enero 30, 2013

Se cierran capítulos

Posted in Circo del terror, Curro, el Ken, Madrid, Mobbing, Reflexiones, Smiling a 3:33 pm por La Petite en Belgique

Pensé que nunca más escribiría en este blog. De forma más o menos indirecta me acabo de enterar por el tacones de que el circo del terror ha cerrado por haber entrado en bancarrota. Aunque suene mal decirlo me he alegrado de que el karma haya puesto las cosas en su sitio.

Y mientras tanto, el Ken y yo llevamos un año en Madrid, y la vida es bella, muy bella, tanto como nunca antes lo había sido ni nunca volverá a serlo. Carpe diem.

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diciembre 12, 2011

Estrés

Posted in Curro, De médicos, El gigante de tres letras, el Ken, Lonely moments, Madrid a 5:37 pm por La Petite en Belgique

Después de cuatro años, hoy el Ken a tenido su primera defensa de doctorado. Parece que ha ido bien, tendrá que hacer unas pocas correcciones y en enero tendrá la segunda defensa, la más informal.

Y parece que estoy más estresada de lo que creía. Llevo casi dos semanas con taquicardias intermitentes que desembocaron en una visita a urgencias el sábado por la noche, cuando ya me encontraba en cama y había dormido dos horas.

Tras casi cinco horas en urgencias me dijeron que estaba todo bien, pero que tenía que tener cuidado con el estrés. De todos modos me sugirieron pedir cita con un cardiólogo para estar 100% seguros.

Llegué a casa, desayuné, me tomé la pastilla que me dieron y me metí en cama a las 7:30. Me dormí como un tronco hasta las 15:15 que me desperté, y me pasé el resto del día totalmente grogui. Un día perdido en toda regla.

Casi tres semanas sin saber nada de los de la mudanza. Hoy los llamé por la mañana  y resulta que el que llevaba mi caso está de baja y nadie sabe nada. He vuelto ha hablar con ellos esta tarde para darles la referencia de la empresa de Bélgica y me aseguraron que en un día o dos se pondrían en contacto conmigo.

Y aún tenemos que buscar piso en Madrid, y mil cosas más que seguro están aún a medias.

Y en el trabajo estamos hasta el cuello…

Y qué piltrafilla soy y qué mal soporto el estrés. Mi cuerpo siempre tiene que acabar rebelándose y diciendo “hasta aquí hemos llegado”.

noviembre 2, 2011

La tele me envenena

Posted in el Ken, Family Tales, Lonely moments, Madrid, Vigo a 1:02 pm por La Petite en Belgique

En Bélgica contraté televisión por el simple hecho de que en varios casos ha demostrado ser de utilidad a la hora de aprender idiomas. Pero no, si ya veía poca tele cuando vivía en España, ahora menos. Y menos es nada. Seguí pagando la TV por dos razones:

1. Porque venía en un paquete incluído con internet, teléfono y llamadas gratis a teléfonos fijos de toda Europa. Total, 65 euros.

2. Porque el Ken ve todos los junios el tour de Flandes.

Hace dos semanas mi jefe me dijo que aún me quedaban dos semanas de vacaciones pendientes (sin contar Navidad, que esas ya las he pedido), y que si no las cogía antes de acabar el año, que las perdería. Así que, dado que mi madre tiene que seguir guardando reposo, decidí cogerme un billete a Vigo y relevar a mi hermana y a mi tía. Fuimos en tren al aeropuerto. A última hora decidieron cancelar un tren, y el siguiente hizo otro recorrido y nos tuvo parados un buen rato. Así que me planté delante del mostrador de facturación 25 minutos antes de saliera mi vuelo. Por supuesto que mi maleta no podía volar, así que me fui corriendo con mi equipaje de mano, que consistía en mi portátil, mi cámara de fotos y nada más.

Al llegar aquí me encontré con un edificio que lleva seis meses sin presidente de la comunidad, sin calefacción y algo de ropa vieja en el armario. Mi madre está algo mejor, pero no puede hacer esfuerzos y me he tenido que convertir en su sombra durante las 24 horas del día. Hago las tareas que ella haría. Vamos juntas a la compra, llevo las bolsas, tiendo la ropa, cargo con las bombonas. Pero tengo que vigilarla en todo momento porque cuando no miro hace cosas que no debería. Me cansa mucho mentalmente, porque cuando la cazo en plena faena se cabrea mucho, y eso me obliga a andarme con ojo avizor todo el rato.

Decía que en Bélgica yo no veo la tele, sólo series o películas que yo quiero y cuándo quiero. Las noticias las leo en el periódico en internet. Aquí mi madre tiene la tele puesta todo el día. Todo el día. Y cómo no, como la mayor parte del país, la cadena televisiva que más a menudo aparece en su pantalla es Tele5. Y me mata, me envenenta, me estresa. Se oyen las mismas noticias una y otra vez, de forma sensacionalista y comentadas por el charlatán de turno. Tengo a la Esteban que se me mete en la cabeza y no me deja pensar. La Esteban y sus secuaces, que lo único que saben hacer es gritar y vivir del cuento. Gritan, me marean, me estresan, gritan. Necesito paz. Odio la Tele5 y si no fuera porque también he pertenecido al gremio, me darían ganas de quemar los estudios de televisión.

Ayer por la tarde decidí poner una película (Los amantes del círculo polar) y conseguí que mi madre se enganchase. Un respiro.

Y para colmo, mi sobrina de 22 meses ha decidido que su tía está muy bien cuando aparece en la pantalla del ordenador, pero no cuando se pasa el día en una casa donde no tiene derecho a estar y cuando tiene manos que la sujetan en determinados momentos. Se queda a veces cuando mi hermana trabaja, y como mi madre está muy limitada, me toca a mí meterla en la cuna, cambiarle los pañales, etc. Y me odia. No soporta que la toque, me manda estarme quieta cuando bailo su música. Siempre he dicho que se me daban mucho mejor los perros que los niños. Le intento dar la comida y no la quiere porque se la doy yo. Sólo la abuelita tiene derecho a eso. Y la consienten. Si dice que no a la tía, pues se la da la abuela. Así que tengo las de perder.

Estoy bastante cansada mentalmente.

La semana pasada me llamó el Ken y me dijo que el profesor de Madrid ya le ha confirmado que hay dinero para un puesto para él, y que le darán una ayuda para la mudanza. Por fin buenas noticias. Ya sólo toca atar los últimos cabos. Ultimar la mudanza y concertar detalles con mi jefe.

Lo único bueno que he sacado de la tele ha sido esto. He descubierto una canción:

octubre 5, 2011

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Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, el Ken, Family Tales, Lonely moments a 1:28 pm por La Petite en Belgique

Hace un mes mi manager me felicitó personalmente por tener el record de casos cerrados de todo el departamento. El cocodrilo y yo hemos demostrado ser los mejores este año. Números, números, no hay otra cosa que importe más que los números. Por desgracia, el cocodrilo y yo somos los únicos del departamento a los que se nos ha hecho contrado de duración determinada, con fecha de fin en agosto.

Hoy teníamos una reunión con nuestro manager y con un manager de Atlanta (por teléfono) donde se nos ha felicitado otra vez por el trabajo hecho y se nos ha dicho que, debido a los múltiples cambios estructurales en la empresa (han comprado otra empresa y se ha consolidado un nuevo departamento) es muy posible que de aquí a dos meses nos den un contrato permanente. Han dicho muy claro que nos quieren dentro, que estamos los primeros de la lista y que van a hacer todo lo posible por mantenernos.

El cocodrilo ha puesto cara de agonía, ya que el contrato permanente lo necesita ahora, porque tiene que pedir un crédito de 15.000 euros al banco. Y yo, tras la reunión, le he pedido 5 minutos a mi jefe para plantearle mi situación y mis planes futuros.

Le he dicho que en enero le digo adiós a Belgica, bye bye,  sayonara, que te den, au revoir, tot ziens, see you later alligator. Que debido a mi situación familiar, quiero estar algo más cerca de mi madre, y que el Ken acaba este año su doctorado y que ha tenido ofertas en varios países, incluyendo España. Se ha quedado de piedra, y menos mal que estaba sentado, porque se habría caído de culo. Era lo que menos se esperaba. Le he dicho que si es necesario, podré trabajar durante unas semanas o un mes (lo que se me permitiera) desde España hasta que encontraran a alguien. Fue entonces cuando me preguntó si me interesaría seguir en el Gigante de las Tres Letras. Y le he dicho que sí. Insinuó entonces que podríamos intentar un traslado de país a la vez que un cambio de contrato. Pero claro, él no lo ha dicho, pero ambas cosas aún se tienen que ser aprobadas por los grandes tacañones.

mayo 24, 2011

Cambios de última hora

Posted in Bruselas, Curro, De médicos, El gigante de tres letras, el Ken, Family Tales, Lonely moments, Vigo a 12:09 pm por La Petite en Belgique

Llevo unas semanas un poco más estresada de lo normal. No es sólo el trabajo, sino más acontecimientos que se unen para no dejarme ni un momento de descanso. El sábado se casa el hermano del Ken, con todo lo que ello conlleva. Nunca he sido partidaria de este tipo de celebraciones con cientos de invitados (incluída la niñera de cuándo tenían dos años). El Ken se ha comprado un traje y yo me he comprado un vestido, un bolso un cepillo del pelo y un secador. Llevo dos semanas intentando llegar a una conclusión de qué hacer con mi pelo. Llevo años sin usar secador, y lo único que utilizo es un peine. Salgo de la ducha, me echo un poco de mascarilla sin aclarado, me peino en tres minutos y estoy lista. Imaginaos el cuadro cuando vinieron mi madre y mi hermana a visitarme hará unos cuatro años y se encontraron, al salir de la ducha, con el hecho de que yo carecía de objetos tan indispensables para la belleza femenina.

Pero este sábado tengo que dominar al león, hacerme un recogido y presumir de flequillo con un look desenfadado arreglado. Me he comprado el secador decente más barato que he visto y espero hacer milagros el sábado. Llevo desde el viernes viendo videos en Youtube con títulos tan sugerentes como “recogido elegante en diez minutos” o “recogido fácil para boda”. Por supuesto también he visto grandes éxitos como “maquillaje fácil para ocasiones especiales” o “cómo hacer un ojo ahumado”. Es lo que tiene el ir de natural, que me falta la práctica y necesito aprender a toda costa. Si Youtube me ayudó con el ganchillo, por qué no con alcanzar un look impecable para ir a una boda.

Ahora que no me venga el hermano del Ken con que tenemos que pasar las tres horas que van entre la boda y la fiesta con una caminata. ¡Una caminata! Con mis zapatos de boda, mis medias, mi vestidito, los 15 grados que va a hacer y mi recogido impecable. Antes muerta que sencilla.

La segunda causa de estrés es la operación de mi madre. Ya se pospuso una vez por un error administrativo. Cambié mi billete de avión y mis “vacaciones” pagando unos 380 euros más (creo que el total asciende a unos 780 euros, pero prefiero no confirmarlo, no me vaya a desmayar) y estaba lista para irme para Vigo al día siguiente de la boda. Por un lado, hay un nuevo volcán enfurecido que amenaza con cancelar vuelos, y por otro, mi madre ha tenido un nuevo percance. La semana pasada se cayó al suelo con una bombona de butano (no, no es la primera vez que le pasa, y maldigo a todas las bombonas de todo el mundo, ¿por qué no pondrá gas de una maldita vez?). Se fue a urgencias y a pesar del dolor no le vieron nada. Como no mejoraba ayer volvió al médico, y tras unas radiografías han llegado a la conclusion de que tiene una fisura en una costilla, por eso le duele horrores en todo momento. Mi madre llamó ayer al anestesista para preguntarle si lo de la costilla podría dar algún problema durante la operacion, y el anestesista le dijo que depende. Que debido a la anestesia general el pulmón puede expandirse más de lo normal y eso le puede producir dolor los días después. Otra cuestión es la postura durante la operación, que sobre eso tiene que preguntarle al cirujano. Mañana sabrá la respuesta.

Y yo sigo aquí, sin tener mucha idea de recogidos ni si mi avión saldrá o operarán a mi madre el lunes que viene. Otra historia son mis días de Educational Leave…

mayo 17, 2011

Ni un respiro

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, el Ken, Reflexiones a 2:07 pm por La Petite en Belgique

Llevo tiempo con cosas para escribir pero no tengo tiempo. Estamos ya en la recta final de los cursos de idiomas y parece que tras todos estos meses y el duro y largo invierno esté perdiendo fuelle. En febrero dejamos las clases de Swing porque ya no aprendíamos nada, y en vez de disfrutar, lo pasábamos hasta mal. Los profesores tuvieron problemas entre ellos y “echaron” al único que valía la pena. En su lugar estamos yendo a clases de rock. Se celebran fiestas swing y vamos a las que podemos. Pero yo me siento sin aire, sin ganas, sin fuerzas. Supongo que tras esta recta final las ganas volverán… o no. Quizás mi cabeza ya ha decidido que es el momento de pasar página. Busco trabajos en Madrid y no encuentro nada. Todas las empresas quieren a alguien para YA, pero yo aún tengo que esperar unos cuantos meses. Los días se suceden sin dar tiempo para un respiro. A las siete de la mañana recibimos el despertador con pocas ganas, preparamos la comida, nos duchamos, vamos a trabajar, clases de idiomas, cena, cama. Es como una espiral de la que es imposible escapar. Si siempre me he quejado del tiempo, ahora lo hago más que nunca. Tiempo, ganas y fuerzas.  Nos levantamos a las siete de la mañana seis días por semana. Ya no recuerdo lo que es salir o una noche de sueño reparador. ¡Y no tenemos hijos! No me quiero imaginar como sería si los tuviéramos.

Necesito un descanso, necesito tiempo.

Hace una semana dimitió un alto manager en los Estados Unidos debido a la migración al nuevo soporte y los tropecientos procedimientos que nos tenemos que tragar todos los días. En mi departamento no sabemos si reír o llorar. Esto es una locura.

Llevo desde las once de la mañana con vértigos. No sé si es la tensión, como otras veces, o las cervicales o qué. Sólo sé que hoy tengo clase y llegaré casi a las diez a casa.

mayo 10, 2011

Rocky Balboa

Posted in Anecdotas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, el Ken a 11:40 am por La Petite en Belgique

Es cierto que el perro es el mejor amigo del hombre. Nuestra perrita India siempre ha estado atenta a cualquier mínimo movimiento o necesidad por nuestra parte. Recuerdo el día que mi madre subía las escaleras de casa de mi abuela con las bolsas de la compra y se dio cuenta de que se había dejado una abajo porque la perra no quería subir. Si pudiera hablar hubiera dicho “¡eh, espera, mira, aquí, que te has dejado una bolsa!”.

Por desgracia todo tiene su parte buena y su parte mala, y una vez, al llegar mi madre a casa, India se puso tan contenta que de los saltos que daba le dio un golpe a mi madre en la cabeza, más bien cerca de ceja derecha. Aquello se le hinchó y se le puso de mil colores, y es que India no tiene una cabeza, tiene un coco duro como una piedra. Recuerdo a mi madre saliendo de casa con gafas de sol y la historia de cuando fue a la farmacia a comprarse algo para el ojo morado. Al parecer se sacó las gafas, puso una cara de culpable que decía a gritos “mi marido me ha pegado” y pidió una pomada para el ojo.

Y esta vez soy yo el vivo retrato de un cruce de Rocky Balboa con un sapo. Me maquillo el ojo y siento las miradas inquisitivas en el bus por la mañana. Resulta que ayer por la mañana, por culpa de una chapuza por parte de nuestro querido y amadísimo jefe de equipo, pensé que tenía que trabajar desde casa. Pero algo no cuadraba. Asi que lo llamé por teléfono y me aclaró que el documento tenía un problemilla y que no era necesario que trabajara desde casa. Eran las 8:20, yo estaba en bata y tenía la comida sin hacer. Le informé que llegaría un poco tarde, ya que mi bus estaría pasando en esos momentos y aún tenía que salir de casa y coger el metro hasta la parada del bus. En ese momento un torbellino hizo su aparición en nuestro apartamento. Me freí un filete, tiré la bata en el sofá y busqué por los cajones esas camisetas de manga corta que llevo meses sin ponerme. Cuando tuve todo listo me cargué la mochila al hombro y procedí a abrir la puerta del apartamento a toda velocidad y sin apartar la cabeza de donde la tenía. Os aviso, niños, no hagáis esto en casa, pues os arriesgáis a que os pase lo mismo que a mí. El dolor me dejó medio K.O. Tiré la mochila al suelo y me fui al espejo del cuarto de baño con la esperanza de que el daño no hubiera dejado efectos visibles. Un dolor insoportable pero sin ningún rasguño era lo que yo quería en ese momento, pero no. Me veo en el espejo y veo que en la ceja izquierda tengo una linea pequeñita roja por la que, al cabo de unos segundos, empiezan a salir gotas de sangre. No parece nada más, sólo que no para de sangrar. Miro la hora y me vuelvo a convertir en torbellino. Me cuelgo la mochila y me pongo un pañuelo en la ceja, y cuando estoy subiéndome a mi bus media hora más tarde de lo normal ya no me sangra.

Al llegar al trabajo y verme en el espejo del ascensor veo que en efecto ya no sangra, pero que la parte entre el ojo y la ceja ocupa el doble de lo normal, y si arqueo las cejas se ve una mancha rojiza. Oh, no, lo que me faltaba. A la hora de comer he intentado explicar mi pelea con la puerta, mientras me parece ver miradas que dicen “sí, claro, cuéntanos lo que quieras, que está claro que el Ken te ha pegado”. En esos momentos me acuerdo de mi madre con sus gafas de sol entrando en la farmacia.

Esta mañana me he levantado con el párpado no dos, sino tres veces su tamaño normal, pero después de la ducha y el desayuno parece que ocupa sólo vez y media (es lo que tiene levantarse por las mañanas con los ojos hinchados, que romántico sería para una primera noche juntos, ja). Un poco de maquillaje (qué suerte que compré maquillaje el sábado pasado para ponerle el día de la boda del hermano del Ken), un poco de lapiz de ojos para disimular esa ceja que un peluquero me cortó, una camiseta rosa que tiene una vaca con un vestido de noche y unos pendientes de calavera para distraer la atención. Así nadie se va a dar cuenta.

marzo 1, 2011

Palabras sin rumbo

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, el Ken, Españoles en Bélgica, Fotos, Mi espalda y sus circunstancias, Reflexiones, Vigo a 10:48 am por La Petite en Belgique

Hace unos días he recibido un e-mail de una lectora desde New York. Me complace ver que aún hay personas leyendo este blog, pese a lo poco que lo actualizo. No sé si el tiempo ha pasado o simplemente ya no me encuentro sumergida en esos dramas que me tenían en un sinvivir. La vida va transcurriendo poco a poco, sin novedades que merezcan la pena ser contadas.

El problema que había tenido con el aire acondicionado en el trabajo sigue ahí. Mi compañero no ha vuelto a la oficina y yo me siento dos pisos más arriba en un espacio “abierto”. Echo algo de menos sentarme con mis compañeros en el “area segura” pero desde que estoy aquí no he vuelto a tener problemas (más allá de la alergia primaveral y asma cotidiana debido a la humedad).

El hermano del Ken se casa próximamente. La boda por la iglesia es en mayo (creo recordar), y la boda civil es… este sábado. Hemos dejado pasar las semanas casi sin darnos cuenta y ayer por fin hemos revisado nuestro correo y hemos visto que ya es este sábado… y yo con estos pelos. Lo de los pelos es una forma de hablar, están bien, o al menos presentables; pero aún no había decidido al 100% qué ponerme y el sábado las temperaturas van a rondar entre 1 y 8ºC. Así que ayer tocó sacar vestidos y chaquetas del armario hasta dejar el sofá del salón como Bershka en época de rebajas. Ya tengo vestido y ya tengo chaqueta, y el Ken también tiene modelito. Sólo espero no pasar mucho frío.

Los días se suceden unos tras otros, y parece que después de casi dos meses desde nuestra visita a Vigo, el peso del invierno se vuelve a cernir sobre nuestras cabezas. Los días van siendo un poco más largos, el sol se pone sobre las 18:15 en lugar de hacerlo a las 17:00 como sucedía en diciembre o enero, pero este gris eterno a veces pesa demasiado. El domingo estuvimos viendo las fotos que sacamos en Vigo en diciembre y los cielos de aquí y allí no tienen punto de comparación.

Muchas mañanas veo en el metro a una chica asiática con mechas azules, medias fucsias, un gorro de lana estilo casco de centurión y bolso de charol rojo. Es imposible no fijarse en ella, aunque los belgas jamás admitirán el hecho de fijarse en alguien desconocido. En mis ratos libres, además de estudiar para el CCNA, darle al Drupal y ver series, también toco un poco el ukelele y hago algo de ganchillo. Encontré en Facebook un grupo de chicas que viven en Bruselas y se reúnen de vez en cuando para tejer y hacer ganchillo y decidí apuntarme. Quién me iba a decir que en dicho grupo también iba a estar la chica asiática de las mechas azules y las medias rosa-fucsia. Esta mañana en el metro me contaba lo mucho que está disfrutando de Bruselas desde agosto que llegó, gracias a haber encontrado amigos fantásticos y divertidos. Esto me ha sucedido ya varias veces. Personas afirmando lo divertida que es Bruselas y el buen ambiente que tiene. Y el Ken y yo muertos del asco, de casa al trabajo y del trabajo a casa, bajo un cielo gris oscuro y a temperaturas cercanas a cero. Esas veces me cuesta creer que estemos hablando de la misma Bruselas e intento mirar a esas personas fijamente para ver si se me pega algo de eso que están hablando. Es posible que estemos demasiado metidos en la rutina diaria como para ser capaces de ver “todos esos maravillosos amigos”.

El domingo quedamos con una amiga de mi antiguo trabajo que acaba de mudarse a Bruselas. Espero que entre las carreras después del trabajo, las clases y el supermercado, tengamos tiempo de quedar a menudo.

También hay otros conocidos hispanos que vemos de vez en cuando, pero que casi nunca salen de casa antes de las once de la noche, casi cuando nosotros estamos de retirada. La mayoría están aquí con becas y nos dicen repetidamente que “a ver si cambiamos el chip” y nos vamos de marcha con ellos. Me pregunto porqué no intentarán cambiar ellos el chip. Supongo que porque todas estas personas de las que hablo llevan poco tiempo aquí, o están de paso. Recuerdo mi primer año en Bélgica como algo casi glorioso. Supongo que el encanto se rompió en algún momento entre el mobbing y mi lesión de espalda. Y ahora sólo queda este cielo gris oscuro.

En abril, concretamente el fin de semana antes de Semana Santa, estaremos por Madrid. Ahora que está casi decidido que nos iremos allá el año que viene, queremos hacer un viaje de reconocimiento, para que el Ken vea con sus propios ojos cómo es. Si a alguien le apetece quedar para tomar un café, comer, cenar o hacernos de guía por un un rato, dadme un silbidito.

Dejo aquí una foto de la última puesta de sol del 2010. Nunca lo hubiera pensado, pero cómo echo de menos esas puestas de sol. En mi infinita ignorancia, casi pensé que todo el mundo podía disfrutar de puestas de sol sobre el mar.

diciembre 15, 2010

Sin novedades

Posted in Curro, El gigante de tres letras, el Ken, Reflexiones a 5:44 pm por La Petite en Belgique

Al principio se nos prometió que a los cuatro meses seguramente podríamos pasar a trabajar un día a la semana desde casa. Esta semana yo haré ya cuatro meses y el otro día le pregunté al jefe de equipo si podría trabajar desde casa. Me ha dicho que habrá que valorarlo en enero. Hace cinco minutos nuestro manager ha entrado en pánico, como de costumbre, y ha anunciado nevadas y heladas para mañana. Que, según las condiciones, valoremos si será mejor trabajar desde casa. Estoy casi rezando para que caiga una buena.

Este mes y el anterior son un poco caóticos. El mes pasado fue de transición. El departamento donde estamos pertenecía a otra empresa y fue comprada por el gigante de tres letras. Noviembre fue la transición y alguno que otro (el cocodrilo, sin ir más lejos) se pasó el mes en la oficina  corriendo de un lado a otro como si de un pollo sin cabeza se tratara. Me recordaba mucho a los pitufos cuando Gargamel irrumpía en la aldea, todos corriendo sin ton ni son. La razón: cambios en los procedimientos y las herramientas. Es cierto que fue un poco caótico, pero no tanto como para rasgarse las vestiduras o amenazar con tirarse por la ventana.

Este mes han entrado cuatro compañeros nuevos que aún no saben por dónde andan. Después de la transición y la locura de los pitufos parece que me he convertido en la experta en el programa que usamos ahora para logar los tickets. Ese programa malévolo del que muchos piensan que tiene un poltergeist encerrado y que el día menos pensado nos volverá a todos locos. Me parece increíble ver como con el cambio muchos se desmoronan. Debe ser que en mi corta experiencia he aprendido a adaptarme a los cambios y a entender la filosofía de los programas desde dentro (esos años en Teleco no fueron malgastados). Así que a menudo recibo preguntas en vivo y en directo, mensajes en el messenger y llamadas telefónicas de mis compañeros preguntándome cómo se hace algo o preguntándo el porqué del extraño comportamiento del programa.

Esto, en mi fuero interno, me hace sospechar que por el momento no me permitan trabajar de casa debido a que soy una fuente de conocimiento acerca de ese programa. Y sin haber echado más horas que el resto. Sólo espero que no haya mucho machista y que les siente mal que yo sea la única mujer del equipo.

Otro detalle a destacar. El cocodrilo me ha contado que nuestro manager le ha dicho que nuestros contratos de dos años sólo van a ser modificados tras los dos años de prestación. Pues vaya, que se los metan donde les quepan. Voy a tener que buscar un plan B llegado el momento.

Por lo demás bien. La semana pasada tuvimos una cena de equipo para la cual mi jefe me dio una carta que me eximió de mis clases de flamenco. Hubo cena y bolos. Yo hice algunas fotos que inmortalizaron el evento. Bebimos cerveza y llegamos a casa a las tantas.

No hay muchas más novedades. Sigo con las clases, sin tiempo. Para el próximo semestre reduciré las horas de francés de seis a tres. Estar allí de 9 a 15:30 cada sábado me mata. Llego al centro a las 16:00. El súper cierra a las 18:30 y las tiendas a las 19:00. Venga a la carrera. Cuando lo que más me apetecería a las 16:00 es echarme una siestecita, estar tranquila, ir a mi ritmo.

Lo mejor son los domingos por la mañana. Levantarnos a las 10, desayunar con calma mientras vemos una serie, luego un poco de pilates. Desperezándonos despacio. Es una pena que los fines de semana sean tan cortos.

noviembre 11, 2010

Las cosas se aclaran

Posted in Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, el Ken, Reflexiones a 7:40 pm por La Petite en Belgique

Hoy es festivo. He decidido trabajar y por primera vez se me da la oportunidad de hacerlo desde casa. Es una gozada poder el poder levantarse uno de cama a las 8:30 y no a las 7. Encender el ordenador del trabajo con una taza de café delante mientras uno piensa en las cosas que podrá aprovechar para hacer en los tiempos muertos.

Sumida en estos pensamientos me encontraba yo, cuando sobre las 11 me llegó una incidencia crítica desde un país de Oriente Medio que me tuvo en vilo todo el día. Las incidencias críticas le obligan a una a contactar al usuario cada dos horas como mucho y a resolver todo el embolado en unas pocas horas. Hay que hacerles un seguimiento 24×7.

A mediodía parecía que tenía todos los cabos atados y por fin podía resolverla. Pero el usuario, haciendo justo lo contrario de lo que yo le decía, metió la pata hasta el fondo y la cosa se complicó. De una incidencia crítica obtuve otra más. Multiplicándose, como los panes y los peces.

Durante cinco minutos de descanso a eso de las 14:30 tuve una conversación cortita por Skype con mi madre y mi prima recién levantada de la siesta. Luego la cosa se puso aún más negra. Eran las cuatro y pico y si no liquidaba el asunto debía transferir la incidencia a los EE.UU. siguiendo un procedimiento nuevo que nadie sabe cómo es. A las cuatro llegó mi hermana a casa de mi madre y decidió colgarse en el Skype y llamarme. Y yo con las incidencias críticas, los problemas de red, la guía de tropecientas páginas para transferir incidencias y el reloj haciendo tic-tac tic-tac (a las 6 el proceso debía estar finiquitado). Intenté decirle educadamente y con cara de sufrimiento que en ese momento no podía hablar con ellas porque las incidencias críticas se me estaban multiplicando y el reloj estaba corriendo y no veía el modo de enderezar el asunto. Que si podíamos hablar más tarde. Mi hermana, que es muy comprensiva y tiene una empatía del tamaño de una montaña, puso mala cara, me contestó que “nada, que me voy, adiós” y colgó la llamada sin más miramientos. Nada de suerte, o espero que te vaya bien, o se te ve mala cara, o trabajas demasiado o vaya porquería las incidencias críticas. Ante tal desfachatez tuve que hacer verdaderos esfuerzos para reprimir un impulso insano de cerrar de un golpe la tapa de mi Mac. Pero me dije que no, que no ayudaría en nada el hacerlo, y menos aún con un PC de poca monta al lado. Pobre Mac, él no tiene la culpa.

El Ken se ha ido a casa de sus padres a pasar la tarde, yo acabé mi agotadora jornada laboral (incidencias críticas enviadas a USA) y hace un rato he llamado a un amigo de Vigo.

Es festivo y me doy cuenta de varias cosas: hace frío, está oscuro, llueve a cántaros y no tengo a nadie con quien ir a tomar un café. Esta ilusión que lleva bailando ante mis ojos los dos últimos meses no es verdad. Me gusta el trabajo y estoy a gusto con mis compañeros. Estoy aprendiendo idiomas y me siento más o menos realizada. Voy a clases de swing y nos dejamos caer por todas las fiestas y talleres swing que se organizan. Pero no tengo tiempo ni para cortarme las uñas. Y las escasas veces que lo tengo, como ahora (por cierto, no recuerdo cuándo fue la última vez), me doy cuenta de que aunque a veces piense que cuando me vaya, echaré de menos esto, es mentira. A veces pienso que este trabajo hará que me sienta infeliz cuando me vaya, otras, cuando estoy en clase de swing, pienso que echaré de menos las clases, las fiestas y la otra gente que va a bailar. Pero tampoco es verdad. Porque podré seguir bailando con el Ken estemos donde estemos.

Y otra cosa. Es muy posible que el año que viene el Ken haga un postdoc, y así pueda aprovechar para mejorar su español. Y un posdoc no tiene porqué alargarse más de un año. A veces me da miedo pensar a dónde iremos. Pero si es sólo un año dará igual. Un año en Madrid, un año en Barcelona, un año en Bilbao. Da igual. Estaré más cerca de casa y nos dará tiempo para pensar si ese nuevo sitio nos gusta o no.

Son las siete y media pasadas. Fuera hace frío y no hay nadie que pueda llamar mi amigo. A veces pienso que si no fuera por mi orquídea o por el Ken o por el trabajo o por el swing, no sabría qué diablos hago aquí.

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