 yo seguía dando vueltas en cama.

A las 5 me levanté. Había ya algo de claridad fuera, pero muy poca. Me duché rápido, cogí mis maletas y salí. En recepción me esperaba Said, un taxista amigo del jefe. Fue mucho más agradable que las veces pasadas. Llegamos al aeropuerto, compramos mi billete y me condujo hasta donde pudo.

En los controles me hicieron abrir la maleta de mano porque llevaba dentro una pantalla táctil AMX de 11 pulgadas (que cuesta un pastón). “Qué es eso?”. ” Es una pantalla pequeñita para el ordenador” (mentira cochina, pero es lo que me han enseñado a decir para que me dejen pasar sin problemas). Caras de no tener ni idea. “Ah, vale, c’est bon, c’est bon”.

Intento dormir en el avión. No hay suerte. Algo me da una alergia horrible y no dejo de moquear y estornudar, y tengo el ojo derecho que parece un huevo frito. Tampoco tengo ganas de leer. Cambio de hora. Llego a las 11 y pico a París, larga espera en control de pasaportes y a la espera de la maleta. En ese aeropuerto hay una terminal del TGV, que tengo que coger para ir a Bélgica. Busco la terminal y parece que está en el fin del mundo, porque ando y ando y parece que nunca llego.

Sólo una de las 8 ventanillas está abierta, y hay una cola muy larga. Mi tren sale en 25 minutos. Espero que me dé tiempo. Finalmente me da.

En el tren llamo a mi empresa para avisar de que llego a Bruselas Midi a las 14:12. Hablo con la encargada de RR.HH. (hija del jefe) y me dice que envian a Radio Macuto a buscarme. También me dice que me coja libre jueves y viernes y me reponga para el lunes. Por mí perfecto.

Llego y Radio Macuto y yo parecemos desincronizados, porque nos lleva largo rato encontrarnos. Mientras tanto me compro un bocadillo (estoy hambrienta). Radio Macuto me dice que mi coche aún no llegó de reparación, pero que lo hará a las 16:00. Mierda, eso significa que tendré que esperar media hora en la empresa. Paciencia, que es la madre de la ciencia, me repito. Estoy agotada. He dormido menos de 5 horas.

Llego a la empresa y tengo que ir al despacho a entregarle unos papeles al jefe de parte del taxista. Me apetece ver al jefe tanto como tirarme por la ventana (no estoy para batallitas). Estoy de mal humor y sumamente cansada. Le dos los papeles y al verme la cara me insinúa que quizás no quiera oir cómo estoy. Le contesto que quizá no quera saberlo.

Al cabo de media hora llega mi coche y me voy. Por el camino me llama el Ken. Que si ya estoy en casa. Le digo que estoy de camino, y que llegaré en media hora. Él dice que también irá pronto, que no es capaz de concentrarse en el trabajo y que quiere verme.

Llego a casa (por favor, qué desorden), me ducho, empiezo a deshacer las maletas y al rato llega él. Fue raro el volver a verlo después de 10 días. Seguía igual de alto, igual de rubio, igual de guapo, pero yo por dentro estoy distinta. Me abraza, me emociono y suelto la lagrimita que lleva días queriendo salir. En ese momento no hubiera pedido nada más en el mundo. Nada más.

Me dice que ha tardado porque ha parado en su casa para ducharse y afeitarse (guapo guapo guapo) y para ir al super. Traía comida y ganas de cocinar. Ah, y una botella de vino. Salimos a dar un paseo y a disfrutar de los últimos momentos de buen tiempo en Bélgica (me pude poner vestido y sandalias!), hasta que empezó a llover fuerte.

Vinimos a casa, hizo la cena, puse la mesa y nos sentamos a comer. Todo pasó como un sueño. Yo no podía pedir nada más.

Nos acostamos a la 23:15. Yo relajada de verdad después de muchos días, en el hueco entre su cuerpo y su brazo, me dormí tan rápido que ni me di cuenta.

Pero volví a despertarme en medio de la noche. A las 5. Sueños raros otra vez. Soñé que me moría. No una, dos veces. Las dos eran parecidas. Yo estaba en casa de mi madre, en cama. Ella estaba conmigo, y de repente, la luz se apagaba y sentía un peso en el pecho. La segunda vez fue parecida, pero las dos sabíamos lo que iba a pasar. Ella me preguntó: “es ya?”. Y sí, faltaba ya poco. Fue muy raro. Yo sólo sentía una profunda tristeza, no sólo por irme, sino por hacerle eso a mi madre. Morirme allí, en casa. Darle el disgusto de verlo, de ser la primera en verlo. Y de ser un engorro. Es engorroso morirse. No es simplemente que la luz se apague y todo se acabe. Dejamos un cuerpo atrás del que alguien tiene que ocuparse. Yo estaba triste por la tarea que le esperaba a mi madre. Muy triste y un poco angustiada.

Me levanté al baño y volví a la cama. Volví a buscar el hueco entre su brazo y su cuerpo pero esta vez me costó más dormirme. De todos modos, el hecho de estar en casa, en mi cama, sintiendo su calor y escuchando su respiración, me tranquilizó.

A las 7:30 le sonó el despertador. Desayunamos y se fue a trabajar. Ya me había acostumbrado a tenerlo todo el tiempo a mi lado. Me siento sola. Es raro. Creo que he venido con una gran carencia de cariño y en este momento soy como una esponja.

Vuelvo a la cama, y después de un rato me duermo. Duermo y duermo hasta las 12 del mediodía, en que aunque mi cuerpo no quiera, lo obligo a levantarse e irse a a ducha. El sueño que he tenido por la noche sigue ahí, en algún lado de mi mente. Me voy al super en la bici y hago la comida. Estoy cansada. El haberme pasado 9 días sentada en una silla sin ningún ejercicio físico me deja secuelas.

Me llama el Ultracatólico. Que el jefe le ha dicho que mañana viernes yo voy a preparar el cursillo que él tiene que darle a los argelinos.

– Qué? Pero si la de RR.HH. me dijo que no trabajaba, y ayer vi al jefe y no me dijo nada.

– Bueno, pues puedes ir a hacer sólo eso y luego te vas.

– Y me lo van a contar como día libre?

– AH, eso no lo sé.

– Mierda

Le dije que no me parecía justo ser la víctima de la desorganización de sólo 3 personas. Me dijo que tenía razón, que a ver si conseguía que otro le hiciera lo del cursillo.

Mi propósito para hoy era limpiar toda la casa e ir a la lavandería. No he cumplido ni la mitad. He limpiado la cocina (mini-cocina) y el baño. Después de ese gran esfuerzo me he ido al cuartel general a ver al matrimonio. Está el solo. Ella está en el super. Él me cuenta que está mal, que ha decidido ir al psiquiatra. Cojo la nocticia como puedo. Llevo 24 horas en un estado de hipersensibilidad capaz de arrancarme las lágrimas a la mínima.

A las 8 me voy a clases de Swing, como todos los jueves. Estoy agotada. Los paseos en bici que me he dado hoy y el baile me dejan exhausta. No estoy en forma. Recuerdo que hace tan solo un mes nadaba dos veces por semana, escalaba también dos, jugaba squash otras dos y la restante bailaba swing. Pero todo eso ya no es así. He vuelto de Argelia hecha una piltrafilla.

La palabra que mejor podría definir mi estado sería descolocada. No sé qué es lo que me pasa, pero estoy triste. Siento que el trabajo y Argelia me ha robado una parte de mí, y aunque ayer en muchos momentos con el Pequeño, sentí como si nunca me hubiera ido, hoy estoy rara. Supongo que lo único que me hace falta es descansar y volver a acostumbrarme al ritmo de vida aquí.

Acabo de llegar de Swing y el Pequeño ha ido a jugar un partido de futbol pero está al caer. Sólo me apetece perderme entre sus brazos y olvidarme de todo. Mañana es otro día.

“Y morirse de risa es la muerte mejor” (Amaral)

mayo 13, 2008

Me voy a casa

Posted in Circo del terror, Curro a 5:59 pm por La Petite en Belgique

Este será el último post desde Argelia. Es posible que esta noche escriba algo, pero hasta que llegue a Bélgica no podré publicarlo.

Finalmente cojo el avion a París mañana a las 7 de la mañana. Desde allí el TGV me llevará a Bruselas, donde alguien de la empresa me estará esperando.

La Cruzada para mí se acaba. Aún me queda algo de trabajo hoy y alguna reunión para hablar del trabajo que me espera en Bélgica, pero lo más duro ya ha pasado.

Gracias a todos por estar ahí. Hoy el sol brilla y acaricia con sus rayos.

abril 30, 2008

Realidad y contrastes

Posted in Circo del terror, Curro, el Ken, General, Reflexiones a 8:20 am por La Petite en Belgique

En estos momentos el trabajo está en una fase complicada. Nuestra empresa está desarrollando un sistema de educación a distancia para 60 universidades argelinas. Nuestro cliente: el ministerio de educación de Argelia. El responsable de la programación de las putas 60 universidades: Yo. Los plazos: sobre 9 de mayo quieren el sistema funcinando y un training dado. Los riesgos: La bancarrota de la empresa.

Este proyecto comenzó allá por el 2005, que fue justo cuando se establecieron las condiciones del contrato. Un ingeniero anterior a mí programó el sistema y abandonó el puesto de trabajo jurando haber terminado con su parte. Pero no. Un año después de que los 60 racks (armarios especiales con todo el equipo dentro) fueran enviados a Argelia sin posiblidad de retorno se descubre que la programación hecha no reune el mínimo de requisitos necesario y hay que darle un nuevo enfoque.

Así llevo un par de meses. Intentando dar un nuevo enfoque a una programación de unos equipos que se encuentran en Argelia, intentando hacer los tests necesarios por internet, con las redes argelinas que se caen cada dos por tres, con direcciones IP incorrectas, con cortes de corriente porque alguien ha desconectado el diferencial (claro, el finde allá es jueves y viernes), con routers que no funcionan, con gente que no se hace responsable de su trabajo y con multitud de cosas que son IMPOSIBLES de chequear en la distancia.

A esto hay que sumarle que andamos cortos de personal y cada dos por tres tengo que parar este proyecto para hacer otras cosas, que el director técnico me grite porque esté estresado, que mijefe me cuente batallitas justo en mi hora de salida y que no cobre las horas extras ni los viajes y que mi sueldo me dé justito para vivir.

Así que en estas estamos. Hace dos días el director técnico me dijo que se iría el lunes entre dos y tres semanas a Argelia para acabar de testear la programación y dar el cursillo final. Ayer antes de comer me dijo que la que tenía que ir era yo.

Me llamó por teléfono a las 7 y pico para preguntarme si todo estaría listo para el lunes. Le dije que si tenía que estar, estaría, pero que no entendía el cambio de planes repentino.

Hoy, en una reunión con el jefe, el director técnico me acaba de decir que no sabe cuánto tiempo me voy (o nos vamos o yo que sé), pero se podría estimar entre una y dos semanas.

El tiempo no sólo dependerá de que yo deje el sistema programado y niquelado, sino también de la puta indisciplina argelina. Necesito varias universidades (emisores y receptores) funcionando y con algún responsable para poder recabar cierta información mientras hago los tests. No es raro ir a una universidad donde previamente se ha concertado una cita y que esté cerrada a cal y canto y que no haya NADIE que se haga responsable (ante esto se actúa con llamada al ministerio, pelearte con el burócrata de turno y que alguien haga las llamadas pertinentes para que aparezca alguien con unas llaves). Una vez la universidad está abierta, si hay corriente para alimentar los equipos y no han desmontado todo (los equipos de los racks) entonces es un día de suerte. Sumémosle también que Argelia es un país, digamos, grande y, digamos, mal comunicado, y que las 60 universidades están desperdigadas por TODO el país. Y tengo que FINALIZAR TODO el sistema. Bien! (nótese el tono irónico de a exclamación).

Joder, con esta visión me parece que no voy a volver nunca.

Por otro lado, en el resto de los aspectos, me encuentro bien. El tiempo aquí en Bélgica es una mierda, pero cuando el pequeño viene a casa es como si luciera el sol y las preocupaciones se fueran por el retrete abajo. Él me da paz, cariño y seguridad.

Un putadón lo de irme el lunes. Cuando se lo dije se le cayó el alma a los pies. Va a ser la primera vez que estemos separamos desde que empezamos lo que empezamos. Me jode un poco, pero es lo que hay. Le dije que volvería, y que cuando lo hiciera, volvería a él. Me ha respondido con un “always for you” que casi hizo que me derritiera y se me saltaran las lágrimas. En fin, paciencia, que es la madre de la ciencia.

Y ahora que lo pienso, casi compensaba que se viniera a vivir. No usa su cama ya no recuerdo hace cuánto, se ducha y desayuna aquí todos los findes y parte de los días entre semana, y se viene en cuanto queda libre. Y lo de compartir gastos también nos vendría bien a los dos…

Bueno, nada, desvaríos previos a un puente que para mí será la agonía previa al viaje.

abril 25, 2008

La salud

Posted in Circo del terror, Reflexiones a 9:42 am por La Petite en Belgique

Las cosas más importantes en la vida según google, se pueden encontrar en este post de microsiervos. Ahora en serio, si se le pregunta a alguien qué es lo más importante en la vida, habrá diversidad de opiniones repartidas entre: salud, amor, seguridad financiera, la familia, la vivienda, etc. La posición de la salud como bien importante en nuestra vida variará según la edad de las personas, cobrando más importancia en las personas de edad más avanzada. Pero yo creo que cada vez hay más jóvenes preocupados por la salud. A nuestro alrededor vemos que existen cientos de personas con todo lo que cualquiera puede desear para ser feliz, pero que ven su vida cercenada por un cáncer o cualquier otro mal de los no-sé-cuántos que amenazan a la población actual.

Cuando yo tenía 12 años, mi tío, de 33, una persona super super vital, murió de cáncer de pulmón. Fue ahí cuando empecé a pensar en eso de la salud como un bien imprescindible. Hay algo que con el paso de los años y la independecia he curado (por mi salud mental): yo era una hipocondríaca redomada. Siempre fui perfectamente consciente, incluso desde pequeñita, de la fragilidad de la vida y los terribles peligros que la acechan. Debido a esta mierda, tuve problemas de insomnio desde que tengo consciencia (4 años? 5? joder, una niña de 8 años contando hasta 800 ovejas y dejándolo por aburrimiento, no por dormir) hasta los 23. Qué pasó a los 23? No sabría decirlo exactamente. Antes ya había tenido líos con hombres, pero a esa edad fue la primera vez que dormí con alguien que no fuera amigo o familiar. A eso habría que añadir que ese verano mis dos abuelas se pusieron enfermas a la vez, mis padres estuvieron a punto de separarse (pero sólo a la segunda fue la vencida), se me inundó la habitación y mi hermana tenía una horrible ansiedad que no la dejaba dormir ni respirar. Compartíamos habitación debido a lo de mi inundación y creo que las dos lo agradecimos. Supongo que algún mecanismo desató en mí todo esto que las noches de insomio generalizadas se acabaron. Basta ya de llorar por “lo que podría ser” y preocupémonos por los problemas reales.

No me gusta hablar de lo que no sé porque puedo pecar de imprudente, pero puedo intentar transmitir lo que me cuentan. Algunos posts de Brujaroja (hola guapa 🙂 espero que no te importe que te nombre aquí), el último post de Dudo y la conversación que mantuve ayer con Eric, uno de mis compañeros de escalada, me han hecho reflexionar acerca de este bien tan valioso que es la salud.

No os voy a contar qué es lo que le pasa a Brujaroja porque creo que le corresponde a ella hacerlo y os invito a que os paséis por su blog, que es una auténtica delicia (qué bien escribe, olé), pero si voy a hablaros un poco de mi amigo Eric (que por cierto, mi madre opina que está para untar con pan, eh, Arroaz).

El chiquillo en cuestión tiene 27 años, es un chico fuerte, hasta hace poco saludable, vital y con mil proyectos en mente. Viajero compulsivo y amante de lo natural. Hace como poco más de un mes (la noción del tiempo nunca fue lo mío, sigo teniendo la misma que con 4 años…) le diagnosticaron una alergia alimentaria. El problema es que al parecer había tantos alimentos capaces de desencadenar los síntomas que empezaban con picor general y terminar con shock anafiláctico, que no pudieron decirle a ciencia cierta qué podía comer o qué no. Ayer me contaba que han hecho más averiguaciones. Le hicieron unos tests para ver a qué alimentos era alérgico y dio positivo en TODOS: soja, melocotón, nueces, cacahuetes, naranja (!), tabaco (era fumador hasta hace dos semanas) y unos cuantos más. Todavía no está claro si puede ser alérgico a algo más, por eso debe andar con ojo. En este tiempo ya ha estado 5 veces en urgencias por shock anafiláctico y lleva siempre consigo su jeringuilla de adrenalina.

También me contó ayer sobre su problema para dormir debido a que hace dos años que sufre de Tinnitus. Cuando mencionó la palabra yo me quedé a cuadros (qué inculta soy a veces, mi padre me va a desheredar). Resulta que Eric trabaja como técnico de luces freelance en todo tipo de conciertos, festivales y demás actos, y hace dos años trabajó en un festival tecno durante 10 interminables noches de música a todo volumen. Desde entonces vive con ese permanente zumbido en su cabeza que no le deja dormir y que durante los primeros meses le convirtió en un zombie. Algo se estropeó irremediablemente en la conexión entre su oído y su cerebro y ya nunca volverá a ser lo mismo. Ese zumbido constante lo acompañará siempre, día y noche. Me contaba que para poder conciliar el sueño se fumaba un porro de marihuana todas las noches, pero, oh, destino, también se ha vuelto alérgico a la marihuana (además de al tabaco), así que digamos que le teme a la hora de meterse en cama y cuando llega la noche aprovecha para salir y relajarse un rato. Ayer, yo delante de mi zumo de naranja y él de su cerveza, me dijo que estaba dispuesto a emborracharse, y que iba dejar de quejarse porque realmente aún tiene dos brazos y dos piernas y hay gente que está mucho peor que él en el mundo.

Hay cosas que sólo se valoran cuando se pierden. Intentemos valorar y disfrutar de la salud cuándo aún podemos. La vida es corta, cuatro días y, como decía mi profesor y tutor de proyecto, Julio, la mitad son noches. Así que a disfrutar y (Dudo, robo la frase del médico de tu post) “Mientras haya música seguiremos bailando. Y a ser posible, con una sonrisa“.

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