marzo 16, 2009

Ritmo

Posted in Anecdotas, Belgica y los belgas, Post-marcha moments, Swing a 2:57 pm por La Petite en Belgique

Llevo unos días que no paro. Parece que voy saliendo del letargo y desidia en los que me veía sumida y estoy empezando a activarme. El pobre Ken sin embargo ha estado toda la semana en casa por lo del golpe en la cabeza, y cuando empezaba a encontrarse mejor ha empezado con fiebre y dolor de garganta. Así no ha podido seguir mi ritmo y la semana ha terminado sin demasiada sincronía. Por suerte parece que todo está volviendo a su cauce.

El sábado al final nadie fue a la misa. Yo ya había decidido que no iría y él al final se quedó en casa por la fiebre. Así que me escapé a la quedada de bloggers, que esta vez prometía ser multitudinaria. Yo que no soy muy amiga de los grupos grandes, confieso que me dio un poco de cosa encontrarme con unas veintipico personas, contando con el hecho de que algunos llegaron porque Ramón los había convocado desde Facebook.

Eché de menos a Aitor pero pude conversar bastante con otros tantos. Fue una noche muy agradable (gracias por la conversación, Ainoha) y me dio rabia irme pronto porque estaba agotada. Hubo un par de conversaciones que me dieron que pensar:

La primera fue un chico que lee éste y otros blogs (el irreconocible de Facebook). Me dijo que le daba mucha pena leer este blog porque está convencido de que estoy enfocando mal las cosas. Es posible que tenga razón, pero la verdad es que a veces da un poco de rabia cuando se sacan conclusiones sin entrar en los detalles. Le expliqué la evolución que había tenido en los últimos meses y pareció comprender un poco más mi situación. Pero que sepas que soy consciente de que sí, que seguro que podría hacer las cosas de otra manera. Yo sigo intentándolo.

La otra fue cuando estaba a punto de irme. Un chico me preguntó quién era y yo contesté que La Petite. Y bueno, parece que también tenía interés en conocerme. A ese lector Anónimo, gracias por pasarme dos links con ofertas de trabajo en la empresa donde trabaja (aunque uno de ellos debe estar mal porque no funciona) y gracias por decirme que mi blog mola porque me pasan cosas y me quejo mucho 😉

Lo de la multitud me echó un poco para atrás y no pude hablar con todos los asistentes. Espero que sepan perdonar a esta chica tímida que se esconde detrás de un pseudónimo. Espero que la experiencia se vuelva a repetir pronto y pueda volver a verlos.

Y cambiando de tema, pero siguiendo con el ritmo acelerado que llevo: el domingo me desperté totalmente destrozada (alterar mis horarios de sueño me mata) pero me fui sin pensármelo dos veces al taller de Balboa que Apollo Swing organizaba en La Tanguería. Hoy me duelen las pantorrillas y me caigo de sueño, pero me lo he pasado en grande.

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junio 7, 2008

Vacío e inseguridad

Posted in el Ken, Finde moments, Lonely moments, Post-marcha moments, Reflexiones a 12:07 am por La Petite en Belgique

Acabo de llegar a casa de estar con unos amigos, y mi estudio está vacío. No es verdad literalmente. Está lleno de mis cosas, de sus cosas, pero él no está. El domingo es el día del padre aquí en Bélgica y se ha ido a casa de sus padres, pero se viene mañana sábado. Hoy no he ido a trabajar. Al final, al ver que estaba llegando a mi límite, me lo han dado libre. Así que pude atender al técnico de Telenet que vino a casa sobre las 11 a arreglarnos la tele y pude ir a la oficina internacional a ver cómo va lo de la admisión en el master. Entre una cosa y otra recibo una llamada del Ken para preguntar cómo va la mañana y ver si al final me da tiempo de ir a la oficina. Es un cielo.

La tía de la oficina resulta ser una bruja. La típica burócrata con una sonrisa como el cemento armado, imperturbable, pero que sería capaz de insultarte a la cara al mismo tiempo. Lo único que saco en claro es que aún no es tarde para enviar los últimos papeles.

Los dueños del estudio no contestan. Quiero renovar el contrato para el año que viene y antes de llamar a la agencia me apetece hablar con ellos.

Como una ensalada, pan y queso. Estoy agotada. Ayer la peli en el Cuartel General acabó demasiado tarde. Me tumbo a dormir la siesta con intención de levantarme a una hora respetable para ir a la FNAC a comprarle el regalo de cumpleaños al pequeño: “Calvin & Hobbes. The complete collection”. Me dejo el gorro que uso para la lluvia en la FNAC, los libros apenas caben en las alforjas de mi bici y llueve. No es sólo que llueva, hay tanta humedad que uno casi podría ir nadando.

A eso de las 6 de la tarde me llama el Ken. Que acaba de salir de currar y en ese momento está entrando en el coche del hermano para irse al pueblo. Que si todo anda bien, y que vuelve mañana para hacer la compra semanal y lo que venga. Sonrío y cuelgo. Llamo a mi madre. Hoy pensaba llamar a mi padre pero no ha podido ser, no encontré el momento ni el ánimo (aún no le he dicho que voy el 28 ni que voy acompañada). Mañana, me digo.

Me llama Pedro. Que si me apetece ir a cenar con ellos. Claro. Como tengo algo de tiempo bajo al sótano. Tengo que hacer algo de sitio para que el Ken pueda meter sus ropas y el resto de sus cosas en algún lado y vivir dignamente.

Al final cenamos fuera. Somos 5. Dos parejas y yo. Echo de menos a mi rubio. Le mando un sms. No contesta. Habrá salido con los amigos, y tal, y como tiene la cabeza se habrá dejado el móvil en casa. En cuanto a despistes, debo reconocer que entre los dos juntos no hacemos una persona completa en cuanto a prestar atención y recordar cosas. Dios nos coja confesados.

Después de cenar (salió cara la pizza) nos vamos al karaoke. Mi primera vez en el karaoke de Leuven. Pero igual que el resto de las veces en todas las ciudades a las que acudí a un karaoke (vale, exagero: Vigo , Amsterdam y pocas más). Sitio cutre, paredes negras, humareda densa y gente estrafalaria. Bueno, la rara soy yo, que me siento una mezcla entre marciano y perro verde. No me apetece cantar nada de Whitney Houston ni Mariah Carey. Las canciones que proponen las otras dos chicas no las conozco ni de lejos y más del 50% de las canciones que se cantan esa noche no las he oído en mi vida. “Pero si esta es la versión flamenca de esa canción tan conocida de Bisbal”, me dice mi amigo chileno. Vale, lo que digas, pero ni puñetera idea, ya sabes, yo es como si viniera de otro planeta (no lo digo, pero me quedo con las ganas). Me falta el Ken. Al menos tenemos gustos musicales parecidos y pudiéramos haber hecho un buen dúo. Pienso en proponer a las chicas el “It’s too late” de The Carpenters o el “Vincent” de Don McLean, pero veo que la situación no da. Este es uno de mis típicos “momento perro verde” o “momento marciano” o “momento bicho raro”. Me he sentido como cuando estaba en el colegio. La rara. En situaciones de este tipo, hay pocas personas con las que no me sienta de esta forma. Sé que soy reincidente y monotemática, pero con el Ken no me siento así. En cierto modo, en ciertos temas, conectamos.

Me da el sueño. La siesta de después de comer no ha sido suficiente. Además, mañana tengo que seguir con el proceso “hacer sitio para que el rubio pueda instalarse cómoda y dignamente” y aún me queda mucho por hacer. Además de que quiero ir a la FNAC a ver si encuentro mi gorro.

Es la una y pico y no tengo noticias del Ken desde las 6. Sé que a veces soy un poco neurótica, pero no puedo evitarlo. La cama es grande y no sé como llenarla. La miro. Estoy cansada, pero no me apetece acostarme sola. Me doy cuenta de que no es lo mismo echarle de menos cuando estoy fuera que cuando estoy en casa. Me doy cuenta de que él ya ha pasado por esto dos veces, más de una semana cada vez, en el último mes. Espero que no se acostumbre. No me apetece meterme en cama, seguro que está fría y silenciosa. Pero mañana quería levantarme a una hora decente y tener las cosas medio listas para cuando llegue. No sé a qué hora llegará, supongo que después de comer o algo así.

Soy una insegura de mil pares de narices. Lo sé, pero no puedo evitarlo.

marzo 18, 2008

Domingo de empanadas chilenas y vino del bueno

Posted in Anecdotas, Belgica y los belgas, el Ken, Finde moments, Post-marcha moments a 8:29 pm por La Petite en Belgique

Por fin estoy en casita después del curro, con la nariz taponada pero algo mejor. Esta mañana me encontraba como si una apisonadora me hubiera pasado por encima mientras dormía (por cierto que tuve un sueño raro esta mañana antes de sonar el despertador!).

Lo último que conté fue el sábado de marchita (bueno, más bien de tranqui) con el Ken. A la mañana siguiente se va porque tiene que limpiar y lavar. Yo, por desgracia, también tengo esos quehaceres pendientes, así que no hago esfuerzos por retenerlo (pero qué mono me es). Quedamos de vernos en el cuartel general sobre las 4, hora en que mamá Pedrito tendrá preparadas unas empanadas chilenas para chuparse los dedos. Así que tras leer mi correo, leer y comentar un par de blogs, desayunar y ducharme, preparo mi ropita (esta vez sólo sábanas y toallas) para ir a la maldita lavandería. Como el día no está para pasear (mierda de lluvia belga) y tengo cosas que hacer en casa y poco tiempo, mientras la ropa se lava voy a casa y limpio la (mini) cocina y el baño. Voy a la (maldita) lavanderia, saco la ropa de la lavadora (4 leuros una lavadora!) y la meto en la secadora. Como hay bastante ropa (mi cama es de 1.60 y llevé dos juegos de sábanas y varias toallas) programo la secadora para 40 minutos (es decir, le meto 2 leuros!). Me voy a casa, limpio el polvo, aspiro (las ventajas de vivir en 35 míseros metros cuadrados) y me voy corriendo a recoger mi ropa. Llego a casa, hago la cama limpita, cojo las dos botellas de vino chileno (una de ellas el iniligualable Concha y Toro) que compré para la ocasión y salgo disparada para el cuartel general. Paso por el centro para recoger mi bici que quedó allí la noche anterior (es difícil andar acaramelados con sendas bicis a los lados).

Como de costumbre, soy la primera de los invitados en llegar al cuartel general. Si es que los chilenos son peores en puntualidad que nosotros (vale, yo es que soy una española puntual). Al cabo de media hora la gente se deja caer: El Nhatito, Jo y su novia la guerrera, Reza, Negro y finalmente el Ken (esta vez se acordó de salir de casa con las gafas). El Ken llegó tarde porque decidió comer algo antes de ir a la lavandería y se quedó dormido mientras comía (ojo al dato). No necesito decir los comentarios que surgieron por parte del personal ante tal afirmación (pero, Chica, déjalo dormir por la noche!).

Bien, ya tenemos más información. No sólo es un despistado redomado que se olvida las gafas de ver en casa (y el movil y más cosas, pero no la cabeza porque la tiene pegada, que si no…), sino que también las horas de sueño son algo sagrado para él (si no lo sabré yo, que siempre dice que no puede quedar porque tiene que dormir) y las necesita de verdad porque puede quedarse dormido en cualquier lado y cualquier situación (ahí es peor que yo).

Las empanadas… inmejorables. El vino… embriagador, que os voy a decir? Creo que nos bebimos como cuatro o cinco botellas y todo era vino bueno. Delicioso. El Ken estaba sentado a mi lado y todo el rato con caricias y miradas y besitos. Bueno, el chaval avanza. Ahora ya es capaz de dar muestras de cariño delante de TODOS nuestros amigos en común. Es un paso, oye. Yo estoy en las nubes, hablando allí con él, incapaz de creer lo que está pasando. Al cabo se levanta para lavar unos platos y yo me quedo embobada mirándolo (pero cómo es posible que yo esté saliendo con ése, ése, el que además de ser buen chaval está bueno que te cagas, pero es que no me canso de mirarlo, por favor, bien hecho por delante, bien hecho por detrás, bien hecho por fuera y lo que es más importante, bien hecho por dentro).

Comimos hasta reventar y luego jugamos… al poker. Cabe decir que aunque siga sin tener puñetera idea, ya he mejorado algo y no me aburre tanto. La Guerrera tiene menos idea que yo, pero tiene más mala leche 😀

A eso de las 10 y pico el Ken y yo decidimos irnos. Estamos cansados, mañana hay que madrugar y el Ken aún tiene que doblar ropa. Cómo se parece a mí hace unos años: hiperresponsable, cuadriculado (eso lo diría mi madre), despistado y muy suyo.

marzo 17, 2008

De lo acontecido durante la estancia de mi padre. Parte 1

Posted in Anecdotas, el Ken, Family Tales, Finde moments, Post-marcha moments a 10:41 am por La Petite en Belgique

Hoy estoy de lunes resfriado y de mala leche porque esta maldita semana me va a tocar hacer extras (gratis)…

A lo que iba. El viernes llegaba mi padre a la ciudad. Su avion aterrizaba a las 22:45, asi que ello me dejaba aun un margen para hacer algo antes. A eso de las 8, tras la piscina y el super (donde me sume a una cata de vinos que alli tenia lugar) y mientras buscaba sitio para aparcar cerca de mi casa (Lovaina es una autentica pesadilla para los que tenemos coche) me suena el movil. Ohohohoh, pero si es el Ken! Que acaban de salir del laboratorio y van a tomar algo, que si me apunto. Pues off course! Faltaria mas, preparada estoy yo siempre para apuntarme al bombardeo.

A la media hora me voy al bar donde me esperaban y me encuentro a las bestias del squash (el Ken, el Nhatito, Jo y una chica argentina). El bar en cuestion es un bar de cocteles. Que han tenido muy mal dia y han decidido invertir el orden de los factores. En este caso primero es beber y luego (si hay fuerzas y hambre) cenar. Yo pongo ojitos porque tambien he tenido muy mal dia en el curro y adoro los cocteles pero mi padre llega en algo mas de dos horas y no es plan ir a recibirlo borrachina (cabe decir que mi padre es uno de esos fundamentalistas-anti-alcohol-extremistas que te pueden soltar el sermon de la montanha). Al final decido que me voy a apovechar de ser humana y de que la carne sea debil y me pido un coctel yo tambien. Vaya, no tienen el famoso tequila sunrise. Bueno, el banana colada tiene buena pinta.

La no-cena, el post-ejercicio y el alcohol hacen que me sume al ambiente distendido general. En cierto momento oigo mi movil pero NO lo encuentro. No esta en la cazadora, no esta en el bolsillo de la chaqueta, tampoco en el enorme bolso que llevo y que esta lleno de cosas (cartera, agenda, gorro, guantes, disco duro, pastillas para la regla, libro, galletas, papeles varios, inhalador para el asma, MP3 player, tampones y paquetes de panhuelos) . Ya no oigo el movil, quien quiera que fuese se ha rendido. Temo que pudiera ser mi padre desde Madrid para informarme de que su vuelo se hubiera retrasado. El Ken coge su movil y me llama, a ver si encontramos mi telefono por algun lado. Al cabo de unos 10 minutos de llamadas y rastreo (las 4 bestias del squash y yo como autenticos sabuesos) descubrimos que esta bajo el banco. El telefono se habia caido por detras. El banco en cuestion es una mierda y no permite el acceso por delante, ademas de que esta en un rincon y esta encajonado por tres paredes. Lo movemos un poco (hay poco espacio) e intento introducir mi brazo por el hueco. Nada, mis brazos son flacuchos, pero no lo suficiente. Las bestias del squash entran en accion y levantan el pedazo banco en forma de C y por fin recupero mi movil. No era mi padre.

El Ken esta especialmente carinhoso, que si me acaricia la pierna, la mano, que si me da un besito, me rodea con su brazo (Petite, hazle caso a lo que te dijo el Nhatito, relajate y disfruta). Al final me llega la hora de irme y el Ken empieza a emitir sonidos del tipo: “ooooohhhhhhhh”. De verdad, esta haciendo autenticos progresos. Cuando uno ya es capaz de dar muestras de carinho en publico (ante mis amigos) ya no hay vuelta atras.

Me voy un poco triste por perderme la juerga pero en el fondo mas contenta que un cascabel. Como algo rapido en casa y me voy al “oropuerto”, donde me espera un padre nostalgico, con hambre de carinho, cansado y solitario, cargado de comics y un libro para mi.

Cenamos juntos en un italiano que esta abierto hasta tarde y que ya nos conocen y nos vamos a mi casa a charlar y tocar un poco la guitarra.

Fin de la parte 1, mas tarde mas 🙂

marzo 9, 2008

Segunda gran noche y problemas de comunicación

Posted in Anecdotas, Belgica y los belgas, el Ken, Finde moments, Post-marcha moments, Reflexiones a 3:45 am por La Petite en Belgique

Esta es la historia de lo acontecido ayer viernes. Los findes no son muy productivos para mí en cuanto a blogs se refiere, por eso de que intento pasar menos horas delante del ordenador.

Estoy yo en el curro, y sabiendo que el viernes es el dia grande del ken para salir (los sabados va más de tranqui), a eso de las 3 pm le envio un sms para ver si tienes planes para la noche. Cosa rara, no supe nada de él durante todo el día. Como en esta nueva etapa he decidido no ponerme ansionsa, no subirme por las paredes y no quedarme en casa agonizando, me voy a casa de Pedro y Vivi, un matrimonio chileno que que vive enfrente del ken que son buenos amigos míos, y de él también, por supuesto. La casa de Pedro es algo así como el cuartel general. Las noches nunca se sabe donde van a acabar, pero lo que es seguro es que siempre empiezan ahí. Además de que Pedro es como una madre y cocina para todos unos platos deliciosos de esos que te hacen salivar.

Antes de irme veo que el ken está conectado en el messenger, pero ausente. Sigo sin noticias. A las ocho y pico me voy a casa de Pedro. Dudo, llamo a mi amigo Manuel, y me desahogo un rato. Decido dejarme de tonterías, que ya tenemos cierta edad, hay que ser claros, los hombres son simples, seamos directos y francos. Así que me lleno de valor y lo llamo (a mi edad y con niñerías, por favor). No coge… Le mando un sms y le digo que me voy a casa de Pedro a cenar, que se pase luego.

Cuando llevo un rato en casa de Pedrito me suena el movil. Ay, el corazón se me sale. Efectivamente es el ken. Que ha salido tarde de trabajar y que se dejó el movil en casa (sisi, realmente hay explicación para todo, pero la mente de una mujer es retorcida y antes de llegar a la explicación más simple y plausible pasa por imaginarse diversidad de situaciones).

Al cabo de una hora aparece. Vivi está medio enferma y Pedro está cansado. Los demás también están en off y ni siquiera han aparecido. Así que los únicos para salir de marcha somos el ken y yo. Es como si los planetas confluyesen. A todo esto debo decir que yo ya llevo encima 3 copas de vino tinto y media peli de King-Kong.

Salimos para el centro y decidimos meternos en el mítico bar Seven Oaks. Digo mítico porque en ese bar han transcurrido momentos clave para el Spanish Ghetto y posteriores amistades. El Seven Oaks fue el primer lugar en el que salí de marcha con el el Spanish Ghetto, fue donde despedimos a Pablo cuando se fue para España, es el lugar por el que una noche Pedro me llamó a las 4:30 de la madrugada (sin saberlo su mujercita, por supuesto), es el lugar donde se acaban las juergas cuando son verdaderas juergas.

Pos eso, era casi medianoche, un poco temprano, pero se ve que los dos estabamos ansiosos por ver como acababa la noche, así que hacia allí nos encaminamos. Estuvimos bailando Grease y Meatloaf entre otros (es que encima ponen buena música) y bebiendo genever como posesos. Genever es una bebida hecha con ginebra pero que la hacen de multitud de sabores y te lo ponen en chupitos. Como era mi primera vez con el genever le pido consejo, y me dice: cactus! ok, cactus pues. Me dice que quiere venir conmigo a la proxima Swing Party, y que le tengo que enseñar a bailar Lindy-Hop y que el me enseñará rock’n’roll. Bueno, la cosa promete.

Después de las tres copas de vino, la media peli de King-Kong y dos genevers compruebo que sigo demasiado sobria. Estoy como si nada. Y él sigue igual, que si, que no, palante, patrás, que me acerco, que no, ahora sí, ahora no. Pruebo suerte con un tercer genever. Va él a la barra a pedir y me rodea con un brazo, pero así como quien no quiere la cosa, casi sin querer. Sólo le falta mirar para otro lado y ponerse a silbar. Yo me digo a mí misma: “a ver, llevas encima tres copas de vino, media película de King-Kong y dos genever; relájate de una maldita vez y correspóndele, a ver si cuela y pasa algo“. Total, que me acerco un poco más. Huele bien.

Volvemos al lugar donde estábamos y seguimos bailando. A los dos minutos se me acerca y esta vez no salgo corriendo como alma que lleva el diablo. Cabe decir que esta vez él no se retira como un cobarde. Así que… pasa. Que sí, que al final me besa. Ay, por favor, menudos labios tiene el ken. Y para ser tan joven besa de maravilla. Por fin me dejo llevar, y al acabar el tercer genever y empezar el cuarto me doy cuenta de que ya voy medio piripi (es lo que suele pasar, uno descubre que está medio borracho cuando ya es demasiado tarde).

Al acabarnos el cuarto genever decidimos irnos a dormir “a tu casa, a la mía, cada uno en su casa?” (puede parecer una pregunta estúpida, pero es que el chaval no ayuda). “A la tuya, si no te importa”, me contesta”. Pos eso, para aquí nos vinimos, medio moñas pero tímidos.

Y eso, al final el ken se quedó a dormir. Debo decir que desde que me mudé (octubre, hace 5 meses) es el primer hombre que se queda a dormir (sí, el resto eran unos pendejos que siempre se largaban después de). Descubrí que no ronca y que sólo respira fuerta si está boca arriba. Un punto a su favor.

A eso de las 9 nos despertamos y desayunamos algo. Luego estuvimos tocando la guitarra en cama con unas partituras que tengo por casa y con el CD de Crowded House a la vez. Amazing!

Todo fue muy bonito y el chaval se lo curró y estaba cariñoso y tal y cual, pero no hemos podido evitar esos malditos silencios incómodos que se dan entre los dos (tan típicos de los belgas). A eso de las 11 se fue porque tenía muchas cosas que hacer, como ducharse y ponerse ropa limpia, ir al super, limpiar e ir a jugar squash con las otras tres bestias que también son mis amigos.

Llamo a Manuel otra vez, mi oráculo particular (y ex-novio desde hace 7 años) y me dice que me relaje. Le hago caso y me meto en cama otra vez creyendo que no voy a poder dormir. Ay, pobre ilusa. Me desperté a las tres y cuarto de la tarde. Descubro que el ken me ha dejado un mensaje en el msn: un simple “Hey“.

Llamo a Pedro y le digo si se quiere venir con Vivi al Ikea. Necesito otro juego de sábanas. Como quedamos aún para las 6 y tengo tiempo, decido ir al super. Entre tanto recibo un sms del ken preguntándome que si disfruté del buen tiempo (durmiendo como un ceporro poco se puede disfrutar del buen tiempo, me digo yo). También me dice que él tiene sueño (ah, no es tan listo como yo) y que ha sido una buena noche. Recibir estos sms le hacen a una sentirse más tranquila.

Después de la aventura Ikea me voy a cenar a casa de Pedro y Vivi. Al rato llega el ken. Llama al timbre y salgo yo a abrir. Está raro, no sé si cortado o yo qué sé. Me da un beso en la mejilla pero la mejilla contraria a lo usual (hey, me he perdido algo?). Yo me quedo patidifusa pero disimulo como una valiente. Veo que el chaval está algo más callado de lo habitual pero yo nada, hago de tripas corazón y tiro palante.

Me comenta que mañana madruga para ir a Bruselas a un mercadillo de segunda mano. Y, como amante de los mercadillos de segunda mano que soy, me emociono ante la idea. Me dice si quiero ir, pero que también va una amiga. Joder, ya estamos, entre que yo soy una paranoica y que nunca sé qué es lo que quiere decir, no sé si me invita por compromiso o porque realmente quiere que vaya. Me siento rara.

Al final nos juntamos siete amigos (incluídas lqs tres bestias del squash) y como la gente está cansada (no hay ganas de salir ni mucho dinero) y aburrida, empezamos a jugar a un juego estúpido de preguntas comprometidas. Nos reímos un buen rato y tenemos un par de debates interesantes.

A eso de las 2 la gente se retira. El ken me pregunta que como hacemos para mañana pero no lo veo nada convencido (o seré yo la no convencida?). Cuando no hay nadie que nos vea le doy un beso y veo que duda. Le pregunto si le molesta y el tío NO SE ENTERA DE NADA. Dice que tiene sueño, le duele la cabeza y no entiende qué es lo que quiero decirle. Me siento idiota y le digo que no sé si ir mañana al mercado. Que a lo mejor prefiere ir sólo con su amiga y tal y cual, que no se sienta obligado, etc. Dice que si me apetece que vaya, que va a estar bien, así seremos más para tener más variedad de conversación (estos belgas son unas joyas en cuanto a piropos como os podéis dar cuenta). Y que de todos modos nos veremos casi cada día así que claro, que vaya sin problema (en fin, no sé qué relación tiene el hecho de ir con vernos cada día, pero puede que con el tiempo lo descubra – como diría mi madre, con el tiempo y una caña – ).

Y en esa incógnita estoy. No sé si mañana ir, no ir, pasar de todo, hacer mi vida, pasar un poco de él a ver si reacciona. De todos modos ya es un poco tarde de más, y lo de madrugar mañana puede no ser buena idea. Sí, lo sé, estoy cagada de miedo y lo que busco son excusas para no arriesgarme a hacer nada. A quedarme en mi nidito seguro sin peligro a meter la pata.

Como ya dije algún día (creo que fue un comment en el blog de Life), cuando una se lía con un extranjero aprende mucho del intercambio cultural, pero pero PERO muchas veces también hay lo que se llama choque cultural. Si ya hay problemas con los españolitos de tu pueblo, imagínate con un guiri que ha tenido una cultura muy diferente de la tuya. Eso ya es lo más. Así que ahora estoy en el momento de averiguar si esos silencios son por tema cultural, porque le aburro, porque está incómodo, porque es tímido o porque la comunicación nunca fluirá bien del todo. Amigos, esto ha dado fruto, pero aún no sabemos de qué clase, y eso, digamos que me asusta un poco (no, la verdad es que estoy cagada).

Mañana llamará sobre las 9 o así (dios! dentro de 6 horas y media). No sé si poner el despertador y actuar o si pasar y decir que me he quedado dormida.

Out-In

Ellos serán simples, pero nosotras también necesitamos pistas 😦

marzo 2, 2008

Enjoying myself

Posted in Finde moments, Post-marcha moments, Reflexiones a 3:11 am por La Petite en Belgique

Hoy ha sido el primer sábado, después de mucho tiempo, que estoy tranquila. No me ha invadido el afán consumista que me obliga a ir las tiendas de segunda mano, a la Fnac o al IKEA. Me desperté a eso de las 11, desayuné, contesté un par de mails (uno de ellos de trabajo), llamé a Pedro y a Koen, toqué un poco la guitarra y me dispuse a leer en cama (ahora estoy con “the Wee Free Men” de Terry Pratchet). Por supuesto volví a caer dormida y desperté a eso de las 3 de la tarde. Momento ideal para darme una ducha y comer las lentejas que tenía guardadas en la nevera.

Sin prisas, tranquila, sin agobios, sin lamentarme por mi soledad, disfrutando. Como dirían los ingleses, “enjoying myself”.

Ahora acabo de llegar de salir un poco con unos amigos. Una pena que me perdiera el día grande ayer, que salieron de bailoteo y acabaron con unas moñas respetables. Pero yo los viernes arrastro demasiado cansancio acumulado de toda la semana y no soy persona.

Él me ha llamado hoy. Que no vendrá a verme el fin de semana, le es imposible. Ha dolido un poco, apenas nada. Como dije, ya tengo el corazón casi completamente anestesiado. Me estoy recuperando. Por fin vuelvo a fijarme en los demás chicos y cada vez me siento menos culpable por ello. Hoy he visto uno, que estaba para comérselo de arriba abajo. Ñam! En fin, parece que vuelvo a estar en el mercado, por decirlo vulgarmente.

Una pena que hoy la peña estuviera de tranqui, hoy podía haberme comido la noche (y dado unos muerdos a quien yo me sé).

Como dijo un día Life, saber estar a solas es quererse a uno mismo (era algo así? el Napoleón Sunset me ha afectado un poco). Yo ya estoy cansada de querer a alguien que no está aquí (porque no puede y porque no quiere), así que he decidido quereme un poco más a mí misma.

Enjoy yourself!

febrero 17, 2008

Noche de salsa

Posted in Finde moments, Post-marcha moments a 3:54 am por La Petite en Belgique

Acabo de llegar a casa y no es sólo el horno. Todo huele al pollo endemoniado del martes, y eso que ventilé, joder. Menos mal que voy con una media melopea y to me da igual. Bueno, no, tengo hambre. A ver si tengo algo en la nevera.

Me pasé toda la tarde aburrida, sin “ganas de hacer nada”, leyendo blogs. Laura (abuelita 2) quedó de llamarme a las 8 cuando ella y su amiga volvieran de Brujas. Nada, como siempre. Hablé con ella sobre las 9:30 (llamando yo, por supuesto) y me dijo que en hora y media o “asín” saldrían y que me mandarían un sms.

Una pena que Fabio, aka Jim Carrey, me fallara para el plan de cocinar y salir porque le vino una visita inesperada de Alemania. Fabio es un chico brasileño que acaba de llegar de Alemania para hacer su tesis aquí. Tiene un parecido enormísimo con Jim Carrey, es tímido al inicio, educado y considerado y muy dulce y simpático cuando coge confianza. Lo conocí a través de CouchSurfing. Acababa de llegar a Lovaina y buscaba desesperado una habitación en alquiler. Yo me ofrecí a quedar para tomar una cerveza y ofrecerle asilo si no tenía donde caerse muerto.

Pos eso, que como casi siempre últimamente, Laura me falló. Estaba hablando con Manuel por teléfono (ya sé que esto de internés no te gusta, pero déjame un comentario, porfa plis) quejándome un poco de todo cuando me llega un sms de Jim Carrey pa salir de bailoteo tonight.

Con las ganas que tenia de salir de mi antro, cené algo a toda velocidad, me vestí y salí (no soy de las que se pasan tres horas maquillándose ni disfrazándose).

Quedamos en un pub que no me mola mucho, pero no se estaba mal. Vino con el amigo brasilñeo que vino desde Alemania y una pareja de alemanes. Pidieron algo para todos y me soprendieron dándome una jarra de medio litro de Stella Artois. En fin, se nota que son novatos, que no saben ni lo que es una pintje. Hay que darles tiempo, todos lo hemos necesitado.

El amigo de Jim Carrey es rematadamente guapo pero también rematadamente tonto. Las tiene todas. Estuvo a punto de romper mi bici (ya sé que es una bici vieja de mierda, la única bici del mundo que se para sola en cuesta abajo, pero es mi medio de locomoción cuando salgo de marcha, voy al centro o hago la compra). La pareja se piró tempranito y nosotros tres nos fuimos al “VILLA ERNESTO”. Lo pongo con mayúsculas porque hacía mucho tiempo que tenía ganas de volver por allá. Es un bar cubano aquí en Lovaina, donde se bebe la esencia latina y me hace sentir como si estuviera en un bareto de Vigo. Se llena de argentinos, brasileños, chilenos, españoles, italianos y unos cuantos belgas osados. Se baila al son de la salsa, bachata o merengue, se suda y se bebe mojito.

Me llega un sms de Laura sobre las 12:30, pero que leo a la 1. Que estaban en no se donde en la Oude Markt. Respondo diciendo que estoy en el Villa Ernesto. Menos mal que me salió plan B. Si llego a estar esperando hasta las 12:30… ya ni salgo ni na.

Lo pasé en grande, bailé como en los viejos tiempos sin parar, con éste, el otro y el de más allá. Algunos (por desgracia los más) pegajosos como la resina. Uno se restregaba tanto que no sé si es que la tenía grande o se estaba empalmando. Lo mandé a paseo porque me sugirió que me quitara la chaqueta que llevaba atada a la cintura (bueno, no, no me lo sugirió, empezó a deshacer él el nudo). Habrase visto! Hubo un portugués con el que me lo pasé en grande bailando y bailando sin parar, no me metía mano, no hacía nada raro, no me sobaba, no intentaba nada raro. Era muy divertido. Hasta que… me intentó besar. En fin, las hormonas masculinas nunca descansan.

También bailé con Jim Carrey un par de veces. El pobre estaba todo agobiado porque dice que no sabe bailar y que se siente responsable porque todo el mundo piensa que los brasileños lo bailan TODO. Fueron bailes un poco torpes y dudosos, pero con mucho sentido del humor. Lo mejor de todo fue al final de una de las canciones, cuando sin querer me tiró al suelo y se me cayó encima. Pobre hombre, qué ridículo se sintió. Me pidió perdón un ciento de veces. Pero yo no podía parar de reir, diciendo que era mi primera vez. En efecto, era la primera vez que alguien me tira bailando y se me cae luego encima.

No tengo noticias de Laura. Sigo a mi bola.

Estuvo solo bailando y bebiendo mientras los galanes hacían turnos pa bailar conmigo (de verdad que hacía mucho que no bailaba tanto, tengo que hacerlo más a menudo). Al final se tuvo que ir porque su amigo cogía el avion mañana temprano, y que no quería molestarme y que lo sentía mucho, y que quería quedarse, y que estaba siendo una noche fantástica y que al darme los dos besos de despedida, me dio un tercero en los labios, y yo le devolví un cuarto. Y vinieron un quinto y un sexto y un beso que me dio en la mano. Otro que le devolví en los párpados y unos cuantos más que me dio a cambio. Total, resumen, que fueron unos besos muy tiernos y dulces, que casi se veían venir, pero que me van a dejar dormir sin problemas. Por el momento no es algo que me quite el sueño.

Me fui al poco. Antes de irme vi a Pedro, mi querido Pedrito , recién venido de vuelta de Chile. Ay! cuánto tenemos que hablar.

Al salir del Villa Ernesto y mientras peleo con el candado de mi bici, veo que he recibido un sms de Laura hace media hora. Que están en el Villa Ernesto. Oye, pues yo ni las vi, y eso que estuve casi todo el tiempo al lado de la puerta de los baños. TODO el mundo pasa por allí. Bueno, ya hablaremos mañana.

También recibí un sms de él, me olvidé de contestar. Lo haré mañana. Va a ser que estoy realizando mi propósito de fijarme en otros hombres y no estar tan obsesionada con él.

Buenas noches, saludos etílicos de cerveza y mojito.