enero 30, 2013

Se cierran capítulos

Posted in Circo del terror, Curro, el Ken, Madrid, Mobbing, Reflexiones, Smiling a 3:33 pm por La Petite en Belgique

Pensé que nunca más escribiría en este blog. De forma más o menos indirecta me acabo de enterar por el tacones de que el circo del terror ha cerrado por haber entrado en bancarrota. Aunque suene mal decirlo me he alegrado de que el karma haya puesto las cosas en su sitio.

Y mientras tanto, el Ken y yo llevamos un año en Madrid, y la vida es bella, muy bella, tanto como nunca antes lo había sido ni nunca volverá a serlo. Carpe diem.

mayo 17, 2011

Ni un respiro

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, el Ken, Reflexiones a 2:07 pm por La Petite en Belgique

Llevo tiempo con cosas para escribir pero no tengo tiempo. Estamos ya en la recta final de los cursos de idiomas y parece que tras todos estos meses y el duro y largo invierno esté perdiendo fuelle. En febrero dejamos las clases de Swing porque ya no aprendíamos nada, y en vez de disfrutar, lo pasábamos hasta mal. Los profesores tuvieron problemas entre ellos y “echaron” al único que valía la pena. En su lugar estamos yendo a clases de rock. Se celebran fiestas swing y vamos a las que podemos. Pero yo me siento sin aire, sin ganas, sin fuerzas. Supongo que tras esta recta final las ganas volverán… o no. Quizás mi cabeza ya ha decidido que es el momento de pasar página. Busco trabajos en Madrid y no encuentro nada. Todas las empresas quieren a alguien para YA, pero yo aún tengo que esperar unos cuantos meses. Los días se suceden sin dar tiempo para un respiro. A las siete de la mañana recibimos el despertador con pocas ganas, preparamos la comida, nos duchamos, vamos a trabajar, clases de idiomas, cena, cama. Es como una espiral de la que es imposible escapar. Si siempre me he quejado del tiempo, ahora lo hago más que nunca. Tiempo, ganas y fuerzas.  Nos levantamos a las siete de la mañana seis días por semana. Ya no recuerdo lo que es salir o una noche de sueño reparador. ¡Y no tenemos hijos! No me quiero imaginar como sería si los tuviéramos.

Necesito un descanso, necesito tiempo.

Hace una semana dimitió un alto manager en los Estados Unidos debido a la migración al nuevo soporte y los tropecientos procedimientos que nos tenemos que tragar todos los días. En mi departamento no sabemos si reír o llorar. Esto es una locura.

Llevo desde las once de la mañana con vértigos. No sé si es la tensión, como otras veces, o las cervicales o qué. Sólo sé que hoy tengo clase y llegaré casi a las diez a casa.

marzo 28, 2011

Primavera

Posted in Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, Reflexiones, Smiling a 7:06 pm por La Petite en Belgique

Mientras escucho a Manolo García, tengo el desagüe de la lavadora atascado y ganchillo una chaquetilla, pienso en lo bien qué sienta el tener luz hasta más tarde, el ver a la gente de sandalias aunque por las mañanas haya cinco grados, en las terrazas donde pronto nos sentaremos a beber una Guiness con esa textura y espuma características. Bruselas sigue significando soledad pero la primavera y el cambio al horario de verano nos trae esperanzs.

Y tengo ya dos citas más pendientes para Madrid dentro de tres semanas. La semana pasada, R., un chico que trabaja en Madrid en el Gigante de las tres letras, me volvió a pedir un favor. Que si podía llamar a un cliente, abrir un caso para ellos e investigar el problema. No voy a negar que cada vez que me cae un caso con un cliente español, me hace una ilusión especial, porque es cierto que pocos nos comprenden fuera de España, y a veces veo a mis compañeros tirándose de los pelos cuando le toca trabajar con un español. Así que, aunque fuera por una vía poco ortodoxa, me propuse llamar al cliente y tratarlo con mimo. El cliente en sí es una empresa telefónica que todos conocemos y que un día perteneció al estado. El cliente estaba bastante preocupado porque su sistema estaba prácticamente inutilizable, así que le di la información necesaria y en menos de un día y medio lo teníamos medio solucionado. Ahora sólo queda pulir detalles, pero parece que no les corre prisa.

R., el chico de Madrid volvió a agradecerme que cogiera el caso (deben de ir ya tres o cuatro favores que le hago) y me dijo que si me pasaba por Madrid, que me debía una cerveza. Así que, sin dudarlo, le comenté las fechas en las que estaremos por allí. Pero no le bastó, ya que, como sabe que me gusta leer, me prometió que le pediría a su padre, que es escritor, que me dedicara uno de sus libros. No puedo expresar con palabras la ilusión que me hace.

Al día siguiente, y con el incidente ya encauzado, el cliente me escribió un email agradeciéndome el esfuerzo y diciéndome que si me pasaba por Madrid, que me debía una comida. También hemos medio apalabrado el encuentro.

Aún hay algo de luz, y aunque está refrescando, me resisto a cerrar las ventanas que dejan pasar el olor a primavera.

marzo 19, 2011

Costumbres

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Reflexiones a 4:00 pm por La Petite en Belgique

Hoy por la mañana subía por las escaleras del metro una mujer bastante mayor, con un bastón y un carrito de la compra. Estaba vacío, pero no dejaba de ser un estorbo para alguien que necesita un bastón para caminar. Había bastante gente, hombres, mujeres y niños. ¿Y sabéis qué? Nadie se ofreció a echarle una mano. Yo me acerqué y le cogí el carrito, y la pobre señora, que bastante trabajo tenía para subir las escaleras, me sonrió y me lo agradeció como si le acabara de salvar la vida.

Este tipo de situaciones son las que me sacan de quicio en este país. Nadie te ayuda a subir las escaleras cuando llevas dos maletas, casi nadie te recoge el gorro cuando se te ha caído al suelo y no te has dado cuenta.

El jueves pasado acabé de trabajar antes de lo normal y fui a una mercería. Eran las 17:50 y quedaban diez minutos para que cerrara. Entré disculpándome por la hora y me quedé sorprendida cuando la mujer me sonrió y fue muy agradable conmigo. El sábado volví y descubrí que era española.

No quiero decir que los belgas sean peores, pero sí es cierto que no acabo de acostumbrarme a estas diferencias. Para ellos nosotros somos unos maleducados porque nos metemos en la vida de todo el mundo, y para nosotros ellos son unos egoístas y unos tacaños.

Estoy bien, de verdad, creo que ya me tocaba un día así.

marzo 1, 2011

Palabras sin rumbo

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, el Ken, Españoles en Bélgica, Fotos, Mi espalda y sus circunstancias, Reflexiones, Vigo a 10:48 am por La Petite en Belgique

Hace unos días he recibido un e-mail de una lectora desde New York. Me complace ver que aún hay personas leyendo este blog, pese a lo poco que lo actualizo. No sé si el tiempo ha pasado o simplemente ya no me encuentro sumergida en esos dramas que me tenían en un sinvivir. La vida va transcurriendo poco a poco, sin novedades que merezcan la pena ser contadas.

El problema que había tenido con el aire acondicionado en el trabajo sigue ahí. Mi compañero no ha vuelto a la oficina y yo me siento dos pisos más arriba en un espacio “abierto”. Echo algo de menos sentarme con mis compañeros en el “area segura” pero desde que estoy aquí no he vuelto a tener problemas (más allá de la alergia primaveral y asma cotidiana debido a la humedad).

El hermano del Ken se casa próximamente. La boda por la iglesia es en mayo (creo recordar), y la boda civil es… este sábado. Hemos dejado pasar las semanas casi sin darnos cuenta y ayer por fin hemos revisado nuestro correo y hemos visto que ya es este sábado… y yo con estos pelos. Lo de los pelos es una forma de hablar, están bien, o al menos presentables; pero aún no había decidido al 100% qué ponerme y el sábado las temperaturas van a rondar entre 1 y 8ºC. Así que ayer tocó sacar vestidos y chaquetas del armario hasta dejar el sofá del salón como Bershka en época de rebajas. Ya tengo vestido y ya tengo chaqueta, y el Ken también tiene modelito. Sólo espero no pasar mucho frío.

Los días se suceden unos tras otros, y parece que después de casi dos meses desde nuestra visita a Vigo, el peso del invierno se vuelve a cernir sobre nuestras cabezas. Los días van siendo un poco más largos, el sol se pone sobre las 18:15 en lugar de hacerlo a las 17:00 como sucedía en diciembre o enero, pero este gris eterno a veces pesa demasiado. El domingo estuvimos viendo las fotos que sacamos en Vigo en diciembre y los cielos de aquí y allí no tienen punto de comparación.

Muchas mañanas veo en el metro a una chica asiática con mechas azules, medias fucsias, un gorro de lana estilo casco de centurión y bolso de charol rojo. Es imposible no fijarse en ella, aunque los belgas jamás admitirán el hecho de fijarse en alguien desconocido. En mis ratos libres, además de estudiar para el CCNA, darle al Drupal y ver series, también toco un poco el ukelele y hago algo de ganchillo. Encontré en Facebook un grupo de chicas que viven en Bruselas y se reúnen de vez en cuando para tejer y hacer ganchillo y decidí apuntarme. Quién me iba a decir que en dicho grupo también iba a estar la chica asiática de las mechas azules y las medias rosa-fucsia. Esta mañana en el metro me contaba lo mucho que está disfrutando de Bruselas desde agosto que llegó, gracias a haber encontrado amigos fantásticos y divertidos. Esto me ha sucedido ya varias veces. Personas afirmando lo divertida que es Bruselas y el buen ambiente que tiene. Y el Ken y yo muertos del asco, de casa al trabajo y del trabajo a casa, bajo un cielo gris oscuro y a temperaturas cercanas a cero. Esas veces me cuesta creer que estemos hablando de la misma Bruselas e intento mirar a esas personas fijamente para ver si se me pega algo de eso que están hablando. Es posible que estemos demasiado metidos en la rutina diaria como para ser capaces de ver “todos esos maravillosos amigos”.

El domingo quedamos con una amiga de mi antiguo trabajo que acaba de mudarse a Bruselas. Espero que entre las carreras después del trabajo, las clases y el supermercado, tengamos tiempo de quedar a menudo.

También hay otros conocidos hispanos que vemos de vez en cuando, pero que casi nunca salen de casa antes de las once de la noche, casi cuando nosotros estamos de retirada. La mayoría están aquí con becas y nos dicen repetidamente que “a ver si cambiamos el chip” y nos vamos de marcha con ellos. Me pregunto porqué no intentarán cambiar ellos el chip. Supongo que porque todas estas personas de las que hablo llevan poco tiempo aquí, o están de paso. Recuerdo mi primer año en Bélgica como algo casi glorioso. Supongo que el encanto se rompió en algún momento entre el mobbing y mi lesión de espalda. Y ahora sólo queda este cielo gris oscuro.

En abril, concretamente el fin de semana antes de Semana Santa, estaremos por Madrid. Ahora que está casi decidido que nos iremos allá el año que viene, queremos hacer un viaje de reconocimiento, para que el Ken vea con sus propios ojos cómo es. Si a alguien le apetece quedar para tomar un café, comer, cenar o hacernos de guía por un un rato, dadme un silbidito.

Dejo aquí una foto de la última puesta de sol del 2010. Nunca lo hubiera pensado, pero cómo echo de menos esas puestas de sol. En mi infinita ignorancia, casi pensé que todo el mundo podía disfrutar de puestas de sol sobre el mar.

diciembre 22, 2010

Buenos propósitos

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, Reflexiones a 12:30 pm por La Petite en Belgique

La Navidad se acerca y estos días somos cuatro gatos en la oficina. Hoy, en realidad, somos dos. Estaba previsto que fuéramos cinco, pero a veces la Ley de Murphy se apodera de nuestra realidad y las cosas salen … pues como salen: al revés. Uno tenía previsto trabajar desde Italia y tiene problemas de conexión, otro está enfermo y otro tenía que venir a la oficina y no ha aparecido. No contesta al teléfono. Hemos llamado a su compañero de piso, que también trabaja aquí pero tiene día libre, y tampoco contesta. Espero que esté bien.

El otro que está presente hoy trabaja las mañanas desde casa. Nuestro jefe trabaja los miércoles por la tarde desde casa y el manager está de vacaciones. Total: que estoy sola en la oficina, asignando casos (jajaja, a mí misma) y capeando el temporal. Mañana trabajaré la mañada desde casa y la tarde la dedicaré a hacer la maleta e ir a mis clases de flamenco.

Y el viernes espero volar con rumbo a Vigo. Parece que la situación en el aeropuerto se ha despejado mucho y sólo espero que esta bajada repentina de las temperaturas (el viernes vamos a estar a -4, pero hace un par de días dijeron que íbamos a estar a 5) no nos traiga más sorpresas desagradables.

Hace dos días me llamaron mi madre y mi hermana para preguntarme si sabía que iba a pasar con mi vuelo. No sé si esperaban que sacara del bolso mi bola de cristal y les contara las predicciones. Al decirles que no sabía nada más que lo que se veía en las noticias o podía leer en las webs de los aeropuertos, mi madre soltó un vale muy bajito y mi hermana se cabreó y por poco me cuelga el teléfono. Ojalá supiera lo que va a pasar, pero mientras tanto no me voy a preocupar por algo que aún no ha salido mal. ¡Con todas las posibilidades que tiene de salir bien!

Llevo un par de días pensando un poco. Pero sólo un poco. En el trabajo estoy bien, pero ya no creo que sea el super trabajo que pensaba en un principio. La situación es incierta, por el momento no me van a hacer indefinida y están pensando en mover parte del departamento a Polonia para abaratar costes. El futuro es incierto y yo no pienso estar mucho más de un año por aquí. Y fuera del trabajo y del Ken no hay nada. NADA. Cada uno va a su rollo, estamos a menos tantos grados y la oscuridad y la soledad son absolutas. El otro día le pregunté a un compañero colombiano que lleva aquí trece años que cómo se siente. La soledad no ha cambiado.

Sigo en modo super ocupada, estudiando idiomas y leyendo mucho. Hoy me he acabado el libro 51 del año y tengo otro a la espera. En el nuevo año intentaré parar un poco porque tengo otro proyecto en mente: Estudiar para el CCNA. Queda sólo un año para irnos a España y hay que prepararse al máximo. Acaba de llegarme el libro de Cisco Press y voy a empezar estas Navidades. Tendré que vencer la inercia y parar un poco de leer, a ver si lo consigo 😉

Nunca he tenido un espíritu demasiado navideño. No soy de enviar felicitaciones ni espamear a nadie con emails. Pienso que todos estos buenos deseos y pensamientos deberían ser recordados y expresados todo el año. Es una pena que la hipocresía y el consumismo se apoderen de estas fechas, que al fin y al cabo, son para estar con la familia y los más allegados.

Lo que sí os deseo a todos es que el 2011 venga cargado de buenos regalos y que esos proyectos que tengáis en mente se puedan ir haciendo poco a poco realidad.

diciembre 15, 2010

Sin novedades

Posted in Curro, El gigante de tres letras, el Ken, Reflexiones a 5:44 pm por La Petite en Belgique

Al principio se nos prometió que a los cuatro meses seguramente podríamos pasar a trabajar un día a la semana desde casa. Esta semana yo haré ya cuatro meses y el otro día le pregunté al jefe de equipo si podría trabajar desde casa. Me ha dicho que habrá que valorarlo en enero. Hace cinco minutos nuestro manager ha entrado en pánico, como de costumbre, y ha anunciado nevadas y heladas para mañana. Que, según las condiciones, valoremos si será mejor trabajar desde casa. Estoy casi rezando para que caiga una buena.

Este mes y el anterior son un poco caóticos. El mes pasado fue de transición. El departamento donde estamos pertenecía a otra empresa y fue comprada por el gigante de tres letras. Noviembre fue la transición y alguno que otro (el cocodrilo, sin ir más lejos) se pasó el mes en la oficina  corriendo de un lado a otro como si de un pollo sin cabeza se tratara. Me recordaba mucho a los pitufos cuando Gargamel irrumpía en la aldea, todos corriendo sin ton ni son. La razón: cambios en los procedimientos y las herramientas. Es cierto que fue un poco caótico, pero no tanto como para rasgarse las vestiduras o amenazar con tirarse por la ventana.

Este mes han entrado cuatro compañeros nuevos que aún no saben por dónde andan. Después de la transición y la locura de los pitufos parece que me he convertido en la experta en el programa que usamos ahora para logar los tickets. Ese programa malévolo del que muchos piensan que tiene un poltergeist encerrado y que el día menos pensado nos volverá a todos locos. Me parece increíble ver como con el cambio muchos se desmoronan. Debe ser que en mi corta experiencia he aprendido a adaptarme a los cambios y a entender la filosofía de los programas desde dentro (esos años en Teleco no fueron malgastados). Así que a menudo recibo preguntas en vivo y en directo, mensajes en el messenger y llamadas telefónicas de mis compañeros preguntándome cómo se hace algo o preguntándo el porqué del extraño comportamiento del programa.

Esto, en mi fuero interno, me hace sospechar que por el momento no me permitan trabajar de casa debido a que soy una fuente de conocimiento acerca de ese programa. Y sin haber echado más horas que el resto. Sólo espero que no haya mucho machista y que les siente mal que yo sea la única mujer del equipo.

Otro detalle a destacar. El cocodrilo me ha contado que nuestro manager le ha dicho que nuestros contratos de dos años sólo van a ser modificados tras los dos años de prestación. Pues vaya, que se los metan donde les quepan. Voy a tener que buscar un plan B llegado el momento.

Por lo demás bien. La semana pasada tuvimos una cena de equipo para la cual mi jefe me dio una carta que me eximió de mis clases de flamenco. Hubo cena y bolos. Yo hice algunas fotos que inmortalizaron el evento. Bebimos cerveza y llegamos a casa a las tantas.

No hay muchas más novedades. Sigo con las clases, sin tiempo. Para el próximo semestre reduciré las horas de francés de seis a tres. Estar allí de 9 a 15:30 cada sábado me mata. Llego al centro a las 16:00. El súper cierra a las 18:30 y las tiendas a las 19:00. Venga a la carrera. Cuando lo que más me apetecería a las 16:00 es echarme una siestecita, estar tranquila, ir a mi ritmo.

Lo mejor son los domingos por la mañana. Levantarnos a las 10, desayunar con calma mientras vemos una serie, luego un poco de pilates. Desperezándonos despacio. Es una pena que los fines de semana sean tan cortos.

noviembre 11, 2010

Las cosas se aclaran

Posted in Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, el Ken, Reflexiones a 7:40 pm por La Petite en Belgique

Hoy es festivo. He decidido trabajar y por primera vez se me da la oportunidad de hacerlo desde casa. Es una gozada poder el poder levantarse uno de cama a las 8:30 y no a las 7. Encender el ordenador del trabajo con una taza de café delante mientras uno piensa en las cosas que podrá aprovechar para hacer en los tiempos muertos.

Sumida en estos pensamientos me encontraba yo, cuando sobre las 11 me llegó una incidencia crítica desde un país de Oriente Medio que me tuvo en vilo todo el día. Las incidencias críticas le obligan a una a contactar al usuario cada dos horas como mucho y a resolver todo el embolado en unas pocas horas. Hay que hacerles un seguimiento 24×7.

A mediodía parecía que tenía todos los cabos atados y por fin podía resolverla. Pero el usuario, haciendo justo lo contrario de lo que yo le decía, metió la pata hasta el fondo y la cosa se complicó. De una incidencia crítica obtuve otra más. Multiplicándose, como los panes y los peces.

Durante cinco minutos de descanso a eso de las 14:30 tuve una conversación cortita por Skype con mi madre y mi prima recién levantada de la siesta. Luego la cosa se puso aún más negra. Eran las cuatro y pico y si no liquidaba el asunto debía transferir la incidencia a los EE.UU. siguiendo un procedimiento nuevo que nadie sabe cómo es. A las cuatro llegó mi hermana a casa de mi madre y decidió colgarse en el Skype y llamarme. Y yo con las incidencias críticas, los problemas de red, la guía de tropecientas páginas para transferir incidencias y el reloj haciendo tic-tac tic-tac (a las 6 el proceso debía estar finiquitado). Intenté decirle educadamente y con cara de sufrimiento que en ese momento no podía hablar con ellas porque las incidencias críticas se me estaban multiplicando y el reloj estaba corriendo y no veía el modo de enderezar el asunto. Que si podíamos hablar más tarde. Mi hermana, que es muy comprensiva y tiene una empatía del tamaño de una montaña, puso mala cara, me contestó que “nada, que me voy, adiós” y colgó la llamada sin más miramientos. Nada de suerte, o espero que te vaya bien, o se te ve mala cara, o trabajas demasiado o vaya porquería las incidencias críticas. Ante tal desfachatez tuve que hacer verdaderos esfuerzos para reprimir un impulso insano de cerrar de un golpe la tapa de mi Mac. Pero me dije que no, que no ayudaría en nada el hacerlo, y menos aún con un PC de poca monta al lado. Pobre Mac, él no tiene la culpa.

El Ken se ha ido a casa de sus padres a pasar la tarde, yo acabé mi agotadora jornada laboral (incidencias críticas enviadas a USA) y hace un rato he llamado a un amigo de Vigo.

Es festivo y me doy cuenta de varias cosas: hace frío, está oscuro, llueve a cántaros y no tengo a nadie con quien ir a tomar un café. Esta ilusión que lleva bailando ante mis ojos los dos últimos meses no es verdad. Me gusta el trabajo y estoy a gusto con mis compañeros. Estoy aprendiendo idiomas y me siento más o menos realizada. Voy a clases de swing y nos dejamos caer por todas las fiestas y talleres swing que se organizan. Pero no tengo tiempo ni para cortarme las uñas. Y las escasas veces que lo tengo, como ahora (por cierto, no recuerdo cuándo fue la última vez), me doy cuenta de que aunque a veces piense que cuando me vaya, echaré de menos esto, es mentira. A veces pienso que este trabajo hará que me sienta infeliz cuando me vaya, otras, cuando estoy en clase de swing, pienso que echaré de menos las clases, las fiestas y la otra gente que va a bailar. Pero tampoco es verdad. Porque podré seguir bailando con el Ken estemos donde estemos.

Y otra cosa. Es muy posible que el año que viene el Ken haga un postdoc, y así pueda aprovechar para mejorar su español. Y un posdoc no tiene porqué alargarse más de un año. A veces me da miedo pensar a dónde iremos. Pero si es sólo un año dará igual. Un año en Madrid, un año en Barcelona, un año en Bilbao. Da igual. Estaré más cerca de casa y nos dará tiempo para pensar si ese nuevo sitio nos gusta o no.

Son las siete y media pasadas. Fuera hace frío y no hay nadie que pueda llamar mi amigo. A veces pienso que si no fuera por mi orquídea o por el Ken o por el trabajo o por el swing, no sabría qué diablos hago aquí.

octubre 21, 2010

Viviendo al límite

Posted in Anecdotas, Belgica y los belgas, Bruselas, el Ken, Reflexiones a 7:25 pm por La Petite en Belgique

Algunos días tengo problemas para dormir, pero no es nada que una valeriana no pueda solucionar (tanto no y tanto nada juntos marean al Ken en su aprendizaje del español). Sin embargo duermo profundamente, y es rara la vez que me despierto en medio de la noche. Y me cuesta tanto despertarme que, aunque con la primera alarma ya abra los ojos, debido al ritmo de mi respiración, el Ken tiene la certeza de que aún sigo durmiendo. Y muchas mañanas me despierto en medio de algún sueño absurdo interrumpido, un sueño que intento reconstruir en la ducha como si de un rompecabezas se tratasa.

Esta noche tocó soñar que yo vivía en un reino en el que el rey era un tirano de mucho cuidado y nos obligaba ir a la guerra, y si lo que nos tocaba era vivir tiempos de paz, nos enviaba a un sitio donde nos daban un tajo en la cara sólo para recordarnos los duros tiempos de guerra y que por siempre seguiríamos bajo su yugo.

Como yo me negué a que me cortasen la cara (vaya cicatriz más fea de diez centímetros me iba a quedar) me convertí en una proscrita, así que mi intención era escapar como fuese y llegar a toda costa a casa de mi madre. Ello suponía escapar por los pelos en coches robados, dormir entre los arbustos por el día y caminar por carreteras secundarias por la noche.

Por desgracia, el despertador sonó cuando yo aún estaba vagando de noche por los caminos y recibiendo sobras de comida de los bares y algunas casas, así que no sé si al final habría conseguido llegar a casa de mi madre (¿a España? ¿desde Bélgica?).

Lo que sí sé es que en la vida real también corro bastantes peligros. A menudo cruzo la calle en rojo, y cuando lo hago en verde, el 90% de las veces voy leyendo (sí, me he convertido en una adicta). Ayer cuando volvía a casa sobre las siete de la tarde y ya totalmente de noche, crucé la calle en el cruce justo delante de nuestra casa. Cruzaba en verde y no iba leyendo (aunque llevaba el libro en mi mano derecha, totalmente entumecida por el frío). En ese momento un coche giraba y se incorporaba a la calle que yo estaba cruzando, cuando algo me dijo que ni la distancia, ni la velocidad ni el pavimento mojado me cuadraban. Tuve tiempo de dar un salto hacia atrás para que el coche no me arrollara. El conductor me pidió perdón sin mucha convicción por no haberme visto (porque mi abrigo gris-claro-casi-blanco es difícil de ver, he) y yo, al ver si falta de reacción por su parte, puse una de mis caras más indignadas. Temblando y con el corazón saliéndoseme del pecho, vi que el Ken acababa de llegar en la moto. Al menos podría contarle mis desventuras a alguien.

octubre 20, 2010

Y facebook mató a los blogs…

Posted in Belgica y los belgas, Bruselas, Curro, El gigante de tres letras, el Ken, Reflexiones a 7:39 pm por La Petite en Belgique

… o más bien somos nosotros pero afirmamos lo contrario en un alarde de cobardía. Supongo que es más fácil echarle la culpa a otro y afirmar que la culpa fue del cha-cha-chá. Y hablando del cha-cha-chá, mi nueva adicción sabe a chocolate y es belga. A menudo me refreno cuando me entran ganas repentinas de bajar a la máquina y comprarme uno de estos.

Pero luego me digo que vivimos dos días y que no tengo porqué preocuparme por el peso, o mejor dicho, el sobrepeso, ya que en las últimas semanas he bajado dos kilos y no hay quien me haga subir de los 46 o 47. Y eso que como y como, cuando tengo tiempo claro, y tengo un medio catarro encima que lleva tres semanas rondándome y no se va ni a la de tres. En realidad, el virus lleva cerca de un mes sobreviviendo en nuestra oficina, y ya nos lo hemos pasado de unos a otros de forma que sólo hay dos que aún no han caído. Entre eso y las temperaturas invernales que tenemos (el domingo hemos estado entre -1 y 9) parecemos una panda de riníticos tuberculosos.

Decía que Facebook está matando a los blogs, y nosotros le estamos dejando. Este blog está bajo mínimos, y no es precisamente Facebook el culpable (el tiempo que le dedico a Facebook estos días suele ser de cinco minutos a la hora del desayuno). Es el tiempo, la vida, las circunstancias, el fluir, como queráis llamarlo.

Hace dos meses y cuatro días que he cambiado de trabajo. Después de una primera etapa de reajuste algo dura, ahora se puede decir que todo va casi viento en popa. El trabajo me gusta, me pagan decentemente, son flexibles, hay buen ambiente, estoy aprendiendo y esto supone un dato importante en mi CV y mi carrera profesional. Y tengo casi dos meses de vacaciones al año, ¿qué más se puede pedir?

Pero como yo nunca me conformo con lo que tengo y siempre quiero más, o mejor dicho, nuestra partida es casi inminente, he decidido ponerme a estudiar francés y flamenco en serio. Así que he decidido meterme unas 12 horas de idiomas para complementar la semana. Los martes y jueves tengo flamenco de 6 a 9 de la tarde, pero siempre llego tarde, ya que salgo de currar a las 6, y los buses y metros van como les da la gana y nunca sé cúando voy a llegar. Los sábados tengo francés de 9 a 15:30, y tras esa jornada también acabo K.O. No llego al centro hasta las 4 de la tarde y luego ponte tú a hacer la compra y a buscar pantalones de invierno cuando el súper cierra a las 18:30 (el caro a las 20:30) y H&M a las 19:00, y sólo he podido comerme dos tristes sandwiches de 12 a 12:30. El Ken tiene clases de 9 a 12, así que él también tiene su carga particular.

Y todo esto para decir que lo que está matando a mi blog es una suma de cosas: trabajo + bus + clases de idiomas + satisfacción personal + ningún tiempo para pensar.

Lo de ningún tiempo para pensar no es del todo cierto, ya que mi cabeza es como una lavadora que no para de centrifugar, pero sí es verdad que con toda esta actividad consigo acallar bastante a menudo las dudas existenciales (sin solución) que llevan rondándome unos cuantos meses.

En el bus también me mantengo ocupada y leo, leo y leo. En enero me propuse un reto: leer 50 libros este año. Cuando cambié de trabajo y renuncié a tres horas de transporte diario pensé que iba a tener que rendirme y dejar el reto para cuando me jubilara, pero mis cálculos no han sido del todo correctos y a menudo mi bus viene tarde, o no viene, o va de atasco en atasco y el trayecto es de casi una hora. Así que sí, sigo leyendo y ya voy por el libro número 43.

Y luego intento buscar tiempo para salir a hacer fotos y seguir bailando swing.

Tenemos clases de swing los miércoles a las 9 de la noche y práctica cada dos martes en un bar cerca de casa. Práctica a la que voy arrastrándome tras mis clases de flamenco, pero que me ayuda a dormir por las noches. Cuando tengo clases de flamenco y no hago ninguna actividad física (que es el 75% de las veces) tengo problemas para dormir. Mi cerebro está tan habituado a la actividad que cuando me acuesto me cuesta mucho desconectar y relajarme.

¿Y todo esto para qué? Pues para decir que no sé si a partir de enero-febrero bajaré el ritmo. De francés seguro que intentaré matricularme en un curso de menos horas (me resulta bastante fácil), pero en flamenco no lo sé. Necesito esas horas de práctica, pero normalmente acabo agotada, adelgazo y soy incapaz de curarme de un simple catarro. Y ya no tengo tiempo para escribir en el blog ni para preguntarme si de verdad me gustaría otro estilo de vida. Es como el sprint final de una carrera, prepararme lo mejor posible antes de abandonar Bélgica. Como correr a ciegas.

En general me siento mejor, por eso tampoco escribo demasiado. Tengo algunas anécdotas que siempre se me quedan en el tintero porque no tengo tiempo para contarlas y porque no las considero tan importantes que acaben sobreviviendo en mi cabeza para plasmarlas por escrito.

De todos modos, por aquí sigo.

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