septiembre 20, 2011

Voy o vengo

Posted in Lonely moments, Mirando atrás, Vigo a 12:24 pm por La Petite en Belgique

Más de una vez se me han caído las lágrimas al divisar desde el avión la ría y las montañas que me han visto nacer y crecer. Ese paisaje tan familiar al que nunca he dado demasiada importancia y que, desde que me he ido, echo terríblemente de menos. El mar en calma, las verdes endulaciones del terreno, como mal peinadas. Las bateas y las islas, testigos silenciosos de tantas idas y venidas.

Una parte de mí se ha ido ya nunca volverá, es de otro sitio, sin ser verdaderamente de allí. Mi hogar como siempre lo conocí ya no existe, y la brújula se confunde y ya no sé si vengo o voy.

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agosto 2, 2010

Depresión post-vacacional

Posted in Belgica y los belgas, Family Tales, Mirando atrás, Vigo a 1:13 pm por La Petite en Belgique

Sólo he vuelto hace dos días, y ya he tenido:

  • Una noche de insomnio.
  • Dolor de cabeza.
  • Dolor en la cadera.
  • Principios de lumbago.
  • Cielo gris permanente.
  • Hoy llueve.

Menos mal que he cargado las pilas con siete días de sol, cielo azul, temperaturas cercanas a los 30ºC y ningún tipo de dolor, que si no…

Por cierto, la sobrina bien. Su madre apenas le hace fotos, pero yo le hice más de seiscientas en una semana. En muchas de ellas tiene la misma mueca. Tengo que hacer un álbum de muecas de mi sobrina. Con algo tendré que avergonzarla cuando sea mayor.

febrero 26, 2010

Escapadas

Posted in Family Tales, Mirando atrás, Viajes a 10:56 am por La Petite en Belgique

Desde que Vueling anunció los vuelos directos Bruselas-Vigo, a menudo visito la página por si veo novedades. Los vuelos empiezan a finales de marzo, y hasta hace muy poco sólo estaban disponibles hasta finales de junio. Hoy he vuelto a visitar la web y ya hay por lo menos hasta octubre. Menos mal. La verdad es que estaba muy preocupada de que estos vuelos estuvieran disponibles tan solo tres meses.

Estoy consultando el calendario de precios y planeando ya futuras escapadas. La primera será para el 10 de abril.

febrero 3, 2010

El tiempo pasa…

Posted in Mirando atrás, Reflexiones a 5:34 pm por La Petite en Belgique

… pero hay cosas que parece que no cambian.

Esto estaba reflexionanco yo justo hace un rato acerca de nuestro querido/odiado Feisbuc, que me avisó de viejas “amistades” del mundo real que quizás me interesara incorporar al mundo virtual. Y digo amistades con comillas no de modo despectivo, pero parece que la palabra amigo ha adquirido un nuevo valor, incluyendo a lo que antaño uno entendía por conocido. En FB uno no sólo añade a amigos de verdad, sino a toda persona que ha pasado por nuestras vidas y ha intercambiado algo más que un par de palabras. Incluso a aquella niña del colegio que le tiraba a una de los pelos. Aquella niña que ahora ya no es tal niña sino una mujer hecha y derecha en cuyas curvas y facciones no reconocemos a quien nos tiraba del pelo o se burlaba de nosotros.

Yo no me adapté demasiado bien al colegio. O sí me adapté al colegio (sacaba buenas notas y nunca di demasiado la lata) pero no me adapté al ambiente que me rodeaba. Mis padres me llevaron a un colegio de monjas femenino donde la nota predominante era ser super guay, o como se diría hoy en día, super cool, e ir a tan a la vanguardia de la moda que tenía que dar la impresión de que una creaba la moda. Pero yo no era así. A menudo me daba rabia ser diferente, pero sabía que ni por equivocación yo podía estar en el grupo de las guays. Yo era la bajita, tímida, silenciosa como un ratón y víctima, de vez en cuando, de tirones de pelos y amenazas varias (¿quién no las ha sufrido alguna vez?).

Contestando algunas peticiones de FB y haciendo algunas nuevas (en el mundo virtual y después de tantos años no existe el rencor) he vuelto a conectar con esas personas que formaron parte de mi vida cuando mi edad sólo tenía una cifra. Apenas reconozco en las miradas que veo en las fotos las miradas despectivas de aquellas niñas con uniforme. La inmadurez lo obliga a uno hacer tonterías y ya es agua pasada.

Sigo mirando las fotos y no puedo evitar seguir viéndome distinta. Muchas de ellas están casadas con hombres de traje, tienen niños super monos y salen en las fotos con vestidos de gala, escotes hasta el ombligo, ropa de última moda, una gruesa capa de maquillaje y un moreno de solarium. Sigo pensando que si antes no encajaba, ahora tampoco. La diferencia es que ahora estoy orgullosa de quién soy y de cómo soy porque yo lo he escogido.

enero 25, 2010

Recapitulando lo irrecapitulable

Posted in Mirando atrás a 11:33 am por La Petite en Belgique

El recuerdo contenido en una lágrima que nunca llegó a existir porque no era correcto ni lo merecía, el torrente que cayó y el lecho del río que se secó. El agua se fue al mar y ya no pertenece nadie. Negar, despersonificar, olvidar, mirar hacia adelante. Incomprensión, saber que un día desapareciste, sin entender porqué y sin creer en tus razones. Y sin entender ahora por qué aquellas razones se volvieron falsas, tenues, inexistentes, del revés.

diciembre 15, 2009

La vida pasa

Posted in Family Tales, Mirando atrás a 4:58 pm por La Petite en Belgique

… y yo aquí.

Llevo desde el domingo con la sensación de estar perdiéndome cosas. Aquí no he conseguido establecer vínculos como los que dejé en España: mis amigos de verdad están allá, al igual que toda mi familia. En estos momentos no estoy mal del todo aquí: tengo trabajo, aunque no el que me gustaría, y supongo que en España la situación sería parecida. Pero me sigue faltando lo esencial, o mejor dicho, yo sigo faltando en lo esencial. La vida pasa, cambios cruciales se van sucediendo entre los míos y yo no estoy ahí ni para verlo ni para prestar ayuda.

En su día me fui debido a mis ansias de conocer mundo y también porque necesitaba escapar del drama familiar en el que estaba sumida. A veces uno necesita alejarse un poco, pero ahora siento que me he alejado demasiado. Mis padres tienen un lío enorme con abogados de por medio, mi padre tiene una novia nueva, mi hermana ha tenido su primer hijo, mis amigos atraviesan continuamente por momentos importantes en su vida… y yo estoy aquí.

Supongo que todos nos vemos obligados a escoger ciertos caminos en nuestra vida, cerrando puertas y posibilidades, ya que no es posible tenerlo todo. Yo he escogido mi camino, y aún no sé exactamente a qué precio. Me da miedo que al volver no reconozca el lugar de donde vengo ni a las personas que dejé atrás. También me da miedo convertirme extranjera en tierra propia y no volver a encontrar mi lugar en ningún lado.

Supongo que todo esto es porque me siento muy muy culpable por no haber estado con mi hermana, porque me da miedo el no conocerla cuando vuelva a verla. Porque siento que en el fondo le he fallado.

noviembre 18, 2009

Hulk

Posted in Lonely moments, Mirando atrás, Reflexiones a 5:08 pm por La Petite en Belgique

La llegada del invierno y este cambio de ánimo repentino me dan miedo. Y me echo a temblar sólo de pensar en la medio depresión en la que estuve a punto de caer / caí el año pasado. Me da miedo que con la llegada del invierno me vaya a convertir en la Masa.

A veces pienso que sería mejor hibernar.

Leer para olvidar

Posted in Belgica y los belgas, Cazando satélites, Curro, el Ken, Family Tales, la dura vida del teleoperador, Lonely moments, Mirando atrás a 11:13 am por La Petite en Belgique

Ayer estaba tan agotada que el día fue de todo menos lo que yo esperaba. Un día no demasiado bueno en el trabajo, el cansancio que me nublaba la vista y una cena demasiado temprano. Acabé metiéndome en cama a las 21:30 con los ojos hinchados y sin ganas de nada.

Me volvió a dar la llorera y me di cuenta de que llevo tres días con un tic en el ojo izquierdo. Me estoy estresando cuando en realidad no debiera. Supongo que aunque los que importan se hayan acordado ayer de mí, simplemente me sentí lejos, y lejos sin motivo. Llevo meses buscando trabajo de manera activa, enviando varios CV TODOS los días, llamando de cuando en cuando al de los satélites para ver qué rayos tiene pensado hacer y leyendo todo lo habido y por haber sobre cómo encontrar un nuevo trabajo millonario, mejorar tu vida y alcanzar el éxtasis. Pero nada funciona. No estoy mal en este trabajo. No me estresa como el otro ni hay nadie que me pise constantemente la cabeza. Pero a veces desmotiva el hecho de hacer una tarea repetitiva durante horas y odio que mi trabajo se coma 11 horas cómo mínimo de mis días.

Tengo mil proyectos en mente, sé a lo que me gustaría dedicarme. Leo, estudio, intento mejorar. Pero no funciona. Nada funciona cuando veo las ofertas de trabajo y te piden ser nativo neerlandés y hablar cuatro idiomas a la perfección, además de tener entre 10 y 15 años de experiencia en diez cosas diferentes. Y si lo piden es porque encuentran. Y si encuentran, significa que hay personas de 40 o 50 años que están como yo, buscando trabajo a través de internet porque se han quedado sin el suyo.

Nos hemos mudado a Bruselas pero sigo sin poder disfrutar de ella. Está ahí, casi al alcance de la mano pero en realidad demasiado lejos. Así que me paso las horas de viaje devorando libros para olvidar. En su día ya devoré capítulos de series con el mismo propósito. Es como el alcohólico que bebe para olvidar, sólo que al final  yo no tengo resaca. Tan sólo un tic en el ojo por los libros que me gustaría leer, las webs que me gustaría diseñar y los vídeos que me gustaría montar.

octubre 28, 2009

Dos ciudades

Posted in Anecdotas, Belgica y los belgas, Mirando atrás a 5:54 pm por La Petite en Belgique

La cortina de la oficina está abierta y bandadas de pájaros recorren el cielo azul. Un cielo azul que es poco común en este país, pero que anuncia días fríos de invierno.

Hace un par de semanas tuvimos unos cuantos días seguidos de cielo despejado, tiempo frío y un tímido sol que no calentaba. Esa semana yo tenía turno 7-3, lo que significaba que llegaba a casa la a las 4:20, dejaba mi mochila y salía a recorrer las calles de Bruselas, a perderme, a conocer nuevos rincones, a maravillarme de ver sitios nuevos, a disfrutar del hecho de vivir de nuevo en una gran ciudad.

Y la memoria y la percepción me quisieron engañar durante unos segundos en los cuales vi dos ciudades superpuestas, dos ciudades con sol llenas de vida. Una, por supuesto, Bruselas, y la otra que vi, durante dos instantes fugaces, fue Vigo, mi ciudad natal. Que me perdonen los Bruselenses si esto les ofende, pero juro que en esos momentos de euforia, De Brouckere me pareció el cruce de García Barbón con Alfonso XIII, y en una esquinita de la Grand Place me sentí durante un par de segundos como en la Plaza de la Constitución, donde tantas veces me he sentado a tomar algo en alguna de sus terrazas.

Que me perdonen los habitantes de Bruselas que se den cuenta de que las comparaciones que acabo de soltar son un completo disparate. Son tan solo una impresión de alguien que se ha dejado llevar por una locura transitoria.

octubre 9, 2009

El último verano

Posted in Family Tales, Mirando atrás a 2:53 pm por La Petite en Belgique

Ayer, debido a que perdí el número de Morghost (un par de correos del día 8 se vaporizaron como por arte de magia), no fue posible salir con él y sus amigos de cena. Así que el Ken y yo decidimos ir por nuestra cuenta. Como no queríamos cargar mucho el estómago (seguimos con el régimen monjil de acostarnos a las 10) decidimos ir al ComoComo que está muy cerca de casa. Es un sitio de pintxos vascos que está muy bien. Uno se sienta a unas mesas altas por donde los pintxos van pasando en una cinta transportadora. Van tapados con una especie de campana y los platos son de diferentes colores según el tipo de comida (pescado, carne, verdura, dulce, …).

Tienen música española y latina, que aunque no sea mi preferida, me resulta agradable escuchar por estas latitudes, y la mayor parte de las veces no puedo evitar reprimir un ramalazo de nostalgia como el que me dio ayer. Fue escuchando la canción súper hortera de Mayonesa.

Yo tenía 23 años y corría el año 2002. Fue el último verano de inocencia. Un verano que marcó un antes y un después en muchos sentidos. Una cicatriz en la historia de muchas personas. Fue como llegar al otro lado y volver siendo otra persona diferente.

Fue el verano que se me inundó la habitación porque caía agua desde tres pisos  más arriba. Una mañana me desperté mientras gotas intermitentes caían en mi cara. Hubo que separar la cama de la pared, ver el parket destrozado, llamar a alguien para que lo arreglara, esperar, pulir, limpiar, arreglar, esperar. Mientras tanto me instalé en la habitación de mi hermana, en las viejas camas gemelas donde dormíamos de pequeñas, las camas que había dejado diez años atrás, buscando algo de independencia. Esas camas de madera que en realidad eran una litera desmontable. Verano. Muchas noches pasamos matando mosquitos o esperando que el ataque de ansiedad de mi hermana se pasase. Porque todo lo que pasó aquel verano nos afectó a todos.

Fue el verano que decidí dejar la universidad (aunque en ese momento no sabía que era de forma temporal) después de muchos lloros, frustraciones y miedos. Era una derrota, algo que yo, como hija modelo que siempre me hicieron creer que era, no podía aceptar. Era un salto al vacío, escapar de algo que me impusieron, ser quizá algo más libre aunque sintiéndome increíblemente mediocre. Cinco años tirados a la basura, un tiempo que nunca más volvería atrás, desperdiciado, borrado, malgastado. Dejé la universidad para empezar otra cosa. Empecé una nueva vida en el audiovisual que acabó abriéndome algunas puertas y me permitió encontrar mi pasión, aunque yo en ese momento no lo sabía. Lo único que sabía era que estaba perdida y el suelo bajo mis pies estaba cediendo. Tenía terror al salto al vacío.

Fue el verano que le diagnosticaron una demencia senil a mi abuela materna. Como el Alzheimer pero sin ser Alzheimer. Había empezado hacía meses a olvidarse de cosas, a comportarse de manera extraña, a esconder cosas. Le hicieron varios tests y la verdad cayó sobre nosotros como una losa. Fue cuando mi madre empezó con las idas y venidas continuas al pueblo, desapareciendo a veces durante una semana entera. No era como el Alzheimer porque avanzaba terriblemente rápido. Se llevó toda su consciencia en un año, aunque en ese momento aún no lo sabíamos.

Fue ese verano que mi abuela paterna tuvo un derrame cerebral, incapacitándola para hablar, leer o desenvolverse por sí misma. Ella que no se callaba ante nadie, que podía hablar todo el día sin parar, que leía todo lo habido y por haber. Sus dos de sus tres características más notorias se fueron para siempre. La tercera nunca sabremos si sigue ahí o no (yo no puedo dejar de pensar que sí).

Y ese fue el verano que conocí al Ermitaño en unas clases de salsa a las que iba la hermana de Barbaravb. Unas clases gratis que daban los miércoles por la noche en una discoteca y que mi padre detestaba. Unas clases a las que mi hermana y yo íbamos sólo para escapar del infierno en el que se había convertido nuestra casa. Demasiadas tensiones descargadas sobre todos, sobre personas que ya estaban cargadas al máximo. Ésa fue la primera vez que pensé que mis padres se podrían separar, y casi me pareció un milagro que siguieran juntos. Total, para que mi padre se largase de casa tres años después, pero eso aún no lo sabíamos.

Unas clases de baile que nos hicieron olvidarnos de todo, plantearnos nuevas situaciones, conocer nuevos mundos. El Ermitaño me abrió los ojos a bofetadas en el alma. Crecí en esa época lo que no había crecido en muchos años, aprendiendo secretos indescifrables que se abrían ante mis ojos como una flor. Dolió, ahora lo añoro, pero estaba claro que iba a ser sólo una época de transición. Pero eso yo aún no lo sabía, aunque él sí.

Recuerdo el salir por la noche, a los bares, las discotecas, tras las clases de salsa. Y la reprimenda del día posterior, sobre todo si mi hermana y yo habíamos vuelto por separado. Por eso solíamos quedar en el portal si en algún momento de la noche nos separábamos. Fue, en cierta forma, una época loca de escapismo del mundo real que se nos venía encima, una época de locuras que no habíamos podido hacer antes. Una época que nos unió como hermanas, en los bares y en la cama contándonos historias hasta las tantas, preparando una tila y hablándole hasta que su ansiedad la dejaba dormir.

Ese verano pasó pero ninguno de nosotros volvió a ser el mismo. Para mejor o para peor, supuso un punto de inflexión que nos cambió como personas.

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